Miguel I de Portugal

Dinastía: Braganza

Rey de Portugal: 1828-1833

Nacimiento: 1802

Fallecimiento: 1866

Predecesor: María II

Sucesor: María II

Biografía

Miguel I de PortugalMiguel I de Portugal

MIGUEL I, rey de Portugal (1802-1866) [Queluz - Bronnbach (Alemania)]. Hijo de Juan VI y de Carlota Joaquina, sufrió las vicisitudes de su familia, permaneciendo en el Brasil durante la invasión napoleónica y después hasta 1821, en que el nuevo régimen liberal impuso a los monarcas el regreso. Carlota era enemiga del régimen liberal y confiaba en Miguel, su hijo predilecto. Al ir a restablecerse el absolutismo en España planeó Carlota en su palacio de Ramalhão una conjura de igual carácter, contando con el ejército francés que iba a invadir la Peninsula. El conde de Amarante se sublevó (II-1823), y vencido buscó el apoyo del duque de Angulema, que lo rehusó por el veto inglés a una intervención en Portugal. La inmediata sublevación militar en Vilafranca de Xira (la Vilafrancada) (27-V-1823) obligó al rey Juan VI a abolir la constitución y nombrar a Miguel comandante jefe del ejército.

Se formó un gobierno mixto de liberales templados y absolutistas, estos partidarios del influjo francés; contra los liberales del gobierno se alzó de nuevo don Miguel (30-IV-1824), pero una intervención diplomática extranjera lo hizo fracasar y don Miguel fue desterrado (13-V).

Entretanto se había restablecido en España el régimen absoluto. Muerto Juan VI (10-III-1826) sin designar sucesor y ausentes sus dos hijos varones, apartada Carlota de la corte y con la aversión del rey, se constituyó una regencia presidida por la infanta Isabel (1801-1876), otra de las hijas (otras dos estaban casadas en España). Se planteaba la cuestión sucesoria entre don Pedro y don Miguel; don Pedro era el primogénito, pero al proclamar la independencia del Brasil y ser nombrado emperador del mismo, parte de la opinión le consideraba legalmente extranjero y aun traidor; en el fondo, cada príncipe representaba una tendencia, la liberal y la absoluta, como sucedería poco después en España.

La regencia, sin embargo, desde el comienzo dio por soberano a don Pedro (Pedro IV), quien desde el Brasil confirmó la regencia, publicó una carta constitucional (29-IV) y abdicó la corona portuguesa en su hija doña María da Gloria, de siete años de edad (2 de mayo de 1826). Don Miguel residía en Viena, y Metternich, a pesar de la afinidad política, no tenía mucho interés por él por estar casado don Pedro con una archiduquesa.

Por lo pronto, Miguel reconoció la autoridad de su hermano y la Carta, y este le nombró su lugarteniente en Portugal. Ya en el verano y otoño de 1826 estallan varios pronunciamientos absolutistas, que fracasan, refugiándose sus comprometidos en España, pero que requieren para dominarlos el envío de una división inglesa. El gobierno de Fernando VII favorecía estos intentos, llegándose a concentrar en Villanueva de la Serena un verdadero ejército portugués. Carlota Joaquina protegió con todo su poder la causa absolutista y empleó en ella la cuantiosa fortuna que heredó de su marido.

El 22 de febrero de 1828 desembarcó en Lisboa don Miguel —cesando la infanta Isabel— y juró la Carta; se produjo una gran agitación tradicionalista en el país, viendo en él a su rey, y muchas autoridades le pidieron que se declarara tal. Convocadas las Cortes tradicionales (los Tres Estados), reconocieron como monarca a don Miguel con el título de Miguel I (30 de junio de 1828) y abolieron la Carta. Poco después terminaba un movimiento en favor de la constitución iniciado antes.

Don Pedro había acordado casar a su hija con don Miguel —la solución propuesta más tarde para Isabel II y el hijo de don Carlos— y María vino a Europa, pero ante los acontecimientos se refugió en Inglaterra. Sin embargo, se formó una regencia liberal en las islas Azores; España, desde luego, el Papa y otras potencias reconocieron a Miguel.

En 1830 moría su madre, siempre ardiente defensora del antiguo régimen. La revolución francesa de 1830, al implantar un sistema liberal, contribuiría a alterar las condiciones de la Península, y en Inglaterra entró un gobierno liberal, menos inclinado a don Miguel. Don Pedro abdicó también la corona del Brasil en su hijo Pedro II (1831) y vino a Europa a defender el trono de María. Con apoyo francés e inglés reunió barcos y tropas en Belle-Isle (Francia) y se dirigió a las Azores, dominadas por los liberales. Con sus fuerzas desembarcó en la playa de Mindelo (8 de julio de 1832) y comenzó una guerra civil, análoga a la que estallaría muy poco después en España.

Se instaló don Pedro en Porto, que fue sitiado por las tropas de su hermano, sin conseguir tomarlo. La escuadra miguelista fue derrotada por la inglesa en el cabo de San Vicente y el jefe liberal, duque de Terceira, desembarcó en el Sur y entró en Lisboa (25-VII-1833). A su vez, don Carlos no quiso reconocer la abolición de la ley Sálica ni jurar a Isabel II, y por disposición de Fernando VII se retiró a Portugal al lado de su sobrino y cuñado don Miguel, defensores ambos de la misma causa (III-1833). El pretexto fue acompañar a su cuñada la princesa de Beira, hermana de don Miguel, con la que se casó más tarde.

Quiso después Fernando que don Carlos se alejara de Portugal, pero Miguel se negó a expulsarlo. Muerto Fernando VII, Luis Felipe, el rey de los franceses, reconoció a María II. La situación era muy semejante en los dos reinos peninsulares: dos reinas jóvenes apoyadas por el partido liberal y por Francia e Inglaterra frente a dos príncipes mayores, tíos suyos, representantes del régimen absoluto y tradicional, y una larga guerra civil, que en los dos países acabaría con el triunfo revolucionario. El 22 de abril de 1834 se firmó en Londres un tratado de la Cuádruple Alianza, por el que las cuatro naciones se comprometían a unir fuerzas y esfuerzos para expulsar a don Miguel y don Carlos y sostener a María e Isabel II.

Don Miguel había sostenido la lucha tenazmente, instalado en Santarem, pero una serie de derrotas fueron destruyendo su causa. Ya antes de firmarse el tratado, el general Rodil entró con un ejército español, tomando Guarda y Almeida. Perdido casi todo el territorio, acosados en Évora los dos príncipes, se firmó la convención de Evora-Monte (26 de mayo de 1834), por la cual don Miguel renunció al trono, mediante una elevada pensión, disolvería sus tropas y se retiraría al extranjero, no pudiendo volver a la Península. Don Carlos quedaba sometido a parecidas condiciones.

Ambos príncipes emigraron, pero don Miguel pronto declaró nula su capitulación, aunque ya no pudo torcer la marcha de los hechos. En septiembre del mismo año fallecía Pedro. Con la derrota de don Miguel triunfaba plenamente el régimen liberal, que se entregó a profundas reformas, que destruyeron la estructura tradicional del país. Miguel residió siempre en el extranjero y se casó con la princesa Adelaida de Löwenstein Wertheim-Rosenberg, procediendo de él una línea de pretendientes al trono portugués. .

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 1059-1060.