La Asamblea nacional de Francfort

Al anuncio de la caída de la monarquía francesa de Julio, presentó Enrique de Gagern en la Cámara de Darmstadt una proposición pidiendo la creación de un poder central alemán, asistido de un consejo popular, elegido por sufragio, y pocos días después una reunión de hombres notables, casi todos diputados, acordó en Heidelberg solicitar de sus respectivos gobiernos la convocación urgente de una asamblea nacional y nombrar una comisión que efectuase los trabajos preparatorios para ello y estudiase las bases para una Constitución nacional, y esta citó a todos los miembros de las Cámaras alemanas para el 30 de Marzo en Francfort, donde debían constituir un Parlamento preparatorio.

La Dieta federal no se opuso a esto, decidiendo, por el contrario, emprender una revisión del pacto federal bajo la inspección de 17 delegados elegidos por los diferentes Estados de la Confederación. Los gobiernos habían, entretanto, perdido la serenidad y cedieron sin resistencia a la fuerza del impetuoso movimiento popular: en Munich el rey Luis abdicó; en Viena fue derribado Metternich por la revolución; en Berlín estalló otra, a consecuencia de la cual Federico Guillermo hubo de prometer ponerse a la cabeza del movimiento alemán y convocar una asamblea prusiana para establecer una nueva Constitución liberal.

El Parlamento preparatorio, que se reunió en Francfort, se compuso de unos 500 miembros, casi todos prusianos y de los Estados de la Alemania del Sur, y sus primeras resoluciones, de muy difícil ejecución, fueron tales como la admisión del Schleswig en la Confederación germánica, el restablecimiento del reino de Polonia, la proclamación de la soberanía del pueblo, etc. Su verdadera obra, que debía haber sido preparar la reunión de una asamblea nacional, la encomendó el Parlamento a una comisión de 15 miembros, y esta acordó que en todos los Estados que habían formado hasta entonces la Confederación, y además en la provincia de Prusia, se procediese a la elección de un diputado por cada 50.000 almas, mediante sufragio universal.

El exterior de la iglesia de San Pablo el día de la primera deliberación.El exterior de la iglesia de San Pablo el día de la primera deliberación.

La inauguración de la Asamblea nacional, que se compuso de 568 diputados, tuvo lugar en 18 de Mayo de 1848 en la iglesia de San Pablo de Francfort; su presidente fue Gagern. De ella formaron parte los hombres más ilustres de Alemania; pero la falta de una educación política anterior se hizo notar desde luego en el poco aprecio que hicieron, llevados de su excesivo idealismo, de la situación real de la nación y de multitud de factores políticos con los que no podía menos de contarse.

La visible debilidad e impotencia de los gobiernos indujo a la Asamblea a tenerse por soberana y despreciar toda cooperación por parte de aquellos en la obra de la reconstitución nacional; sólo la extrema derecha sostuvo la conveniencia de dar el poder ejecutivo a un ministerio nombrado por los gobiernos de los Estados; la izquierda se inclinó abiertamente a la república, y pretendía que se reconociese por aquéllos el derecho de organizarse en esta forma; Dahlmann propuso nombrar un triunvirato de acuerdo con los gobiernos, y por último, se resolvió el nombramiento de administrador o vicario imperial, siendo elegido para este cargo el archiduque Juan de Austria, que de acuerdo con el Parlamento disolvió el 12 de Julio la Dieta y nombró un ministerio bajo la presidencia del príncipe de Leiningen.

Antes de establecer la nueva Constitución se metió la Asamblea en la discusión de los derechos fundamentales del pueblo alemán, promoviendo un debate puramente teórico que parecía no había de tener fin; no obstante, lo mismo el gobierno central que la Asamblea pretendieron ejercer actos de soberanía antes de haberse promulgado la Constitución, y en particular ostentar la representación de Alemania en el extranjero, y aunque sus plenipotenciarios no fueron reconocidos formalmente en las Cortes de las grandes potencias, así como tampoco la nueva bandera nacional (roja, negra y amarilla), pretendieron obrar en el interior del país como autoridad suprema.

En la cuestión del Schleswig-Holstein, donde en Marzo de 1848 había estallado una insurrección contra Dinamarca, reclamó la Asamblea medidas enérgicas que pusieran fin a la guerra y salvaguardasen, al firmarse la paz, los derechos de los ducados y el honor de Alemania; en su consecuencia, el archiduque Juan ordenó que un ejército de los Estados alemanes del Sur marchase al teatro de operaciones para reforzar a las tropas prusianas. Entretanto Prusia, cuyo ejército peleaba ya desde Abril en los ducados y sufría grandes quebrantos con motivo de la guerra con Dinamarca, que había mantenido el bloqueo de los puertos del Báltico, y se veía además amenazada por una intervención de Inglaterra y Rusia, concertó un armisticio con Dinamarca. Esta noticia cayó como un rayo en Francfort, donde la proposición de la derecha para que fuese aprobado el tratado de paz no fue aceptada hasta que dimitió el gabinete y se nombró otro para sustituirle.

A instigación de la extrema izquierda, una gran asamblea popular declaró traidores a la patria, a la libertad y al honor a los 258 diputados que votaron la aprobación del tratado, y aquella organizó además un levantamiento popular que debía dispersar la Asamblea nacional y proclamar la república; este alzamiento fue sofocado por tropas prusianas y austriacas que ocuparon la iglesia de San Pablo y se apoderaron de las barricadas. No pudieron, sin embargo, evitar que dos diputados, el general Auerswald y el príncipe Lichnowsky fueran asesinados por las turbas. Los revolucionarios trataron de promover disturbios en otros puntos; Struve penetró en el país de Baden y proclamó la república, pero pronto fue echado de allí, y en las demás partes fracasó también el movimiento revolucionario.

La mayoría del Parlamento comprendió entonces que para poner coto al radicalismo debía buscar el contacto con los gobiernos y terminar pronto la Constitución; así, pues, se suspendieron provisionalmente los debates sobre los derechos fundamentales y comenzó al del proyecto de Constitución, que había sido ya presentado por correspondiente.

Difícil fue el acuerdo acerca del punto concreto de la admisión de Austria en el imperio que se trataba de organizar, pues la conducta hostil del gobierno austriaco con los diputados enviados por el Parlamento a Viena, de los cuales uno, Blum, fue fusilado en 9 de Noviembre, había enfriado mucho las simpatías de la Asamblea por Austria. Además, el nuevo presidente del Consejo de ministros austriaco, príncipe de Schwarzenberg, había anunciado como propósito del gobierno la reunión de todos los Estados de los Habsburgos en uno solo, y pretendió que, aunque se hiciera así, debía determinarse la situación de Austria con respecto a Alemania.

La mayoría del Parlamento era opuesta a la admisión de toda el Austria con la Hungría, y esto produjo la dimisión del austriaco Schmerling, presidente entonces del gabinete imperial, que fue sustituido por Gagern. El programa de este fue acogido con protestas por parte de Austria, y provocó reñidas discusiones por establecerse en él definitivamente la exclusión de dicho Estado, pero fue por fin aprobado. También se adoptó el acuerdo de conferir la dignidad de jefe supremo del Imperio a un príncipe alemán, pero rechazándose el carácter hereditario de aquélla, y se aceptó para el nuevo soberano el título de emperador de Alemania.

En 30 de Enero había quedado, pues, discutido y votado en primera lectura el proyecto de Constitución. Austria renovó su protesta y cortó toda inteligencia con el parlamento, otorgando en 7 de Marzo de 1849 una Constitución para el Imperio austriaco, en la que se establecía el principio de que todos los países sujetos al dominio de los Habsburgos, incluso la Hungría y el reino lombardo-veneto, formaban una monarquía inseparable. Todavía fue rechazado, sin embargo, por la Asamblea el proyecto de aprobar definitivamente, sin las formalidades de segunda y tercera lectura, la nueva Constitución y conferir al rey de Prusia la dignidad imperial hereditaria; pero por fin quedó (27 y 28 de Marzo establecido definitivamente este último extremo, y fue elegido por 290 votos el rey de Prusia para emperador de Alemania.

La Constitución confería al emperador y al Parlamento la gestión de las relaciones exteriores, la alta dirección de los asuntos militares, la legislación, etc.; el emperador debía gobernar con un ministerio responsable, declarar la guerra y hacer la paz, convocar y cerrar el Parlamento. Este se compondría de dos Cámaras: la de los Estados y la Cámara popular; la primera formada por los representantes de los diferentes Estados alemanes, elegidos por mitad por el soberano y por sufragio, y la última compuesta por los diputados elegidos por sufragio universal directo (1 por cada 100.000 habitantes); el emperador tendría el veto meramente suspensivo para las decisiones del Parlamento.

Todavía más radicalmente democráticos eran los derechos fundamentales que la Constitución consignaba para el pueblo alemán; libertad ilimitada de viajar, de reunión y de imprenta, igualdad de todas las religiones, etc.; también decretaba la abolición de la nobleza y de sus títulos y privilegios. Al tener conocimiento de estos acuerdos de la asamblea, Austria retiró sus diputados de Francfort, dando a entender así que no se sometería voluntariamente a ellos; pero precisamente por entonces sufrieron sus ejércitos serios descalabros en Hungría.

Federico Guillermo IV declaró a la comisión de la asamblea que fue a notificarle su elección, que la aceptaría si todos los soberanos y ciudades libres de Alemania la aprobaban libre y espontáneamente, poniendo además por condición que fuera revisada la Constitución, a cuyo fin el gabinete prusiano invitó a los demás gobiernos que manifestasen su opinión y enviasen sus delegados a Francfort para proceder, en unión de la Asamblea, a la revisión del código fundamental del Imperio. Todos los gobiernos, excepto los de los cuatro reinos, contestaron aprobando la elección del rey de Prusia como jefe supremo del Imperio y aceptando la Constitución; lo mismo hubieran hecho, seguramente, los otros soberanos, como hubo de hacerlo en 24 de Abril el rey de Wurtemberg, el cual, por miedo a un alzamiento popular, declaró que la aceptaba; pero la Cámara prusiana pretendió imprudentemente que el rey de Prusia cediese también en este punto, y fue acto continuo disuelta.

Entonces la Asamblea nacional declaró solemnemente que sostendría incólume su obra, y resolvió invitar a toda la nación, pueblo y gobiernos, a que pusiesen en vigor y prestasen su conformidad a la Constitución que había votado la Asamblea. Este acuerdo equivalía a un llamamiento al país, y dio origen a un alzamiento popular, que fue atizado por los republicanos y condujo finalmente a la disolución de la Asamblea.

En el Palatinado estalló una verdadera revolución que estableció un gobierno provisional; lo mismo sucedió en Dresde, donde fue sofocada, después de varios días de lucha en las calles, gracias al auxilio de. tropas prusianas. Pero no paró aquí, pues el movimiento se extendió a Hesse, Baden, los Estados del Rhin, Franconia y Wurtemberg. En algunas ciudades de las provincias prusianas del Rhin hubo choques sangrientos entre el ejército y el pueblo, y la landwehr, llamada a las armas, se negó abiertamente a obedecer. Pero donde con más violencia descargó el nublado revolucionario fue en el gran ducado de Baden, a pesar de que desde el principio el soberano y su gobierno habían aceptado la Constitución. En Friburgo y Rastatt las tropas se insurreccionaron, uniéndose al pueblo; lo mismo hizo la guarnición de Carlsruhe, obligando a huir al gran duque y su gobierno; todo el país se levantó finalmente a favor de la junta revolucionaria, que celebró un pacto de alianza ofensiva y defensiva con el gobierno provisional del Palatinado.

También se dejó sentir el movimiento revolucionario, con terrible ímpetu, en Wurtemberg; pero el gobierno imperial presenció impasible todos estos sucesos; el archiduque Juan se limitó a sustituir a Gagern, que había presentado su dimisión, con un miembro de la extrema derecha, el prusiano Grâvell, que no tenía el menor ascendiente sobre el Parlamento. Este, entretanto, iba tomando cada día un cariz más radical, lo cual obligó a los gobiernos de Prusia, Sajonia y Hannover a retirar sus diputados; lo mismo hizo otro gran número de ellos, con Gagern a su cabeza; el resto de la Asamblea acordó trasladarse a Stuttgart y allí nombró una regencia compuesta de cinco miembros, y decidió tomar bajo su protección y la del Imperio a las juntas revolucionarias del Palatinado y de Baden; pero cuando pidió al gobierno de Wurtemberg el apoyo de sus tropas para hacer cumplir sus resoluciones, aquél le intimó que saliese de sus Estados, e impidió, finalmente, que volviera a reunirse. Tal fue el lamentable fin de la primera Asamblea nacional, que tanto entusiasmo despertó en Alemania al comenzar sus trabajos.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4, págs. 484-485