Sebastián I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía: Aviz
Rey de Portugal: 1557-1578
Nacimiento: 1554
Fallecimiento: 1578
Predecesor: Juan III
Sucesor: Enrique I

Biografía

En este niño, cuyo nacimiento rodearon augurios siniestros, precursores de trágico destino, según leyendas después formadas, recayó la corona de su abuelo Juan, el rey difunto. Quedó instituida regente la reina Catalina, de gran experiencia y talento, que designó como ayo y preceptor del rey a Alejo Meneses, noble de gran cultura y señaladas prendas de soldado La educación del regio niño hizo concebir grandes esperanzas a su pueblo y asimismo su condición caballeresca, inteligente y reflexiva.

Retrato del rey Sebastián I de PortugalRetrato del rey Sebastián I de Portugal.

Mas cuando don Sebastián llegó a la adolescencia tomaron gran predicamento cerca de él dos jesuitas, los hermanos Camara, a quien se atribuye, por parte de historiadores más apasionados que veraces, haber transformado en un alma de asceta guerrero, la de un joven llamado a gobernar en paz un reino engrandecido de repente. Doña Catalina hubo de dejar la regencia y fue substituida por el cardenal infante don Enrique, tío del rey, hombre débil y de pocas luces, grato por ello a cierta parte de la nobleza. Con todo, esa misma nobleza, celosa de cualquier influencia cerca del rey, apresuró el momento de ponerle en posesión del trono. La ceremonia se realizó el 20-I-1568. Desde entonces no pensó don Sebastián más que en ser un paladín de la fe católica entre los infieles.

Los negocios de la India no ocuparon su atención, como no fuera para trasladar allí el Tribunal del Santo Oficio y crear varios obispados. Por fortuna estaba allí de gobernador Luis de Ataide, digno continuador de la obra de los Gamas, Almeidas y Alburquerques. El supo dominar las insurrecciones, agrandar los territorios, restaurar por completo el prestigio del poder lusitano. Llamado a Lisboa, el rey le honró como merecía; pero durante la ausencia (1571), sus sucesores Antonio Noroña y Moniz Barreto, hicieron una gestión desgraciada, en que moral y materialmente, casi se perdió todo lo ganado. Vuelto Ataide a la India en 1578, no pudieron su energía ni su talento contener la ruina del prestigio portugués en Oriente.

Don Sebastián, en tanto, estaba obsesionado con un proyecto de cruzada en África. Se aislaba en el palacio de Cintra, se manifestaba esquivo a toda inclinación amorosa; no se preocupaba de asegurar heredero a la corona; domaba potros, cazaba alimañas en los bosques, emprendía peligrosas excursiones, en frágiles navíos, por las aguas del Tajo; todo con el designio de endurecer su cuerpo para las fatigas de las bélicas jornadas que preparaba en tierra africana.

La oportunidad para su designio se la ofreció un príncipe moro, Muley-Hamet, expulsado del trono de Marruecos por su tío Abdel-Malek. Cuantas reflexiones se le hicieron sobre lo vano del pretexto para meter al país en aventura, que el mismo Felipe II había juzgado peligrosa, fueron inútiles. El regio aventurero de la fe no veía en el moro suplicante más que un instrumento que permitiera realizar por Cristo las proezas soñadas.

Al frente de un ejército donde iba la flor de la juventud del reino, pasó a África (1578), y poco después, no obstante la bizarría de su ejército y el arrojo con que don Sebastián lo acaudilló, fue completamente diezmado en la tórrida llanura de Alcázarquivir. El rey peleó hasta el último momento; se supone que cayó prisionero. Se dice que su paje de armas descubrió el cadáver terriblemente desfigurado. Ello es que su desaparición fue, andando el tiempo, muy explotada y sirvió para combatir la dominación española en Portugal.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 709.