Alfonso II de Asturias

Datos biográficos

Dinastía: Astur-Leonesa
Rey de Asturias: 791-842
Sobrenombre: el Casto
Nacimiento: 760
Fallecimiento: 842
Predecesor: Vermudo I
Sucesor: Ramiro I

Biografía

El largo reinado de medio siglo que tuvo el hijo de Fruela fue decisivo para la monarquía asturiana, que él afirmó con voluntad segura. Así se ha podido decir con verdad que Alfonso el Casto salva a la España cristiana Cl. Sánchez-Albornoz, Asturias resiste, Logos, t. V, 1946, pues a través de su reinado hizo frente con varia fortuna, pero al final con éxito, a repetidos y recios embates de los musulmanes. Después del intento, que hizo fracasar Mauregato, de hacerle rey a la muerte de su tío Silo, no fue ungido en el reino hasta el año 791, por renuncia de Vermudo I, y aun en el año undécimo de su reinado (801-802), fue expulsado del trono y recluido algún tiempo en el monasterio de Abelania (Ablana), de donde lo sacaron, restituyéndole al trono de Oviedo, Teuda y otros fieles.

Alfonso II de AsturiasAlfonso II, Libro de los Testamentos.

Una de las primeras preocupaciones del nuevo monarca hubo de ser el establecimiento de la capital en Oviedo, donde parece que había ya por entonces un monasterio dedicado a San Vicente y un templo del Salvador, este último construido por Fruela y que fue después arrasado por los musulmanes. Allí construyó AIfonso un palacio, levantó el templo del Salvador, fundó una iglesia de San Tirso y edificó de nuevo, o restauró, otra iglesia dedicada a San Julián y Santa Basilisa, inmediata a Oviedo y aún conservada San Julián de los Prados o Santullano). Esta preocupación constructora revela un empeño que ha de responder al mismo impulso que movió al rey, según dicen las crónicas, a restaurar el orden gótico en el palacio y en la iglesia y que se reflejará años más tarde en la Crónica Albeldense que titula su historia de los reyes asturianos Ordo gothorum Obeten sium regum.

La nueva ciudad tenía condiciones excepcionalmente favorables para ejercer la capitalidad de una pequeña nación guerrera, continuamente amenazada de invasión, pues desde la colina en que había sido edificada dominaba todas las vías de acceso a Asturias, estando a la vez protegida por elevado cerco de montañas.

Los ataques musulmanes no se hicieron esperar: después de una primera expedición de Abd al-Malik contra Álava, en 792, Hisham I organizó una gran campana en la que participaron dos ejércitos, mandado el uno por el mismo Abd al-Malik, que operó contra Asturias, el otro por su hermano Abd al-Karim, encargado de devastar la región alavesa. El primero, después de tomar y saquear Oviedo sufrió un sangriento descalabro, en el que tal vez encontró la muerte su general, en una emboscada que le tendió Alonso II, en el lugar cenagoso de Lutos, al borde de una vieja calzada romana.

Hisham debía estar decidido a terminar con la que estimaba rebeldía astur, que ya representaba una amenaza seria para Córdoba, estimulando múltiples separatismos, pues año siguiente (795) Abd al-Karim avanzaba hasta Astorga dispuesto a penetrar en Asturias. Delante de los montes le dio batalla Alfonso, el cual fue derrotado y hubo de retirarse en franca huida y teniendo que sacrificar su caballería en un combate de detención, a orillas del río Quiros, y que abandonar sus tesoros y aprovisionamientos guardados en Oviedo, satisfecho con librarse de caer prisionero y perder el resto de sus fuerzas. Tuvo como compensación el que otro ejército musulmán que simultáneamente había estado saqueando Galicia, fuera derrotado, con bajas importantes, por los cristianos, al retirarse.

Alfonso, ante la creciente amenaza musulmana, hubo de dirigirse en busca de apoyo al reino franco, cuya atención hacia la pequeña monarquía había sido atraída unos años antes por los ecos de las controversias suscitadas por el adopcionismo. Empezó por enviar embajadores a Tolosa, donde tenía su corte Luis, el hijo de Carlomagno, que gobernaba la Aquitania. Este mismo año murió Hisham, en Córdoba, y le sucedió al-Hakam.

En 796, Abd al-Karim realizó una nueva expedición, que esta vez tuvo como objetivo la Cantabria. Después, los ejércitos musulmanes dejaron por varios años en paz las fronteras del reino asturiano. En 797, una embajada de Alfonso fue recibida por Carlomagno en Herrstahl. En la primavera o verano siguiente, el rey asturiano se permitía una atrevida cabalgada, en la que llega a apoderarse de Lisboa, de cuya hazaña daban cuenta orgullosamente sus emisarios a Carlomagno, en Aquisgrán, aquel mismo otoño. En el año 806 muere Abu Othman, a orillas del Pisuerga, en una incursión contra Castilla; en 810 y 812 hubo nuevas expediciones musulmanas contra territorio infiel y, por fin, en 816 Alfonso tiene que enfrentarse de nuevo con Abd al-Karim, que ha penetrado en Galicia, logrando derrotarle en Narón y en Anceo.

El año 823 el mismo general invade la frontera de Álava. Sigue una tregua de quince años y, al cabo de ellos, una gran expedición contra Galicia, mandada por un hermano de Abderramán, hace tal matanza de cristianos que, según la expresión de los cronistas musulmanes, las cabezas solas formaban montones tan altos como colinas. En 840 y 841 son el propio Abderramán II y su hijo Motarrif los que mandan las expediciones; pero estas no logran ningún resultado decisivo; el nuevo reino está bien afirmado, cuando muere, célibe, Alfonso II, en el año siguiente, puede rememorar con satisfacción la obra de sus cincuenta años de reinado.

Algún tiempo antes había recibido en su reino al bereber Mahmud ben Abd al Chabbar, que se había rebelado contra Abderramán II en Mérida y al que Alfonso cedió el castillo de Santa Cristina, que se ha identificado con el castro del mismo nombre, en Galicia, a orillas del río Mao, pero que Lévi-Peovençal cree estuvo entre Viseu y Lamego. Allí quiso también rebelarse, pero fue vencido y muerto en mayo del 840.

VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 116-118.