JAIME III de Mallorca. El Desdichado. Catania, Sicilia (Italia), 1315 – Llucmajor, Mallorca (Islas Baleares), 1349. Rey de Mallorca (1324-1343).

Hijo del infante Fernando y de Isabel de Sabrán. Desde su nacimiento, todos los presagios anunciaban un futuro oscuro, muy lejos de su destino futuro como Rey. Poco tiempo después de nacer fallecía su madre, por lo que el infante Fernando decidió enviarlo a Perpiñán, donde residía la Familia Real de Mallorca. Al año siguiente, falleció el infante Fernando en combate, al intentar recuperar el territorio de Morea. En poco tiempo el infante Jaime había quedado huérfano de padres, pero no huérfano de familia.

Su llegada a Perpiñán —transportado por el cronista Ramón Muntaner, que ha legado un pormenorizado relato de la operación— determinó una explosión de sentimientos contradictorios. Para la reina madre Esclaramunda, viuda de Jaime II, la llegada del nieto, el pequeño Jaime, simbolizaba la reconciliación del hijo, del infante Fernando, que tantos problemas había tenido con su padre Jaime II. Para el rey Sancho, que no había obtenido descendencia de su matrimonio con María de Nápoles, suponía una esperanza, única aunque incierta, de sucesión, de continuidad de la dinastía.

Para su esposa María, la evidencia de una frustración después de diez años de matrimonio.

La prematura muerte de Sancho, en 1324, determinó que la Corona de Mallorca recayera en un niño de apenas nueve años, por lo que se imponía un consejo de regencia y el nombramiento de un tutor. Estas circunstancias determinaban una coyuntura de debilidad en la dirección política del reino.

Jaime II de Aragón renovó inmediatamente su reivindicación de la Corona de Mallorca, ya planteada en 1318, pero en realidad más que la incorporación, pretendía situarse en una posición de ventaja para negociar el tema del préstamo para la armada de Cerdeña.

Los términos estaban claros: Jaime II aceptaba a Jaime III como rey de Mallorca a cambio de la condonación del préstamo mencionado. Dado que los reyes de Mallorca eran vasallos de los reyes de Aragón, desde 1279, el reino insular seguía en la órbita de dependencia y el futuro podía presentar nuevas oportunidades de incorporación. Para el recién nombrado tutor, el infante Felipe, el precio solicitado por el Rey de Aragón era elevado, pero insoslayable.

A partir de 1325 se estabiliza la situación con la Corona de Aragón, aunque los territorios de la Corona de Mallorca tuvieron que enfrentarse a la resolución del problema financiero derivado de la condonación de la deuda. La tutoría del infante Felipe se prolongó hasta 1335, aunque desde 1329 hubo una participación cada vez más activa de Jaime III en las tareas de gobierno: en 1329 prestaba vasallaje al rey de Aragón, al año siguiente intervenía en las negociaciones de una armada para la guerra de Génova y en 1333 juraba los privilegios del reino de Mallorca.

Los inicios del gobierno de Jaime III no pudieron ser más desfavorables, la guerra con Génova (1330-1336) y la de los benimerines tocaban un aspecto estratégico de la economía insular, las redes comerciales tejidas por agentes insulares con la república ligur, con el reino de Granada y con Marruecos. Jaime III se alineó con la Corona de Aragón en la guerra con Génova, pese al grave deterioro de su comercio mediterráneo y atlántico, pero en la cuestión benimerín, intentando esta vez salvaguardar los intereses mercantiles locales, mantuvo la neutralidad. En realidad, dicha neutralidad estaba conectada a una línea estratégica de favorecer la recuperación de las posiciones mercantiles insulares en los Países Bajos e Inglaterra.

El problema era que el posicionamiento de Jaime III a favor de Inglaterra se producía en el contexto del inicio de la Guerra de los Cien Años, y, por consiguiente, dicha aproximación lo enfrentaba al rey de Francia, del cual era vasallo por la posesión de Montpellier.

La combinación de los factores indicados determinó una situación insostenible para Jaime III. Enfrentado al rey de Aragón por negarle el concurso solicitado contra los benimerines, enfrentado al rey de Castilla por sospechar que las naves insulares trabajaban a favor de los norteafricanos, enfrentado finalmente al rey de Francia por su aproximación al rey de Inglaterra.

Ante las reacciones producidas, el rey de Mallorca tuvo que dar marcha atrás: regresó a la alianza francesa y envió una escuadra de vigilancia al estrecho de Gibraltar.

Pero ya era tarde. El rey de Aragón, Pedro el Ceremonioso, había decidido ya incorporar la Corona de Mallorca. Tras un primer intento, en 1339, en 1341 decidió abrir un proceso judicial contra su cuñado Jaime III. En febrero de 1343 se pronunciaba la sentencia: condena a la confiscación de bienes.

En mayo de 1343, un ejército integrado por tropas feudales y almogávares, transportado en la flota de guerra que había realizado la vigilancia del estrecho de Gibraltar, consiguió en pocos días la capitulación de Mallorca y del resto del archipiélago. A su regreso a Barcelona, el rey de Aragón inició la ocupación de los condados continentales de la Corona de Mallorca y, después de una tregua, ocupó Perpiñán en julio de 1345.

Jaime III solo conservó la ciudad de Montpellier y las pequeñas baronías de Carladés y Omeladés. Desde estos enclaves promovió hostilidades contra el Rosellón y una guerra de corso contra las Baleares. Poco después, a la vista de los informes que le llegaban de la situación del reino de Mallorca, programó su reocupación.

El problema era la financiación de la empresa.

Entró, entonces, en negociaciones con el rey de Francia, Felipe VI, para la venta de la mayor parte de sus derechos sobre Montpellier. Tras llegar a un acuerdo, que contemplaba el pago en varios plazos, en 1349 Jaime III programó la invasión de Mallorca.

Mientras tanto en Mallorca se vivía bajo las secuelas de la represión y exilio de los partidarios de Jaime III y de la peste negra. Para evitar cualquier tipo de apoyo, toda la población de la isla y alimentos fueron concentrados en su capital y en la villa de Inca. Jaime III planeó la operación de desembarco en la bahía de Pollensa, alejada de la ciudad, en lugar de dirigirse a esta y ponerle asedio. Ante la falta de apoyos, el ejército de Jaime III dependía de sí mismo; ante esta situación, las tropas realizaron un avance hacia la capital, pero a mitad de camino se encontraron con las tropas dirigidas por el gobernador Gilabert de Centelles. En una llanada cercana a la villa de Llucmajor se dio la batalla, en la que Jaime III resultó muerto y su hijo Jaime gravemente herido. Para evitar movimientos de adhesión o culto, Pedro el Ceremonioso ordenó el traslado del cadáver a Valencia.

Jaime III estuvo casado con Constanza de Aragón, hermana de Pedro el Ceremonioso; del matrimonio, celebrado en 1336, nacieron dos hijos: el mencionado Jaime e Isabel. En 1347, Jaime III celebró un nuevo matrimonio con Violante de Vilaragut, de la que tuvo una hija llamada Esclaramunda.

De su época caben destacar dos iniciativas significativas: la creación del Consulado del Mar, en 1326, concebido inicialmente como un órgano de arbitraje, y la obra Leges Palatinae, donde estructura los servicios domésticos y de la Corte y los órganos políticos de la Monarquía.

CATEURA BENNÀSSER, Pau, «Jaime III», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias /13186/jaime-iii-de-mallorca