Ordoño II de León

ORDOÑO II. ?, ¿872? – 924. Rey de Galicia (910-914) y de León (914-924).

Hijo de Alfonso III y de Jimena, nacido en torno al año 872, fue encomendada su educación a los muladíes Ismail y Fortún de la familia Banu Qasi del Ebro. Ordoño Adefónsiz inició su vida política cuando pasó a gobernar Galicia en vida de su padre y de su hermano García, como se acredita cuando, el 7 de junio de 910, en una asamblea celebrada en Lugo presidida por el obispo Recaredo, todos los “imperantes” del territorio comprendido entre el litoral marítimo de Galicia hasta el río Lesue y los montes por donde discurre el Navia y fluye el Sil, le proclamaban su fidelidad reconociéndole como “nostro domino dopno Ordonio” a cuya autoridad se sometían, vinculando a esta obediencia la legitimidad de sus cargos y honores. Asimismo le prometían reconstruir y repoblar durante un año todas las casas y solares abandonados en la ciudad de Lugo y entregarle en adelante todos los tributos, lo que demuestra el arraigo de Ordoño en estas tierras de Galicia y en sus pertenencias de Lusitania. Varios documentos gallegos perfilan esta etapa de rey exclusivo de Galicia (910-914), entre los que destaca uno de 20 de abril de 911 en que Ordoño y su mujer Elvira, testimoniando de nuevo su devoción al apóstol Santiago entregaron a su iglesia dos cajas de oro óptimo en que figuraban inscritos los nombres de la pareja donante junto con treinta y cinco ismaelitas, prisioneros de guerra apresados por su intervención. Su presencia en tierras gallegas continuó, ya que, al año siguiente 912, los reyes Ordoño y Elvira solemnizaron con su presencia la toma de posesión del abad Guto sobre el Monasterio de San Martín Pinario, además de conceder a la iglesia compostelana nuevas donaciones. Este firme asentamiento y poder le permitieron en el 913 poner sitio y asaltar la ciudad de Évora, suceso que concluyó con la toma de la ciudad de una forma tan sangrienta que en el Algarve cundió el terror al pasar a cuchillo a su gobernador y a los setecientos hombres que formaban su guarnición, regresando a Galicia con un número considerable de cautivos.

Al morir prematuramente su hermano García, en 914, se presentó en León, donde, aclamado por los nobles y el clero, se hizo coronar solemnemente, según noticia que transmite la Crónica Silense, aunque no se sepa la fecha exacta de tan notable acontecimiento. Este mismo año o el siguiente en su constante guerrear contra los musulmanes en sus afanes reconquistadores, llegó hasta la región de Mérida, donde sometió Medellín y tomó el castillo de Alange, por lo que el gobernador de Badajoz le pagó tributo, alarmado por la anterior expedición y por la agresiva política bélica del Monarca. Un rico botín cuyo destinatario parcial, en señal de gratitud por este triunfo, fue, en la primavera de 916, el templo catedralicio leonés que se levantó sobre parte de los palacios reales, donados también por el Rey con este motivo junto con diversas iglesias situadas en un amplio territorio que va desde Astorga, Zamora y Toro hasta Palencia, Carrión, Saldaña y Liébana y que incluye igualmente diversos “commisa” e iglesias de Galicia. Abderramán III envió contra el monarca leonés una expedición, en el verano de este mismo año, dirigida contra la tierra de León por el general Aumad b. Muhammad, el mismo que había de morir en septiembre del año siguiente, 917, en San Esteban de Gormaz en una batalla librada ante la fortaleza del Duero, la cual fue un terrible desastre para el Ejército cordobés, que dejó sembrados de cadáveres los campos comprendidos entre el Duero y las tierras de Atienza y Paracuellos. Envalentonado por su triunfo, en 918 Ordoño tomó Talavera, sin que se amilanase por las dos derrotas que le hicieron sufrir los cordobeses este mismo verano y el siguiente. La gran campaña del verano de 920, que dirigió personalmente, forzó el abandono de Osma y San Esteban de Gormaz, pudiendo en la primera fase de la campaña, que después había de tener por objetivo principal la tierra de Navarra, llegar los musulmanes sin obstáculo hasta Clunia.

El rey leonés, que estaba aliado por un tratado con el monarca navarro Sancho Garcés I, participó con sus fuerzas en la desgraciada derrota de Valdejunquera —lo que no le impidió en el año siguiente hacer una nueva incursión afortunada por territorio musulmán— y, disgustado sin duda por la actitud poco decidida que habían tenido durante la refriega los condes castellanos Nuño Fernández, Abolmondar Albo y Fernando Ansúrez, los citó a una entrevista en Tejar, junto a Carrión, y allí los apresó y cargó de cadenas trayéndolos a León, donde mandó encarcelarlos, si bien poco después los prisioneros fueron liberados por la benevolencia del Monarca, pues la documentación castellana los presenta en los años siguientes suscribiendo con normalidad las disposiciones y actos contractuales concernientes a sus respectivos territorios. Aliado de los navarros, siguiendo en consecuencia la pauta política marcada con anterioridad por su hermano García, en el 923, un año antes de su muerte, emprendió una campaña cuyos objetivos eran Viguera y Nájera, que tomó. Éste fue el último gran triunfo de las armas leonesas dirigidas por este Rey, que le sirvió para afianzar la amistad con los navarros y para sellar política y efectivamente la unión estable entre ambas Monarquías al establecerse los esponsales de Ordoño con la joven infanta navarra, doña Sancha.

Los breves descansos que le dejó su constante batallar le permitieron llevar, en ocasiones, a muchos lugares del reino cierta confianza y el sosiego de su amparo. Diversas e importantes donaciones a iglesias y monasterios jalonaron su etapa de gobierno en la que los obispos Genadio de Astorga, Oveco de Oviedo, Atilano de Zamora, Frunimio de León o Recaredo de Lugo, entre otros, le acompañaron en estas actuaciones y recibieron ellos, o sus iglesias y diócesis importantes posesiones, bienes, rentas y derechos junto con otros centros monásticos como Sahagún, Abellar, Valdevimbre, Montes —consagrado en el 919 por san Genadio— Abelgas, Viñayo, Pardomino, San Adrián de Boñar, Mayorga, Samos y Triacastela, que les permitieron a obispos, abades y monjes ir formando abundantes patrimonios y cotos, además de colonizar y organizar sus amplios espacios territoriales.

Cuando tenía unos veinticinco años de edad, Ordoño contrajo matrimonio con Elvira Menéndez, hija de Hermenegildo Gutiérrez, el brillante presor de Coímbra, y de Hermesinda Gatóniz y nieta, por tanto, de Gatón, el conde repoblador del Bierzo y Astorga, entroncando así con la más encumbrada aristocracia gallega tan decisiva y necesaria para sus empresas bélicas y reconquistadoras de las tierras del sur. Viudo de ella hacia octubre del año 921, se desposó con Aragonta González, también de noble familia gallega, a la que repudió a los pocos meses para casarse, en el año 923, con Sancha Sánchez, hija de Sancho Garcés, rey de Navarra, y de Toda Aznárez. Poco duró este “conveniente” matrimonio desde el punto de vista político, pues, a comienzos del verano de 924, cumplidos casi diez años de reinado, en el camino de Zamora a León, falleció Ordoño II, el primer gran Soberano de este reino, dejando una joven viuda que, pocos años después se convirtió en la esposa del conde de Castilla, Fernán González. Su cuerpo fue trasladado a la ciudad de León, capital del reino, donde había fijado definitivamente su Corte, para recibir sepultura en la iglesia Catedral. Tuvo cinco hijos: Sancho, Alfonso, Ramiro, García y Jimena, habidos de su primera esposa, Elvira Menéndez, y nacidos todos antes del año 900.

ÁLVAREZ ÁLVAREZ, César, «Ordoño II», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 7299/ordono-ii)