Alfonso I de Portugal

Datos biográficos

Dinastía : Borgoña
Rey de Portugal: 1139-1185
Sobrenombre: el Conquistador
Nacimiento: 1109
Fallecimiento: 1185
Sucesor: Sancho I
Padre: Enrique de Borgoña
Madre: Teresa
Consorte: Mafalda de Saboya

Biografía

Llamado Alfonso Henríquez el Conquistador. Fue el fundador de la monarquía portuguesa. Era hijo de Enrique de Borgoña, conde de Portugal, y de doña Teresa, hija de Alfonso VI de León. N. en Guimaraes en 1109 y m. en Coimbra en 1185. Siendo aún muy niño sucedió a su padre en el condado bajo la tutela de su madre doña Teresa.

Alfonso I de Portugal.Afonso I de Portugal.

Toda la minoridad del nuevo conde estuvo llena de zozobras con los ataques de los musulmanes, las amenazas de Castilla y los escándalos que la regente daba con sus amoríos con el conde de Trava. Pero en la lucha con los moros se aguerría el ánimo de los portugueses, en los riesgos de absorción se fortificaba el espíritu independiente de la nobleza y el pueblo.

Así es que cuando los devaneos de la condesa se hicieron intolerables fue fácil al hijo, aunque solo contaba diez y ocho años de edad, contar con el apoyo incondicional de los nobles y del pueblo, destituir a la regente y asumir por entero el gobierno de sus Estados. Buscó doña Teresa apoyo en su primo el rey de Castilla, Alfonso VII. Siguen varios años de luchas, logrando el rey castellano asegurarse el vasallaje del conde portugués, del cual se constituyó en garantía Egas Móniz, preceptor que fue de Alfonso Enríquez.

Poco después, en 1139, el soberano portugués obtiene contra cinco reyes moros la gran victoria de Ourique, suceso capital en la historia lusitana. La tradición y la leyenda han magnificado el suceso elevando a cifras fantásticas el número de combatientes. Es positivo, no obstante, que este triunfo valió la corona al afortunado conde. Para regularizar su proclamación se apresuró a convocar una Asamblea de obispos y después Cortes en Lamego. Niegan la celebración de estas Cortes algunos historiadores, las aseguran otros y aun añaden que se celebraron en la iglesia de Santa María.

Don Alfonso se presentó sin los atributos de la realeza, ostentado solo la espada que ciñó en Ourique. Preguntado el concurso si confirmaba la proclamación del ejército respondió unánime y afirmativamente. El arzobispo de Braga puso entonces sobre la frente del vencedor una corona de oro que, según tradición, habían donado los reyes visigodos al monasterio de Lorvao. A las mismas Cortes se atribuye la constitución del nuevo reino.

Por este tiempo (1142) se formalizó en Zamora la paz de Valdévez, pero preocupados ambos monarcas por el peligro mahometano, ni el de Castilla ni el de Portugal pusieron gran empeño en respetar las cláusulas y el condado quedó convertido en reino independiente, no sin que Alfonso Enríquez rindiera homenaje a la Santa Sede, de la cual se declaró vasallo.

Alfonso I de Portugal se consagró resueltamente al ensanche de las fronteras. Sucesivamente ganó a los moros las plazas de Santarem, Cintra y Lisboa que, perdidas y recobradas en tiempos anteriores diversas veces, quedan ahora definitivamente por el cristiano (1147). En Cintra estaba el bello palacio de los Walis moros, la Alhambra portuguesa, hoy convertida en el famoso pazo de Cintra, una de las más hermosas residencias reales y de los más pintorescos sitios del país.

Lisboa quedó por Alfonso I gracias al inesperado auxilio de una flota de cruzados que, al mando del flamenco Aerschot, se dirigía a Jerusalén por vía marítima. Muchos de estos caballeros quedaron en la corte portuguesa y poblaron con sus gentes tierras que el rey les confió. El monarca dedió conmemorar estas victorias con la fundación del monasterio de Alcobaça, cuya primera piedra se puso el 2-II-1148. Parece ser que el rey, al salir a campaña, formuló el voto de donar a la orden del Cister las tierras que abarcabas sus miradas por el lado del mar; y así cumplió su voto de creyente cuando vio coronado por la victoria su esfuerzo de guerrero.

La conquista de Evora por Giraldo Giraldez que permitió la ocupación de Palmella, D´Almada, de Zecimbre y de otras plazas, así como la heroica expedición a Ceuta capitaneada por Fuas Rouphino que, no obstante su resultado adverso, permitió a los portugueses castigar al musulmán en sus propias guaridas africanas, cubren de gloria y de esperanzas los comienzos de la nueva monarquía.

Tuvo por entonces (1171) lugar la invasión de los almohades, y se suscitaron también (1178) las disensiones entre el rey portugués y el rey Fernando II por cuestiones fronterizas en Galicia y Extremadura. La invasión retardó la conquista del Algarve, y las querellas con León se desenlazaron en una guerra donde el portugués pudo perder la vida y buena parte del reino. Benignamente se limitó el rey leonés a asegurar los territorios objeto de litigio. Con mejor suerte volvió Alfonso I sus armas contra los almohades, consiguió que levantaran el sitio de Santarem, defendida por el infante don Sancho y muy estrechada por el moro.

Murió al año siguiente (1185), siendo inhumado en el monasterio de Santa Cruz con muestras de sincera veneración pública. En su época se fundaron las Órdenes religiosas de San Miguel, para perpetuar la toma de Santarem, orden que se extinguió pronto, y la de Avís, que llegó hasta nuestros días y que tuvo por primer gran maestre a don Pedro, hermano del rey.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 46 pág. 702.