Juan IV de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1640-1656
Nacimiento: 1604
Fallecimiento: 1656
Predecesor: Felipe III [IV de España]
Sucesor: Alfonso VI
Padre: Teodosio II de Braganza
Madre: Ana de Velasco y Girón
Consorte: Luisa Francisca de Guzmán

Biografía

Primer rey portugués de la dinastía de Braganza, primogénito del duque de Braganza, Teodosio II, y nieto de la infanta doña Catalina, que fue pretendiente a la corona portuguesa, cuando ocupó el trono Felipe II. Hombre de carácter apocado, vivía retirado en sus tierras de Villaviciosa ajeno a los disturbios que ocasionaban en Portugal la política centralista del conde-duque de Olivares, los nuevos tributos, y las predicaciones del clero contrario a ellos.

Juan IV de Portugal.Juan IV de Portugal.

Es opinión general de los historiadores que fue la ambición de su mujer, doña Luisa Francisca de Guzmán, la que le obligó a lanzarse a la lucha. Trató el conde duque de alejarle del país nombrándole virrey de Nápoles, a lo que el de Braganza rehusó. Cambiando de sistema, se le confió imprudentemente el gobierno militar de Portugal, y aun se le envió dinero para reparar las fortalezas. La rebelión creciente de Cataluña movió la orden de 24 de agosto de 1640 intimando al duque y a la nobleza a que se unieran al ejército real, Conjurados los nobles, el primero de diciembre estalló en Lisboa la sublevación dirigida por Pinto Ribeiro, La duquesa de Mantua, regente del reino, fue presa, asesinado su ministro Vasconcellos y proclamado rey el duque de Braganza, que el día 6 del mismo mes hizo su entrada en la capital. El 29 de enero de 1641 fue ratificado el nombramiento por las Cortes.

La necesidad de atender a las guerras en Cataluña, Francia y Flandes y el agotamiento económico del país no dieron lugar a grandes esfuerzos por parte de España; el duque de Medinasidonia, hermano de la nueva reina portuguesa, no cumplió la orden de intervenir con las tropas reunidas en Cádiz, originando que la sublevación ganase terreno. Se apresuró Juan IV a fortalecerse mediante alianzas con Francia, Holanda y más tarde con Inglaterra.

La guerra fue poco activa por ambas partes, si bien los portugueses ganaron la batalla de Montijo en 1644, las tropas de Felipe IV se apoderaban en 1648 de Olivenza. La paz de Westfalia trajo consigo una disminución de sus alianzas. En 1654 firmaba con Cromwell un tratado que fue ratificado con su sucesor por Carlos II en 1661. Estuvo el nuevo monarca a la altura de su misión, reorganizó el ejército y la marina, mejoró la Hacienda e hizo fracasar cuantas conjuraciones se tramaron contra su persona y la independencia de Portugal. Durante su reinado, aprovechándose los holandeses de la guerra que sostenía contra España, se apoderaron de gran parte de las posesiones portuguesas de la India; en cambio, se consiguió expulsarles del Brasil, gracias a las victorias alcanzadas por la flota lusitana en 1649 y 1654.

Fue el duque de Braganza muy aficionado a los ejercicios corporales; cultivó la música durante toda su vida, reunió en su palacio una notable biblioteca musical, dejó escritas varias obras teóricas y algunas composiciones. Tuvo de su matrimonio siete hijos, entre ellos Alfonso VI y Pedro II, reyes de Portugal, y Catalina, que casó con Carlos II de Inglaterra.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 574.

Alfonso VI de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1656-1683
Nacimiento: 1643
Fallecimiento: 1683
Predecesor: Juan IV
Sucesor: Pedro II
Padre: Juan IV
Madre: Luisa Francisca de Guzmán
Consorte: María Francisca de Saboya-Nemours

Biografía

Murió el primer Braganza en 1656. Las Cortes se dividieron al apreciar el problema de la sucesión, inclinándose muchos por don Pedro, hijo menor del rey, pero fue proclamado el mayor, Alfonso VI, niño de trece años, de poca salud y no mayor inteligencia. Su madre, doña Luisa de Guzmán, quedó por tutora y regente. Mujer de talento político, procuró ante todo el apoyo de una gran potencia a fin de no quedar aislada frente al poder de la Corte de Madrid.

Alfonso VI de Portugal.Alfonso VI de Portugal.

Fracasado su empeño en Francia ante el proyectado proyectado enlace de Luis XIV con doña María Teresa de Austria, infanta de España, lo renovó ante Inglaterra, que lo concedió primero subrepticiamente, después de un modo franco, con garantías tales, que la suerte del pequeño reino del Occidente ibérico quedó desde entonces en sus manos (1660). Después la regente concertó afortunadas paces con Holanda, merced a las cuales el Brasil quedó por Portugal. Perdió, en cambio, Tánger y Воmbay que constituyeron el dote de la princesa Catalina al casar con Carlos II de Inglaterra.

Entre tanto el joven monarca mostraba con los años un carácter débil y un ánimo inclinado a la licencia. Acabó por perder en bajos excesos la poca fortaleza que siempre tuvo, y fue juguete sucesivo de favoritos como el genovés Conti, desterrado al Brasil, y el conde de Castelmelhor, que acabó por prevalecer, suplantar a la regente y ser el verdadero árbitro de los destinos de Portugal (1622). El favorito llevó con éxito la guerra con Castilla, obteniendo las victorias del Ameixial, Castel Rodrigo y Villaviciosa, que motivaron la paz definitiva entre ambos pueblos firmada en 1668.

Además, deseoso de contrarrestar la influencia inglesa, gestionó el matrimonio de Alfonso VI con María Francisca de Saboya, hija del duque de Nemours y de Isabel de Vendôme, princesa de gran hermosura y talento, que no tardó en conocer y despreciar a su regio consorte, degenerado por la parálisis que padeció a los trece años, gravemente lesionado después en ocasión en que se entretenía en derribar toros y virilmente agotado en su vida crapulosa de los primeros años en reinar.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 710.

Pedro II de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1667-1706
Nacimiento: 1648
Fallecimiento: 1706
Predecesor: Alfonso VI
Sucesor: Juan V
Padre: Juan IV
Madre: Luisa Francisca de Guzmán
Consorte: María Francisca de Saboya-Nemours
Consorte: María Sofía de Palatinado-Neoburgo

Biografía

La reina no tardó en apasionarse por el hermano del rey, el infante don Pedro, Pedriño, como le llamaba el infeliz soberano. María de Saboya consiguió destruir la privanza de Castelmelhor. Privado el soberano Alfonso VI de este apoyo inteligente y enérgico, fue juguete de su esposa y de su hermano. La abyección en que el monarca había caído acaso justifica políticamente el rigor con que fue tratado por el uno y la otra.

Pedro II de Portugal.Pedro II de Portugal.

Ello es que el matrimonio se anuló, que Alfonso VI fue desterrado a la isla Tercera, que la reina casó con don Pedro y que este se encargó solemnemente de la regencia. Castelmelhor, por lealtad o por conveniencia, intentó la restauración de su antiguo señor con ayuda del Gobierno español. Descubierto el complot, el regente castigó a los comprometidos con mano de hierro, y para vigilar mejor a su hermano lo trasladó a Portugal encerrándole en el Pazo de Cintra, donde pasó un cautiverio de nueve años. Hoy una de las curiosidades que los guías enseñan al viajero, es la huella que los pies del cautivo dejaron en las baldosas de la prisión.

El descubrimiento de las magníficas minas de oro del Brasil en 1669, comenzaba a dar sus frutos y a despertar en los portugueses la esperanza de compensar con ello las menguas de su imperio comercial le los de Oriente. En cuanto a la política interior mostró don Pedro deseos de estrechar amistades con Castilla; pero cuando Felipe V tomó posesión de la corona de España, Inglaterra supo explotar hábilmente la suspicacia de los portugueses ante el poder creciente de la casa de Borbón. Pedro II se dedicó a tomar parte en la Guerra de Sucesión al lado de los ingleses y holandeses.

Murió en 1706, después de concertar el famoso tratado Comercial de Metuen, embajador de la reina doña Ana I de Inglaterra en la corte de Lisboa, que supone la sujeción, que perdura, de Portugal a Inglaterra.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 710-711.

Juan V de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1706-1750
Nacimiento: 1689
Fallecimiento: 1750
Predecesor: Pedro II
Sucesor: José I
Padre: Pedro II
Madre: María Sofía de Palatinado-Neoburgo
Consorte: María Ana de Austria

Biografía

Diez y ocho años tenía el hijo de Pedro II, Juan, cuando le sucedió en el trono. Sea por inexperiencia, sea por devoción a la memoria de su padre, acentuó la política de hostilidad a España y Francia. No solo reforzó los contingentes militares que operaban en nuestro territorio, sino que se apresuró a concertar su matrimonio con doña María Ana de Austria, hermana del emperador José I y del archiduque Carlos, que disputaban la corona a Felipe V.

Juan V de Portugal.Juan V de Portugal.

En el terreno militar Portugal no recogió más que adversidades. Mientras después de varias derrotas de sus ejércitos vio invadido el territorio nacional por los españoles, una escuadra hispano francesa (1711) se apoderaba de Río de Janeiro y amenazaba arruinar el poderío portugués en el Brasil, única colonia que con su oro sostenía el fausto y atenuaba los errores de la política interior y exterior de este monarca. Por fin se llegó a la paz de Utrecht (1713) y poco más tarde estableció la cordialidad con España con las bodas de don José, príncipe del Brasil, con doña María Ana Victoria, hija de Felipe V, y la de la infanta doña Bárbara con el príncipe de Asturias, Fernando (1728).

Fue Juan V hombre de gran religiosidad, sobre todo externa. Ninguno con más pródiga mano fomentó la pompa eclesiástica. Mandó construir, agradecido a haberse corregido la esterilidad, que se tuvo por definitiva, de la reina, el fastuoso convento de Mafra; gestionó para Lisboa una legación patriarcal y una iglesia para este patriarcado semejante en privilegios a la de San Pedro en Roma; elevó la Iglesia das Necesidades y el Hospicio de San Felipe Neri. Ese mismo celo religioso le indujo a ayudar a los venecianos en una guerra contra los turcos. Recuerdo de la gratitud de Roma por todo ello es el título de fidelísimo que ostentaba la monarquía portuguesa, poco popular siempre por los cuantiosísimos dispendios hechos para ganarlo.

En contraste con estos alardes devotos está la vida íntima del Rey, muy aficionado a aventuras galantes, mesmo nos conventos, dice un historiador, y a ir: disfarçado de mendigo, en vesperas de Passos, observar de perto as lindas caras de fidalgas que vinhan beisar o pé do Senhor; y as aventuras con Camoes do Rocio, que lhe alegrava as horas con os versos facetos sua martinhada, según puntualiza otro veracísimo historiógrafo.

No son bastantes para mitigar las severidades de la posteridad el deberse a él el acueducto das Aguas Livres, que abastece a Lisboa, el asilo de Desamparados de Caldas da Rainha, la fundación de la Academia de la Historia y la Biblioteca dela Universidad de Coimbra. Los más benévolos llegan solo a reconocer que sus desarreglos administrativos y su despotismo se deben a la influencia maléfica que sobre él tuvo el padre recoleto Gaspar de la Encarnación, verdadero rey de Portugal durante un largo periodo.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 711.

José I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1750-1777
Nacimiento: 1714
Fallecimiento: 1777
Predecesor: Juan V
Sucesor: María I
Padre: Juan V
Madre: María Ana de Austria
Consorte: Mariana Victoria de Borbón

Biografía

Sin demostrar superioridad sobre su padre ni mayor amplitud de criterio gubernamental, sucedió a Juan V (m. en 1750) su hijo José I. El reino se hubiera precipitado, sin duda en la más irremediable de las decadencias, si no hubiese surgido, con todas las condiciones de un hombre providencial, Sebastián José de Carvalho y Mello, universalmente conocido por el marqués de Pombal.

José I de PortugalJosé I de Portugal

Corresponde a la reina madre la gloria de haber apreciado las cualidades de este personaje y de haberle impuesto como primer ministro, contra las influencias que le eran adversas. Baste decir que llegaba al gobierno en plena madurez, con perfecto conocimiento de la vida europea, adquirido como embajador en las cortes de Londres, Viena y Roma; con espíritu muy abierto a las ideas volterianas, aunque templado en sus manifestaciones por conocimiento de la mentalidad media de su país, y bien enterado de los problemas económicos de su tiempo. Era físicamente de complexión atlética, altanero, cuando importaba, severísimo, cuando convenía. Puede decirse que encarnó todas las cualidades de la raza, sin excluir sus defectos.

No tardó en probar espléndidamente aquéllas ante el terremoto que asoló á Lisboa en 1775. Entre los horrores de una catástrofe, que solo en los modernos terremotos de Mesina ha tenido par, en medio de la consternación del vecindario y de la magnitud de la ruina, el primer ministro desplegó maravillosa energía personal y verdadero genio reorganizador. Alimentó a los hambrientos, castigó a los ladrones, levantó el espíritu público y rehizo la ciudad con perseverancia infatigable.

La Lisboa actual, tan bella y admirada del viajero, ha surgido de los planos que ante la catástrofe inesperada tuvo serenidad de trazar el marqués. Poco después castigó con repetidas ejecuciones una tentativa de asesinato tramada contra el rey imputada al duque de Aveiro y a la familia de los Tavoras. Domeñó así a la aristocracia, que no perdonaba el encumbramiento y la gloria de un simple hidalgo.

Después se dedicó a cortar los abusos atribuidos al clero y aun la natural influencia que sobre la sociedad portuguesa tenía. Sus tiros se dirigieron principalmente contra la Compañía de Jesús, cuyos abusos reales o supuestos, denunció ante Roma; pretendió, además, complicar a la Compañía en la intentona de Aveiro; durante su gobierno fue acusado injustamente de herejía el padre Gabriel Malagrida ante el tribunal de la Inquisición y quemado vivo; consiguió, negociando con el Papa, la expulsión primero (1759) y la abolición más tarde de la orden.

El marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de LisboaEl marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de Lisboa por Louis-Michel van Loo, 1766.

Al par restringió considerablemente el poder de la Inquisición y quitó al brazo eclesiástico la censura de los libros. A su iniciativa se debe también la fundación del Aula de Comercio de los Nobles y el establecimiento de la Imprenta Nacional en Lisboa. En sus manos no padeció mengua la dignidad nacional. Exigió y obtuvo del Gobierno inglés satisfacción honrosa por la violación de las aguas portuguesas, donde el almirante Boscawem, en un episodio de la guerra de los Siete Años, había quemado varios navíos franceses al mando del almirante la Clu, refugiados en el puerto de Lagos después de un brillante combate con la flota británica. Quien de este modo hacía frente a los poderosos no es de extrañar que diera los pasaportes al Nυncio, a consecuencia de incidentes diplomáticos en que el ministro portugués creyó advertir escasa cortesía; ni que rehusara enérgicamente la invitación de España y Francia, unidas entonces por el Tercer Pacto de Familia, para hostilizar a Inglaterra.

Como su política era de mantener paz con la monarquía vecina, le sorprendió, sin aprestos militares de importancia , la invasión de 40.000 hombres y 12 batallones auxiliares franceses que se apoderaron de Miranda, Braganza, Outeiro, Chaves, Almeida y Vilhadella. Pombal pidió auxilio a la corte de Londres y encomendó el mando del ejército al conde de Lippe, quien no obstante mandar escasa fuerza y ser licenciosa la que procedía de Inglaterra, consiguió recobrar el territorio invadido. Se llegó a la paz de 1763, funesta para España y Francia, y no muy favorable para Portugal, que vino a figurar en el tratado como nación protegida por Jorge III.

Se repitieron con intensidad los terremotos en 1764 y volvió aquel ministro hacer frente a la catástrofe con igual brío y con más recursos que la vez pasada, pues su administración inteligente y enérgica consiguió tener remanentes de importancia en el tesoro nacional.

El rey padeció un ataque de hemiplejía en 1774, y la reina María Ana, amiga de los émulos de Pombal, hizo declinar la estrella del ministro. No tardó como regente en prohibirle que visitase al rey; además, trabajó el ánimo de su hija doña María, presunta heredera, en contra del marqués, a quien se imputó, acaso no vanamente el designio de eliminar del trono a la princesa par dar la corona al duque de Beira.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 711-712.

María I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Reina de Portugal: 1777-1816
Nacimiento: 1734
Fallecimiento: 1816
Predecesor: José I
Sucesor: Juan VI
Padre: José I
Madre: Mariana Victoria de Borbón
Consorte: Pedro III

Biografía

Cuando en 1777 murió José I, doña María, reconocida heredera, se negó a recibir desde el primer instante al ministro Pombal. Se apresuró, por el contrario a devolver la libertad a todos los complicados en la intentona de Aveiro, miembros los más de familias poderosas, y en general a cuantos había hecho sufrir el ministro en desgracia el peso de la ley.

Maria I, reina de Portugal, atribuido a Giuseppe TroniMaria I, reina de Portugal, atribuido a Giuseppe Troni

Pombal dimitió el cargo y cuantos honores iban anexos. Soportando con entereza la adversidad se retiró a la villa de Pombal. Pero allí se vio acosado por todos sus enemigos. Se pidió y obtuvo la revisión del proceso sobre el frustrado regicidio de Aveiro, y la revisión, ocupando los puestos más importantes los enemigos de la política pombalina, dio por resultado la inocencia de todos los complicados. En su virtud el marqués fue condenado como criminal y sentenciado a penas muy rigurosas. La reina parece que resistió cuanto pudo esta persecución; y cuando se dictó la sentencia la conmutó por la de destierro a más de 20 leguas de Lisboa, pero murió poco después (1782). Entre tanto, los asuntos públicos sufrían la influencia de una gobernación inepta. La fundación de la Academia de Ciencias y de la Biblioteca pública de Lisboa fueron consecuencia de los planes pombalinos.

Es justo destacar la labor de Martín de Mello y Castro, ministro de Marina, que se preocupó con fortuna de la reorganización de los elementos navales. Con España se concertaron los tratados de San Ildefonso y del Pardo. que arreglaban las diferencias pendientes en las colonias de América y África. Desde entonces la islas de Fernando Poo y Annobom fueron incorporadas a los dominios españoles.

Como si quisiera el destino confirmar las preocupaciones de Pombal, las medianas luces mentales que siempre acreditó doña María se eclipsaron apenas fallecido aquel gobernante. Después de una temporada de profunda taciturnidad la soberana perdió la razón por completo. Poco antes (1786) había muerto el rey consorte, su tío don Pedro [Pedro III], personaje por otra parte insignificante, y el hijo primogénito don José, duque de Beira.

En infante Juan, regente

Hubo, pues, que habilitar de regente al infante don Juan [Juan VI] que se educaba en el convento de Mafra, con más aficiones a la vida devota que a los esplendores y preocupaciones del oficio de rey. Coincidió su advenimiento al trono con el estallido de la Revolución francesa, y Portugal se vio arrastrado a tomar parte en la Liga de soberanos europeos forjada con intento de atajar aquel formidable movimiento emancipador. La Convención francesa que había gestionado la neutralidad del pequeño Estado, castigó sus incorporación a Inglaterra y España, infligiendo a su comercio pérdidas considerables.

España se retiró de la lucha por la paz de Basilea, y Portugal quedó, asistido por Inglaterra, haciendo frente a las iras de Napoleón, que ejercía ya el Consulado y preparaba sus planes contra el poderío británico. Era esencial para ello cerrar al Reino Unido puertos del Occidente ibérico. España estaba anuente a esa política; faltaba Portugal, y Bonaparte consiguió que Carlos IV, suegro del príncipe regente, amenazase con la invasión. Como importaba a Portugal no dar pretexto a los franceses para intervenir, llegó pronto a un arreglo, que consistió Tratado de Badajoz, 1801; en cerrar los puertos a Inglaterra, ceder a España la plaza de Olivenza y pagar a Francia una indemnización. No convenía a Napoleón este arreglo y lo rechazó, no obstante haber intervenido en él su hermano Luciano.

Pero es sabido que el Gobierno de Madrid mantuvo lo acordado, aunque ante la amenaza de Bonaparte de que el ejército francés enviado sobre Portugal no tramontaría los Pirineos sin obtener mejores ventajas, se llegó al Tratado Madrid de Noviembre de 1801, por el cual la nación portuguesa se comprometía a no admitir en sus puertos navíos ingleses hasta la terminación de la guerra, a recibir las mercancías francesas con las mismas franquicias que disfrutaban las británicas, a la cesión de 60 millas cuadradas en la Guayana y al pago de 25.000.000 de francos, levantados con la garantía de las minas de Brasil.

Pocos años pasaron tranquilos después de esta paz. Napoleón no cejaba en sus planes contra Inglaterra. Su pensamiento del bloqueo continental estaba a punto de realizarse; Portugal era un factor indispensable. No daba el menor motivo el pequeño Estado, fiel y resignado observante de la paz última, para la menor violencia; pero es sabido que el emperador inventó el pretexto conminando al Gobierno portugués a que en veinticuatro horas expulsase a todos los súbditos ingleses de su territorio, confiscase sus bienes y rompiera las relaciones con Inglaterra.

Aunque el regente procuró aplacar estas exigencias enviando a París al conde de Marialva con ricos presentes y la misión de pedir para el infante don Pedro la mano de la hija de Murat, no faltaron al emperador pretextos para extremar su política de fuerza. Decretó pues la expedición sobre Portugal al mando de Junot y concertó con España el tratado de Fontainebleau (1807), mediante el cual el infante de España recibiría el N. de Portugal, donde reinaría; Godoy seria príncipe del Alentejo y los Algarves, el resto del país, Extremadura, Beira y Tras-os-Montes, quedaría en manos del emperador para combinaciones definitivas al terminar la guerra.

La marcha del ejército de Junot, a través de España, fue penosísima Las tropas llegaron a pisar territorio portugués hambrientas y desnudas. La corte portuguesa las vio avanzar, y aun pisar el territorio nacional, sin hacer preparativo alguno de defensa, pensando solo en huir al Brasil. Esta fuga, que presenció la multitud indiferente y consternada, solo arrancó alguna protesta a la Reina Loca, la cual, mientras la conducían al muelle para embarcar en los navíos ingleses ofrecidos para esta empresa, decía: ¡Huir, huir sin combate! También ordenó al cochero que fuese despacio para que la multitud no creyese que huía.

Aún estaban a la vista los navíos en que se marchaba la corte, cuando Junot entraba sin resistencia en Lisboa al frente de unos 600 hombres. El marqués de Abrantes, que presidía el Consejo de regencia nombrado por el rey fugitivo, recibió al intruso y de hecho reconoció su autoridad. No así la masa del pueblo que, a la vista de la débil fuerza que acompañaba al mariscal francés, sintió el bochorno que la flaqueza e imprevisión de los gobernantes arrojaba sobre la nación entregándola sin condiciones al extranjero.

Tardó en surgir la protesta lo que tardó en reaccionar la dignidad nacional ofendida. Además, aunque Junot, antiguo embajador en Lisboa, conocedor del carácter del país, procuró congraciarse con los naturales, el orgullo del emperador exigiendo fuese arriada la bandera nacional y substituida por la francesa, y la necesidad de recursos que le inspiró la idea de decretar una contribución de 100.000.000, hizo fracasar todo intento amistoso. Aun aumentaron el odio que la nación sentía al francés las burlas que el emperador se permitió al recibir una comisión de magnates portugueses que fue a exponerle las quejas del pueblo. Por último, las noticias que se recibían de España, alzada en masa contra los franceses, redoblaban los alientos rebeldes del pueblo.

El día del Corpus de 1808 estalló el levantamiento en Lisboa; rápidamente cundió por todo el reino. Oporto se convirtió en capital del movimiento emancipador. Allí se constituyó una Junta soberana que procuró aunar el esfuerzo nacional. La victoria española de Bailén fue acogida con entusiasmo inmenso. Por su parte, Inglaterra había prometido su concurso, y se tenían noticias de la salida del ejército inglés.

Junot, en situación comprometidísima, tuvo que concentrar sus fuerzas y dejar que el país procediera a su antojo. El 29 de Julio desembarcó el ejército inglés en la Coruña al mando de sir Arturo Wellesley, después glorioso duque de Wellington. Puesto en seguida de acuerdo con la Junta de Oporto, penetró en el país y derrotó sucesivamente a los franceses varias batallas, haciendo capitular a Junot en Vimeiro (21) de Agosto).

Las condiciones principales fueron: evacuación del país por las tropas francesas, entrega de todas las posiciones y honores militares a los vencidos. Aún estuvieron a pique renovarse las hostilidades por entender los ingleses que la flota rusa venida en socorro Junot quedaba .incluida en la capitulación, pero el mismo almirante ruso no tuvo inconveniente en entregar los barcos a Inglaterra con la sola condición de que fueran repatriados los oficiales y la marinería.

El Tratado de Cintra del 30 de Agosto sancionó este acuerdo. Sabido es que Napoleón procuró en persona tomar el desquite de estos reveses, y durante todo el año 1809 pareció que su genio militar iba a conseguirlo, pero obligado a dejar España para atender a las provocaciones de Austria, confió a Soult y a Massena la misión de sojuzgar la Península entera.

El primero se apoderó rápidamente de Galicia y sucesivamente de Braga y Oporto en Portugal; el segundo, después de tomar Almeida, marchó sobre Coimbra, creyendo fácil el paso; pero allí encontró admirablemente situado al ejército anglo portugués, mandado por lord Wellington, que obtuvo sobre el intrépido caudillo francés la victoria de Alcoba, de gloriosa resonancia en todo el continente (Septiembre de 1810).

Massena justificó sus talentos militares maniobrando por los desfiladeros de Saldao y amenazando a Lisboa, pero las famosas líneas de Torres Vedras cortaron su paso, y después de resistir durante cinco meses la táctica reflexiva y tenaz de agotamiento a que le sometió el general inglés, se vio forzado a retirarse buscando contacto por Extremadura con el ejército de Soult, no sin verse gravísimamente comprometido en Redina y Condeixa. Por fin, pasó la frontera española en Abril de 1811 y derivó hacia Salamanca.

Portugal continuó fuera de su territorio la guerra contra el francés, y llegó con los ejércitos aliados hasta Toulouse (1814). Sabido es que Portugal no recogió el fruto de tanto heroísmo, pues sus reclamaciones no fueron escuchadas en el Congreso de Viena. Olivenza quedó definitivamente por España.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 712-714.

Juan VI de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1816-1826
Rey de Brasil: 1816-1826
Nacimiento: 1767
Fallecimiento: 1826
Predecesor: María I
Sucesor: Pedro IV
Padre: Pedro III
Madre: María I
Consorte: Carlota Joaquina de Borbón

Biografía

Entre tanto la corte seguía en el Brasil sin mostrar la menor preocupación por regresar a la patria. En Marzo de 1816 falleció allí la Reina Loca, y el príncipe regente, que, a comienzos del referido año había constituido en reino su gran colonia americana, tomó el título de Juan VI, rey de Portugal, del Brasil y de los Algarves.

Juan VI de PortugalJuan VI de Portugal

Sirvió esto, complicado con lo inexplicable de su ausencia, para que en Portugal creciera el disgusto contra el rey. Por otra parte, la vieja levadura de las ideas propagada por la Revolución francesa, fermentaba con el prestigio que las Cortes españolas de Cádiz adquirían por su labor admirable frente al invasor y a todos los elementos retardatarios, interesados en mantener la política absolutista. Gran parte de la opinión portuguesa y valiosos elementos del ejército temían que se supeditasen los intereses de Portugal, a los del Brasil y que el reino quedara a merced de la influencia inglesa. Heridos en su dignidad y en su patriotismo, era cada vez más visible el desasosiego de los portugueses.

El grito revolucionario estalló en Oporto el 24 de Agosto y repercutió en Lisboa el 29 (1820), pidiendo convocatoria de Cortes y promulgamiento de una Constitución, a imitación de la de Cádiz. Todo el país, incluso lo mejor del elemento oficial, apoyó con actividad y con simpatía la demanda. Rápidamente se constituyó un Gobierno provisional, se convocaron Cortes, no al estilo de las que hacía un siglo habían dejado de funcionar, sino inspiradas en los principios modernos, con plenos poderes para hacer labor constituyente.

Esas Cortes eliminaron del ejército a los ingleses, incluso a lord Beresford, gran mariscal y verdadero árbitro de los destinos del país aun antes de ausentarse la corte, suprimieron la Inquisición, establecieron la igualdad ante la ley, la libertad de imprenta y los derechos del ciudadano. Lord Beresford, que estaba en el Brasil, regresó precisamente cuando las Cortes legislaban con más entusiasmo y el país las apoyaba con más ilusión.

Traía el nombramiento de vicerregente, pero no fue reconocida su validez por los legisladores, y comprendiendo que no era oportuno ni acaso posible tratar de imponerse, el mariscal optó por acatar el fallo de la Asamblea y reintegrarse a su país. Los sucesos tuvieron en el Brasil repercusión hondísima; un conato de revolución en Pernambuco en 1817, probó cuánta fuerza expansiva tenían las ideas renovadoras que producían en el continente europeo mutaciones radicalísimas.

El rey, que no necesitaba pruebas tan duras, para acreditarse de apocado, quedó al conocer las noticias temeroso y perplejo. Pero la familia real se dividió hondamente: el príncipe real don Pedro, de veintidós años, se convirtió en representante de la monarquía constitucional; la reina madre, doña Carlota Joaquina, ambiciosa y autoritaria, se inclinaba a mantener el absolutismo, identificada perfectamente en ideas con su hijo menor don Miguel. De todas suertes los sucesos de Portugal hacían forzosa la vuelta de la corte. No sin vacilaciones, que hubo de vencer con su consejo el Gobierno inglés, se decidió el viaje. Don Pedro quedó instituido regente del Brasil. Los reyes, que habían sido recibidos con amor, fueron despedidos con manifestaciones tumultuarias dejando tras sí indiferencia o desprecio.

La corte desembarcó en Lisboa el 3 de Julio de 1821. En el mes de Octubre del año siguiente juraba la Constitución redactada por las Cortes. La reina madre, que se negó a jurarla, fue desterrada. Además, la Asamblea legislativa conminó a don Pedro para que en el término de un mes viniera a prestar el juramento, so pena de ser exonerado de sus derechos a la Corona, y declaró traidores a cuantos prestaban acatamiento al Gobierno constitucional del Brasil.

Es evidente que las Cortes portuguesas caminaban demasiado de prisa; en la amplitud de las libertades promulgadas, llegaron hasta el sufragio universal, y en la entereza con que hacían valer su soberanía, lastimaban sentimientos muy arraigados en el país de devoción al poder real. La reacción, pues, era visible, y como al mismo tiempo el avance de los Cien Mil Hijos de San Luis por España, para restaurar el absolutismo, alentaba las esperanzas de los reaccionarios, apenas el conde de Amarante (1823) dio en Tras-os-Montes el grito de libertad para el rey, y felicidad para el pueblo según las leyes antiguas, cuando el infante don Miguel, buen número de tropas y gran parte del pueblo, se pusieron resueltamente al lado del régimen derrocado.

El movimiento logró disolver las Cortes, anular la Constitución de 1822, secuestrar al rey que no quería subscribir todo el programa reaccionario y encumbrar a la regencia efectiva al infante don Miguel. El rey logró romper el secuestro y buscar refugio en buque inglés. Las potencias apoyaron sus derechos y el regente intruso se expatrió instalándose en Viena. Designio era de las naciones que influyeron en la restauración de Juan VI implantar un sistema parlamentario en Portugal, pero el rey entró en Lisboa a los gritos de ¡viva el rey absoluto!, y de hecho en Portugal, lo que entonces no era absolutismo era simplemente anarquía.

Poco después (1825), se vio obligado, por consejo de Inglaterra, a reconocer la independencia del Brasil, después de haber intentado durante dos años evitar esta pérdida, apoyándose en las provincias fieles a la corona portuguesa Pará, Bahía y Pernambuco. Sir Carlos Stuart fue el principal negociador del tratado: se hacía en él caso omiso de la sucesión a la corona de Portugal, pero el infante don Pedro, ahora emperador del Brasil, renunció, aunque con reservas, a sus derechos sucesorios.

Pronto hubo oportunidad de declarar sus verdaderas intenciones, pues en Marzo de 1826 falleció Juan VI, en circunstancias que hicieron sospechar un envenenamiento. Cuatro días antes de su fin nombró a la infanta doña Isabel María regente del reino, mientras el heredero legítimo, cuyo nombre se omitía, tomara sus determinaciones.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 712-714.

Pedro IV de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1826
Emperador de Brasil: 1826
Nacimiento: 1798
Fallecimiento: 1834
Predecesor: Juan VI
Sucesor: María II
Padre: Juan VI
Madre: Carlota Joaquina de Borbón
Consorte: María Leopoldina de Austria
Consorte: Amelia de Beauharnais

Biografía

Fue proclamado sin vacilar don Pedro, tanto por la regente como por el pueblo y el mismo infante de Miguel, que desde Viena escribió que no consentiría se lesionara el derecho del legítimo heredero el reino, su muy amado hermano y señor el emperador del Brasil.

Pedro IV de PortugalPedro IV de Portugal

Don Pedro tenía, junto con ideas progresivas, otras tradicionales un poco incongruentes con el liberalismo de que alardeaba. Y ahora quiso conciliar su fe en la monarquía patrimonial, con su deseo de gobernar liberalmente a sus pueblos. A modo, por lo tanto, de merced regia, redactó una Carta Constitucional inspirada en la de Inglaterra y en realidad bien acomodada a los sentimientos y preparación ciudadana de los portugueses.

Después (2-V-1826) abdicó la corona en su hija doña María de la Gloria, de siete años de edad, que había de casarse en tiempo oportuno con su tío don Miguel, a quien se confiaba la regencia. En Portugal se recibió con frialdad la intromisión del emperador del Brasil en los negocios del reino, y el Consejo de regencia tuvo el propósito de no publicar la Carta. Sin embargo, el general Saldanha, gobernador militar de Oporto, nieto del ilustre Pombal y popularísimo entre las tropas, se pronunció en favor de la Carta, anunciando a la regente que estaba dispuesto a publicarla en su territorio sin consentimiento del Consejo de regencia.

Se circularon entonces las órdenes y el 31 de Mayo fue jurada fidelidad a la nueva pauta constitucional, en medio de gran entusiasmo popular, aunque en la región del Miño hubo chispazos absolutistas en favor de don Miguel. Por otra parte, los portugueses refugiados en España, adictos a antiguo régimen, conspiraban en la misma frontera a las órdenes del marqués de Chaves. Inglaterra se vio obligada a llamar la atención del Gobierno español sobre estos manejos y a desembarcar una división en territorio portugués para apoyar la legalidad cartista. En 1827, gracias al ejército británico, la Carta era aceptada en todo el reino.

Al año siguiente don Miguel desembarcaba en Lisboa con el doble carácter de regente defensor de la Carta, y prometido de doña María. Tuvo un recibimiento suntuoso y cordial; se le aclamó como rey absoluto, y su juventud y apostura impresionaron gratamente a todo el mundo. El nuevo regente procedió con estudiada cautela, de tal suerte que cuando disolvió las Cámaras prescritas por la Carta, ante las cuales había hecho sus juramentos de fidelidad, no encontró oposición alguna. Hay que advertir que repatriado el ejército inglés, principal sostén del régimen cartista, la labor reaccionaria del regente no podía encontrar obstáculos de importancia, Don Miguel se apresuró a reunir Cortes según el estilo antiguo, con asistencia de los tres brazos. En ellas, a propuesta del obispo de Vizeu, fue proclamado rey (Junio de 1828).

No dejaron Saldanha y Palmella (este último antiguo ministro con Juan VI) de intentar mantener los derechos de doña María II. Fue, no obstante, arrolladora la fuerza de la reacción miguelista, y doña María se vio obligada a refugiarse en Londres con la plana mayor de sus partidarios. Se suceden tres años de guerra civil entre los partidarios, de tío y sobrina, cuyo concertado desposorio no llegó a celebrarse.

En la Isla Tercera fue donde tuvieron su principal centro de operaciones los partidarios de María lI. Sin embargo, la ventaja parecía estar asegurada definitivamente en favor del usurpador, rodeado, de aura popular, aun en medio de la represión cruel ejercida contra toda manifestación de ideas liberales. Pero en 1831 se vio obligado a abdicar en su hijo Pedro II el emperador Pedro I, que por afecto paternal y por repulsión de ideas no podía ver resignadamente lo que en Portugal ocurría. El ex emperador logró, desde luego, el apoyo de Francia, cuyo trono ocupaba a la sazón Luis Felipe; también logró auxilios pecuniarios de España merced a la intervención de Mendizábal; Inglaterra, aunque oficialmente estorbó algo los manejos de los cartistas, no evitó que levantasen tropas en su territorio.

Don Pedro superó con actividad infatigable todas las dificultades; consiguió reunir escuadra y ejército de desembarco, concentrándolo en las Azores y pasando después a Portugal, que invadió por la aldea de Mindello, y más tarde Oporto (Julio de 1832). Allí padeció largo asedio de las fuerzas miguelistas, que seguían dominando el país y contaban con la popularidad de su causa. Su situación llegó a ser desesperada, aunque no por ello se abatió la extraordinaria energía de su ánimo.

Los talentos militares de Saldanha y del barón de Solignac lograron, no obstante, mejorar la situación, dando un golpe afortunado sobre Lisboa que cayó en poder del ejército libertador (25 de Julio de 1833). Don Pedro, después de veintiséis años de ausencia, tomó posesión del Palacio de Ajuda en medio del entusiasmo público. Sin dar oídos a los consejos de moderación que el experimentado Palmella y el embajador inglés le dieron, multiplicó las represalias y las confiscaciones sobre los vencidos. También expulsó a los jesuitas y dio los pasaportes al Nuncio. Después (Septiembre de 1833) colocó en el trono a su hija doña María, y reservó para sí el cargo de regente.

Don Miguel pudo resistir hasta Mayo del año siguiente, en que firmó con su hermano la Convención de Evora, mucho más favorable para él de lo que podía esperar dado el ambiente hostil que tenía su causa en España, Francia é Inglaterra, y los fracasos militares que sufrió desde la pérdida de Lisboa, pues logró amnistía para todos sus partidarios, derecho a salir del territorio sin ser molestado y una pensión de 400.000 francos a condición de vivir lejos de la Península y de las posesiones portuguesas.

Altivamente renunció la pensión y aceptó la pobreza manteniendo dignamente su causa. El regente don Pedro murió en septiembre de 1834, después de declarar mayor de edad a su hija y de casarla con el joven duque de Leuchtenberg hijo del príncipe Eugenio de Beauharnais.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 714.

María II de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Reina de Portugal: 1826-1828/1833-1853
Nacimiento: 1819
Fallecimiento: 1853
Predecesor: Pedro IV
Sucesor: Pedro V
Padre: Pedro IV
Madre: María Leopoldina de Austria
Consorte: Augusto de Beauharnais
Consorte: Fernando II de Portugal

Biografía

Doña María de la Gloria vio ensombrecidos los primeros meses de su reinado con una intentona de don Miguel, abortada por la intervención de la Cuádruple Alianza, y con la muerte prematura de su esposo (marzo de 1835). En Abril del año siguiente casó en segundas nupcias con Fernando de Sajonia Coburgo, sobrino del rey de Bélgica.

María II de PortugalMaría II de Portugal

Doña María confió a hombres ilustres como Palmella, Freire y Carvalho, la dirección de los asuntos públicos. Mas las dificultades económicas, después de tantos años de desorden, eran superiores a los talentos de aquellos experimentados ministros. Los partidos políticos que entonces comenzaban la conquista de la opinión cartistas, partidarios de la Carta de don Pedro; septembristas, de la Constitución de 1822, y miguelistas, de la monarquía absoluta dificultaban con sus querellas toda política reconstructora.

Un movimiento constitucional triunfa en Septiembre de 1836 y obliga a la reina a jurar el Código de 1822. La belemzada, intento de contrarrevolución preparado en el Palacio de Belem el mismo año, y el conato cartista de 1837, llamado de los generales, no tuvieron más resultado que exacerbar el espíritu partidista.

Llega en estos forcejeos el año 1842, durante el cual Costa Cabral, antiguo septembrista y ministro de Justicia en el Gabinete moderado del conde Bomfin, logra restaurar la Carta y asumir la dictadura. En ella se mantiene hasta el año 1844, intentando de un modo principal organizar la Hacienda para que el Tesoro viviera de sus propios recursos y no apelando constantemente a un crédito cada vez más agotado.

Las sociedades secretas, ya entonces poderosas, y sus antiguos amigos los septembristas, logran derrocarlo en la fecha indicada. La nueva situación, poco grata a la reina, duró poco, y Costa Cabral volvió a ser árbitro de la política portuguesa. Mas este prefirió quedar en segundo término por el momento, instituyendo primer ministro al veterano mariscal Saldanha. Después, por cansancio de este, tuvo que volver a ocupar el Gobierno, donde inició mejoras importantes, aunque no dejó de reprimir con mano severa las inquietudes de los adversarios.

Desde 1846 hasta 1853, en que muere doña María de la Gloria, a política portuguesa se reduce a un duelo entre el mariscal Saldanha y Costa Cabral ya conde de Tomar, enemistados por incidentes de política interior que envenenaron episodios de corte, fatuidades del mariscal, campañas difamatorias contra el primer ministro, y no poco la presión extranjera interesada en mantener la anarquía del reino y con ella ambiente propicio a toda injerencia lucrativa.

Aunque la reina procuró mantener primero y defender más tarde a su ministro, Costa Cabral fue depuesto y desterrado. Le sustituyó Saldanha el 1-V-1851, aunque teniendo contra sí elementos formidables. Se dedicó a rectificar la obra de su rival y promulgó el Acta adicional, que restringía las facultades del poder ejecutivo, creaba municipalidades representativas, abolía la pena capital para los delitos políticos y establecía reglas para la percepción de tributos.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 715.

Pedro V de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1853-1861
Nacimiento: 1837
Fallecimiento: 1861
Predecesor: María II
Sucesor: Luis I
Padre: Fernando II
Madre: María II
Consorte: Estefanía de Hohenzollern-Sigmaringen

Biografía

Murió doña María de la Gloria en Noviembre de 1853. y ocupó el trono su hijo Pedro V, bajo la regencia del rey consorte. Dos años después, declarado mayor de edad, se hizo incompatible con el mariscal Saldanha, que dimitió al cabo de cinco años de gestión, cuyos aciertos hicieron olvidar las irregularidades de su encumbramiento. El marqués de Loulé, su sucesor, hubo de liquidar con humillaciones, que le hicieron impopularísimo, un incidente con Francia a propósito del buque negrero Charles et Jorge. La peste en tanto hacía estragos en el reino, singularmente en Lisboa. Una de sus víctimas fue el rey (noviembre de 1861).

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 715-716.

Luis I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1861-1889
Nacimiento: 1838
Fallecimiento: 1889
Predecesor: Pedro V
Sucesor: Carlos I
Padre: Juan VI
Madre: María II
Consorte: María Pía de Saboya

Biografía

Luis, hermano de Pedro juró como heredero el 22-XII-1861. El 1862 casó con María Pía de Italia con general beneplácito del país. Aunque no faltaron dificultades interiores, la gestión del monarca y de sus ministros Loulé y Saldanha fue beneficiosa: inauguró grandes obras públicas, abolió la esclavitud en las colonias, mejoró la situación financiera, comenzó el catastro, celebró en Oporto exposiciones internacionales, pidió la reducción de su lista civil. Ganó con todo ello autoridad indiscutible que frustró una tentativa republicana, fraguada al calor del ambiente revolucionario, forjado en España con el destronamiento de Isabel II y de las tendencias socialistas que comenzaban a arraigar en las ciudades y en la población jornalera de algunas provincias. Pero las causas de la decadencia seguían actuando; rapacidad de los partidos turnantes, progresistas y regeneradores, desbarajuste de la Hacienda con abrumadores déficits que prepararon crisis financieras, precursoras de los trastornos políticos de que fue víctima su hijo y sucesor Carlos I (octubre de 1889).

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 716.

Carlos I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1889-1908
Nacimiento: 1863
Fallecimiento: 1908
Predecesor: Luis I
Sucesor: Manuel II
Padre: Luis I
Madre: María Pía de Saboya
Consorte: Amelia de Orleans

Biografía

Entre estos los reinados de Luis I y Carlos I surgen incidentes diplomáticos de importancia. Cuando las necesidades de los tiempos obligan transformar los antiguos puntos de parada a todo lo largo del continente africano, de las naves portuguesas que hacían el camino de la India, en posesiones para cuya seguridad era necesario el dominio del correspondiente hinterland, los audaces exploradores que acometieron la empresa se encontraron con los avances que otras naciones poderosas, singularmente Inglaterra, daban en el intento de asegurar a su influencia la explotación del continente negro.

Carlos I de PortugalCarlos I de Portugal

Serpa Pinto, Robero Ivens, Brito Capello, entre otros, emularon con sus misiones científicas en África las glorias de los tiempos antiguos. Uno de los incidentes suscitado con motivo de la posesión de Lourenço Marques fue favorablemente zanjado por el fallo arbitral de Mac-Mahon, presidente de la República francesa; otro ocurrido en 1890, al comenzar su reinado Carlos I, con ocasión de haber fortificado Serpa Pinto algunas plazas del territorio Makalolo, fue liquidado imponiendo Inglaterra a su antigua aliada las más crueles humillaciones.

Esto, unido a la situación de la Hacienda, a la proclamación de la República del Brasil, a los gastos excesivos de la Corona, no voluntarios en gran parte, y a los sentimientos católicos de la reina Amelia, dio auge extraordinario al republicanismo.

No ya contaba este con grandes masas, sino con las primeras capacidades del país, entre otras, Latino Coello, Elías García, Sousa Brandao, Teófilo Braga, Manuel de Arriaga, Magalhães Lima y Teixeira de Queiroz. Era fácil convencer al pueblo de que las humillaciones presentes y futuras no procedían de un abuso de fuerza de los grandes, sino del descrédito e ineptitud de la monarquía. El monarca mostró serenidad y talento en circunstancias tan críticas. Convencido de que el mundo político era una piolheira, de que gran parte de la crítica republicana era fundada, rehusó entrar por caminos de violencia; procuró remozar los partidos turnantes; hizo algunas concesiones a los radicales, cerrando algunas casas religiosas.

Todo fue en vano. Para colmo de contrariedades comenzó a exteriorizarse (1902) el descontento en el ejército y la marina. Por último, como las Cortes habían degenerado en una comedia, como los adelantos hechos a la Corona para gastos que no encubría la mezquina dotación de la lista civil, eran motivo de una feroz campaña de prensa, Carlos I consideró forzoso prescindir del Parlamento y confiar a Juan Franco una dictadura limitada a reorganizar la Hacienda y la Administración y a restaurar el crédito público (1906).

Las severidades de Franco, el corte de Cuentas que hizo para librar al Tesoro real de sus deudas, promovieron agitación intensísima. Las sociedades secretas, muy poderosas, extremaron las propagandas y tramaron el regicidio. Conocedor Franco de la conjura, consiguió desbaratarla, reduciendo a prisión a sus promotores principales, Costa, Monis, Ribeira, Brava, entre otros. No tuvo igual suerte para frustrar el atentado. Este se ejecutó el 1-II-1908 en el sitio denominado Terreiro do Pazo. Murieron casi instantáneamente el rey y el príncipe heredero, y aquella misma noche el Consejo proclamó sucesor del monarca asesinado al hijo menor Manuel II.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 716.

Manuel II

Datos biográficos

Dinastía : Braganza
Rey de Portugal: 1908-1910
Nacimiento: 1889
Fallecimiento: 1932
Predecesor: Carlos I
Sucesor: Teófilo Braga, presidente de la República
Padre: Carlos I
Madre: Amelia de Orleans
Consorte: Augusta Victoria de Hohenzollern

Biografía

El nuevo soberano no tenía vocación para el peligroso oficio que le encomendó la tragedia de Terreiro do Pazo. En la misma noche del regicidio el Consejo de Estado propuso a Manuel II la formación de un Ministerio donde se concentrase el mayor número posible de fuerzas monárquicas bajo la presidencia del almirante Ferreira de Amaral, ex ministro de Marina. Entraron en el Gobierno elementos del partido regenerador, del partido progresista, más algunos amigos personales del presidente. El nuevo Gobierno se apresuró a borrar toda la obra de Juan Franco y a decretar amplísima amnistía.

Manuel II de PortugalManuel II de Portugal

En 1909 Manuel II visitó España, Francia e Inglaterra para agradecer las atenciones de los jefes y Gobiernos de estas naciones con la familia portuguesa. Estos viajes fueron explotadísimos por los elementos revolucionarios, que alarmaron el patriotismo portugués haciendo creer a la opinión que se procuraba allegar el apoyo armado del extranjero, a fin de sostener la vacilante monarquía.

Las Cortes formadas, entre tanto, bajo la presidencia del Gabinete Amaral, fueron perturbadoras y estériles. En espacio de año y medio consumieron la vida de cinco situaciones presididas, aparte de la de Amaral, por Campos Enríquez. Sebastián Téllez, Venceslao Lima y Francisco Beirao. La única fracción que no participó del poder fue la franquista, acaudillada por el ex ministro de la Guerra Vasconcellos Porto.

Mientras el desconcierto en los negocios se agravaba con la inestabilidad de los ministerios y la ineptitud del personal gobernante, tomaban extraordinario desarrollo las sociedades secretas, singularmente la Carbonaria, donde afluyeron elementos masónicos y todos los intelectuales que sin filiación en la secta aspiraban sobre todo a proclamar la República. Esta asociación parece que se funda en 1893 por estudiantes de Coimbra, de ideas exaltadas; más tarde agranda su organización y sus fines Luz y Almeida, que concibe el propósito, y lo realiza sin descanso, de prepararla para una acción violenta y directa contra el trono.

Poderosa ya antes del regicidio, aumentó por miles sus afiliados durante el reinado de Manuel II; el pueblo, el ejército y la intelectualidad más escogida figuran en ella. La Carbonaria tenía por fin la acción directa, pero, previo juramento de fidelidad, no rechazaba al que prometiese, en ocasión oportuna, ayudar al derrocamiento de la monarquía.

En Octubre de 1909 casi todo el ejército y la marina quedaban comprometidos para un alzamiento revolucionario, que había de secundar el pueblo convenientemente armado y aleccionado por la Carbonaria. En esto el Gabinete. Beirao, que regentaba los asuntos públicos, sufrió rudo golpe con motivo de descubrirse grandes irregularidades en el Crédito Predial, institución oficial de la cual era gobernador Luciano Castro, progresista y principal sostén, con sus amigos, de la situación gobernante.

Declarada la crisis total, invirtió el monarca catorce días en conjurarla, al término de los cuales, sin tener solución mejor, confió el poder a la fracción regeneradora de Teixeira de Souza, por ofrecer, dentro de su conservadurismo, el matiz más avanzado. Este personaje formó Gobierno apoyado en los progresistas disidentes y coincidió su posesión del mando con perentorios avisos del ministro portugués en París de que era inminente una intentona revolucionaria importante (enero de l910).

Este Gobierno fue conocido por el dictado de los Siete Satanases. Se suponía que su presidente tenía inteligencias con Alpoin, monárquico ambiguo, este con republicanos como Costa, Machado y Chagas; todos ellos con los revolucionarios de acción, o sean los carbonarios y los regicidas. Ello es que todas las fuerzas monárquicas, progresistas, franquistas, nacionalistas, católicos, etc., desampararon y combatieron, con la feroz pasión que el carácter nacional pone en empeños tales, al Gobierno del rey. El Gobierno, entre tanto, disolvía las Cortes, convocaba elecciones y adoptaba, ganoso de simpatías en la izquierda, algunas medidas contra el clero, con lo cual la revolución se engreía y los elementos gubernamentales se exasperaban.

Realizadas las elecciones en este ambiente, sus resultados fueron desastrosos para el Gobierno; solo en Lisboa triunfaron 13 republicanos; y mientras tanto, deseoso el rey de paliar la política hostil de su Gobierno hacia los católicos, tomaba iniciativas, como la de ingresar en la Hermandad del Santísimo y concederla el título de Real, que sin aplacar el descontento de los creyentes, provocaban una crisis ministerial sin desenlace satisfactorio posible.

Aprovechando el descontento, los revolucionarios planearon el golpe decisivo. El doctor Miguel Bombarda, director general del movimiento, tomó a su cargo movilizar los elementos civiles, y el comisario de Marina, Machado dos Santos, los militares y la escuadra. Todo estaba dispuesto para que la revolución estallara en la noche del 3 al 4 de octubre, cuando el mismo día 3 fue asesinado por un demente en el hospital de Rilhafolles el doctor Bombarda, suceso fortuito que los periódicos revolucionarios achacaron, sin embargo, a los clericales.

Comenzaron los tumultos en las calles, fueron perseguidos algunos religiosos por las turbas, y así llegó la noche en que, por una inexplicable inacción del Gobierno, el Comité revolucionario formado por el almirante Cándido dos Reis, Alfonso Costa, Antonio J. Almeida; Eusebio Leao, Alfredo Leal y otros, decidió el levantamiento en la madrugada del día 4.

Simultáneamente se sublevaron algunas importantes unidades del Ejército y tripulaciones de la Armada, con muerte de la oficialidad leal. Varios regimientos de infantería, una sección de artillería mandada por el mayor Paiva Couceiro, y la Guardia municipal, defendieron honrosamente, hasta el último momento, a las instituciones. El rey salió de Palacio refugiándose primero en Mafra, después en Gibraltar y luego en Londres.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 716-717.