El reinado del emperador Guillermo I

Terminada la guerra, el canciller y el Parlamento se dedicaron con actividad y celo a establecer sólidamente los cimientos del nuevo Imperio: para el presupuesto de la guerra se logró la concesión de un crédito de 270 millones anuales por espacio de tres años, y en Enero la 1873 se llevó también a cabo la reforma monetaria. El Kulturkampf de Prusia dejó también sentir sus efectos en el Imperio; la introducción de un artículo adicional en el código (Kanzelparagraph) y la ley contra los jesuítas (4 de Julio de 1872), provocaron la misma oposición de los del centro, y los trabajos que estos hicieron para preparar las elecciones para el segundo Parlamento, uniéndose con los llamados particularistas, dieron por resultado que el número de sus diputados aumentase hasta 91.

Ilustración Entre Berlín y RomaIlustración Entre Berlín y Roma (con Bismarck a la izquierda y el Papa Pío IX a la derecha) en la revista satírica Kladderadatsch (1875): El Papa: «Es cierto que el último movimiento fue desagradable para mí, pero el juego todavía no está todavía perdido porque tengo una muy bonita jugada secreta». Bismarck: «Este también será el último, y entonces usted estará en jaque en un par de movimientos —por lo menos en Alemania—».

A pesar de esto no pudieron impedir la aprobación de la ley que declaraba obligatorio el matrimonio civil, ni de la que prohibía el ejercicio de los cargos eclesiásticos sin la autorización superior correspondiente; en cambio, pusieron en peligro la aprobación del proyecto de ley militar, que fue sometido en 1874 a la deliberación del Parlamento y que preceptuaba que el efectivo de paz del ejército se elevaría, mientras otra cosa no se determinase, a la cifra de 401.659 hombres (1 por 100 de la población), pues el partido progresista y el nacional liberal pretendieron que se reconociese al Parlamento la facultad de fijar cada año con el presupuesto el efectivo de las fuerzas militares del Imperio.

El canciller anunció su dimisión si era rechazado el proyecto, y como se había hecho acreedor a la gratitud de la nación, pudo llegar el gobierno a una inteligencia con los liberales, en virtud de la cual se votó aquel proyecto, aunque no con carácter permanente, sino por un periodo de siete años (septenado). Otro conflicto semejante trajo consigo la discusión de las reformas de justicia, que fueron presentadas en 1876 al Parlamento, pues el Consejo federal hizo algunas observaciones respecto a determinados puntos de ellas, oponiéndose abiertamente a admitir que el conocimiento de los delitos de imprenta fuese sometido al jurado y a que se reconociese a los editores, directores, impresores, etc., el derecho de callar el nombre del autor de un escrito punible. El Parlamento cedió en estos puntos, y gracias a su tolerancia pudieron promulgarse las reformas, que introducían una nueva organización judicial, civil y procesal uniforme para todo el Imperio.

Estas transacciones quebrantaron la unión del partido liberal, promoviendo una gran lucha entre él y el progresista; su consecuencia fue que ambos, en las elecciones siguientes, perdieron juntos 39 puestos, y con ello la mayoría en el Parlamento. También Bismarck se fue separando más cada día del partido liberal. El estudio de las cuestiones económicas y de la situación interior del comercio y de la industria alemanes, le había hecho comprender que se había ido demasiado lejos en la implantación del libre cambio, perjudicando con ello los intereses de la agricultura e industrias nacionales y afectando por consiguiente, también de un modo sensible, a la hacienda de los Estados confederados.

En su consecuencia, proyectó un plan de reforma del sistema de tribulación, que se hallaba en oposición con los principios generales del libre cambio. Los liberales no quisieron abdicar de sus principios económicos, ni aumentar los impuestos, sin un conocimiento completo de las necesidades del país y rechazaron, en 1876, una porción de contribuciones indirectas (sobre el café, cerveza, aguardiente, tabaco, etc.), pronunciándose enérgicamente, en febrero del 78, contra el monopolio de este último artículo recomendado por Bismarck.

Ocurrió entonces el atentado de Hödel contra la vida del emperador (11 de Mayo); los peligros de la agitación democrática socialista, cuya creciente pujanza se había ya dejado notar en las elecciones del año anterior (12 diputados con 493.447 votos), quedaron con ello bien patentes. El gobierno propuso, en vista de ello, al Parlamento, una ley que autorizaba la adopción de ciertas medidas para perseguir las extralimitaciones de los demócratas socialistas; la mayoría (liberales y ultramontanos) rechazó la ley por considerarla innecesaria, pero el día 2 de Junio disparó Nobiling dos tiros contra el emperador, hiriéndole tan gravemente que tuvo que encargarse de sustituirle interinamente el príncipe heredero hasta principios del mes de Diciembre.

Entonces el canciller (disolvió el parlamento y combatió rudamente en las nuevas elecciones (30 de Julio) a los liberales, cuyo número de diputados bajo de 197 a 98, al mismo tiempo que el de los progresistas quedaba reducido a 26. Este parlamento votó la ley contra el socialismo, dándole una duración de dos años y medio (hasta 1881), pero no dio a Bismark una fuerte mayoría, porque las tres grandes agrupaciones políticas (partidos conservador, liberal y centro) tenían aproximadamente la misma fuerza.

La política exterior del canciller fue de franca aproximación al Austria, a la que ya en Diciembre de 1870 expresó, al comunicarle el nuevo orden de cosas establecido en Alemania, sus deseos de mantener las más amistosas relaciones y procuró que aquella llegase a una inteligencia con Rusia. La entrevista de los tres emperadores (1872) en Berlín, adonde Alejandro II y Francisco José acudieron acompañados de sus ministros Gortchacow y Andrassy, condujo a este resultado.

Merced a sus conciertos sobre política general y a su labor diplomática encaminada a la conservación de la paz europea, cuando ocurrieron los graves disturbios de 1975 en los Balcanes, y Rusia se vio arrastrada por la agitación paneslavista del 77 a declarar la guerra a Turquía; pudo conseguirse que aquella quedara limitada a la península de los Balkanes. A pesar de sus promesas, Rusia perjudicó los intereses ingleses y austriacos en el tratado de paz do San Stefano; estas naciones, y particularmente Inglaterra, protestaron enérgicamente contra ello, y Bismarck, actuando de mediador, trató de conciliar los intereses de todos, a cuyo fin tuvo lugar el Congreso de Berlín (19 de Junio de 1878), al que concurrieron los ministros de Estado de todas las potencias interesadas, ocupando la presidencia el canciller alemán.

El tratado (de Berlín) allí estipulado, calmo el malestar general y Rusia tuvo que renunciar por él importantes ventajas que le aseguraba el tratado de paz de San Stefano. Esto produjo gran descontento en la opinión pública de Rusia, cuya consecuencia fue la tirantez de relaciones que existió entre este potencia y Alemania, a la que no consiguió poner fin la entrevista que en Alexandrow celebraron los respectivos emperadores; esto obligó a Bismarck a firmar (7 de Octubre de 1879), con Austria, un tratado de alianza ofensiva y defensiva, que fue renovado cuatro años más tarde, entrando también en él el reino de Italia. En presencia de esta triple alianza, los paneslavistas y los franceses no pasaron de proferir vanas amenazas; el zar se vio obligado a adoptar temperamentos pacíficos, y la nueva entrevista de los tres emperadores en Skierniewice (Septiembre de 1881), contribuyó a conservar la paz durante largo tiempo.

Entretanto, el proyecto de reforma financiera, que debía traer consigo la independencia del Imperio en el terreno económico, había sido presentado al Parlamento en 1879; un núcleo de 204 diputados proteccionistas aprobó los planes económicos del gobierno, y una comisión del Consejo federal redactó unas nuevas tarifas aduaneras, que elevaron considerablemente los derechos de importación del vino, tabaco, té, petróleo, café, etc., y estableció el pago de derechos para otros artículos, como el trigo, la madera, hierro, etc. Estas tarifas fueron por fin aprobadas por el Parlamento, merced a un acuerdo entre los conservadores y el centro, aunque con la adición propuesta por Frankenstein, que prescribía la devolución a los Estados confederados de todo lo que excediese de 130 millones de marcos en la recaudación de aduanas.

También pasaron, gracias a aquella inteligencia, una ley contra la usura y algunas otras disposiciones de carácter económico. La prórroga del septenado y de la ley contra el socialismo se lograron con el apoyo del partido liberal nacional; en virtud de la primera se fijó el efectivo de paz del ejército en 427.000 hombres durante el período de 1881-88. Las nuevas elecciones parlamentarias de 1881 y 84 empeoraron las relaciones entre los partidos y el gobierno, que no pudo ya contar con una mayoría de los conservadores y liberales nacionales, mientras que en todas las cuestiones que tendiesen a fortalecer la autoridad imperial tenía enfrente una oposición de 212 y luego de 232 diputados welfos, polacos, alsacianos, ultramontanos, demócratas, socialistas y liberales independientes.

Así fue rechazado el monopolio del tabaco y retrasada la aprobación de las reformas sociales que el gobierno había recomendado con urgencia. Por fin, fueron promulgadas las leyes creando las cajas de pensiones para inválidos (1883) y la de seguros en caso de accidentes (1884). Los proyectos de subvención a las líneas de vapores rápidos trasatlánticos, aumento de funcionarios en determinados servicios y concesión de medios para la protección de las colonias recientemente adquiridas en África y Oceanía fueron aprobados con serias dificultades y entorpecimientos.

En el invierno de 1836-87 se presentó la cuestión de la renovación del septenado militar, y esta vez con un aumento de 41.000 hombres, que hacía subir a 468.000 el número de los que habían de mantenerse sobre las armas. Como el Parlamento no aprobó el proyecto del gobierno (14 de Enero de 1887), autorizándolo solamente por un periodo de tres años, fue disuelto. Las nuevas elecciones (21 de Febrero) dieron una mayoría conservadora y liberal nacional de 220 votos, que aprobó el septenado, y un impuesto sobre el aguardiente y el azúcar. Los armamentos de Francia y Rusia obligaron a Alemania a reforzar sus medios de defensa, y con este motivo, el gobierno solicitó un crédito de 280 millones de marcos, que fueron concedidos casi por unanimidad; una ley nueva reorganizando la lanwehr y la landsturum aumentó el efectivo de guerra del ejército en medio millón de hombres. Los períodos legislativos fueron, finalmente, prolongados de tres a cinco años.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4, págs. 488-491