Juan I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1385-1433
Nacimiento: 1358
Fallecimiento: 14-VIII-1433
Predecesor: Fernando I
Sucesor: Duarte I
Padre: Pedro I
Madre: Teresa Gille Lourenço
Consorte: Felipa de Lancaster

Biografía

Hijo bastardo de Pedro I y de doña Teresa Lorenzo, era un ambicioso caballero capaz a un mismo tiempo de las más grandes empresas y de los mayores crímenes. Maestre de Avis, en la Orden de Cristo, en 1833, momento en que muere su hermano Fernando I, disfrutaba ya por este tiempo de una extraordinaria popularidad.

Juan I de Portugal, fundador de la Dinastía de Avís.Juan I de Portugal, fundador de la Dinastía de Avís.

El fue quien acaudilló el movimiento en contra de Juan I de Castilla y la reina viuda Leonor Téllez. Personalmente asesinó al favorito de esta señora, Juan Fernández de Andeiro. Auxiliado por Nuño Alvares Pereira y por Inglaterra, con cuyo monarca concertó un histórico acuerdo en 1386, pudo derrotar a los castellanos en los Atoleiros y Aljubarrota (1385), expulsándoles de Portugal. La guerra castellano-portuguesa siguió débilmente con alternativas de hostilidades y treguas hasta 1411, en que se firmó un tratado de paz.

Es esta una fecha histórica, pues cambia los destinos de la nación portuguesa. La guerra contra Castilla había dado al reino conciencia de nacionalidad. Los tres hijos de Juan I y de su esposa Felipa de Lancaster, Duarte, Pedro y Enrique el Navegante, dieron a esta recién nacida nacionalidad un objetivo: África. Desde la toma de Ceuta, en 1415, los portugueses se instalan en África y buscan por el mar el camino de las Indias. En 1419 los portugueses llegaron a las Islas Madera. En 1432 se instalaron en Cabo Verde. De esta forma, cuando Juan I muere el año 1433, la expansión lusitana por mar está en marcha

SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 572.

Duarte I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1433-1438
Nacimiento: 1391
Fallecimiento: 1438
Predecesor: Juan I
Sucesor: Alfonso V
Padre: Juan I
Madre: Felipa de Lancaster
Consorte: Leonor de Aragón

Biografía

Ocupó el trono el primogénito don Eduardo o don Duarte. No faltan calamidades ni reveses al nuevo soberano. Durante todo su gobierno una peste terrible diezmó la población y contuvo el desarrollo económico del país. Después, en 1437, sobrevino el desastre de Tánger, sobre el cual fueron, en son de conquista, los príncipes don Enrique y don Fernando; pero el ejército solo consiguió salvarse con la promesa de entregar Ceuta, quedando en rehenes el príncipe don Fernando. Por consejo de este, que prefirió la muerte y el martirio a la devolución de una plaza que representaba la más pura gloria del reinado de su padre, Ceuta permaneció en manos de Portugal.

Incapaces los portugueses de rescatar al príncipe, sucumbió este después de seis años de horribles sufrimientos, y su cadáver, relleno de paja, fue colgado y quemado en las murallas de Fez. Murió el rey cuando aún no habían llegado a Lisboa los mensajeros de la triste nueva, y le sucedió (1438) su hijo Alfonso V, menor de edad, bajo la regencia del infante don Pedro, hermano del monarca difunto, quedando reservado a la madre doña Leonor —infanta de Aragón— el cuidado personal del soberano y algunas prerrogativas más honoríficas que sustanciales.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 706.

Alfonso V de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1438-1481
Sobrenombre: el Africano
Nacimiento: 1432
Fallecimiento: 1481
Predecesor: Duarte I
Sucesor: Juan II
Padre: Duarte I
Madre: Leonor de Aragón y Alburquerque
Consorte: Isabel de Portugal
Consorte: Juana la Beltraneja

Biografía

El testamento de don Duarte I reservaba la regencia exclusivamente a la reina madre, la cual, encontrando para su despecho el apoyo de la voluntad del rey, procuró eliminar al hermano de este, don Pedro de la regencia. Aunque al principio encontró apoyo en el conde de Barcellos, hijo bastardo de Juan I, el regente, con el apoyo popular, consiguió prevalecer. La reina tuvo que buscar asilo en Castilla. Entre tanto, don Pedro desenvolvía iniciativas afortunadas, perfeccionaba el puerto de Lisboa, terminaba el Código cuyo plan trazara don Duarte I, depuraba la administración y recogía las glorias de las nuevas expediciones de don Enrique, durante las cuales fue doblado Cabo Blanco, descubierto Río de Oro, explorado el Senegal y las islas de Cabo Verde.

Alfonso V. Rey de Portugal y los Algarves.Alfonso V. Rey de Portugal y los Algarves.

Cumplida la mayor edad, Alfonso V casó con una hija de don Pedro, y expresó de varios modos su gratitud al regente; pero no tardó el conde de Barcellos en apoderarse del ánimo del nuevo monarca y conseguir de este el destierro de tan fiel servidor. Acató don Pedro la orden; mas, temiendo mayores peligros, se retiró y fortificó en sus dominios, dando pretexto a sus enemigos en la corte para inducir al rey para que castigara con las armas tal insolencia. Don Pedro fue declarado traidor, y el ejército real avanzó contra las huestes del ex regente, el cual fue derrotado y muerto en el combate de Alfarrobeira.

Poseído de un espíritu caballeresco y de una profunda fe religiosa, no soñó más que con incorporar a su nombre las glorias de una cruzada. Hizo grandes aprestos belicosos para acudir a Jerusalén y a Constantinopla, caída esta recientemente en poder de los turcos. Batió, con el nombre de cruzados, moneda alegórica de la proyectada empresa. Pero remisa la cristiandad de Occidente en renovar las empresas que comenzara a la voz de Pedro el Ermitaño, el monarca portugués decidió emplear los preparativos en nuevas excursiones contra los moros de allende el Estrecho. Las conquistas de Alcázar (1457), Arcila (1472) y Tánger poco después, le reportaron el sobrenombre de el Africano.

Los frutos de estas victorias los frustró con sus pretensiones a la corona de Castilla en apoyo de los derechos de doña Juana la Beltraneja, con la cual, de acuerdo con Enrique IV el Impotente, había concertado esponsales al quedar viudo de su primera mujer. Duraron cuatro años las guerras que don Alfonso sostuvo con los partidarios de doña Isabel la Católica, proclamada ya reina de Castilla, y se desenlazaron funestamente para los portugueses con la derrota de Toro en 1476. Aun invocó Alfonso V el apoyo de Luis XI de Francia y de Carlos el Temerario, quienes, aunque al principio le hicieron concebir esperanzas, terminaron por reconocer a Isabel de Castilla. Estos fracasos le produjeron gran depresión espiritual, y resolvió abdicar en su hijo Juan II, resuelto por su parte a vivir como religioso en Palestina. Pero mudó rápidamente de propósito y tornó de un modo inesperado a ocupar el trono, que su hijo le cedió sin dificultad.

Entre tanto, los navegantes portugueses seguían coronándose de gloria. En 1441 Nuño Tristao descubre Cabo Blanco, en 1443 las islas de Arguim y en 1445 explora Senegambia. Diniz Díaz y Álvaro Fernández prosiguen en 1446 la exploración de Senegambia y arriban a Sierra Leona. Desde 1446 hasta 1460 Diego Gómez, el veneciano Cadamosto y el genovés Antonio de Nolla, ambos al servicio de Portugal, completan el conocimiento de las Islas de Cabo Verde y el de los ríos y costas del litoral africano ya descubierto. En 1470 Fernando Gómez, Juan de Santarem y Pedro Escobar arriban a las costas de Mina, Denin, Calabar y Gabao, aparte de descubrir las islas de Santo Tomé y Príncipe. En el mismo año Fernando Poo descubre la isla que aún lleva su nombre y la de Annobom.

Persistiendo en tomar desquite de sus derrotas en Castilla, aún intentó, con éxito infeliz, pugnar por los derechos de doña Juana, El tratado de Alcántara (1479) puso fin a estas disensiones. Doña Juana, cuya figura han reivindicado modernos historiadores sacando a luz las nobles condiciones de su carácter, acabó por renunciar al trono y al mundo encerrándose en un claustro. Este ejemplo acaso influyó en el espíritu del regio paladín de la princesa castellana, que formó propósito de renunciar definitivamente al trono. La muerte le sorprendió en 1481, cuando preparaba su abdicación.

Algunos historiadores colocan en este reinado el establecimiento de la trata de negros en las costas del Senegal. Don Enrique el Navegante, a cuyas geniales iniciativas se debieron los descubrimientos que dieron lustre inmarcesible a su patria, murió en 1460, años antes de que esta iniciativa proyectara una sombra sobre la administración de los territorios arrancados por el genio portugués a los misterios del Océano.

Alfonso V tuvo, como dice un escritor contemporáneo, dos pasiones: África y Castilla. Promovió las expediciones marítimas por la ambición de dilatar el imperio portugués; la guerra con Castilla con el designio de reunir en su cabeza las dos coronas. Puso en ambas empresas, como todos los caracteres apasionados, sus cualidades y sus defectos. Caballeroso, hizo la guerra con bravura, combatió con denuedo, batalló con valor. Político inhábil, se dejó burlar por el astuto Luis XI, y no supo vencer a los Reyes Católicos. Su alma de caballero tuvo un carácter épico que lo redime de muchas culpas.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 706-707.

Juan II de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1481-1495
Nacimiento: 1455
Fallecimiento: 1495
Predecesor: Alfonso V
Sucesor: Manuel I
Padre: Alfonso V
Madre: Isabel de Portugal
Consorte: Leonor de Viseu

Biografía

Hijo de Alfonso V y de Isabel hija de su tío el infante don Pedro. Se casó en 1471 con su prima Leonor, hija del infante don Fernando, duque de Viseu. Acompañó a su padre en la expedición a Marruecos en 1471, en que se tomó Tánger y Arcila y recibió el gobierno de los asuntos de África

Alfonso V. Rey de Portugal y los Algarves.Juan II. Rey de Portugal.

Durante la guerra con Castilla con motivo de la sucesión y de la causa de Juana la Beltraneja, con la que se habla desposado Alfonso V, ejerció la regencia en ausencia de este, reunió dinero por todos los medios para sostener la campaña y acudió con fuerzas en su auxilio, combatiendo en la batalla de Toro (1476), en la que se sostuvo en el campo, por lo que se atribuyó la victoria, pero los resultados fueron fatales para Alfonso V; igualmente ejerció la regencia durante el viaje de este a Francia a pedir auxilio a Luis XI: habiendo renunciado el rey desde allí, fue proclamado Juan II (1477), pero al regresar Alfonso, don Juan le devolvió la corona. Dirigió las negociaciones de paz (Alcantara, Vistas de) (1479), acordándose el futuro matrimonio de Alfonso, hijo único de don Juan con Isabel, hija de los Reyes Católicos, pero se anuló este acuerdo, aunque se efectuó años después.

Subió Juan II al trono a la muerte de su padre en 1481. Demostró una enorme energía en el gobierno, especialmente frente a la nobleza a la que sometió sin contemplaciones y sin retroceder ante la crueldad o el asesinato, como hizo con su pariente el poderoso duque de Braganza, por oponérsele como jefe de la nobleza en las Cortes de Évora y por comprobar su correspondencia secreta con los Reyes Católicos y que fue procesado y condenado a degüello en 1484; el hermano del duque, don Juan, marqués de Montemor, que conspiraba en connivencia con los Reyes Católicos logró huir, pero el conde de Faro, otro de sus hermanos, murió en la prisión; lo mismo le ocurrió al obispo de Évora; Diego, duque de Viseu y hermano de la reina, fue perdonado una primera vez, pero habiendo proseguido en la conjura para matar al rey y proclamarse él en su lugar, fue asesinado por este o al menos en su presencia; en cambio su hermano, don Manuel, fue declarado por el rey su sucesor si moría sin hijos. Otros nobles fueron degollados o huyeron a Castilla. Recibió Juan II quejas contra los señoríos y ordenó la revisión de los títulos y que los corregidores reales pudiesen entrar en aquellos y se inspeccionara su justicia. Dio pocas concesiones territoriales y con jurisdicción y solo rentas y con carácter vitalicio, no hereditario.

En 1488 se acordó de nuevo la boda de su hijo Alfonso con Isabel y se llevó a cabo suntuosamente en 1490, pero al año siguiente moría el príncipe de un caída de caballo, Dedicó don Juan interés primordial a la expansión ultramarina, a la que dio poderoso impulso y puso en camino de sus grandes realizaciones, tras la época de más marasmo de Alfonso V. Ya su padre le dio en 1474 el trato y tráfico en Guinea. En 1486 Azamor (Marruecos) le prestó vasallaje, pero fracasó una expedición en 1489 en la que se fundó una ciudad a orillas del Lucus, que pronto hubo que abandonar; también se declaró tributario Safi.

Reservó a la corona el comercio de Oriente para financiar el viaje ya proyectado a la India. Prohibió bajo draconianas penas la navegación extranjera en la costa africana y logró imponer su prohibición a los Reyes Católicos al sur del paralelo de Canarias en el tratado de Alcacovas. Hizo construir la factoría de San Jorge de la Mina en Ghana, que proporcionaba oro (1482). En su tiempo se reanudaron los viajes de descubrimiento más hacia el sur, poco antes se había hallado el Níger, Camarones, las islas del golfo de Guinea como Fernando Poo, João Alfonso de Aveiro descubrió el reino de Benin (1464-86) y Diego Cao llegó al río Congo en 1483 y prolongó su periplo hasta el sur de la actual Angola; en un segundo viaje llegó al África del Sureste; consecuencias de estos viajes fue el de Bartolomé Dias que descubrió el cabo de Buena Esperanza y por tanto, la ruta de la India (1488), culminando las empresas de Juan II con la expedición de Vasco de Gama, realizada ya en tiempo de su sucesor Manuel el Afortunado, quien recogió los frutos de los esfuerzos de su antecesor.

Con objeto de explorar las tierras orientales y adquirir noticias sobre la ruta de la India envió a Pero de Cocilhã y Alfonso de Paiva, llegando Cocilhã a la India por las rutas de los mercaderes y a Sofala en el África Oriental y luego a Abisinia. También envió Juan II exploraciones al Atlántico hacia el oeste. Hizo levantar fortalezas en la costa africana, como en el Senegal, y envió embajadas a Tombuctú, a Tucurol y al reino del Congo (1490), donde se logró la conversión de su soberano y se construyeron iglesias.

En cambio desechó los planes de Colón; cuando regresó de su primer viaje se negó a la proposición de matarlo, pero se apresuró a la defensa de lo que creía sus derechos, llegándose tras amenazas de guerra y negociaciones difíciles al tratado de Tordesillas, que fijó la Línea de Demarcación, otorgando a Portugal la navegación y colonización de los países situados al este de la misma. El empeño de correr la Línea al oeste, a 370 leguas de las islas de Cabo Verde, ha hecho suponer que hubiera ya enviado expediciones que hubiesen descubierto el Brasil, por lo menos después del primer viaje colombino.

Mantuvo una actitud regalista frente a la Iglesia y al ser expulsados los judíos de España en 1492 les permitió entrar en Portugal, mediante un impuesto, pero ya no salir, excepto para África; a los que no pagaran dicho impuesto los redujo a esclavitud; fueron objeto de muchas violencias y ordenó que les quitasen sus hijos menores.

Juan II fue uno de los grandes artífices de la hegemonía portuguesa; en la línea absolutista de los reyes de su época, impuso sin escrúpulos el poder regio, domeñó la nobleza y en el terreno internacional y colonial veló celosamente por los derechos y aspiraciones de Portugal, enfrentándose sin vacilar con rivales tan poderosos e inteligentes como los Reyes Católicos. Desplegó profunda habilidad y reflexión en sus negociaciones y supo sacar de ellas el mejor partido, como sucedió en Tordesillas. Fracasó, sin embargo, en su probable deseo de unir la Península bajo el cetro de su hijo; su muerte le impidió ver el fruto de sus esfuerzos ultramarinos, reservado a su sucesor, pero dejó la labor a punto de completarse. Fue llamado en su juventud el Príncipe Perfecto e Isabel la Católica, que le admiraba, le llamaba el Hombre por excelencia.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 572-574.

Manuel I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1495-1521
Sobrenombre: el Afortunado
Nacimiento: 1469
Fallecimiento: 1521
Predecesor: Juan II
Sucesor: Juan III
Padre: Fernando de Portugal, duque de Viseu
Madre: Beatriz, infanta de Portugal
Consorte: Isabel de Aragón
Consorte: María de Aragón
Consorte: Leonor de Austria

Biografía

Manuel I, llamado el Afortunado, era hijo segundo del príncipe don Fernando, duque de Vizeu. Subió al trono el 25 de octubre de 1495 a causa del asesinato de su hermano por Juan II en 1484, y al morir este envenenado, Manuel I tuvo escaso relieve político, pero su reinado fue uno de los más dichosos y prósperos para la historia de Portugal. Contrajo matrimonio en 1497 con Isabel, hija mayor de los Reyes Católicos. Muerta esta y el príncipe heredero don Miguel (1500), Manuel I casó con su cuñada María, y años después con Leonor de Austria, hermana de Carlos V.

Manuel I.Manuel I. Rey de Portugal.

Durante el reinado de Manuel I se llevaron a cabo brillantes descubrimientos, y el imperio portugués alcanzó una extensión inigualable. Siguió el programa trazado por Juan II, y la expedición que a finales del reinado de este se preparaba para llegar a la India, al mando de Vasco de Gama, tuvo pleno éxito, alcanzando la India (Calicut) en 1498. En 1500, Alvarez Cabral, al frente de 13 naos y 1.200 hombres, desembarcó en las costas del Brasil, tierra que llamó de Santa Cruz. Gaspar Corte Real descubrió Terranova. Los virreyes de la India, Francisco de Almeida, primero, y Alfonso de Alburquerque, después, ampliaron las conquistas en el Índico, apoderándose de Goa, Malaca y Ormuz.

En el interior, la política de Manuel I fue de tipo absolutista, continuación de la iniciada por Juan II. Favoreció a la nobleza y al clero, y restringió las libertades populares Fue el primer monarca que cobró impuestos no votados por las Cortes, a las cuales solo reunió cuatro veces. Manuel I instauró un régimen autocrático, protegiendo en gran manera a la religión. Para atraerse el favor de España, expulsó a los judíos, que se habían refugiado en Portugal desterrados por los Reyes Católicos.

El comercio portugués alcanzó un auge extraordinario: se entablaron relaciones con los indígenas de las colonias y Lisboa fue el centro comercial más importante de la época. El reino se enriqueció y floreció notablemente, y por ello se conoce a Manuel I en la Historia con el sobrenombre de Afortunado, que otros historiadores rebajan llamándole O venturoso insinificante. Durante su reinado florecen también las letras y artes, y se conoce en la historia como estilo manuelino la tendencia estética portuguesa de aquel tiempo

CANO SINOVAS, José Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 572-574.

Juan III de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1521-1557
Nacimiento: 1502
Fallecimiento: 1557
Predecesor: Manuel I
Sucesor: Sebastián I
Padre: Manuel I
Madre: María de Aragón
Consorte: Catalina de Austria

Biografía

Bien preparado para gobernar, le sucedió a los diecinueve años su hijo Juan III, caracterizado por la exaltación de su fe religiosa. Implantó el Tribunal de la Inquisición (1531) y abrió el reino a la Compañía de Jesús (1540). A lo primero contribuyó un terrible temblor de tierra que arruinó varias ciudades y sacó el Tajo de cauce, interpretándose todo ello como un signo de la cólera divina, a lo segundo las virtudes de san Francisco Javier y del padre Rodríguez de Acevedo, que Paulo III envió a Portugal apenas instituida la milicia ignaciana.

Retrato del rey Juan III de PortugalRetrato del rey Juan III de Portugal.

También favoreció las ciencias y las letras. Trasladó definitivamente a Coimbra la Universidad de Lisboa y trajo del extranjero profesores ilustres para enseñar todas las disciplinas que se cursaban en los más afamados centros. En el exterior acreditan su celo la colonización del Brasil, comenzada por su primer gobernador Tomás de Souza, asesorado por varios jesuitas. Souza eligió la bahía de los Santos y fundó San Salvador. Administrativamente dividió el territorio en las capitanías de Pernambuco, Porto Seguro, San Vicente, Itamaraca e Illeos. Se mostraron muy hostiles los naturales a los portugueses; pero poco a poco fueron sometiéndose ante la acción persuasiva de los jesuitas. En 1555 el nuevo gobernador Méndez de Sa, luego de derrotar a unos hugonotes franceses que buscaban refugio en el país, fundó la ciudad de Río de Janeiro.

Por lo que se refiere a la India, la situación era bastante delicada. Acrecía, es cierto, el comercio con la Metrópoli; Lisboa no podía contener apenas en su puerto los bajeles que iban y venían de aquellos espléndidos territorios; pero las revueltas de los naturales eran frecuentes. No solo en la India, sino en las Molucas, Ceylán y Malaca, la rebelión se difundía amenazando gravemente la seguridad del imperio colonial. Tenía el descontento base en la corrupción administrativa, y para hacer cumplida justicia a todos, fue enviado allá, con plenos poderes, el gran Vasco de Gama (1524). El éxito más feliz coronó sus esfuerzos. Cortó todos los abusos y consiguió la sumisión de los naturales. Pero murió en Cochinchina en el mismo año de su arribada.

Su obra fue continuada con energía y acierto por uno de sus capitanes, Enrique de Meneses, pero murió a poco en un combate, y sus sucesores Vaz de Sampayo, Nuño da Cunha, García de Noroña y Esteban de Gama, salvo el segundo, no supieron continuar los ejemplos de sus ilustres antecesores. Juan III atendió al remedio enviando de virrey a Juan de Castro (1545), hombre sabio, probo y justiciero. Fue secundado por san Francisco Javier, que entonces mereció el título de Apóstol de las Indias.

Entre ambos consiguieron rehacer el imperio portugués de la India. Todos los rajás se sometieron y no solo quedaron sometidos los antiguos territorios, sino que fue preparada la ocupación de Sumatra y fundada la colonia de Macao. Juan de Castro murió en la mayor pobreza a los tres años de gobierno, en brazos de san Francisco Javier. En cambio de estos acrecimientos Portugal abandonó, en África, Alcacer Seguer, Azamor, Saffin y Arcila.

Juan III murió en 1557 llorado por su pueblo y cantadas sus virtudes por Camoens. De su matrimonio con doña Catalina de Austria, hermana de Carlos V, tuvo un hijo llamado Juan Manuel, el cual, siendo aún príncipe, se casó en 1552 con Juana de Austria, hija del emperador y de Isabel de Portugal. Este príncipe murió en 1554 dejando engendrado un hijo que se llamó Sebastián.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 708-709.

Sebastián I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1557-1578
Nacimiento: 1554
Fallecimiento: 1578
Predecesor: Juan III
Sucesor: Enrique I
Padre: Juan Manuel de Portugal
Madre: Juana de Austria

Biografía

En este niño, cuyo nacimiento rodearon augurios siniestros, precursores de trágico destino, según leyendas después formadas, recayó la corona de su abuelo Juan, el rey difunto. Quedó instituida regente la reina Catalina, de gran experiencia y talento, que designó como ayo y preceptor del rey a Alejo Meneses, noble de gran cultura y señaladas prendas de soldado La educación del regio niño hizo concebir grandes esperanzas a su pueblo y asimismo su condición caballeresca, inteligente y reflexiva.

Retrato del rey Sebastián I de PortugalRetrato del rey Sebastián I de Portugal.

Mas cuando don Sebastián llegó a la adolescencia tomaron gran predicamento cerca de él dos jesuitas, los hermanos Camara, a quien se atribuye, por parte de historiadores más apasionados que veraces, haber transformado en un alma de asceta guerrero, la de un joven llamado a gobernar en paz un reino engrandecido de repente. Doña Catalina hubo de dejar la regencia y fue substituida por el cardenal infante don Enrique, tío del rey, hombre débil y de pocas luces, grato por ello a cierta parte de la nobleza. Con todo, esa misma nobleza, celosa de cualquier influencia cerca del rey, apresuró el momento de ponerle en posesión del trono.

La ceremonia se realizó el 20-I-1568. Desde entonces no pensó don Sebastián más que en ser un paladín de la fe católica entre los infieles. Los negocios de la India no ocuparon su atención, como no fuera para trasladar allí el Tribunal del Santo Oficio y crear varios obispados. Por fortuna estaba allí de gobernador Luis de Ataide, digno continuador de la obra de los Gamas, Almeidas y Alburquerques. El supo dominar las insurrecciones, agrandar los territorios, restaurar por completo el prestigio del poder lusitano.

Llamado a Lisboa, el rey le honró como merecía; pero durante la ausencia (1571), sus sucesores Antonio Noroña y Moniz Barreto, hicieron una gestión desgraciada. en que moral y materialmente, casi se perdió todo lo ganado. Vuelto Ataide a la India en 1578, no pudieron su energía ni su talento contener la ruina del prestigio portugués en Oriente.

Don Sebastián, en tanto, estaba obsesionado con un proyecto de cruzada en África. Se aislaba en el palacio de Cintra, se manifestaba esquivo a toda inclinación amorosa; no se preocupaba de asegurar heredero a la corona; domaba potros, cazaba alimañas en los bosques, emprendía peligrosas excursiones, en frágiles navíos, por las aguas del Tajo; todo con el designio de endurecer su cuerpo para las fatigas de las bélicas jornadas que preparaba en tierra africana.

La oportunidad para su designio se la ofreció un príncipe moro, Muley-Hamet, expulsado del trono de Marruecos por su tío Abdel-Malek. Cuantas reflexiones se le hicieron sobre lo vano del pretexto para meter al país en aventura, que el mismo Felipe II había juzgado peligrosa, fueron inútiles. El regio aventurero de la fe no veía en el moro suplicante más que un instrumento que permitiera realizar por Cristo las proezas soñadas.

Al frente de un ejército donde iba la flor de la juventud del reino, pasó a África (1578), y poco después, no obstante la bizarría de su ejército y el arrojo con que don Sebastián lo acaudilló, fue completamente diezmado en la tórrida llanura de Alcázarquivir. El rey peleó hasta el último momento; se supone que cayó prisionero. Se dice que su paje de armas descubrió el cadáver terriblemente desfigurado. Ello es que su desaparición fue, andando el tiempo, muy explotada y sirvió para combatir la dominación española en Portugal.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 709.

Enrique I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Aviz
Rey de Portugal: 1578-1580
Nacimiento: 1512
Fallecimiento: 1580
Predecesor: Sebastián I
Sucesor: Felipe I [II de España]
Padre: Manuel I
Madre: María de Aragón

Biografía

Sucedió a este desventurado monarca —Sebastián—, su tío el sexagenario cardenal infante don Enrique, que nada hizo ni podía hacer para levantar el espíritu público y contener los estragos del general abatimiento. Portugal caminaba a la muerte, o moría más bien, según la frase de Camoens agonizante. En torno del viejo eclesiástico que ocupaba el trono bullían las intrigas de los pretendientes a la sucesión. Eran los principales Felipe II, nieto de don Manuel por su madre doña Isabel de Portugal; la duquesa de Braganza, hija de don Duarte, y don Antonio, prior de Crato, hijo bastardo de don Luis.

Retrato del rey Enrique I de PortugalRetrato del rey Enrique I de Portugal.

El rey de España era el más poderoso y hábil. Ni la energía ni la prudente astucia ahorró para consumar la gran obra política de reunir a los dos pueblos peninsulares y sus espléndidos Imperios de Ultramar bajo un solo cetro. No tardó en conseguir partidarios de importancia en Portugal, comenzando por el propio regente. Reunidas las Cortes en 1579, acordaron lo que hoy llamaríamos un voto de confianza a don Enrique para escoger el sucesor. Su elección recayó en el rey de España, y volvió a reunir las Cortes en Almeirin (1580) para confirmar la elección. Una inmensa mayoría se inclinaba hacia el omnipotente monarca español, no tanto por temor a su poder, como por evitar la lucha civil entre los pretendientes nacionales. Pero una inflamada protesta de Phebo Moniz contra la sumisión del reino a España, produjo vacilaciones tales en el ánimo del concurso y aun del mismo don Enrique, que quedó la elección en suspenso. El rey se limitó á nombrar cinco gobernadores que le ayudaron a levantar la carga de dirigir los asuntos públicos. Pocos días después falleció don Enrique. A él se debe la fundación de la Universidad de Évora.

Acto seguido el ejército español, al mando del duque de Alba, invadió Portugal. Entonces el patriotismo portugués herido se volvió hacia el Prior de Crato, a quien aclamó rey en Santarem. Pero la fuerza y la diplomacia del Rey Prudente triunfaron fácilmente del prior. Los cinco gobernadores se pronunciaron por el rey de España, mientras el duque de Alba derrotaba a los portugueses y hacía huir primero al pretendiente y expatriarse poco después. Comienza, pues, con la dominación española, un nuevo periodo en la historia de Portugal.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 709.