Alfonso V de Portugal

Datos biográficos

Dinastía: Aviz
Rey de Portugal: 1438-1481
Sobrenombre: el Africano
Nacimiento: 1432
Fallecimiento: 1481
Predecesor: Duarte I
Sucesor: Juan II

Biografía

El testamento de don Duarte I reservaba la regencia exclusivamente a la reina madre, la cual, encontrando para su despecho el apoyo de la voluntad del rey, procuró eliminar al hermano de este, don Pedro de la regencia. Aunque al principio encontró apoyo en el conde de Barcellos, hijo bastardo de Juan I, el regente, con el apoyo popular, consiguió prevalecer. La reina tuvo que buscar asilo en Castilla. Entre tanto, don Pedro desenvolvía iniciativas afortunadas, perfeccionaba el puerto de Lisboa, terminaba el Código cuyo plan trazara don Duarte I, depuraba la administración y recogía las glorias de las nuevas expediciones de don Enrique, durante las cuales fue doblado Cabo Blanco, descubierto Río de Oro, explorado el Senegal y las islas de Cabo Verde.

Alfonso V. Rey de Portugal y los Algarves.Alfonso V. Rey de Portugal y los Algarves.

Cumplida la mayor edad, Alfonso V casó con una hija de don Pedro, y expresó de varios modos su gratitud al regente; pero no tardó el conde de Barcellos en apoderarse del ánimo del nuevo monarca y conseguir de este el destierro de tan fiel servidor. Acató don Pedro la orden; mas, temiendo mayores peligros, se retiró y fortificó en sus dominios, dando pretexto a sus enemigos en la corte para inducir al rey para que castigara con las armas tal insolencia. Don Pedro fue declarado traidor, y el ejército real avanzó contra las huestes del ex regente, el cual fue derrotado y muerto en el combate de Alfarrobeira.

Poseído de un espíritu caballeresco y de una profunda fe religiosa, no soñó más que con incorporar a su nombre las glorias de una cruzada. Hizo grandes aprestos belicosos para acudir a Jerusalén y a Constantinopla, caída esta recientemente en poder de los turcos. Batió, con el nombre de cruzados, moneda alegórica de la proyectada empresa. Pero remisa la cristiandad de Occidente en renovar las empresas que comenzara a la voz de Pedro el Ermitaño, el monarca portugués decidió emplear los preparativos en nuevas excursiones contra los moros de allende el Estrecho. Las conquistas de Alcázar (1457), Arcila (1472) y Tánger poco después, le reportaron el sobrenombre de el Africano.

Los frutos de estas victorias los frustró con sus pretensiones a la corona de Castilla en apoyo de los derechos de doña Juana la Beltraneja, con la cual, de acuerdo con Enrique IV el Impotente, había concertado esponsales al quedar viudo de su primera mujer. Duraron cuatro años las guerras que don Alfonso sostuvo con los partidarios de doña Isabel la Católica, proclamada ya reina de Castilla, y se desenlazaron funestamente para los portugueses con la derrota de Toro en 1476. Aun invocó Alfonso V el apoyo de Luis XI de Francia y de Carlos el Temerario, quienes, aunque al principio le hicieron concebir esperanzas, terminaron por reconocer a Isabel de Castilla. Estos fracasos le produjeron gran depresión espiritual, y resolvió abdicar en su hijo Juan II, resuelto por su parte a vivir como religioso en Palestina. Pero mudó rápidamente de propósito y tornó de un modo inesperado a ocupar el trono, que su hijo le cedió sin dificultad.

Entre tanto, los navegantes portugueses seguían coronándose de gloria. En 1441 Nuño Tristao descubre Cabo Blanco, en 1443 las islas de Arguim y en 1445 explora Senegambia. Diniz Díaz y Álvaro Fernández prosiguen en 1446 la exploración de Senegambia y arriban a Sierra Leona. Desde 1446 hasta 1460 Diego Gómez, el veneciano Cadamosto y el genovés Antonio de Nolla, ambos al servicio de Portugal, completan el conocimiento de las Islas de Cabo Verde y el de los ríos y costas del litoral africano ya descubierto. En 1470 Fernando Gómez, Juan de Santarem y Pedro Escobar arriban a las costas de Mina, Denin, Calabar y Gabao, aparte de descubrir las islas de Santo Tomé y Príncipe. En el mismo año Fernando Poo descubre la isla que aún lleva su nombre y la de Annobom.

Persistiendo en tomar desquite de sus derrotas en Castilla, aún intentó, con éxito infeliz, pugnar por los derechos de doña Juana, El tratado de Alcántara (1479) puso fin a estas disensiones. Doña Juana, cuya figura han reivindicado modernos historiadores sacando a luz las nobles condiciones de su carácter, acabó por renunciar al trono y al mundo encerrándose en un claustro. Este ejemplo acaso influyó en el espíritu del regio paladín de la princesa castellana, que formó propósito de renunciar definitivamente al trono. La muerte le sorprendió en 1481, cuando preparaba su abdicación.

Algunos historiadores colocan en este reinado el establecimiento de la trata de negros en las costas del Senegal. Don Enrique el Navegante, a cuyas geniales iniciativas se debieron los descubrimientos que dieron lustre inmarcesible a su patria, murió en 1460, años antes de que esta iniciativa proyectara una sombra sobre la administración de los territorios arrancados por el genio portugués a los misterios del Océano.

Alfonso V tuvo, como dice un escritor contemporáneo, dos pasiones: África y Castilla. Promovió las expediciones marítimas por la ambición de dilatar el imperio portugués; la guerra con Castilla con el designio de reunir en su cabeza las dos coronas. Puso en ambas empresas, como todos los caracteres apasionados, sus cualidades y sus defectos. Caballeroso, hizo la guerra con bravura, combatió con denuedo, batalló con valor. Político inhábil, se dejó burlar por el astuto Luis XI, y no supo vencer a los Reyes Católicos. Su alma de caballero tuvo un carácter épico que lo redime de muchas culpas.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 págs. 706-707.