Ramiro II de León

Datos biográficos

Dinastía: Astur-Leonesa
Rey de León: 931-951
Sobrenombre: el Grande
Fallecimiento: 951
Predecesor: Alfonso IV
Sucesor: Ordoño III

Biografía

Ramiro II, según una miniatura del Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela.Ramiro II, según una miniatura del Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela.

Hijo de Ordoño II de León (914-924) y de la dama gallega Elvira Menéndez, y hermano de Alfonso IV el Monje de León (926-931) y de Sancho Ordóñez de Galicia (925-929). La primera noticia que se tiene sobre Ramiro hace referencia al apoyo que prestó a sus dos hermanos en la contienda civil que les enfrentó a sus primos, los hijos de su tío Fruela II de León (924-925), encabezados por el primogénito, Alfonso Froilaz (925-926), por los derechos dinásticos de la Corona leonesa.

Fue precisamente esa ayuda, materializada en el apoyo que consiguió de distintos magnates gallegos —el mismo estaba casado, al igual que su padre con una dama gallega, Adosinda Gutiérrez—, la que le reportó, una vez que Alfonso IV hubo apartado a Alfonso Froilaz del poder, el gobierno autónomo de la provincia portuguesa que se extendía entre los ríos Miño y Mondego. En 931, Alfonso IV abdicó en Ramiro antes de retirarse al monasterio de Sahagún (León); no obstante, meses después, en verano de 932, se desdijo de su decisión y, aprovechando que Ramiro se encontraba preparando una expedición en ayuda de Toledo, sitiada por aquel entonces por el califa Abderramán III(929-961), reclamó de nuevo la potestas regia en Simancas.

Ramiro se encaminó entonces a la capital del reino en busca de su hermano, al que prendió finalmente en algún lugar de Castilla, seguramente con la ayuda de Fernán González, futuro conde de Castilla (932-975) y por entonces únicamente conde de Lara, quien también le ayudó camino de Asturias, donde, con la intención de acabar con toda oposición a su mandato, hizo lo propio con Alfonso Froilaz y sus hermanos, que todavía mantenían cierta independencia en aquellas tierras. Una vez hubo reunido a todos ellos en León, mandó cegarles los ojos antes de encerrarlos en el monasterio de Ruiforco (Garrafe de Torió, León).

El reinado de Ramiro II significó el periodo de mayor esplendor, tanto político como militar, del reino de León, pero también, por causas diversas, pero entrelazadas, el inicio de su decadencia. Una vez consolidado su poder en los territorios de León, prosiguió la alianza con Navarra propugnada por su padre al casar (h. 932-934), en segundas nupcias y tras repudiar a Adosinda, con Urraca Sánchez, hija se Sancho I Garcés de Navarra (905-925) y la poderosa reina madre Toda.

Así mismo se aseguró por un tiempo el importante apoyo de Fernán González, a quien intituló conde de Álava, Burgos, Lantarón y Cerezo —y, por tanto, conde primero de Castilla (932)—. Afianzado con esas alianzas, el cinturón defensivo cristiano, diseñó una firme política ofensiva frente al mundo musulmán del S. de la Península, reforzado, así mismo, tras años de lucha intestinas, con la entronización como califa de Abderramán III.

Ya en 932 lanzó una expedición de castigo contra la fortaleza de Madrid, aunque no pudo evitar la entrada del califa en la rebelde Toledo. En 933, Ramiro II y Fernán González derrotaron una aceifa enviada por Abderramán III en las cercanías del castillo de Osma (Soria), aunque al año siguiente, a pesar de que lograron resistir el asedio de la misma fortaleza, rehuyendo el combate a campo abierto, no pudieron evitar que una nueva expedición andalusí devastara las tierras de Álava, la Bureba, Burgos y San Pedro de Cardeña.

Tal vez por ello, Ramiro II decidió atraerse al poderoso gobernador Tuyibí de Zaragoza, Abu Yahya Muhammad —el Abohaia de las crónicas cristianas—, con quien concluyó un pacto de ayuda mutua después de que aquél se declarara vasallo del de León; no obstante, tras la expedición leonesa por tierras lusitanas (saqueo de Lisboa, 937), Abohaia retornó, al menos de forma nominal, a la fidelidad cordobesa, después de que una expedición andalusí tomara Calatayud y la misma Zaragoza (937).

El año 939 fue sin duda, el momento de mayor éxito de su reinado, y una fecha clave en la alanza de poder entre cristianos y musulmanes. Abderramán III, convencido de su propia fortaleza, diseño para aquel verano una campaña bautizada por sus contemporáneos como la gazwat al qudra, o campaña de la omnipotencia que pretendía ser decisiva para frenar la expansión cristiana; con este propósito reunió un ejército de unos cien mil hombres que en el mes de agosto llegó a las proximidades de Simancas, foco repoblador leonés de la margen izquierda del medio Duero, donde se encontraba el grueso del ejército leonés.

Esta vez Ramiro II, reforzado por tropas castellanas y, seguramente, navarras, no rehuyó el combate en campo abierto (6-VIII); su victoria, refrendada días después en Alhandega (¿actual provincia de Guadalajara?), (¿valle del Tormes?), fue total y significó el afianzamiento de la línea defensiva del Duero y el primer avance repoblador cristiano en tierras de la extrema Durii castellana; poco después restauró algunas villas del valle medio y bajo del Tormes (Salamanca, Ledesma, Peña Ausende, Los Baños, Ribas), mientras Fernán González se decidía a restaurar la antigua fortaleza romana de Sepúlveda, en el piededemonte central segoviano.

Pero Simancas también supuso el inicio de la inflexión de su poder interno. Las recurrentes tendencias separatistas de buena parte de la nobleza, en especial la de los territorios periféricos del reino, iban a encontrar en Fernán González la prueba tangible de su realidad. Encumbrado, forzado por motivos militares, por el propio Ramiro II, el conde de Castilla se iba a sentir lo suficientemente independiente como para rebelarse tácitamente contra su señor (943), sentando así las bases para la independencia de su condado, que se hizo efectiva a la muerte de Ramiro II.

El monarca leonés logró a tajar la rebelión en 944 tras encarcelar a Fernán González y a su mejor aliado, Diego Muñoz, conde de Saldaña, a quienes desposeyó de sus dominios; al mismo tiempo, confió el gobierno de Castilla, primero a Ansur Fernández, para quien había creado el condado de Monzón, y, poco después, a su hijo Sancho —el futuro Sancho I el Craso de León (956-958, 960-966).— Bastó, sin embargo, que el califa volviera a dar señales de vida en la zona de Medinaceli (Soria), adonde trasladó (947) el cuartel general de las tropas que defendían la frontera media, para que Ramiro II restaurara al conde de Castilla su patrimonio material y nominal (en 945 ya le había puesto en libertad, después de que le prestara de nuevo juramento de fidelidad personal); además, concertó el matrimonio de su primogénito, Ordoño III, con Urraca Fernández, hija del castellano.

Por otra parte, también algunos magnates gallegos mostraron signos de poca docilidad, con los que, quizá, se deberían emparentar las aceifas andalusíes que llegaron hasta tierras gallegas en 944 y 949. En 950 encabezó una nueva expedición de castigo por tierras de talavera (Toledo). A su vuelta, encontrándose repentinamente enfermo, abdicó (5-I-951) en su hijo Ordoño pocos meses antes de morir, seguramente a finales de mayo o principios de junio de 951.

De su primer matrimonio con Adosinda nació su sucesor, Ordoño III (951-956), y de sus segundas nupcias con Urraca de Navarra nacieron el futuro Sancho I el Craso y Elvira que ejerció la regencia del reino durante la minoridad de su sobrino, Ramiro III (966-985).

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XVIII págs. 8608-8609).