Carlos I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía: Braganza
Rey de Portugal: 1889-1908
Nacimiento: 1863
Fallecimiento: 1908
Predecesor: Luis I
Sucesor: Manuel II

Biografía

Entre estos los reinados de Luis I y Carlos I surgen incidentes diplomáticos de importancia. Cuando las necesidades de los tiempos obligan transformar los antiguos puntos de parada a todo lo largo del continente africano, de las naves portuguesas que hacían el camino de la India, en posesiones para cuya seguridad era necesario el dominio del correspondiente hinterland, los audaces exploradores que acometieron la empresa se encontraron con los avances que otras naciones poderosas, singularmente Inglaterra, daban en el intento de asegurar a su influencia la explotación del continente negro.

Carlos I de PortugalCarlos I de Portugal

Serpa Pinto, Robero Ivens, Brito Capello, entre otros, emularon con sus misiones científicas en África las glorias de los tiempos antiguos. Uno de los incidentes suscitado con motivo de la posesión de Lourenço Marques fue favorablemente zanjado por el fallo arbitral de Mac-Mahon, presidente de la República francesa; otro ocurrido en 1890, al comenzar su reinado Carlos I, con ocasión de haber fortificado Serpa Pinto algunas plazas del territorio Makalolo, fue liquidado imponiendo Inglaterra a su antigua aliada las más crueles humillaciones.

Esto, unido a la situación de la Hacienda, a la proclamación de la República del Brasil, a los gastos excesivos de la Corona, no voluntarios en gran parte, y a los sentimientos católicos de la reina Amelia, dio auge extraordinario al republicanismo.

No ya contaba este con grandes masas, sino con las primeras capacidades del país, entre otras, Latino Coello, Elías García, Sousa Brandao, Teófilo Braga, Manuel de Arriaga, Magalhães Lima y Teixeira de Queiroz. Era fácil convencer al pueblo de que las humillaciones presentes y futuras no procedían de un abuso de fuerza de los grandes, sino del descrédito e ineptitud de la monarquía. El monarca mostró serenidad y talento en circunstancias tan críticas. Convencido de que el mundo político era una piolheira, de que gran parte de la crítica republicana era fundada, rehusó entrar por caminos de violencia; procuró remozar los partidos turnantes; hizo algunas concesiones a los radicales, cerrando algunas casas religiosas.

Todo fue en vano. Para colmo de contrariedades comenzó a exteriorizarse (1902) el descontento en el ejército y la marina. Por último, como las Cortes habían degenerado en una comedia, como los adelantos hechos a la Corona para gastos que no encubría la mezquina dotación de la lista civil, eran motivo de una feroz campaña de prensa, Carlos I consideró forzoso prescindir del Parlamento y confiar a Juan Franco una dictadura limitada a reorganizar la Hacienda y la Administración y a restaurar el crédito público (1906).

Las severidades de Franco, el corte de Cuentas que hizo para librar al Tesoro real de sus deudas, promovieron agitación intensísima. Las sociedades secretas, muy poderosas, extremaron las propagandas y tramaron el regicidio. Conocedor Franco de la conjura, consiguió desbaratarla, reduciendo a prisión a sus promotores principales, Costa, Monis, Ribeira, Brava, entre otros. No tuvo igual suerte para frustrar el atentado. Este se ejecutó el 1-II-1908 en el sitio denominado Terreiro do Pazo. Murieron casi instantáneamente el rey y el príncipe heredero, y aquella misma noche el Consejo proclamó sucesor del monarca asesinado al hijo menor Manuel II.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 716.