Pedro IV de Portugal

Datos biográficos

Dinastía: Braganza
Rey de Portugal: 1826
Emperador de Brasil: 1826
Nacimiento: 1798
Fallecimiento: 1834
Predecesor: Juan VI
Sucesor: María II

Biografía

Fue proclamado sin vacilar don Pedro, tanto por la regente como por el pueblo y el mismo infante de Miguel, que desde Viena escribió que no consentiría se lesionara el derecho del legítimo heredero el reino, su muy amado hermano y señor el emperador del Brasil.

Pedro IV de PortugalPedro IV de Portugal

Don Pedro tenía, junto con ideas progresivas, otras tradicionales un poco incongruentes con el liberalismo de que alardeaba. Y ahora quiso conciliar su fe en la monarquía patrimonial, con su deseo de gobernar liberalmente a sus pueblos. A modo, por lo tanto, de merced regia, redactó una Carta Constitucional inspirada en la de Inglaterra y en realidad bien acomodada a los sentimientos y preparación ciudadana de los portugueses.

Después (2-V-1826) abdicó la corona en su hija doña María de la Gloria, de siete años de edad, que había de casarse en tiempo oportuno con su tío don Miguel, a quien se confiaba la regencia. En Portugal se recibió con frialdad la intromisión del emperador del Brasil en los negocios del reino, y el Consejo de regencia tuvo el propósito de no publicar la Carta. Sin embargo, el general Saldanha, gobernador militar de Oporto, nieto del ilustre Pombal y popularísimo entre las tropas, se pronunció en favor de la Carta, anunciando a la regente que estaba dispuesto a publicarla en su territorio sin consentimiento del Consejo de regencia.

Se circularon entonces las órdenes y el 31 de Mayo fue jurada fidelidad a la nueva pauta constitucional, en medio de gran entusiasmo popular, aunque en la región del Miño hubo chispazos absolutistas en favor de don Miguel. Por otra parte, los portugueses refugiados en España, adictos a antiguo régimen, conspiraban en la misma frontera a las órdenes del marqués de Chaves. Inglaterra se vio obligada a llamar la atención del Gobierno español sobre estos manejos y a desembarcar una división en territorio portugués para apoyar la legalidad cartista. En 1827, gracias al ejército británico, la Carta era aceptada en todo el reino.

Al año siguiente don Miguel desembarcaba en Lisboa con el doble carácter de regente defensor de la Carta, y prometido de doña María. Tuvo un recibimiento suntuoso y cordial; se le aclamó como rey absoluto, y su juventud y apostura impresionaron gratamente a todo el mundo. El nuevo regente procedió con estudiada cautela, de tal suerte que cuando disolvió las Cámaras prescritas por la Carta, ante las cuales había hecho sus juramentos de fidelidad, no encontró oposición alguna. Hay que advertir que repatriado el ejército inglés, principal sostén del régimen cartista, la labor reaccionaria del regente no podía encontrar obstáculos de importancia, Don Miguel se apresuró a reunir Cortes según el estilo antiguo, con asistencia de los tres brazos. En ellas, a propuesta del obispo de Vizeu, fue proclamado rey (Junio de 1828).

No dejaron Saldanha y Palmella (este último antiguo ministro con Juan VI) de intentar mantener los derechos de doña María II. Fue, no obstante, arrolladora la fuerza de la reacción miguelista, y doña María se vio obligada a refugiarse en Londres con la plana mayor de sus partidarios. Se suceden tres años de guerra civil entre los partidarios, de tío y sobrina, cuyo concertado desposorio no llegó a celebrarse.

En la Isla Tercera fue donde tuvieron su principal centro de operaciones los partidarios de María lI. Sin embargo, la ventaja parecía estar asegurada definitivamente en favor del usurpador, rodeado, de aura popular, aun en medio de la represión cruel ejercida contra toda manifestación de ideas liberales. Pero en 1831 se vio obligado a abdicar en su hijo Pedro II el emperador Pedro I, que por afecto paternal y por repulsión de ideas no podía ver resignadamente lo que en Portugal ocurría. El ex emperador logró, desde luego, el apoyo de Francia, cuyo trono ocupaba a la sazón Luis Felipe; también logró auxilios pecuniarios de España merced a la intervención de Mendizábal; Inglaterra, aunque oficialmente estorbó algo los manejos de los cartistas, no evitó que levantasen tropas en su territorio.

Don Pedro superó con actividad infatigable todas las dificultades; consiguió reunir escuadra y ejército de desembarco, concentrándolo en las Azores y pasando después a Portugal, que invadió por la aldea de Mindello, y más tarde Oporto (Julio de 1832). Allí padeció largo asedio de las fuerzas miguelistas, que seguían dominando el país y contaban con la popularidad de su causa. Su situación llegó a ser desesperada, aunque no por ello se abatió la extraordinaria energía de su ánimo.

Los talentos militares de Saldanha y del barón de Solignac lograron, no obstante, mejorar la situación, dando un golpe afortunado sobre Lisboa que cayó en poder del ejército libertador (25 de Julio de 1833). Don Pedro, después de veintiséis años de ausencia, tomó posesión del Palacio de Ajuda en medio del entusiasmo público. Sin dar oídos a los consejos de moderación que el experimentado Palmella y el embajador inglés le dieron, multiplicó las represalias y las confiscaciones sobre los vencidos. También expulsó a los jesuitas y dio los pasaportes al Nuncio. Después (Septiembre de 1833) colocó en el trono a su hija doña María, y reservó para sí el cargo de regente.

Don Miguel pudo resistir hasta Mayo del año siguiente, en que firmó con su hermano la Convención de Evora, mucho más favorable para él de lo que podía esperar dado el ambiente hostil que tenía su causa en España, Francia é Inglaterra, y los fracasos militares que sufrió desde la pérdida de Lisboa, pues logró amnistía para todos sus partidarios, derecho a salir del territorio sin ser molestado y una pensión de 400.000 francos a condición de vivir lejos de la Península y de las posesiones portuguesas.

Altivamente renunció la pensión y aceptó la pobreza manteniendo dignamente su causa. El regente don Pedro murió en septiembre de 1834, después de declarar mayor de edad a su hija y de casarla con el joven duque de Leuchtenberg hijo del príncipe Eugenio de Beauharnais.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 714.