Fernando II de León

De Consuelo Gutiérrez del Arroyo

Fernando II de León.Fernando II según una miniatura del Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela.

FERNANDO II, rey de León (1137-1188; 1157-1188 ) [?-Benavente]. Hijo menor de Alfonso VII y de doña Berenguela, educado en su infancia por el prepotente noble gallego Fernando Pérez de Traba, recibe por disposición paterna, al morir Alfonso VII el 21 de agosto de 1157, el reino de León, integrado por los territorios de este nombre más los de Galicia y los de Toro, Zamora y Salamanca. Los cronistas cristianos describen al nuevo rey de León como valeroso, benigno y dadivoso en extremo, mientras que los musulmanes se refieren siempre a él apellidándole el Baboso. Al tomar posesión del trono conserva al frente de las distintas tenencias a los nobles que venían desempeñándolas en vida de su padre y como mayordomo al mismo Ponce de Cabrera; pero pronto, en el invierno de 1158, este, con otros nobles leoneses, aparece en la corte castellana y después de ayudar a Sancho III en una campaña contra Navarra, se prepara para hacer la guerra en León en la primavera; pero Fernando, que no la desea, llega en Sahagún a un acuerdo con su hermano, reconciliándose con los nobles leoneses, a los que repone en sus cargos, y puntualizando otras cuestiones referentes a la sucesión de los reinos y a la política exterior de los mismos (23 de mayo de 1158).

Fernando se preocupa desde un primer momento por la repoblación de la Extremadura leonesa, que ha de ser una de sus atenciones preferentes a lo largo de su reinado de más de treinta años, concediendo fueros y cartas pueblas a ciudades que después han de adquirir gran importancia. Así, en 1161, concede fueros a Ciudad Rodrigo y Ledesma, que entrega en tenencia a su mayordomo Ponce de Cabrera. Más tarde, en 1167, 1168 y, por último, en 1180, repuebla Mansilla, Mayorga, Villalpando y Benavente, ciudad esta última que siempre procuró engrandecer. La repoblación de Ciudad Rodrigo produjo malestar en el poderoso concejo de Salamanca, que veía con disgusto a la nueva ciudad en manos de nobles leoneses, produciéndose una resistencia armada de los salmantinos capitaneados por Nuño Serrano, lo que obligó al rey a hacerles frente con un nutrido ejército, victorioso en el valle de la Valmuza.

La muerte prematura de Sancho III en el verano de 1158, y la sucesión de su hijo, el niño Alfonso VIII, dan ocasión a su tío Fernando a intervenir en el reino vecino perturbado por las facciones de Castros y Laras. Con Fernando Rodríguez de Castro como mayordomo penetra en Castilla, apoderándose de Segovia y de algunas otras ciudades de la Extremadura y de la Transierra, y entrando en Toledo el 9 de agosto de 1162. La actitud del monarca leonés en todo este asunto no es muy clara. Quiere presentarse como tutor de su sobrino; pero el Toledano le acusa de haber cobrado los tributos en su beneficio, y el título de Hispanorum rex que adopta tiene unos aires inquietantes respecto a sus intenciones.

También por entonces muere Ramón Berenguer IV de Barcelona dejando como heredero a un niño de diez años, Alfonso II, con el cual firma Fernando un tratado en Agreda, en virtud del cual la hermana del leonés, Sancha, casará con Alfonso, a quien toma Fernando bajo su tutela. prometiendo defenderlo de sus enemigos. Entre tanto, prosiguen las luchas en Castilla. El rey niño está en poder de los Laras, quienes consiguen evitar que su tío se haga cargo de él en Soria, como era su intención, llevándolo a San Esteban de Gormaz primero y después a Atienza.

En el naciente reino de Portugal se ve con malos ojos la prepotencia del rey de León. Alfonso Enríquez teme, sin duda, alguna embestida y prefiere anticiparse ocupando la Limia y Toroño, en los alrededores de Tuy. La guerra dura de 1163 a 1165. En abril de este año los dos contendientes se entrevistan en Pontevedra, sobre el Lérez, y llegan a un acuerdo sobre la base de devolverse la mayor parte de lo ocupado y celebrar el matrimonio de la infanta portuguesa Urraca Alfonso con el leonés. Poco después de celebrado este, Fernando está en Castilla, asediando a Medina de Rioseco, en donde obtiene una gran victoria.

En el año siguiente (1166), una brillante expedición conquista Alcántara, en territorio musulmán, en tanto que la ausencia del monarca es aprovechada en Castilla por el partido anti leonés y los Lara para reconquistar Toledo (26 agosto 1166). La anterior campaña contra los musulmanes no es obstáculo para que, cuando la esfera de acción leonesa se ve amenazada por las hazañas del portugués Gerardo Sempavor, quien pone sitio a Badajoz, Fernando acuda en defensa de los aliados y combata a los portugueses, haciendo prisionero a su rey, que es también suegro suyo, y al que pone en libertad magnánimamente

Badajoz promete vasallaje al rey de León, aunque poco después se entrega a los almohades. Es entonces cuando la Reconquista toma un aspecto peculiar con el nacimiento y la rápida prosperidad que alcanzan las Órdenes Militares españolas, las más importantes de las cuales nacen precisamente durante este reinado. Primero, Calatrava (1163), y poco tiempo más tarde, Santiago, con la congregación de los fratres de Cáceres (1170). Desde el primer momento, Fernando II pone todo su cariño y atención en esta última Orden, haciéndola donaciones tan importantes como Cáceres, con otros muchos privilegios y exenciones que dan motivo a que en ella se le considere como padre y fundador.

La aprobación de la Iglesia la recibe en Soria en una entrevista con el legado pontificio, el cardenal Jacinto (1171). Días después nace el primogénito del rey, Alfonso, que ha de sucederle en el reino de León; pero el papa Alejandro III se niega a conceder la dispensa a la consanguineidad de los regios cónyuges, y en julio de 1175 doña Urraca se separa de su marido, ingresando en la Orden de San Juan.

La lucha contra los musulmanes tiene varias alternativas. En 1173 y 1174 dos poderosos ejércitos salidos de Sevilla arrasan la Transierra y toman Alcántara; sin embargo, tienen que detenerse ante Ciudad Rodrigo, defendida por Fernando, que derrota a los moros y les obliga a levantar el cerco, no sin haber sufrido gran número de bajas. Después, aprovechando las operaciones castellanas contra Cuenca, marcha con su ejército hacia Sevilla, atraviesa el Guadalquivir y llega triunfalmente hasta Arcos y Jerez; pero, en el regreso, las tropas almohades les hacen buen número de prisioneros, que son poco después todos ellos decapitados.

Hechos pacíficos son las vistas de Tarazona (junio de 1177), a las que asisten los reyes de Aragón, Castilla y León. Se trataron en ellas las mutuas relaciones entre sus Estados y, especialmente, las reivindicaciones de Alfonso VIII, que quería recobrar las tierras del infantado de Castilla, de las que, en su minoridad, se había apoderado Fernando II.

En septiembre de 1178 se celebra en Salamanca un concilio general, en el que el rey se ocupa ampliamente de las instituciones y legislación del reino. Las órdenes militares de San Juan, Temple y Santiago llegan allí a un acuerdo de amistad y establecen la colaboración entre ellas. También se acuerda entonces el matrimonio del rey con la condesa doña Teresa Fernández, hija del conde gallego Fernando Pérez de Traba, ayo que había sido de Fernando, y que estaba entonces viuda del conde castellano don Nuño Pérez de Lara.

Tratados y entrevistas no consiguen que castellanos y leoneses acaben de estar de acuerdo sobre las fronteras y límites de ambos reinos. Después de haber conquistado Cuenca, en el verano de 1178, Alfonso VIII se dirige contra la frontera leonesa. Su ejército victorioso entra en la Tierra de Campos el 1 de enero de 1179; pero en el encuentro de Castejón la suerte de las armas es favorable al leonés y Alfonso VIII tiene que devolver lo ganado, si bien vuelve a recuperar el infantado en la primavera de ese mismo año. Esta lucha la aprovecha Alfonso Enríquez para atacar a León con un fuerte ejército; pero Fernando se mantiene victorioso en ambos frentes, derrotando a los portugueses en Argañal, cerca de Ciudad Rodrigo, y arrebatando otra vez a Alfonso el infantado.

En estos momentos de lucha y de zozobra muere la reina doña Teresa (febrero de 1180). Una paz que parecía definitiva, firmada entre castellanos y leoneses, primero, en Castronuño, el 21 de marzo de 1181, y después, en Medina de Rioseco, vuelve a romperse por las reclamaciones castellanas de ciertos pueblos fronterizos; pero sin que lleguen a romper las hostilidades, los dos contendientes comisionan a obispos y altos personajes de las dos cortes, quienes proceden a una minuciosa delimitación de la frontera. Los dos reyes, uno en Fresno y otro en Lavandera, aprueban la nueva demarcación en el acuerdo llamado de Fresno-Lavandera, firmado en junio de 1183. En él se comprometían también ambos monarcas a no firmar nuevas treguas con el infiel, y a luchar de común acuerdo por la reconquista.

En cumplimiento de lo estipulado, en enero de 1184 Fernando II se dirige con su ejército contra Cáceres, a la que pone cerco; este es duro y largo. El sultán almohade Abu Yaqub ataca, a su vez, con fuerzas poderosas, primero a Badajoz y después entra en Portugal y llega hasta Santarem. El leonés abandona Cáceres y acude en socorro de los portugueses, siendo su ayuda de tal eficacia que los musulmanes tienen que levantar el cerco de Santarem y se retiran en desorden y derrotados. Por entonces empieza a dibujarse en el reinado la influencia castellana, debido a la pasión del rey por Urraca López, con la que se casará en 1187, y a cuyo amparo medrará en la corte la familia López de Haro. En cambio, el primogénito, disgustado con su madrastra, se prepara a pasar a Portugal cuando muere el rey en Benavente el 22 de enero de 1188.

Fernando II ha sido presentado por su reciente biógrafo, Julio González Regesta de Fernando II, Madrid, 1943, como un príncipe valeroso, benigno y religioso, que aprovecha uno de los pocos momentos de sosiego en su agitado reinado para emprender una lenta peregrinación a Compostela, haciéndose con ello eco de la impresión favorable que deja el relato del cronista leonés Lucas de Tuy, mientras que Jiménez de Rada presenta bajo una luz desfavorable su actuación durante la minoridad de su sobrino. Su labor repobladora y su actuación a favor de las órdenes militares quedarán como los hechos más destacados de su reinado.

GUTIÉRREZ DEL ARROYO, Consuelo, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 65-67.