Cuestión Schleswig-Holstein

Dos días después de haberse aprobado en Dinamarca una nueva Constitución (13 de Noviembre), que incorporaba el Schleswig al Estado danés, violando así los derechos de los ducados su unión, ocurrió la muerte del rey Federico VII, a quien sucedió en el trono el príncipe de Glücksburg, Christian IX, en cumplimiento del protocolo de Londres de 1852. Habiendo este sancionado aquella ley, las cámaras y la población entera del Schleswig-Holstein se negaron a reconocerle como su soberano y proclamaron al príncipe Federico de Augustenburg, cuya elevación al trono significaba la suspirada separación de Dinamarca.

También en Alemania se reputó esto como la mejor solución; soberanos y Parlamentos se decidieron por reconocer a Federico VIII, y en 29 de Diciembre se reunieron en Francfort 491 diputados de todos los partidos y nombraron una comisión de 36 miembros para agitar por todos los medios la opinión en favor del príncipe de Augustenburg; pero Prusia y Austria, que estaban obligadas a la observancia del protocolo de Londres, sostuvieron que debía bastar con la protesta contra la nueva Constitución y con la ejecución federal, que era su consecuencia. Esta se llevó adelante, y a fines de año invadieron el Holstein tropas sajonas y hannoverianas.

Como la Confederación rehusó proceder de acuerdo con las dos grandes potencias alemanas, decidieron estas tomar a su cargo el asunto, e intimaron a Dinamarca que revocase la Constitución de Noviembre en Schleswig, a lo que aquella se negó; y en su consecuencia, en 1 de Febrero, las tropas prusianas y austriacas atravesaron el Eider. La campaña se prosiguió con actividad y fortuna; las líneas de Düppel fueron tomadas (18 de Abril) y el ejército aliado ocupó una gran parte de la Jutlandia.

En la Conferencia de Londres, comenzada en 25 de Abril, pudo por fin la Confederación revocar el tratado de 1852 y exigir la separación completa de los ducados de la corona de Dinamarca, que fue por fin estipulada en la paz definitiva de Viena (30 de Octubre). Pero entonces se opusieron, no sólo los Estados de segundo orden, ofendidos de que se hubiera prescindido de ellos en la ejecución federal, sino también la opinión pública de toda la Alemania, que desconfiaba de las intenciones de Bismarck, al proyecto prusiano de que el nuevo Estado de Schleswig Holstein concediese determinadas ventajas a Prusia, a cambio de su protección contra cualquier ataque exterior.

Los Estados de segundo orden no hicieron al principio una oposición declarada a este proyecto porque ya Prusia les había amenazado con disolver la unión aduanera, pero por instigación suya, el duque de Augustenburg rechazó la proposición de Prusia, que entonces se desentendió de él, decidiéndose a quedarse con los ducados. Austria, por su parte, con los Estados de segundo y tercer orden, defendió la causa del príncipe de Augustenburg, y la Dieta ejerció presión al propio tiempo para lograr el reconocimiento del duque y la convocación de una cámara popular en el nuevo Estado.

Todavía, sin embargo, pudo aplazarse el conflicto, mediante el tratado de Gastein (14 de Agosto de 1865), aunque por poco tiempo. A principios de 1866 pareció al Austria que había llegado el momento decisivo; creyó, en efecto, que Prusia, aislada dentro de Alemania y debilitada interiormente por el conflicto en que se encontraba el rey con la Cámara de los diputados, tendría que someterse a sus exigencias. En una nota, de fecha 16 de Marzo, anunció Austria su propósito de someter la cuestión de los ducados a la decisión de la Confederación, y expresaba la confianza de que todos los Estados la apoyarían en este punto.

Prusia presentó entonces una proposición (24 de Marzo) para reformar la Confederación, y pidió en 9 de Abril que se convocase una asamblea nacional nombrada por sufragio universal y por elección directa, cosa que ya antes (22 de Enero de 1863) se había señalado como muy conveniente. La opinión pública no tomó en serio esta proposición; los Estados de segundo orden trataron de mediar para el desarme en la conferencia de Bamberg (14 de Mayo), pero sin resultado, y por su parte Hannover y Sajonia comenzaron a hacer también aprestos bélicos.

El paso decisivo lo dio por fin Austria convocando el Parlamento de Holstein y sometiendo la cuestión de los ducados a la Confederación; Prusia consideró este paso como la ruptura del tratado de Gastein, hizo ocupar el Holstein y declaró al consejo federal que la cuestión del Schleswig-Holstein era una cuestión nacional, y sólo podía ser resuelta resolviendo al propio tiempo la reforma de la Confederación como había propuesto anteriormente; Austria, por su parte, fundándose en la ocupación del Holstein por la Prusia, reclamó la movilización del ejército federal con excepción del contingente prusiano, es decir, la declaración de guerra contra Prusia.

Esta proposición fue aprobada por mayoría de votos (9 contra 6); inmediatamente dio lectura el representante prusiano a una declaración de su gobierno dando por rota la Confederación y añadiendo que Prusia se hallaba dispuesta a constituir otra nueva con los Estados alemanes, pero excluyendo de ella al Austria.

La guerra pruso-alemana

La guerra pruso-alemana se desarrolló con una rapidez inesperada. Mientras que las tropas federales efectuaban su concentración, ocupó Prusia la Sajonia y el Hesse electoral sin disparar un tiro, y el Hannover, después de la sangrienta batalla de Langensalza (27 de Junio). Toda la Alemania del Norte estaba, a fines de Junio, en poder de Prusia. La campaña de siete días en Bohemia, que terminó con la batalla de Königgrätz, decidió la guerra con Austria; la campaña del Main dispersó los dos cuerpos del ejército federal; la Dieta huyó a Augsburgo, disolviéndose en 24 de Agosto.

Los preliminares de paz de Nikolsburg y la paz de Praga (23 de Agosto) garantizaban al Austria su territorio alemán, imponiéndole el pago de una pequeña contribución de guerra (20 millones de talers), pero la expulsaron definitivamente de Alemania. Bajo la presidencia de Prusia se formó la Confederación de la Alemania del Norte, con la que pudieron celebrar los Estados del Sur tratados de alianza, lo cual fue un paso más importante hacia la unidad nacional.

Austria había perdido al fin su jefatura sobre Alemania, y el dualismo de las grandes potencias germánicas cesó con la victoria definitiva de Prusia, que, mediante la incorporación del Schleswig-Holstein, Hannover, Hesse electoral, Nassau y Francfort, ensanchó considerablemente su territorio. Durante las negociaciones de paz trató Francia de desempeñar el papel de mediador a favor de los Estados del Sur y exigió, además, en tono amenazador, una compensación en el Rhin, a costa de Prusia, de Baviera y del Hesse.

Bismarck entretuvo con sus negociaciones las esperanzas francesas por miedo a una nueva guerra y procuró entretanto atraer los Estados del Sur a una unión más estrecha con Prusia, a cuyo efecto les impuso condiciones de paz bastante suaves, haciendo así posible la reconciliación de aquellos y la unión completa de toda la Alemania sin Austria. Wurtemberg y Baden no tuvieron que hacer ninguna cesión territorial, y Baviera y Hesse cedieron muy poca cosa, teniendo todos que pagar una contribución de guerra insignificante. Todos estos Estados firmaron en Agosto tratados secretos de alianza ofensiva y defensiva con Prusia, garantizándose recíprocamente sus respectivos territorios y obligándose a poner, en caso de guerra, todas sus fuerzas militares a la disposición de Prusia, cuyo soberano debería tomar el mando supremo de todas ellas.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4, págs. 485-487