La Confederación Germánica

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La Confederación 1815-1866

La Confederación

El acta federal de 8-10 de junio de 1815, decía en sus artículos 1º y 2º: «Los príncipes soberanos (los reyes de Baviera, Wurtemberg, etc.) y ciudades libres (Lubeck, Bremen, Hamburgo y Francfort del Main) con el emperador de Austria y el rey de Prusia, por lo que respecta a sus dominios pertenecientes al antiguo Imperio germánico, el rey de Dinamarca por Holstein y Lauenburg y el de Holanda por el Luxemburgo, se unen para formar una liga permanente que se denominará Confederación germánica.

La Confederación Germánica, 1815-1866.La Confederación Germánica, 1815-1866.

El objeto de la Confederación es la conservación de la seguridad exterior e interior de Alemania y de la independencia e inviolabilidad de cada uno de los Estados alemanes.» Los asuntos de la Confederación debían ser resueltos por una asamblea federal (Bundestag) compuesta de representantes de los diversos Estados, cuya presidencia correspondía al Austria, y que debería residir en Francfort. Por más que este defectuoso organismo no respondiese ni con mucho a las aspiraciones del pueblo alemán de constituir la unidad nacional, era la Confederación el resultado y la expresión fiel de la situación política de su tiempo. Aunque muy censurada por algunos de sus contemporáneos, de ideas muy avanzadas para aquella época, y por la gran masa de la posteridad, es imposible dejar de reconocer que la nueva constitución política que llegó a plantearse a fines del siglo XIX, además de necesitar la voluntad enérgica de un Bismarck, sólo era posible mediante la educación política del pueblo y de sus clases directoras.

Claramente se deducía ya esto de los acuerdos del Congreso de Viena, cuando uno de los artículos del acta federal prometía que en todos los países de la Confederación se introduciría una Constitución, basada en los estamentos del país. Pero precisamente este punto, considerado por la mayoría como el más importante de todos, quedó durante largos años sin realizar, por culpa principalmente de las tendencias reaccionarias de los gobiernos. Cierto que algunos Estados como Baden y Baviera (1818), Wurtemberg (1819) y Sajonia-Weimar (1816) establecieron, efectivamente, una organización fundada en el derecho moderno constitucional, pero Prusia y Austria no quisieron introducir innovaciones, y la primera sólo restableció los estamentos provinciales en 1823.

Especialmente en Prusia, donde el movimiento reaccionario contó con jefes como Tzschoppe, Kamptz y Schmalz, toda manifestación del espíritu liberal o nacionalista fue mirada como peligrosa para el Estado. Desde la formación de la Santa Alianza, se había abrogado Rusia el derecho de vigilar por medio de sus agentes diplomáticos los asuntos interiores de Alemania, y ejerció una presión en sentido absolutista sobre los gobiernos, que tuvo por resultado la adopción de medidas de rigor contra las aspiraciones liberales de la nación: el Mercurio del Rhin, de Görres, fue suprimido; la asociación denominada de la Virtud (Tugendbund) quedó prohibida y se tomó como pretexto la fiesta de Wartburg, con que los estudiantes de Jena pretendieron conmemorar la Reforma, para obligar al duque Carlos Augusto de Weimar a que suprimiese la libertad de la prensa y pusiese trabas también a la de los estudiantes.

El asesinato del consejero ruso Kotzebue por el estudiante de Jena, Carlos Sand (1819), fue considerado como un síntoma de que el espíritu revolucionario había envenenado las universidades, y Metternich convocó en Carlsbad una reunión de ministros, cuyos acuerdos confirmó en 20 de Septiembre de 1819 la dieta federal, y en su virtud se estableció una severa censura de imprenta, se autorizaba a la asamblea federal para intervenir con fuerza armada en cualquiera de los Estados confederados siempre que lo hiciera necesario la tranquilidad pública, se prohibieron las asociaciones escolares, y además se estableció en Maguncia una comisión central de vigilancia e información contra los manejos de la demagogia. Los Estados de la Alemania del Sur, en los que se había ido desarrollando el régimen constitucional, y especialmente Wurtemberg, trataron de rehuir el cumplimiento de los acuerdos de Carlsbad, observando una conducta de amplia libertad con la prensa, de reunión y de enseñanza, pero tuvieron que ceder en muchos puntos a la presión ejercida por las potencias.

Entretanto, la gran masa de la nación no tomaba parte apenas en la vida política, dedicando toda su actividad a los negocios; gracias esto, al considerable aumento de las relaciones mercantiles y al progreso de la industria, pronto quedaron restañadas las heridas producidas por la guerra. El sentimiento nacional y las aspiraciones políticas no hallaban eco fuera del círculo de las clases ilustradas, y de estas las que rendían culto a las ideas políticas modernas, simbolizadas en la palabra liberal, se habían identificado completamente con los liberales franceses, cuyas ideas y tendencias predominaban principalmente en la Alemania del Sur.

La revolución de Julio en 1830 dio también en Alemania el impulso necesario para un movimiento liberal y unitario. En muchos sitios se produjeron disturbios, y en Brunswick se llegó hasta a expulsar al duque Carlos. Los reinos de Sajonia y Hannover, el Hesse electoral, Brunswick, etc., recibieron entonces Constituciones más liberales, y en los Parlamentos de Baden y Hesse-Darmstadt llegaron a presentarse proposiciones para establecer una representación nacional alemana.

Los políticos reaccionarios, inquietos en extremo por estos síntomas, aprovecharon dos imprudentes manifestaciones llevadas a cabo por elementos revolucionarios republicanos, la fiesta d de Hambach (27 de Mayo de 1832) y el atentado de Francfort contra la Dieta (9 de Abril de 1833), para inducir a los gobiernos de la Confederación a dictar las medidas más rigurosas contra el movimiento liberal. En 1833-34 hubo en Viena nueva reunión de ministros, y allí, a pesar de la resistencia que algunos opusieron, tomáronse resoluciones radicales, acordando entre otras medidas vejatorias extremar la censura de impresos, la vigilancia de las universidades y la de los pasaportes para viajar, y establecer una nueva comisión central de policía en Francfort para la extirpación de la demagogia.

Multitud de personas fueron entonces perseguidas y desterradas o reducidas a prisión durante largo tiempo; a los obreros se les prohibió emigrar a Francia, Suiza y Bélgica, para evitar que se contaminasen de liberalismo. En Baden tuvieron que derogar la ley de imprenta por demasiado liberal, y los catedráticos Rotteck y Welcker fueron privados de sus cátedras. El inicuo golpe de Estado del rey Ernesto Augusto de Hannóver, derogando en 1837 la Constitución de 1833 y otorgando otra nueva «más en armonía con las verdaderas necesidades del país« y con el aumento de su lista civil, fue sancionado con la aprobación de la Dieta federal, pues esta no admitió ni la protesta de los siete catedráticos de Gottinga , que fueron naturalmente destituidos, ni la de la asamblea de los Estados de Hannover pidiendo su intervención en el asunto.

Por su carácter particular no podía tampoco la Dieta federal defender los intereses alemanes enfrente del extranjero; esto únicamente hubiera podido hacerlo un Estado solo, y mejor que ninguno Austria o Prusia. Por desgracia, la Dieta no se preocupó tampoco de nada de esto, ni pensó una sola vez en la creación de una nota de guerra para proteger el comercio alemán, ni en fortificar las costas; tampoco hizo nada para mejorar la organización militar, a pesar de las continuas instancias de Prusia en este sentido, y especialmente quedó sin resolver la cuestión del mando superior del ejército federal.

La construcción de fortalezas en la frontera del Rhin iba retrasándose de año en año, a pesar de que ya desde 1829, y más particularmente desde 1840, era inminente un ataque de los franceses para apoderarse del país rhiniano. Los pretextos para ello estaban en el pago de la indemnización de guerra estipulada en 1815; pero la Confederación la cedió a la casa Rothschild a cambio de un 2 por 100 de interés. Tampoco supo poner fin aquélla a las dificultades que ponían los holandeses a la libre navegación por el Rhin, ni a la cuestión de las aduanas de este río.

Cuando Bélgica se separó definitivamente de Holanda y sostuvo sus derechos sobre el Luxemburgo, la Confederación hizo con aquel país un arreglo amistoso, en virtud del cual se repartieron aquel Estado, quedándose Alemania con el Limburgo, que sin las plazas fuertes de Maestricht y Venloo no tiene la menor importancia militar. Se suscitó después la cuestión de los ducados de Schleswig-Holstein, a consecuencia de la carta-circular publicada por el rey Christián VIII en 8 de Julio de 1846, en la que pretendía alterar el orden legal establecido para la sucesión, amenazando además la unión inseparable de los dos ducados. Entonces la Dieta hizo saber al rey de Dinamarca que se reservaba sus derechos para dirimir esta cuestión y que esperaba que aquél respetase los de las partes interesadas, como efectivamente ofreció Christian VIII. La paz que disfrutó Alemania durante el periodo comprendido entre 1815 y 1818, que realmente favoreció el desarrollo de sus intereses materiales, fue debida principalmente a la debilidad de la Dieta federal.

El año 1817, después de una mala cosecha sobrevino una gran carestía en los artículos de primera necesidad, y estos encarecieron todavía mucho más a consecuencia de lo que dificultaban el tráfico las aduanas establecidas en las fronteras de los diferentes Estados alemanes, y hasta, dentro de estos, entre provincia y provincia, lo cual produjo un hambre horrorosa. Prusia atendió a remediar el mal con la supresión de las aduanas interiores, y proclamó en 1818 el principio de la libertad de comercio, comenzando en 1821 con el convenio sobre la libre navegación del Elba la serie de tratados que condujo en 1833 al establecimiento de la Liga aduanera alemana (Deutsche Zollverein).

Esta comprendía casi todos los Estados alemanes, excepto Austria, y pronto se hicieron notar sus benéficos efectos para el comercio y la industria. Grandes esperanzas se concibieron en Alemania cuando subió al trono de Prusia el nuevo soberano Federico Guillermo IV (1840-1861). Este promulgó una amplia amnistía para delitos políticos, que significaba la conclusión de aquella época de persecución de la demagogia, suavizó el rigor de la censura y propuso la reforma de la Constitución de la Confederación en armonía con las aspiraciones nacionales. Pero sus vacilaciones para dar una Constitución a su reino, la limitación de las atribuciones de la asamblea de las Dietas provinciales que fue convocada por primera vez en 1847, sus ideas políticas propias de la Edad Media y su predilección por la ortodoxia luterana, defraudaron todas las esperanzas.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 4, págs. 482-484