Sancho VI de Navarra

Datos biográficos

Rey de Navarra: 1150-1194
Sobrenombre: El Sabio
Fallecimiento: 1194
Predecesor: García V Ramírez
Sucesor: Sancho VII
Dinastía: Jimena
Padre: García V Ramírez
Madre: Margarita de L'Aigle
Consorte: Sancha de Castilla

Rey de Navarra 1150-1194. Hijo de García V Ramírez el Restaurador y de doña Margarita. Caracterizan el reinado de Sancho el Sabio las luchas de navarros y castellanos por la posesión de la Rioja, la labor repobladora en tierras de Álava y Guipúzcoa, la fundación de cenobios cistercienses y, sobre todo, la labor legislativa y de buena administración; con él hace su aparición el título de rey de Navarra frente al de rey de Pamplona, etcétera, en los diplomas reales. Los primeros pasos de Sancho el Sabio fueron muy difíciles: quedó completamente desamparado, pues no acudieron a socorrerle ni los burgueses de su reino ni los caballeros de sus tierras. Se unía a ello la natural enemiga de los aragoneses, que estaban dispuestos a continuar las antiguas contiendas.

Sancho VI el Sabio.Miniatura del rey Sancho.

A principios de 1151, por el tratado de Tudillén, Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, aparentando ignorar la existencia del nuevo monarca pamplonés, o tal vez porque este no se hubiese apresurado a reconocer la autoridad imperial del castellano, acordaron por el tratado de Carrión, repartirse el reino de Navarra. Sancho el sabio, para conjurar tal amenaza, se puso de acuerdo con Alfonso VII sobre la cuestión del vasallaje y facilitó la celebración del matrimonio de Sancho III el Deseado con Blanca de Navarra pactado años antes. Pero las medidas del monarca pamplonés solo sirvieron para dilatar un tanto los designios de los castellanos y aragoneses, que seguidamente continuaron la lucha hasta que a mediados de 1153, Sancho el Sabio y Alfonso VII firmaron en Soria la paz, que se afianzó con los desposorios de doña Sancha, hija del emperador con el rey navarro, que fue armado caballero por su futuro suegro.

Las paces de Soria pusieron en manos de Alfonso VII una serie de poblaciones emplazadas en el centro de Navarra, que dependieron de Sancho III el Deseado y constituyeron motivo de discordia entre navarros y castellanos en los años siguientes. Así, en 1156, los pamploneses se dispusieron a terminar con las posesiones castellanas en Artajona, mientras sus antiguos rivales se coaligaban contra ellos, pero no pudieron realizar sus designios, y Sancho el Sabio inició gestiones de paz, la cual se afianzó con el matrimonio del rey navarro con doña Sancha, la hija del emperador (1157), a costa de reconocer la presencia castellana en Artajona, mientras seguían las luchas navarro-aragonesas.

Muerto Alfonso VII el Emperador, Sancho el Sabio se apresuró a reconocer, en Soria, su vasallaje ante Sancho III el Deseado. pero al año siguiente (1158), el castellano abandonaba sus dominios navarros, pasando Artajona y las restantes villas prácticamente a la corona de Sancho el Sabio, terminando con ello el vasallaje de Navarra a Castilla, que había comenzado poco después de la exaltación de García V Ramírez el Restaurador al trono.

Las luchas entre navarros y aragoneses todavía continuaron varios años, hasta que muerto Ramón Berenguer IV (1126), Sancho el Sabio y Alfonso II de Aragón hicieron la paz —antes de marzo de 1163—, quizá conseguida por la presión de Fernando II de León, que en octubre de 1162 había firmado un acuerdo en Ágreda con el aragonés

Sancho el Sabio, aprovechando la turbulenta minoría de Alfonso VIII de Castilla, entró por la Rioja (primavera de 1160) y ocupó Logroño, llegando en sus correrías hasta cerca de los montes de Oca, antigua frontera navarro-castellana. Alfonso VIII tuvo que reconocer este estado de cosas y firmar posteriormente (octubre de 1167) unas treguas con el rey de Navarra, acordando observarlas durante diez años.

Al año siguiente (1168), Sancho el Sabio y Alfonso II de Aragón firmaron el tratado de San Adrián de Sangüesa, acordando la división de las tierras que se conquistasen al rey Lobo de Murcia, que ya había sido atacado por el navarro años antes (1161). Este tratado justifica la presencia de contingentes navarros por tierras de Albarracín, constituido en señorío de don Pedro Ruiz de Azagra. Alfonso VIII de Castilla, reivindicando sus derechos sobre la Rioja, conquistó una serie de poblaciones navarras (Grañón, Artajona, etc., en 1173), llegando hasta la misma capital del reino, Pamplona (1173), para cobrar Leguín seguidamente.

Castellanos y navarros decidieron acabar sus discordias pacíficamente, y en agosto de 1176 firmaron, entre Nájera y Logroño, una concordia para someter sus querellas al arbitrio del rey de Inglaterra, Enrique II; este falló seguidamente, ordenando la entrega de la Rioja a los castellanos, bajo determinadas condiciones, especificadas en el pacto de abril de 1179, firmado también entre Nájera y Logroño. A partir de este momento Sancho el Sabio se dedica a repoblar y fortificar las tierras de Álava y Guipúzcoa, concediendo abundantes fueros (Vitoria, San Sebastián, etcétera).

Algunos años más tarde, vemos una reversión de alianzas y Sancho el Sabio y Alfonso II de Aragón firman un tratado en Borja (1190) contra el rey de Castilla, Alfonso VIII, aunque este tratado tiene más bien un carácter defensivo que ofensivo.

Sancho el Sabio murió el día 27-VI-1194.

En 1153 se había desposado con doña Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla y de su esposa doña Berenguela; la boda se celebró el año 1157. De este matrimonio nacieron: Sancho el Fuerte, sucesor en el trono de Navarra; don Fernando, que murió en Tudela (1207); don Ramiro, que fue obispo de Pamplona (1220-1229); doña Berenguela, casada (1191) con Ricardo I Corazón de León, rey de Inglaterra; doña Constancia, que murió soltera; doña Blanca, esposa de Teobaldo, conde latino de Champagne y Brie, y madre de Teobaldo I, sucesor de Sancho el Fuerte en el trono de Navarra.

UBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 580-582.