Manuel II de Portugal

Datos biográficos

Dinastía: Braganza
Rey de Portugal: 1908-1910
Nacimiento: 1889
Fallecimiento: 1932
Predecesor: Carlos I
Sucesor: Teófilo Braga, presidente de la República

Biografía

El nuevo soberano no tenía vocación para el peligroso oficio que le encomendó la tragedia de Terreiro do Pazo. En la misma noche del regicidio el Consejo de Estado propuso a Manuel II la formación de un Ministerio donde se concentrase el mayor número posible de fuerzas monárquicas bajo la presidencia del almirante Ferreira de Amaral, ex ministro de Marina. Entraron en el Gobierno elementos del partido regenerador, del partido progresista, más algunos amigos personales del presidente. El nuevo Gobierno se apresuró a borrar toda la obra de Juan Franco y a decretar amplísima amnistía.

Manuel II de PortugalManuel II de Portugal

En 1909 Manuel II visitó España, Francia e Inglaterra para agradecer las atenciones de los jefes y Gobiernos de estas naciones con la familia portuguesa. Estos viajes fueron explotadísimos por los elementos revolucionarios, que alarmaron el patriotismo portugués haciendo creer a la opinión que se procuraba allegar el apoyo armado del extranjero, a fin de sostener la vacilante monarquía.

Las Cortes formadas, entre tanto, bajo la presidencia del Gabinete Amaral, fueron perturbadoras y estériles. En espacio de año y medio consumieron la vida de cinco situaciones presididas, aparte de la de Amaral, por Campos Enríquez. Sebastián Téllez, Venceslao Lima y Francisco Beirao. La única fracción que no participó del poder fue la franquista, acaudillada por el ex ministro de la Guerra Vasconcellos Porto.

Mientras el desconcierto en los negocios se agravaba con la inestabilidad de los ministerios y la ineptitud del personal gobernante, tomaban extraordinario desarrollo las sociedades secretas, singularmente la Carbonaria, donde afluyeron elementos masónicos y todos los intelectuales que sin filiación en la secta aspiraban sobre todo a proclamar la República. Esta asociación parece que se funda en 1893 por estudiantes de Coimbra, de ideas exaltadas; más tarde agranda su organización y sus fines Luz y Almeida, que concibe el propósito, y lo realiza sin descanso, de prepararla para una acción violenta y directa contra el trono.

Poderosa ya antes del regicidio, aumentó por miles sus afiliados durante el reinado de Manuel II; el pueblo, el ejército y la intelectualidad más escogida figuran en ella. La Carbonaria tenía por fin la acción directa, pero, previo juramento de fidelidad, no rechazaba al que prometiese, en ocasión oportuna, ayudar al derrocamiento de la monarquía.

En Octubre de 1909 casi todo el ejército y la marina quedaban comprometidos para un alzamiento revolucionario, que había de secundar el pueblo convenientemente armado y aleccionado por la Carbonaria. En esto el Gabinete. Beirao, que regentaba los asuntos públicos, sufrió rudo golpe con motivo de descubrirse grandes irregularidades en el Crédito Predial, institución oficial de la cual era gobernador Luciano Castro, progresista y principal sostén, con sus amigos, de la situación gobernante.

Declarada la crisis total, invirtió el monarca catorce días en conjurarla, al término de los cuales, sin tener solución mejor, confió el poder a la fracción regeneradora de Teixeira de Souza, por ofrecer, dentro de su conservadurismo, el matiz más avanzado. Este personaje formó Gobierno apoyado en los progresistas disidentes y coincidió su posesión del mando con perentorios avisos del ministro portugués en París de que era inminente una intentona revolucionaria importante (enero de l910).

Este Gobierno fue conocido por el dictado de los Siete Satanases. Se suponía que su presidente tenía inteligencias con Alpoin, monárquico ambiguo, este con republicanos como Costa, Machado y Chagas; todos ellos con los revolucionarios de acción, o sean los carbonarios y los regicidas. Ello es que todas las fuerzas monárquicas, progresistas, franquistas, nacionalistas, católicos, etc., desampararon y combatieron, con la feroz pasión que el carácter nacional pone en empeños tales, al Gobierno del rey. El Gobierno, entre tanto, disolvía las Cortes, convocaba elecciones y adoptaba, ganoso de simpatías en la izquierda, algunas medidas contra el clero, con lo cual la revolución se engreía y los elementos gubernamentales se exasperaban.

Realizadas las elecciones en este ambiente, sus resultados fueron desastrosos para el Gobierno; solo en Lisboa triunfaron 13 republicanos; y mientras tanto, deseoso el rey de paliar la política hostil de su Gobierno hacia los católicos, tomaba iniciativas, como la de ingresar en la Hermandad del Santísimo y concederla el título de Real, que sin aplacar el descontento de los creyentes, provocaban una crisis ministerial sin desenlace satisfactorio posible.

Aprovechando el descontento, los revolucionarios planearon el golpe decisivo. El doctor Miguel Bombarda, director general del movimiento, tomó a su cargo movilizar los elementos civiles, y el comisario de Marina, Machado dos Santos, los militares y la escuadra. Todo estaba dispuesto para que la revolución estallara en la noche del 3 al 4 de octubre, cuando el mismo día 3 fue asesinado por un demente en el hospital de Rilhafolles el doctor Bombarda, suceso fortuito que los periódicos revolucionarios achacaron, sin embargo, a los clericales.

Comenzaron los tumultos en las calles, fueron perseguidos algunos religiosos por las turbas, y así llegó la noche en que, por una inexplicable inacción del Gobierno, el Comité revolucionario formado por el almirante Cándido dos Reis, Alfonso Costa, Antonio J. Almeida; Eusebio Leao, Alfredo Leal y otros, decidió el levantamiento en la madrugada del día 4.

Simultáneamente se sublevaron algunas importantes unidades del Ejército y tripulaciones de la Armada, con muerte de la oficialidad leal. Varios regimientos de infantería, una sección de artillería mandada por el mayor Paiva Couceiro, y la Guardia municipal, defendieron honrosamente, hasta el último momento, a las instituciones. El rey salió de Palacio refugiándose primero en Mafra, después en Gibraltar y luego en Londres.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 716-717.