LEONOR de Navarra. Condesa de Foix. ?, 31.I.1426 – ?, 12.II.1479. Reina de Navarra.

Hija menor de Juan II y Blanca, reyes de Navarra, apenas sobrevivió quince días a su padre, de forma que su reinado fue, en realidad, muy breve. Mucho más larga resultó la complicada lugartenencia que le tocó ejercer desde su designación —junto a su esposo— en 1455 hasta la muerte del Rey en 1479, en medio de la guerra civil entre agramonteses y beaumonteses y en vida, originalmente, de sus dos hermanos mayores, el príncipe Carlos de Viana y la infanta Blanca, primera esposa de Enrique IV de Castilla cuando éste era aún príncipe de Asturias.

Leonor había nacido seguramente en Navarra y en 1434 se había concertado su matrimonio con Gastón, primogénito del conde Juan I de Foix; para entonces ya se había pactado el de su hermana mayor, Blanca II, con el heredero castellano y no se había negociado aún el de su hermano Carlos con Inés de Cléves. El enlace de la menor de los hermanos no se celebró hasta 1441, alcanzada la mayoría de edad, momento a partir del cual la pareja se instaló en el Bearne; en esa fecha el joven era ya conde de Foix con el nombre de Gastón IV, tras la muerte de su padre en 1436.

Tras un acercamiento inicial hacia el príncipe de Viana, que desde 1441 ejercía la lugartenencia de Navarra en nombre de Juan II, los condes de Foix, se aproximaron al monarca navarro a partir de 1444, cuando arreciaba la última fase de la Guerra de los Cien Años, donde Gastón IV, lugarteniente del rey de Francia en el Languedoc, intervino activamente recuperando Guyena. Tanto la cercanía de los condes a Juan II desde 1444, como el desarrollo de la guerra aquitana, donde el linaje navarro de los Beaumont —cabecillas del bando del príncipe de Viana a partir de 1450— capitaneaba a su vez la defensa inglesa de la zona —a causa de diversos compromisos vasalláticos de larga trayectoria familiar—, reforzó la proximidad entre Juan II y su hija pequeña. Conviene tener en cuenta en este sentido que la hermana mayor de Leonor, Blanca II, estaba casada con Enrique de Castilla, también aliado del príncipe de Viana.

Esta confluencia de intereses y desencuentros explica, a pesar de la posible desconfianza inicial del rey de Francia, que en 1455 Juan II decidiera desheredar a sus hijos Carlos y Blanca a favor de Leonor de Foix. El acuerdo firmado entre las partes en Barcelona (3 de diciembre), ratificado por las Cortes del reino en febrero siguiente —aunque sólo acudió la facción agramontesa—, anulaba todos los derechos sucesorios de los dos hermanos mayores y, junto a la herencia navarra, encomendaba a los condes de Foix la obligación de intervenir en la guerra civil de Navarra en contra de los beaumonteses. El conde de Foix quedaba encargado, además, de obtener la autorización de su señor, el rey de Francia, ante el que también Juan II realizó gestiones; en abril Carlos VII otorgaba su beneplácito. Culminado con éxito todo el proceso diplomático, en el verano de 1456 se inició la intervención armada desde el condado de Foix, con Gastón IV a la cabeza.

A pesar del recrudecimiento de la guerra y de las posteriores concordias entre Juan II y su hijo, el príncipe de Viana, Leonor no abandonó ya nunca la lugartenencia, que después, tras la muerte del príncipe en 1461, ya sólo podía amenazar su hermana Blanca, repudiada por Enrique IV de Castilla y asentada de nuevo en Navarra. Trasladada a la fuerza al Bearne, Blanca murió en Lescar en diciembre de 1464, de una manera inesperada, que la historiografía siempre ha calificado como oscura, aunque no hay datos veraces sobre la misma. A partir de ese momento no había ya obstáculo legal alguno para el controvertido régimen sucesorio y lugartenencia; los condes de Foix habían pactado poco antes, con el asentimiento de Juan II —que con ello reafirmaba sus pactos con Francia—, el matrimonio de su heredero, Gastón, con Magdalena, hermana del rey Luis XI de Valois.

El complejo equilibrio que a partir de estas fechas tuvo que mantener Juan II entre sus intereses castellanos y aragoneses —en particular los del principado de Cataluña—, y la alianza francesa, avivó una difícil lugartenencia en Navarra, donde fue el condestable del reino, Pierres de Peralta, quien tuvo la verdadera confianza regia. Las desavenencias con Leonor y con su marido obligaron a un nuevo acuerdo (1467) que definiera una vez más la situación, ratificando la lugartenencia en vida del Rey y la sucesión a su muerte; sin embargo, los progresivos desencuentros, la crispación de las facciones navarras y el propio asesinato del obispo de Pamplona por elementos vinculados a Pierres de Peralta, desembocaron en la destitución de los propios condes de Foix por parte de Juan II (11 de diciembre de 1469), que nombró lugarteniente y nuevo heredero al hijo de ambos, Gastón, casado con Magdalena de Valois. Conocido con frecuencia como “príncipe de Viana”, Gastón no se atrevió a cruzar el Pirineo y sus padres continuaron ejerciendo la lugartenencia como si no se hubiera producido el relevo y en medio de una mayor crispación, hasta que la repentina muerte del hijo (23 de noviembre de 1470), dejando dos hijos pequeños, Francisco Febo y Catalina, facilitó un nuevo acuerdo entre Juan II y su hija Leonor (Tratado de Olite, 30 de mayo de 1471).

Leonor se había refugiado en el apoyo de la facción beaumontesa, enemigos irreconciliables de Pierres de Peralta, el hombre de confianza de Juan II; sin embargo, la aproximación de éstos a Fernando el Católico la dejó luego sin un apoyo esencial. Su soledad se vio agravada con la muerte del conde de Foix en el Bearne (10 de julio de 1472), que además separó temporalmente los dominios y los intereses franceses de los navarros, ya que con su muerte se abría allí la sucesión que recayó, no sin conflictos, en el nieto de ambos, Francisco Febo, heredero del primogénito difunto, Gastón, y de Magdalena de Valois. Leonor, heredera propietaria de Navarra, siguió sola al frente de una cada vez más compleja lugartenencia; desde 1476 Juan II y Fernando establecieron una especie de “protectorado” sobre Navarra con el acuerdo de las facciones, destinado a neutralizar allí la influencia francesa.

Aunque se reconocía expresamente su lugartenencia y condición de heredera, la situación colocaba a Leonor frente a su padre y a su hermanastro, y acabó buscando el apoyo de sus anteriores adversarios, los agramonteses, y del propio Pierres de Peralta (1478).

Juan II murió a principios de 1479 y Leonor se convirtió efectivamente en reina de Navarra, recibiendo el juramento de las Cortes del reino; su reinado apenas duró, sin embargo, unos quince días, pues murió en febrero, dejando la Corona para su nieto Francisco Febo, conde de Foix, que aún seguía a cargo de la madre, Magdalena de Valois.

Leonor y Gastón IV tuvieron una numerosa prole, donde destacó, aparte del primogénito Gastón, fallecido prematuramente, el segundogénito, Juan, vizconde de Narbona, casado en 1476 con María de Orleans, quien reclamó los derechos sucesorios sobre todos los estados de la casa, como hijo mayor vivo a la muerte de sus padres. El pleito con la rama menor de los Foix fue desde entonces una de las principales vías de presión francesa sobre los últimos reyes privativos de Navarra.

RAMÍREZ VAQUERO, Eloísa, «Leonor I», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 15734/leonor-de-navarra)