Alfonso III de Asturias

Datos biográficos

Dinastía: Astur-Leonesa
Rey de Asturias: 866-910
Sobrenombre: el Magno
Nacimiento: 852
Fallecimiento: 20-XII-910
Predecesor: Ordoño I
Sucesor en Asturias: Fruela II
Sucesor en León: García I
Sucesor en Galicia: Ordoño II

Biografía

Sucede su padre Ordoño I, el 26 de mayo. Scientia clarus, como le llama el Albeldelse, hombre erudito aficionado a los libros, autor él mismo, o inspirador inmediato, de la crónica que lleva su nombre, fue a la vez un guerrero decidido, con quien temían enfrentarse los generales cordobeses, a los que derrotó repetidas veces y a los que nunca permitió éxitos sustanciales. Su esfuerzo hizo posible el traslado de la capitalidad a la ciudad de León y con ello el comienzo de un nuevo período en la historia del reino nacido en Covadonga.

Sección de la miniatura medieval donde están Alfonso III el Magno y la reina Jimena a su izquierdaSección de la miniatura medieval donde están Alfonso III el Magno y la reina Jimena a su izquierda

La Crónica de Sampiro cuenta que, al comienzo de su reinado, sus hermanos capitaneados por Fruela se rebelan, refugiándose en Castilla; pero fueron sometidos y castigados a perder la vista. Uno de los cuatro. Vermudo, huyó ciego a Astorga, donde se mantuvo en rebeldía siete años, al cabo de los cuales y ayudado por los árabes, atacó Grajal, siendo derrotado por el rey su hermano y obligado a pasar a territorio musulmán. En esta misma expedición sometió Alfonso el castro de Ventosa.

Otras fuentes dicen que Alfonso, único hijo de Ordoño I que habla de tener catorce o dieciocho años cuando sucedió a su padre, no se encontraba en Oviedo en aquel momento, lo que aprovechó el conde de Galicia Froila Bermúdez o Yemúndez para usurpar el trono y obligarle a refugiarse en Castilla. Fue entonces, posiblemente, cuando conoció a su mujer, Jimena, de la familia real de Pamplona con la que casó más tarde. Muerto Froila por los propios nobles ovetenses, tal vez como consecuencia de la acción emprendida por el conde Rodrigo de Castilla contra las Asturias de Santillana, en apoyo del rey destronado. pudo volver Alfonso Oviedo. Desde allí fue a León, ocupándose de la repoblación de Sollanzo y Cea, en la que estaba entretenido cuando le anunciaron una sublevación de los alaveses, la que reprimió rápidamente, llevando preso a Oviedo a su conde Elio.

La inquietud de los gallegos fue aprovechada por el rey en la repoblación de la parte norte del Portugal actual. En 868 Vimara Pérez conquista Porto, y a este hecho de armas sigue la repoblación del territorio comprendido entre el Miño y el Duero, dirigida por Odoario desde Chaves.

Las relaciones belicosas con los musulmanes empezaron muy pronto para Alfonso. En 867 el príncipe al Hakam ataca Galicia o Álava y toma un castillo llamado Gurnica que en modo alguno puede identificarse con la Guernica de Vizcaya. El monarca asturiano sigue la política de ponerse en relación con los enemigos interiores del emirato. Así mantiene amistad con Ibn Marwan el Gallego, que le envía, en presente, a uno de los generales cordobeses mandados para combatirle. Más tarde, al ser vencido en 877, se refugia en la corte de Alfonso.

Ello pudo ser el motivo de la expedición que, en el año siguiente, dirige al-Barra ben Malik contra Galicia, saliendo de Coimbra. Sus resultados no pudieron ser muy halagüeños, pues este mismo año caía dicha plaza en poder del conde Hermenegildo. En el año 879 fue deshecha por la tempestad una flota musulmana que se dirigía contra Galicia. Por este tiempo se habían poblado por los cristianos, además de Coimbra, Porto, Braga, Orense, Idaña. Viseo Lamego, todas ellas antiguas sedes episcopales.

Aprovechando las dificultades internas del emir cordobés, amenazado sobre todo por la rebelión de Ibn Hafsun, Alfonso llega en una atrevida cabalgada hasta Mérida, prosiguiendo luego hasta el monte Oxifer, que se ha identificado con Sierra Morena (881). Los ejércitos musulmanes temían ahora adentrarse en las fronteras del reino asturiano. Ya antes del año 877, al Mundhir, que había llegado hasta León, tuvo que retirarse con grandes pérdidas, como también otro ejército, que por el mismo tiempo había penetrado por el Bierzo.

Alfonso, tomando la iniciativa en la ofensiva, conquista Deza y somete pacíficamente Atienza. En el 878, al Mundhir prepara una expedición de gran envergadura contra Astorga y León, en la cual los contingentes salidos de Córdoba deberían unirse a otros procedentes de Toledo, Talamanca y Guadalajara. Alfonso evitó que esta unión llegara a realizarse, aniquilando a estos últimos en la batalla de Polvoraria, a orillas del Órbigo, y derrotando después en Valdemora a las tropas cordobesas.

Tampoco tuvieron más éxito las expediciones siguientes. En 882, uno de los Banu Qasi, Muhammad ben Lope, enemistado con sus parientes, hace la paz con el emir, y sus tropas, unidas a las de al Mundhir, que operaban en la Rioja, atacan la fortaleza de Cellorigo, donde fueron rechazados con pérdidas, corriéndose entonces al territorio de Álava, gobernado por el conde Vigila Jiménez, teniendo allí un nuevo fracaso frente al castillo de Pancorbo. Camino de León, entraron en las tierras de Diego Rodríguez conde de Castilla, consiguiendo que Nuño Nuñez abandonara la fortaleza de Castrojeriz; pero no atacaron León directamente, sino que cruzando el Esla más al sur, desde Alcoba de la Ribera, sobre el Orbigo, enviaron mensajeros a Alfonso, llegando a un acuerdo sobre un canje.

Desde allí, regresaron a Córdoba sin haber obtenido ningún éxito serio. En el 883, una nueva expedición reproduce punto por punto la del año anterior, sin el pequeño éxito de Castrojeriz, que esta vez resistió victoriosamente la acometida; tampoco se acercaron a León y al regresar por Coyanza (Valencia de Don Juan) arrasaron hasta los cimientos el monasterio de Sahagún. En septiembre, Dulcidio, presbítero mozárabe de Toledo, marcha a Córdoba de embajador para tratos de paz, y después de haberla firmado, regresa el 9 de enero de 884, con los restos de los mártires cordobeses Eulogio y Leocricia.

Sigue un período de calma para el monarca asturiano, que solo se ve perturbado por incidentes de frontera; pues no pasó de tal la guerra santa organizada entre los bereberes del Guadiana por un supuesto Mahdi, que terminó sangrientamente en la jornada del foso de Zamora. En la frontera oriental. Lope ben Muhammad, reconciliado con el emir, tiene para Alfonso una actitud hostil, arrebatándole una fortaleza en Álava y obligándole como consecuencia a levantar el sitio que tenía puesto al castillo de Grañón. Más tarde, el rey fue a sitiarle a Tarazona, pero se vio rechazado con pérdidas. Todavía hizo Alfonso una marcha sobre Toledo, recibiendo presentes de los toledanos y tomando al regreso un castillo que Sampiro llama Quinitia Lubel.

El final del reinado aparece confuso en las fuentes, tal vez contaminadas de relatos épicos. Parece que al volver de Toledo, se encontró con una conspiración que había tramado contra su persona un siervo suvo, Addamino, y en la que probablemente participaba su propio hijo primogénito. Alfonso pudo apoderarse de este y encerrarlo encadenado en el castillo de Gozón; pero esta medida provocó la rebelión del suegro de García I, Munio Fernández, y la de sus hermanos, consiguiendo, unidos. destronar al anciano monarca, al que confinaron en la villa de Boides (San Salvador de Valdediós, en Villaviciosa). Sampiro, a quien se deben estas noticias, atribuye al gran rey un final épico, obteniendo de su hijo permiso, a la vuelta de una peregrinación a Compostela, para luchar por última vez contra los moros, muriendo en Zamora al regresar victorioso de esta expedición.

VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 118-119.