Enrique III de Alemania

Datos biográficos

Dinastía: Franconia
Empe. Sacro Imperio: 1046-1056
Sobrenombre: el Negro
Nacimiento: 1017
Fallecimiento: 1056
Predecesor: Conrado II
Sucesor: Enrique IV

Biografía

Rey de Alemania, 1039-1056. El Negro, por el color de su barba, nació en 1017 y murió en Botfeld (en el Harz) en 1056. Segundo emperador de la casa de Franconia, hijo del emperador Conrado II y de Gisela, hija y viuda de duques de Suabia; su padre le cedió desde 1027 el ducado de Baviera, vacante por la muerte de Enrique de Luxemburgo (1027); al siguiente año le hizo reconocer por la nobleza como sucesor suyo, y coronar el Aquisgrán por el obispo de Colonia.

Miniatura de Enrique IIIMiniatura de Enrique III

Contrajo matrimonio con Gunilda, hija de Canuto el Grande de Inglaterra, la cual murió de la peste poco antes de ceñir Enrique la corona imperial. En 1038, por muerte de su hermano Germán, heredó el ducado de Suabia, y fue reconocido y coronado rey de Borgoña en Soleure. Poco después la muerte de su padre le hizo jefe del Sacro Imperio (1039).

Dotado de un carácter inflexible y resuelto, pronto hizo sentir su poder, tanto en la Iglesia, como en el Estado. La política perseguida por él tenía muchos puntos de contacto con la seguida por Otón I durante los primeros tiempos de su reinado; esto es, dar el gobierno de los ducados, tantos como le fue posible, a miembros de su familia o a vasallos en cuya fidelidad podía confiar. Únicamente el duque Godofredo de Lorena, que reclamaba el dominio de la Alta Lorena, teniendo ya la Baja, fue el que le ocasionó serio cuidado, aun cuando aquel impetuoso príncipe nada realmente práctico podía intentar contra el gran emperador. Este era tan afortunado en sus guerras como en el gobierno interior.

El duque Bretislao de Bohemia, que dio muestras de aspirar a una posición independiente, invadió la Polonia, se apoderó de sus principales ciudades, y, como signo de su triunfo, se llevó el cuerpo de San Adalberto, transportándolo hasta Praga. Enrique marchó contra él en 1041, le derrotó, y le obligó a comparecer en Ratisbona con hábito penitente, para recibir la Bohemia como feudo de la corona imperial. Allanada esta dificultad, comenzó en 1042 una serie de campañas en Hungría, donde por primera vez afirmó la supremacía de Alemania. En Italia era igualmente venturoso, no solo manteniendo su derecho a la corona de Lombardía, sino estableciendo la supremacía germánica sobre los normandos en Apulia y Calabria.

Por aquel entonces, la condición moral de la Iglesia era vista con sentimiento por los buenos creyentes, y Enrique, en cuyo espíritu estaban profundamente arraigadas las tendencias religiosas, se unió cordialmente al movimiento reformista que tuvo su origen en Cluny. Convocó a los prelados a un concilio que tuvo lugar en Surti en 1046, y de allí salió la deposición de los tres pontífices rivales, Benedicto IX, Silvestre II y Gregorio VI, elevando al solio, por indicación del emperador, y con el nombre de Clemente II, a Suitgero, obispo de Bamberga. Otros tres obispos germanos, Dámaso II, León IX y Víctor II, sucesivamente, se sentaron en la silla de San Pedro, designados por Enrique, y, como todos ellos eran hombres piadosos y enérgicos administradores, hicieron mucho en pro de la regeneración de la disciplina eclesiástica en Europa.

Durante su gobierno, el Papado estuvo realmente sometido al Imperio; pero la verdadera ansiedad con que Enrique se dedicó a la tarea de hacer a la Iglesia digna de su alta misión, creó grandes daños para el Estado, desde el momento en que era altamente improbable que un pontífice de altivo e independiente carácter, se sometiese a una posición secundaria. La magnitud del peligro se vio claramente cuando Hildebrando ciñó la tiara durante el reinado de Enrique IV, hijo y sucesor del príncipe que nos ocupa.

Sintiendo aproximarse su fin, el poderoso emperador, tomó sus disposiciones para asegurar el porvenir, que se presentaba sombrío. Al oeste, el conde de Flandes y Godofredo de Lorena se presentaban más fuertes y hostiles que nunca, asediando en Amberes al duque Federico de Baja Lorena; el rey de Francia, irritado porque el emperador había admitido el homenaje del hijo de Eudo de Champaña, se sentía inclinado a intervenir en los asuntos de Lorena. Al este, los húngaros permanecían hostiles. Al norte, el leal Germán, arzobispo de Colonia, acababa de morir; los lintices reanudaban la guerra; había muerto el duque de Bohemia, Bretislao, siendo reemplazado por su hijo Espitinico, enemigo de los alemanes; el duque de Baviera, Conrado, hijo segundo del emperador, murió también.

El emperador abarcó todos estos puntos en una Dieta celebrada en Zurich, y teniendo algunas conferencias con el papa Víctor II, que fue a Gidar. Nombró arzobispo de Colonia a Anno, hombre de su confianza; concertó el casamiento de su hijo Enrique con Berta, de la familia de los poderosos margraves de Susa, y el de su hija Judit con Salomón, hijo del rey de Hungría. En una entrevista con el rey de Francia, cedió el Hainaut al condado de Flandes; se reconcilió con su tenaz adversario Godofredo de Lorena, devolviéndole su esposa y los ricos dominios toscanos. Perdonó y restauró en sus bienes a su tío Gebardo de Ratisbona y a todos sus cómplices, acusados de haberle querido asesinar. Murió a los treinta y nueve años, reconciliado con todos sus enemigos, y dejando a su esposa Inés la administración del Imperio durante la menor edad de Enrique IV.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 9-10.