Alfonso IX de León

De Consuelo Gutiérrez del Arroyo

Alfonso IX según una miniatura del Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela.Alfonso IX según una miniatura del Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela.

ALFONSO IX, rey de León (1171-1230; 1188-1230 ) [Zamora-Villanueva de Sarriá). Hijo de Fernando II y de Urraca Alfonso de Portugal pasa de los cuidados de María Ibáñez, que lo cría, a la casa del conde de Traba, cuyo yerno, Juan Arias, le sirve de ayo. Poco antes de morir su padre, su vida se ve turbada por la ambición de su madrastra, Urraca López, que desea el trono para su hijo Sancho. Alfonso, perseguido, se dirige a Portugal, pero antes de pasar la frontera recibe la noticia de la muerte de su padre. Apoyado por la parte más poderosa de la nobleza, vuelve a León a marchas forzadas y allí es proclamado rey.

Descrito por los cronistas contemporáneos como hombre arrogante y de buen talle, forzudo y de aspecto formidable, de gran fortaleza de ánimo, añaden que su voz era, cuando se irritaba, quasi leo rugiens. Su biógrafo más reciente dice de él que era clemente, de buen temple, misericordioso, piadoso y buen cristiano Julio González, Alfonso IX, Madrid, 1944. pág. 34. El reino de León, durante su reinado, llega a su mayor apogeo; aumenta considerablemente en riquezas y también en fuerza; ambas las emplea en la reconstrucción interior y en la reconquista, a la que se entregó con pleno empeño. Su política repobladora y concejil contribuye a la transformación de la sociedad; aumenta considerablemente los recursos de los municipios, que con su fortaleza y riqueza limitan la acción de los poderosos y aumentan el nivel medio de vida y cultura.

En su largo reinado se pueden señalar tres facetas distintas. Una está caracterizada por sus rivalidades con el rey de Castilla, que al comienzo de su reinado le ha arrebatado varias fortalezas incluidas en territorio leonés y clave para la defensa de aquel reino. Alfonso IX ha de sacrificar a su empeño en recobrarlas, compromisos adquiridos y promesas, llegando sin escrúpulo a la ruptura de tratados que atraerán sobre él los anatemas de la excomunión.

Otra es la de la Reconquista. Si bien para vencer a Alfonso VIII no le importa aliarse con los musulmanes, el monarca leonés pondrá toda su energía indomable en procurar el avance de sus ejércitos hacia el sur, preparando así el terreno para el empuje definitivo que su hijo, San Fernando, ha de dar a la Reconquista.

Y una última faceta, la del rey organizador y escrupuloso administrador de su reino, que en las Cortes —por primera vez las reuniones solemnes de la curia plena reciben este nombre al reunirse en León en 1188— promulga decretos de validez general para todo su reino, en los que trata de adoptar medidas que corrijan la grave situación económica por la que el reino atraviesa.

Veamos ahora cómo se desenvuelven estas diferentes fases de su vida: Al comenzar su reinado y aprovechando los primeros momentos de desorganización e incertidumbre, Alfonso VIII entra en tierras leonesas y ocupa una serie de ciudades y fortalezas, llegando hasta Alba y Coyanza. Pero después de ello, en las vistas que los dos reyes celebran en Carrión, reunidos en la iglesia de San Zoilo, firman un tratado de mutua colaboración.

Por otra parte, busca también Alfonso IX la amistad portuguesa pactando su matrimonio con doña Teresa, hija del rey portugués Sancho I y, a la vez, prima hermana suya. La boda se celebra el 12 de mayo de 1191, en Huesca, y después los dos reyes firman con el aragonés un tratado de amistad. Así procura el leonés asegurarse de sus vecinos frente a la amenaza castellana, que será siempre para él la más temible.

Pero el matrimonio con la infanta portuguesa no puede, por razón del parentesco de los contrayentes, ser reconocido como válido por la Iglesia. Inflexible, Celestino III dicta sentencia de excomunión contra los reyes y pone en entredicho el reino de León mientras sigan unidos. La separación se lleva a efecto dejando tres hijos: Sancha, Fernando y Dulce. Como consecuencia, las relaciones con Portugal se entibian. Al mismo tiempo, el cardenal Gregorio, legado pontificio, busca la unión de Castilla y León que juzga indispensable para la eficacia de la lucha contra los musulmanes. Consigue que los dos monarcas se entrevisten en Tordehumos. Allí, el 20 de abril de 1194, firman un tratado por el que ambos se comprometen a mantener la paz durante diez años, luchar de acuerdo contra el infiel y a devolver Alfonso VIII los castillos tomados al monarca leonés.

En virtud de este tratado se preparan para la guerra. En la primavera de 1195 hay noticias de que el sultán almohade, Abu Yusuf Yaqub, avanza para entrar en tierras de Castilla. La batalla de Alarcos se da el 19 de julio de 1195 sin que hayan acudido las tropas leonesas. La derrota cristiana encizaña los ánimos de los reyes: Alfonso VIII se une al portugués y el rey de León busca el apoyo de Abu Yaqub, rompiendo sin miramientos los compromisos de Tordehumos; en la primavera de 1196 estalla la guerra contra los cristianos. Alfonso IX, de acuerdo con los musulmanes, avanza hacia Castilla; el ejército almohade devasta la cuenca del Tajo llegando a las puertas de Toledo, según nos cuentan la Crónica latina de los reyes de Castilla y los Anales Toledanos.

Al mismo tiempo el leonés invade la Tierra de Campos, cometiendo mil crueldades y desmanes. El navarro, a su vez, penetra y tala los campos de Soria y de Almazán. Alfonso VIII reprocha la conducta de su primo, consigue el apoyo de la Iglesia, de Aragón y de Portugal y se prepara al contraataque. Sus tropas se establecen en la Paramera de Ávila, y desde allí descienden al reino de León. Unas, tomando Castroverde de Campos, llegan hasta Astorga y Rabanal, y otras hasta el Bierzo. Al regresar de Astorga intentan atacar León, pero, ante las dificultades que encuentran, se dirigen a Puente de Castro o Castrum Judeorum, fortaleza muy cercana a la capital del reino, que logran conquistar. A fines de julio la campaña había terminado.

Ante la actitud hostil de Alfonso IX contra los castellanos, Celestino III vuelve a intervenir, excomulgándolo y autorizando al pueblo a tomar las armas contra su rey, eximiendo a sus súbditos del vínculo de fidelidad y obediencia. Alcanza también esta excomunión a don Pedro Fernández de Castro, desterrado de Castilla y que, al lado de los musulmanes, sirve de intermediario con el rey de León.

En abril de 1197 vuelve a reanudarse la lucha. El ejército almohade entra en el valle del Tajo, al mismo tiempo que el leonés recobra Puente de Castro. Por su parte, castellanos y aragoneses vuelven al ataque, tomando Alba de Aliste, Castrogonzalo y Castrotierra y talando los campos de Salamanca se apoderan de Monreal y Paradinas. Sancho de Portugal, entre tanto, toma Tuy y Pontevedra. Pero Alfonso VIII, aunque victorioso, desea la paz; firma una tregua con el califa almohade que regresa a Marruecos, y pronto también entre León y Castilla se llega a un convenio (1197), en virtud del cual, y sin tener en cuenta nuevamente el parentesco, doña Berenguela, la hija mayor del monarca castellano, se casará con Alfonso IX.

Los castillos y fortalezas que retenía en su poder Alfonso VIII, pasarán a su hija, que recibe también de su prometido, en arras, grandes heredades y riquezas, con la salvedad de que si tuvieran que llegar a una separación todo quedaría en poder de la reina o de sus hijos, en caso de fallecimiento de esta. La boda se lleva a cabo en el otoño de 1197. Movidos por su devoción a Santiago, se dirigen los reyes en peregrinación a Compostela, donde se encuentran ya el 19 de febrero de 1198.

Con este matrimonio parece anunciarse una tregua entre los dos reyes contendientes, pero nuevamente el impedimento canónico del parentesco iba a deshacer el matrimonio y perturbar la paz. Inocencio III, al subir al trono pontificio se muestra inflexible. Los reyes no están dispuestos a separarse, y así, el 8 de diciembre de 1199, en Palencia, firman el monarca castellano y el leonés las capitulaciones matrimoniales, según el convenio hecho al celebrarse el matrimonio. Más tarde, entre junio y julio de 1201, se reúne en Salamanca un concilio que delibera nue vamente sobre el regio matrimonio. Ante una nueva excomunión, fulminada a fines de abril o principios de mayo de 1204, se separan los reyes, que dejan cuatro hijos: Fernando, Alfonso, Constanza y Berenguela. Pese a la separación, la absolución pontificia para Alfonso IX no llega hasta octubre de aquel mismo año.

Muy pronto, la guerra entre Castilla y León vuelve a empezar. El leonés pide la devolución de sus castillos. El castellano, ante los preparativos bélicos leoneses, bate la frontera. El 13 de junio se halla cerca de Castronuño. Pero la guerra no sigue adelante. firmándose la paz el 26 de marzo de 1206 en Cabreros. En ella se determina que los castillos de las arras pasarán a poder del infante don Fernando, con la condición de que los tenga en tenencia, prestando homenaje por ellos al rey leonés.

En los años de 1208 y 1209, Alfonso IX se dedica intensamente a la repoblación y restauración de su reino; confirma los fueros de Zamora y otorga otros varios, repoblando la zona fronteriza portuguesa. En la curia extraordinaria celebrada en León en 1208 se promulgan leyes importantes. En 1209, se firma una nueva paz entre los dos Alfonsos, que establecen, entre otros acuerdos, una tregua de cincuenta años, imponiéndose pena de excomunión al infractor. Mientras tanto, en Toledo, su arzobispo Jiménez de Rada, de acuerdo con el Papa, predica la cruzada contra los musulmanes y preconiza la paz entre los monarcas cristianos. En el invierno y primavera de 1212 se predica la cruzada por España, Francia, Alemania e Italia y los castellanos, con la ayuda de Navarra y Aragón, se disponen a la lucha.

Alfonso IX trata de conseguir como condición previa a su participación la entrega de los castillos disputados. No lo consigue, y los leoneses no participan en la victoria de las Navas de Tolosa. El rey leonés aprovecha, incluso, la ausencia del castellano para arrebatarle los castillos en cuestión. A pesar de ello, los tres Alfonsos, de Castilla, León y Portugal, firman una paz en Coimbra (11 de noviembre de 1212). Alfonso VIII devuelve los castillos y se planea una expedición conjunta contra los musulmanes en la que Castilla marchará sobre Córdoba, y León sobre Sevilla, uniéndose ambos ejércitos entre las dos ciudades, al otro lado del Guadalquivir.

Los leoneses salen de Ciudad Rodrigo, cruzan la Sierra de Gata y toman Alcántara, siguiendo a Cáceres, que no logran ocupar. Llegan hasta Mérida, pero allí desisten de la campaña y vuelven a León. Alfonso VIII, por su parte, ha fracasado ante Baeza (1214). En agosto de este año muere el infante don Fernando, hijo del primer matrimonio de Alfonso y heredero de su corona y en octubre Alfonso VIII, que deja a un niño, don Enrique, en el trono de Castilla. El problema sucesorio queda abierto en ambos reinos.

Surge entonces en Castilla la figura ambiciosa del conde don Alvaro Núñez de Lara; su ansia de apoderarse del ánimo del rey niño y su encono contra doña Berenguela le llevan a León. Alfonso IX apoya unas veces al noble rebelde y otras a su mujer. A la muerte de Enrique I es coronado en Castilla Fernando. El rey leonés, empujado por Núñez de Lara, marcha hacia Valladolid para impedir su proclamación. La reina quiere llegar a un acuerdo, pero no lo consigue. Alfonso IX , dirigiéndose a Burgos, llega hasta Arcos, donde tropieza con serias dificultades que le obligan a pactar, firmando unas treguas. En el invierno de 1218, antes de la Cuaresma, firman la paz.

Don Álvaro, sin embargo, no reconoce a Fernando III, y empuja a Alfonso IX a que lleve la guerra contra su hijo. Entran los dos por Tierra de Campos, pero doña Berenguela, una vez más, evita el choque. Muere don Álvaro; se celebra un nuevo pacto entre los dos monarcas en Toro, en 26 de agosto de 1218, pacto que promete una paz duradera. En 1220, Alfonso IX, en acto público, nombra herederas de su reino a las dos hijas de su primer matrimonio, doña Sancha y doña Dulce. En 1230, estas, de acuerdo con doña Berenguela, han de renunciar generosamente al trono para que este recaiga en su hermano el ya rey de Castilla.

En los últimos años del largo reinado del último rey leonés, la preocupación de la Reconquista llena por completo el ánimo de don Alfonso. Acrecentando su ejército con tropas gasconas y con el importante apoyo de las Ordenes militares, emprende el rey, en 1218, la lucha. Cerca Cáceres, que resiste en un primer momento. En junio de 1219 siguen los leoneses el ataque, logrando en victoria continuada dar vista a Sevilla, devastando las cercanías de Badajoz. En 1221, el maestre de Alcántara toma Valencia de Alcántara, poniendo así la línea fronteriza a la altura de Cáceres. Tras otras varias expediciones, siempre victoriosas, con la ayuda combinada de Castilla, Portugal y las Órdenes militares, en el verano de 1227 logra poner sitio a Cáceres y tomarlo, dándole fuero a principios de 1229, provocando con ello la enemiga de la Orden de Santiago, que se creía con derecho sobre la ciudad.

Nueva campaña emprende en el invierno de 1230 apoyado por las Órdenes militares y las huestes concejiles. Toman Montánchez v asedian Mérida, enfrentándose con las tropas de Ibn Hud, que personalmente marcha en socorro de esta última plaza. Los cristianos logran infligirle una gran derrota en Alange, tomando Mérida. Siguen entonces, victoria tras victoria, hasta Badajoz, que conquistan, apoderándose en seguida de toda su comarca y ocupando todo el territorio al norte del Guadiana, dejando así fácil el camino para Sevilla, que las Órdenes militares de Santiago y Alcántara han de seguir abriendo en años sucesivos, con la conquista de Trujillo, Medellín, Alange y Santa Cruz.

Prepara Alfonso IX una nueva campaña, pero antes quiere ir en peregrinación a Compostela a agradecer al Apóstol sus grandes victorias. En el camino, en Villanueva de Sarriá, le sorprende la muerte, el 24 de septiembre de 1230. Su reino ha quedado notablemente ensanchado; las conquistas son seguidas de una rápida repoblación, que extiende por todo el territorio. La Coruña, Bembibre, Mayorga, Rueda, Puebla de Sanabria, por no citar más, son poblaciones que le deben la vida. En Salamanca, por diciembre de 1218, Alfonso IX ha fundado la que ha de ser célebre Universidad, que ya funciona, según Lucas de Tuy, en enero de 1219. Tuvo Alfonso IX, además de los ocho habidos en sus dos matrimonios, once hijos bastardos, algunos de las cuales habían de desempeñar más tarde papeles importantes (Urraca, Rodrigo, Aldonza, Teresa, Martín, María Alfonso, que fue amante de Alfonso X, y su hermana la venerable Sancha Alfonso ).

GUTIÉRREZ DEL ARROYO, Consuelo, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 128-131.