Enrique V de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Franconia
Empe. Sacro Imperio: 1111-1125
Sobrenombre: el Joven
Nacimiento: 1081
Fallecimiento: 1125
Predecesor: Hermann de Luxemburgo
Sucesor: Lotario II

Biografía

Rey de Alemania, 1099-1085. Nació en 1081 y m. en Nimega en 1125. Era hijo de Enrique IV y de Berta, y substituyó a su hermano mayor Conrado, en la sucesión del Imperio. Fue elegido en 1098. Ya hemos dicho como se rebeló contra su padre, cuya muerte le dejó dueño del Imperio. El intrigante pérfido y sin fe, que había consumado la ruina del autor de sus días, no tenía la benevolencia ni la generosidad que este conservó aun en los momentos más difíciles, pero le aventajaba en instinto político. Se encontró rodeado de las mismas dificultades; la cuestión de las investiduras no había terminado aún. Enrique V, que se había servido del Papa para ampararse del poder, no tardó en distanciarse de la Santa Sede. En el primer momento, la muerte del emperador excomulgado pareció asegurar el triunfo del partido pontificial.

Entrega de los símbolos de poder de Enrique IV.Entrega de los símbolos de poder de Enrique IV.

El concilio de Guastalla (1106) decidió la exhumación del cadáver del antipapa Clemente III para echarlo al mar y suprimir cinco obispados en la provincia eclesiástica de Rávena, la rival detestada de Roma. La interdicción de la investidura laica fue renovada. Sin embargo, cuando Enrique V invitó a Pascual II para que presidiese un concilio en Alemania, el Papa no osó entregarse en manos de aquel temible aliado, y convocó el concilio de Chalons. El emperador había provisto a su gusto todos los obispados y abadías vacantes; mandó a Chalons a Welfo de Baviera y a Bruno, arzobispo de Tréveris, los cuales, fundándose en un diploma apócrifo de Adriano I, reclamaron para el emperador el derecho, ya concedido a Carlomagno, de establecer los prelados, aduciendo que solo la investidura real podía poner a un príncipe eclesiástico en posesión de los derechos temporales. Pascual II no quiso contemporizar y, en el concilio de Troyes (1107), se renovó la prohibición a los laicos de investir por el báculo y el anillo.

El emperador comenzó por afirmarse en sus Estados; castigó a Enrique de Limburgo, concluyó tratos con el conde de Flandes, peleó contra los húngaros y polacos, y, celebrado su casamiento con Matilde (1110), hija de Enrique I de Inglaterra, entró en Italia al frente de 30.000 hombres. Alarmado por este alarde de fuerzas, el papa creyó conveniente ceder de su derecho y hacer concesiones. Se señaló día para la coronación del emperador. La oposición de los prelados romanos hizo imposible que la ceremonia se llevase a cabo; Enrique prendió a Pontífice y 16 cardenales, saqueó el tesoro de San Pedro y acuchilló a la plebe que venía en defensa de su obispo. Esta violenta medida hizo que Pascual II reconociese el derecho de investidura y posase sobre la cabeza de Enrique la corona imperial.

En cuanto los alemanes hubieron repasado los Alpes, el papa declaró nulo y sin valor el convenio celebrado, en parte instigado por los príncipes de la Iglesia, afectos a los principios sostenidos por Gregorio VII, y, además, lanzó la excomunión sobre el emperador. La mayor parte de los próceres alemanes, descontentos con la marcha de los sucesos, aprovecharon ocasión tan propicia para rebelarse, siendo de nuevo Alemania teatro de aquellas revueltas intestinas que empobrecieron el Imperio durante el largo reinado de Enrique IV.

En 1116, el emperador se personó de nuevo en Italia, arrojando de Roma a Pascual II; muerto este, impuso por su sucesor a Gregorio VIII. El partido íntegro elevó al solio a Gelasio II, el cual renovó la excomunión contra Enrique. Este regresó a Alemania en 1119, y en la dieta de Tribur consiguió apaciguar la hostilidad de sus enemigos, de los más importantes al menos.

El papa Calixto II que sucedió a Gelasio dentro de aquel mismo año, estimó necesaria una conformidad entre ambos poderes y propuso un arreglo; las controversias entre el papado y el Imperio terminaron por algún tiempo merced al concordato de Worms, que quedó concluso en 1122. En aquel tratado quedó convenido que en toda elección de un prelado el emperador tenía el derecho de estar presente, bien en persona o por medio de un representante, y que el obispo elegido, antes de ser consagrado, recibiría sus dominios y la autoridad secular en calidad de feudo del Imperio.

Todas las ventajas, al parecer, caían del lado del emperador, pero bien considerado, el papado ganaba el ser reconocido como un poder que tenía el derecho de negociar con el Imperio en términos iguales y el de nombrar los administradores de su mayor agrado. Enrique no sobrevivió mucho tiempo a la solución del conflicto que había absorbido su vida, como había ocurrido con su padre. No consiguió después restablecer la paz en Alemania; el bandolerismo guerrero, tanto tiempo favorecido por las discordias intestinas, continuaba sus depredaciones.

Los señores sajones perseveraban en su odio contra los franconianos. Quiso, de acuerdo con su suegro Enrique I de Inglaterra, atacar al rey de Francia, pero no pudo reunir un ejército capaz de hacer frente al preparado por Luis VI. Había convocado en Utrecht una Dieta general con objeto de reorganizar su monarquía, pero murió a consecuencia de un cáncer. Con él se extinguió la dinastía sálica o franconiana. Realizó varias reformas importantes, siendo las principales el haber concedido la ciudadanía a los artesanos esclavos homines proprii, que por este medio recobraron la libertad, y abolir el derecho de manos muertas, causa de que muchas grandes herencias quedasen extinguidas en pocas generaciones.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 10-12.