Fernando II de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Habsburgo
Empe. Sacro Imperio: 1619-1637
Nacimiento: 9-VII-1578
Fallecimiento: 15-II-1637
Predecesor: Matías I
Sucesor: Fernando III

Biografía

Archiduque de Austria. Rey de Bohemia y de Hungría. Hijo del archiduque Carlos de Estiria, n. en Graz en 9-VII-1578 y m. en Viena en 15-II-1637. En 1596 sucedió a su padre en el gobierno de Estiria, Carintia y Carniola, anulando inmediatamente las disposiciones que en favor de la tolerancia religiosa había dictado aquél. En abril de 1605 formó con sus primos, Matías, Maximiliano y Maximiliano Ernesto la llamada Liga de los archiduques contra el emperador Rodolfo II, y cuyo objeto era defender los intereses de la casa de Habsburgo.

Joseph Heintz d. Ä.Fernando II por Joseph Heintz the Elder

Entró también en la Liga católica formada por el duque de Baviera, y cuando Matías subió al trono imperial, no teniendo hijos, y de acuerdo con el archiduque Maximiliano, que tampoco los tenía, designó como sucesor suyo a Fernando II. En 1617 recibió la corona de Bohemia y al año siguiente fue proclamado rey de Hungría. Su primer cuidado en Bohemia fue restablecer el catolicismo, persiguiendo escarnecidamente a los protestantes, lo que produjo una sublevación.

Las hostilidades comenzaron en Agosto de 1618 y cuando Fernando II se disponía a hacerse elegir emperador, el conde de Thurn, que al frente de un ejército había conquistado la Moravia, comenzaba el sitio de Viena, pero hubo de batirse en retirada ante la enérgica actitud de Fernando II y las ventajas obtenidas por los católicos en Bohemia, donde, sin embargo, había sido destituido, nombrándose en su lugar al conde palatino Federico V. Ocurría esto el 26-VIII-1619, dos días antes de la elección de Fernando II.

En Hungría las cosas iban aún peor, Bethlen Gabor se había apoderado de Kaschan y de Presburgo y al año siguiente (1620) consiguió hacerse coronar rey con el apoyo de los protestantes. A principios de 1621 Federico V fue expulsado de Bohemia, comenzando entonces una reacción violentísima contra los luteranos que, finalmente, habían de ser expulsados en 1627.

Por la paz de Nicolsburg, Gabor renunció a la corona de Hungría (1621) y el emperador afirmó aún su triunfo en el Congreso de príncipes celebrado en Ratisbona, transmitiendo el voto electoral del Palatinado a Baviera, con lo que los católicos tenían mayoría en la Dieta. Para oponerse a esta preponderancia se formó una coalición entre Inglaterra, Holanda y Dinamarca (XII-1625), acto que puede decirse fue el origen de la guerra de los Treinta años, por más que esta había comenzado ya en 1618.

El emperador organizó rápidamente un ejército cuyos principales mandos dio a Wallenstein y a Tilly, siendo los primeros choque favorables a las armas imperiales. El primero derrotó a Mansfeld en Dessau y el segundo al rey Cristián en Dinamarca (1626). En 1627 Wallenstein sometió la Silesia, ocupó Branderburgo e invadió el Mackelemburgo.

Los dinamarqueses perdieron la Jutlandia y a fines de 1627 los imperiales eran ya dueños de la Alemania del Norte. En recompensa de los servicios prestados, Wallenstein recibió el Mackelemburgo en concepto de feudo hereditario, lo que vulneraba la constitución imperial, puesto que el derecho de elección correspondía en todo caso a los príncipes y no al emperador. Poco después terminó la guerra con Dinamarca por un tratado mediante el cual dicha nación recuperaba los Estados continentales, comprometiéndose en cambio, a abstenerse de toda intervención en los asuntos de Alemania.

Fernando II creyó llegado el momento de adoptar las disposiciones conducentes a asegurar la supremacía de los católicos. Desde el tratado de Passau el clero alemán estaba dividido, a causa de la retención de los bienes eclesiásticos por los protestantes. El edicto llamado de restitución (6-III-1629) declaró que los católicos podían reclamar los conventos y los bienes eclesiásticos que poseían en la época del convenio de Passau, y quitó gran número de prerrogativas a los protestantes, recrudeciéndose así la guerra, que tomó un marcado carácter de lucha religiosa.

Sin embargo, los mismos príncipes católicos no estaban muy tranquilos ante el creciente aumento del poder personal del emperador y del predominio del general Wallenstein. El edicto de restitución tuvo que imponerse por la fuerza de las armas; esto acrecentó la influencia de la Liga católica, que era opuesta a los planes ambiciosos de Wallenstein, y el emperador, puesto en la disyuntiva de elegir entre sus aliados y el general, optó por los primeros y nombró generalísimo de sus tropas a Tilly, al que patrocinaba la Liga.

Mientras tanto , los protestantes alemanes se habían entendido con Suecia, y Wallenstein, despechado, había entrado al servicio de esta nación, apoderándose de Pomerania, Mackelenburgo y de una parte de Silesia y consiguiendo la alianza de Branderburgo y de Sajonia. El ejército de Tilly fue destruido en Breitenfeld (17-IX-1631) y Fernando II, aterrado, se dirigió a Wallenstein, quien al principio se negó a toda inteligencia, pero acabó por acceder a las instancias del emperador, que le concedió poderes extraordinarios.

A los tres meses (Abril de 1632) Wallenstein había reorganizado ya el ejército; la situación entonces era sumamente crítica para los imperiales. Gustavo Adolfo de Suecia, después de una campaña triunfal, había penetrado en Baviera, derrotando a las tropas austriacas llegadas de Brisgovia y de Alsacia, pero la inactividad de los sajones en Baviera dio tiempo a Wallenstein para reunir su ejército y en un mes logró alejarlos del reino.

Gracias al auxilio de los franceses, los suecos consiguieron mantenerse en algunas de las posiciones conquistadas y aun iniciar una ofensiva en la que Gustavo Adolfo halló la muerte (16-XI-1632). El canciller sueco Oxentierna formó una Liga en la que entraron Franconia, Suabia y las ciudades del Alto y Bajo Rhin, al mismo tiempo que Francia hacía más eficaz su concurso, si bien exigiendo garantías para la religión católica.

Wallenstein era solicitado por los enemigos del emperador, que incluso le ofrecían la corona de Bohemia si se avenía a aliarse con ellos. Wallenstein, sin atreverse a romper abiertamente con el emperador, entabla negociaciones en contra de su deseo, por lo que la ruptura parecía inevitable. Fernando II consiguió atraerse a los principales lugartenientes de Wallenstein, que murió asesinado el 25-II-1634. El mando del ejército de Bohemia se dio al hijo del emperador, rey de Bohemia y de Hungría, que tuvo la suerte de derrotar a los suecos. Francia, en cambio, se apoderó de Alsacia (Octubre de 1634), que un tratado con Suecia celebrado en París (1-XI-1634) le cedió.

En 1635 el emperador firmó la paz con Sajonia, y con la esperanza de que seguirían el mismo camino el resto de los Estados protestantes, en el tratado se consignaron una serie de cláusulas que equivalían a la derogación del edicto de restitución. La guerra seguía, mientras tanto, con la ventaja en la frontera para los austriacos, pero sin que se diese una acción decisiva por ninguno de los dos grupos beligerantes. Fernando II, comprendiendo que su fin se aproximaba, hizo elegir Rey de romanos a su hijo, del mismo nombre, muriendo sin haber visto terminada la guerra.

Cualesquiera que fueses sus cualidades y defectos, exagerados unas y otros por escritores parciales, es lo cierto que Fernando II preparó el porvenir de Austria, separándola del Imperio alemán y constituyéndola en un gran Estado homogéneo.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 23 págs. 844-845.