José I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía: Braganza
Rey de Portugal: 1750-1777
Nacimiento: 1714
Fallecimiento: 1777
Predecesor: Juan V
Sucesor: María I

Biografía

Sin demostrar superioridad sobre su padre ni mayor amplitud de criterio gubernamental, sucedió a Juan V (m. en 1750) su hijo José I. El reino se hubiera precipitado, sin duda en la más irremediable de las decadencias, si no hubiese surgido, con todas las condiciones de un hombre providencial, Sebastián José de Carvalho y Mello, universalmente conocido por el marqués de Pombal.

José I de PortugalJosé I de Portugal

Corresponde a la reina madre la gloria de haber apreciado las cualidades de este personaje y de haberle impuesto como primer ministro, contra las influencias que le eran adversas. Baste decir que llegaba al gobierno en plena madurez, con perfecto conocimiento de la vida europea, adquirido como embajador en las cortes de Londres, Viena y Roma; con espíritu muy abierto a las ideas volterianas, aunque templado en sus manifestaciones por conocimiento de la mentalidad media de su país, y bien enterado de los problemas económicos de su tiempo. Era físicamente de complexión atlética, altanero, cuando importaba, severísimo, cuando convenía. Puede decirse que encarnó todas las cualidades de la raza, sin excluir sus defectos.

No tardó en probar espléndidamente aquéllas ante el terremoto que asoló á Lisboa en 1775. Entre los horrores de una catástrofe, que solo en los modernos terremotos de Mesina ha tenido par, en medio de la consternación del vecindario y de la magnitud de la ruina, el primer ministro desplegó maravillosa energía personal y verdadero genio reorganizador. Alimentó a los hambrientos, castigó a los ladrones, levantó el espíritu público y rehizo la ciudad con perseverancia infatigable.

La Lisboa actual, tan bella y admirada del viajero, ha surgido de los planos que ante la catástrofe inesperada tuvo serenidad de trazar el marqués. Poco después castigó con repetidas ejecuciones una tentativa de asesinato tramada contra el rey imputada al duque de Aveiro y a la familia de los Tavoras. Domeñó así a la aristocracia, que no perdonaba el encumbramiento y la gloria de un simple hidalgo.

Después se dedicó a cortar los abusos atribuidos al clero y aun la natural influencia que sobre la sociedad portuguesa tenía. Sus tiros se dirigieron principalmente contra la Compañía de Jesús, cuyos abusos reales o supuestos, denunció ante Roma; pretendió, además, complicar a la Compañía en la intentona de Aveiro; durante su gobierno fue acusado injustamente de herejía el padre Gabriel Malagrida ante el tribunal de la Inquisición y quemado vivo; consiguió, negociando con el Papa, la expulsión primero (1759) y la abolición más tarde de la orden.

El marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de LisboaEl marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de Lisboa por Louis-Michel van Loo, 1766.

Al par restringió considerablemente el poder de la Inquisición y quitó al brazo eclesiástico la censura de los libros. A su iniciativa se debe también la fundación del Aula de Comercio de los Nobles y el establecimiento de la Imprenta Nacional en Lisboa. En sus manos no padeció mengua la dignidad nacional. Exigió y obtuvo del Gobierno inglés satisfacción honrosa por la violación de las aguas portuguesas, donde el almirante Boscawem, en un episodio de la guerra de los Siete Años, había quemado varios navíos franceses al mando del almirante la Clu, refugiados en el puerto de Lagos después de un brillante combate con la flota británica. Quien de este modo hacía frente a los poderosos no es de extrañar que diera los pasaportes al Nυncio, a consecuencia de incidentes diplomáticos en que el ministro portugués creyó advertir escasa cortesía; ni que rehusara enérgicamente la invitación de España y Francia, unidas entonces por el Tercer Pacto de Familia, para hostilizar a Inglaterra.

Como su política era de mantener paz con la monarquía vecina, le sorprendió, sin aprestos militares de importancia , la invasión de 40.000 hombres y 12 batallones auxiliares franceses que se apoderaron de Miranda, Braganza, Outeiro, Chaves, Almeida y Vilhadella. Pombal pidió auxilio a la corte de Londres y encomendó el mando del ejército al conde de Lippe, quien no obstante mandar escasa fuerza y ser licenciosa la que procedía de Inglaterra, consiguió recobrar el territorio invadido. Se llegó a la paz de 1763, funesta para España y Francia, y no muy favorable para Portugal, que vino a figurar en el tratado como nación protegida por Jorge III.

Se repitieron con intensidad los terremotos en 1764 y volvió aquel ministro hacer frente a la catástrofe con igual brío y con más recursos que la vez pasada, pues su administración inteligente y enérgica consiguió tener remanentes de importancia en el tesoro nacional. El rey padeció un ataque de hemiplejía en 1774, y la reina María Ana, amiga de los émulos de Pombal, hizo declinar la estrella del ministro. No tardó como regente en prohibirle que visitase al rey; además, trabajó el ánimo de su hija doña María, presunta heredera, en contra del marqués, a quien se imputó, acaso no vanamente el designio de eliminar del trono a la princesa para dar la corona al duque de Beira.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 711-712.