TEOBALDO II. Conde de Champaña y de Brie (V). Provins, Champaña (Francia), 6-7.XII.1239 – Trápani (Italia), 4-5.XII.1270. rey de Navarra.

Hijo de Teobaldo I y de Margarita de Borbón, sucedió a su padre en julio de 1253. Como era menor de edad, fue la reina viuda quien negoció su alzamiento con los estamentos de Navarra, ya que las leyes del reino exigían al soberano un juramento de mantener los Fueros y reparar los agravios de sus antecesores. La nobleza y la burguesía creyeron llegado el momento de frenar el autoritarismo monárquico: los ricoshombres e infanzones habían sido relegados políticamente por Teobaldo I y las buenas villas alegaban atropellos no reparados, que se remontaban incluso al reinado de Sancho VI. Al mismo tiempo la regente firmó una alianza con Aragón para contrapesar la amenaza de invasión castellana y un acuerdo con la ciudad de Bayona para asegurar la salida al mar. Teobaldo II fue proclamado rey el 27 de noviembre, tras jurar un compromiso que le colocaba bajo la tutela de un amo y de doce consejeros hasta los veintiún años. En los meses siguientes renovó el acuerdo con Aragón y nombró tribunales de “fuerzas” que fallaron a favor de los demandantes las quejas presentadas por contrafueros.

Pudo entonces marchar a Champaña, dejando como gobernador a un ricohombre navarro, Sancho Fernández de Monteagudo. Pero al llegar a Francia pidió al Papa que le desligara de sus juramentos y se casó con la hija de san Luis. Cuando en 1255 volvió a Navarra, pone en marcha un programa de gobierno personal, inspirado por el rey de Francia: exigió juramentos individuales de fidelidad a los ricoshombres y buenas villas, firmó la paz con Castilla por separado de Aragón, llegó a un acuerdo con el obispo de Pamplona y nombró senescal a un champañés.

A pesar de este giro político, la alta nobleza no dio muestras de inquietud hasta 1264 y las buenas villas apoyaron al rey y contribuyeron con impuestos extraordinarios.

La “cort general” se reunió en 1256 y seguramente también en 1264, para autorizar el monedaje.

Teobaldo II correspondió reforzando el prestigio político y económico de la burguesía. Dio fuero de francos a Tiebas (1264), Torralba (1264), Lanz (1264) y Aguilar de Codés (1269), actualizó el fuero de Estella (1269) y otorgó otros privilegios mercantiles, como la feria anual de Olite (1267). La pequeña nobleza de los infanzones, agrupados en la Junta de Obanos, fue el único estamento que no se doblegó ante el monarca y siguió reuniéndose en la clandestinidad.

Continuando la obra de su padre, el rey mejoró la situación de los campesinos de realengo: fundó una villa nueva cerca de Roncesvalles, El Espinal (1269), confirmó los fueros de sus antecesores a Tafalla (1256), Soracoiz (1264), Valle de Arce (1269) y Murillo de Yerri (1270) y reajustó las pechas de otros núcleos. El convenio con el obispo de Pamplona de 1255 era ventajoso para ambas partes, pero los canónigos protestaron ante el Papa y éste lo anuló. En las relaciones con las órdenes religiosas destacan los privilegios concedidos a Roncesvalles y la fundación de nuevos conventos, de grandimontinos en Estella, de dominicos en Estella, de franciscanos en Sangüesa y de frailes de la Penitencia en Tudela y Pamplona. Asimismo, en 1259 trató de crear una universidad en Tudela y obtuvo del Papa las oportunas licencias, pero el proyecto no prosperó.

Las relaciones de Navarra con los reinos peninsulares en los primeros años del reinado son muy complejas y afectan, además, a Inglaterra y Francia. Navarra, aliada de Inglaterra y Aragón a la muerte de Teobaldo I, termina acercándose a Castilla, después de que este reino haya puesto fin a las hostilidades con Inglaterra y antes de que firme la paz con Aragón. A la amenaza de anexión por parte de Castilla, se oponen las reivindicaciones de Álava y Guipúzcoa. Castilla y Aragón ven en Navarra una baza política, el primer reino frente a Inglaterra y el segundo frente a Castilla, en este caso con las simpatías de la alta nobleza, claramente anticastellana. Después de 1255 el firme apoyo del rey de Francia y el fortalecimiento del poder regio repercuten en el exterior: san Luis impuso la paz con Castilla, su aliada, y estrechó los lazos de Navarra con Inglaterra. La amistad con Castilla y Aragón no se interrumpió y los conflictos fronterizos se resolvieron mediante composiciones amistosas.

En 1265 Teobaldo aceptó los derechos que Simón de Montfort, vasallo del rey inglés, tenía sobre el condado de Bigorra. La consecuencia inevitable fue la guerra con Inglaterra (host de Gascuña) a lo largo de 1266. La base de operaciones fue San Juan de Pie de Puerto. Desde allí los navarros, con el rey al frente, llegaron hasta Lourdes. En diciembre, por mediación de san Luis, se firmó una tregua que dejaba el castillo de Lourdes en manos del monarca navarro. La paz se renovó en 1269, pero el pleito sobre Bigorra se desvió al Parlamento de París, donde se falló en 1291 a favor de Felipe IV, rey de Francia y Navarra. La intervención en la cruzada de Túnez de 1270 es consecuencia de los vínculos de vasallaje y parentesco con san Luis, que fue su promotor. Tuvo escasa repercusión en el reino, pero proporcionó a Teobaldo II un gran prestigio. Para la empresa, el Papa concedió al rey el rediezmo o décima parte de los diezmos eclesiásticos.

La expedición, que partió de Francia, pretendía cortar los suministros que los musulmanes de Túnez enviaban al sultán de Egipto. San Luis quería, además, convertir al emir. Ninguno de estos objetivos se logró. La campaña duró cuatro meses, durante los cuales los cristianos únicamente tomaron la fortaleza de Cartago. Se retiraron cuando el rey de Francia ya había muerto a consecuencia de la peste y Teobaldo estaba gravemente enfermo. También se documenta en este reinado la última proyección de la tradicional presencia ultramarina de la casa de Champaña.

En 1259 se registra el paso por Navarra de María de Brienne, esposa de Balduino II, emperador latino de Constantinopla, y en 1266 de su hijo Felipe. No es posible saber si ambos obtuvieron algún socorro de Teobaldo II para sostener su causa en Oriente, pero en 1269 el propio Balduino negoció el apoyo del rey de Navarra, ofreciéndole a cambio la cuarta parte de su perdido reino y de las tierras que se pudieran reconquistar.

Teobaldo aceptó el acuerdo y prestó homenaje ligio al Emperador, pero la donación quedó sin efecto porque el imperio no se recuperó. Como conde de Champaña, Teobaldo (V) siguió la política de su padre, tendiendo a extender su influencia a los señoríos vecinos. Así en 1258 tomó bajo su protección al monasterio de Luxeuil, lo que motivó un conflicto con los condes de Borgoña y Bar. En 1267 tuvo que enfrentarse nuevamente al conde de Bar que se había apoderado de la castellanía de Ligny, vasalla de Champaña. San Luis decidió que los condes de Luxemburgo, que eran sus propietarios, escogieran un nuevo señor, y el elegido fue otra vez el conde champañés. En este conflicto apoyaron la causa del monarca su amigo Regnaud de Bar, y su cuñado, el duque Federico de Lorena, el magnate más próximo a Teobaldo que estuvo en Navarra en 1259 y 1264.

En el terreno institucional y administrativo, el reinado se caracteriza por la continuidad y consolidación de las reformas iniciadas por Teobaldo I. La alta nobleza, marginada en las decisiones políticas, fue compensada por el rey con rentas de la Corona, incrementadas en 1266 con ocasión de la guerra de Gascuña. Debió de seguir ocupando algunos puestos en el consejo real, pero bajo la suprema dirección de un senescal champañés. Ejercieron este cargo Geoffroy o Joffre de Bourlemont (1255-1257) y Clemente de Launay (1258-1269). El puesto de tesorero lo desempeñan colegiadamente un navarro, Miguel de Undiano, burgués de San Nicolás de Pamplona, y un champañés, Creste de Sezanne, hijo del tesorero de Teobaldo I. El canciller honorario fue el obispo de Calahorra y el vicecanciller efectivo Pedro Jiménez de Roncesvalles, asistido por notarios-clérigos.

Los usos diplomáticos se adaptaron a los modelos franceses: surge un nuevo tipo de documento, la carta, y se introduce el estilo de datación de Pascua. El romance es la lengua escrita de la cancillería y el latín se reserva para textos de destinatario eclesiástico y los acuerdos internacionales. Dentro de la Corte se documentan otros oficios, como el de botellero y limosnero, tomados del palacio francés. Aparecen claramente definidas las merindades o distritos de Tudela, Estella, Montañas (Pamplona) y Sangüesa, más la tierra de Ultrapuertos. La administración de justicia está también comarcalizada. Del alcalde ordinario se apela al alcalde de mercado, atestiguado al menos en Estella y Pamplona. La cort o tribunal del rey, con el alcalde mayor de Pamplona, es la última instancia para los francos y la primera para los nobles. La contabilidad escrita está perfectamente desarrollada. Mediante las cuentas de 1266 (Registro de Comptos, 1), las primeras que se conservan íntegras, es posible conocer con detalle los mecanismos administrativos y hacer un balance de ingresos y gastos del reino: la persona del rey y su gestión política suponen el 59,56 por ciento de los desembolsos, la administración militar el 33,87 por ciento y la burocracia civil el 6,57 por ciento.

El presupuesto de este año fue altamente deficitario por la guerra de Gascuña, pese a las ayudas y préstamos pedidos por la Corona, que ascendieron a 619.502 sueldos. A través de los ingresos del monedaje, solicitado en 1264 y recaudado entre 1265 y 1266, se puede calcular la población de Navarra en unos 150.000 habitantes, el óptimo demográfico de toda la Edad Media. Tudela es el núcleo más poblado con unos 1.500 fuegos, seguido de Pamplona con 1.300, Estella con 1.150 y Olite con 1.100. A través del mismo registro, cabe estimar el potencial militar del reino en 457 caballeros combatientes y 67 castillos, tres torres y cuatro cuevas fortificadas como aparato defensivo.

En el marco de las representaciones del poder, se advierte un claro propósito de dotar a la Monarquía navarra de ritos sacralizadores de inspiración francesa, como la coronación y unción, quizá con intención de reemplazar al tradicional alzamiento sobre el pavés.

No parece, sin embargo, que estas ceremonias se aplicaran hasta el siglo XIV, seguramente porque suponían una negación implícita de la realeza pactista.

Del mismo modo se perfila en este reinado el primer emblema heráldico de Navarra. Partiendo de la bloca o armazón del escudo en triángulo curvilíneo, procedente del sello ecuestre de Teobaldo I, Teobaldo II fija las armas con la bloca ocupando la parte derecha del blasón, mientras que en la izquierda figuran las bandas con cotizas de Champaña.

A lo largo de su reinado Teobaldo viajó seis veces a Champaña y permaneció allí durante aproximadamente 155 meses de los 17 años y medio que duró su mandato, sin incluir los cinco meses que el rey pasó en la cruzada. En Navarra, donde residió unos cincuenta meses, las sedes preferidas fueron Estella y Olite, seguidas de Pamplona y Tudela. A causa de los litigios sobre el señorío de Pamplona y las hostilidades entre los burgos de la ciudad, el monarca proyectó un centro administrativo en Tiebas. Después de enfranquecer a la población, que quizá debía su nombre al mismo rey, edificó un castillo-palacio y centralizó allí los archivos y la tesorería. En Champaña las residencias predilelista fueron Troyes y, sobre todo, Provins, a cuyas casas religiosas favoreció especialmente. Al menos en doce ocasiones está documentada su presencia en la Corte de san Luis, tomando parte en acontecimientos familiares o interviniendo en asuntos feudales.

Como conde de Champaña ocupaba un lugar destacado entre los barones franceses, pero además les precedía en dignidad por su título de rey de Navarra.

Teobaldo, que se había casado en 1255 con Isabel de Francia, no tuvo descendencia legítima. Su única hija bastarda, Juana, profesó en las clarisas de Santa Engracia de Pamplona. Cuando en diciembre de 1270 el rey murió en Trápani al regreso de la cruzada, le sucedió su único hermano varón, Enrique, gobernador de Navarra en su ausencia. El cuerpo del monarca se enterró en las clarisas de Provins y su corazón en la iglesia de los dominicos de la misma ciudad. Destruido el sepulcro durante la Revolución Francesa, sólo subsiste hoy el monumento de piedra que encerraba el corazón, depositado en el convento de Clarisas. Teobaldo redactó un testamento francés antes de partir a la cruzada y otro en Túnez, relativo a legados piadosos en Navarra, que aún no se había ejecutado en 1280. Con todo, los aniversarios fundados por el rey se siguieron celebrando hasta el siglo XV.

Los historiadores franceses elogian su prudencia, piedad y arrojo en la cruzada. Los navarros destacan su generosidad, buen juicio y afán conciliador en las relaciones con la iglesia de Pamplona. Menos conocido en Francia que Teobaldo I, reputado trovador, tuvo un temperamento más estable que éste, aunque se mostró totalmente sumiso a su suegro y soberano Luis IX. Continuando la obra paterna, Teobaldo II reforzó la autoridad real y la adaptó hábilmente a las tradiciones de Navarra. Sus reformas de los resortes administrativos y la proyección exterior dieron a la Monarquía un carácter “europeo”. Este sistema presentaba como aspectos positivos la administración racional y eficaz, el prestigio internacional y el dinamismo económico, y como resultados desfavorables el autoritarismo monárquico, las ausencias prolongadas del rey en sus señoríos franceses y el desequilibrio producido en las fuerzas sociales que condujo a una inquietud estamental, endémica durante casi un siglo.

GARCÍA ARANCÓN, María Raquel, «Teobaldo II», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 8603/teobaldo-ii)