Álvaro I de Urgel

Datos biográficos

Conde de Urgel: 1243-1268
Fallecimiento: 1267
Predecesor: Armengol IX
Sucesor: Armengol X

Biografía

Hijo de los condes Poncio I y María Girón, sucede a su hermano Armengol IX, al fallecer este a los pocos meses de recibir el condado, en 1243. Nació cerca de Burgos, en los dominios familiares maternos, donde se crió bajo responsabilidad de Rodrigo González de Girón, hermano de su madre, en buena sintonía con la casa real castellana.

Sepulcro de Álvaro I de Urgel y Cecilia de Foix en The Cloisters, Nueva York.Sepulcro de Álvaro I de Urgel y Cecilia de Foix en The Cloisters, Nueva York.

Todavía menor de edad pasó a Urgel, donde cambió su nombre inicial de (Rodrigo) por Álvaro, y no por el de Armengol como había dispuesto su padre que debían denominarse los titulares del condado, esperando hallar en la denominación un buen augurio. Si bien su madre ejerce la tutoría del menor, el gobierno del condado es conducido por Jaime de Cervera. Este mantiene durante todo el condado de Álvaro, un papel director a modo de procurador general definido como secretario por el mismo conde: Jacobi de Cervaria, secretari nostri.

La escribanía condal, radicada preferentemente en Balaguer, mantiene una rara unidad en manos eclesiásticas y notariales hasta 1260, cuando los avatares del condado se reflejan en dificultades organizativas y en la actuación, en los documentos condales de diversos notarios públicos, especialmente en Balaguer y en Lérida. Desde el primer momento, en el gobierno del condado se contentan los dos grupos de presión sobre el conde: los barones y las elites locales.

Los primeros, según la respectiva casuística consolidan sus dominios castrales y van afianzando sus capacidades tributarias e incluso jurisdiccionales. Por su parte los grupos urbanos van obteniendo del conde privilegios que comportan exenciones tributarias garantías judiciales e incentivos en la actividad económica, como concede a Agramunt en 1261. De modo destacado se avanza en el reconocimiento de los órganos representativos locales, sobresaliendo en 1253 la concesión de un gobierno municipal de paeres (regidores) en Agramunt, tal como también se concede poco después para Balaguer.

En el marco de las tensiones nobiliarias que zarandean el país a mediados de siglo y con la intención de ganar apoyos en el entorno real, se considera oportuno casar al conde Álvaro con la hija de Pedro de Montcada, Constanza, unión celebrada en Serós en 1253 pero no consumada porque, si bien el conde acababa de cumplir los catorce años que le confieren la mayoría de edad, la novia todavía no había cumplido los doce años canónicamente preceptivos para contraer matrimonio.

La tensa evolución de los bandos nobiliarios en el país enrarece las relaciones, acrecentando las diferencias entre los Cervera y los Montcada. Mientras estos exigen que el matrimonio se consume, desde Urgel se justifica la dilación en el retraso en el pago de la dote de la novia. Teniendo el matrimonio por no consumado, Jaime de Cervera prepara otro matrimonio, esta vez con la hija de Berenguer de Anglesola, Sibila, lo que comporta descartar el bando real y reforzar, en cambio, la alianza entre los linajes de la zona leridana crecientemente reivindicativos.

En 1255, durante la ceremonia de consagración del matrimonio, en Menárgues, el joven conde se niega a aceptar a la novia y proclama su voluntad de unirse con Cecilia, la hermana del conde Roger IV de Foix. La poderosa familia de Foix, que en 1208 había conseguido, contra la voluntad del entonces conde de Urgel Armengol VIII, hacerse matrimonialmente con el condado de Castellbó y así no solo obtener la jurisdicción en el territorio originario del condado de Urgel, sino inmiscuirse en Cataluña, puede ahora alcanzar una proyección sobre la totalidad del condado.

Los acuerdos previos al matrimonio, conducidos por el propio Jaime de Cervera, se concluyen en 1256, e incluyen, de modo destacado, la renuncia de Álvaro y de su futura esposa a cualquier derecho que le quedara en el espacio septentrional, entre Oliana y Andorra, detallando explícitamente la cesión sobre el castillo de Nargó y los valles de Caboet, Castellbó, San Juan y Andorra y cualquier otro lugar dentro de los límites indicados.

La consagración del matrimonio al año siguiente en Montmagastre cataliza las tensiones entre la nobleza catalana y su relación con la Monarquía, que pasa a encontrar en el condado de Urgel su ámbito de conflagración. Los Montcada no aceptan el segundo matrimonio y emprenden reclamaciones legales ante el papado y un hostigamiento del condado de Urgel.

Jaime I es receptivo a estas actuaciones, enlazando así con su contencioso abierto en 1258 con el conde Álvaro al negarse este, por tres veces, a participar en la campaña de Valencia, alegando que según los Usatges no está obligado a seguir al rey fuera de Cataluña, lo que derivó en penalizaciones económicas del rey sobre los tenentes de los castillos de Balaguer y Agramunt, las dos capitales del condado.

En 1259, Pedro de Montcada y Guillermo de Cardona entran en el condado y toman Ponts. Distintos barones y lugares próximos tratan de protegerse con salvoconductos reales. La madre del conde obtiene la protección del rey para la poblaciones que le pertenecen, Menargues y Albesa, comprometiéndose a que de estos lugares nunca se agredirá a los Montcada, lo que acaba en su ocupación real, en el mismo 1259. María Girón, partidaria del primer matrimonio, se entiende mejor con el rey que con su hijo, tal como expresa en su testamento, donde designa como albacea a Jaime I.

Este exige la potestad sobre los castillos de Agramunt, Balaguer, Oliaña y Liñola, de los que se apodera en julio del mismo año. En noviembre, destacados nobles del país se reúnen con el conde de Urgel en la residencia condal de Castelló de Farfaña, algunos con importantes tenencias en el condado (Jaime de Cervera, Ramón de Cervera, Berenguer Ramón de Ribelles, Berenguer Arnau de Anglesola) y otros como destacadas figuras de la política catalana procedentes de la Cataluña central y oriental (el vizconde de Cardona, Guillém de Cervelló).

La oposición al Rey se canalizará dentro de la legalidad con que los Usatges de Barcelona rigen la feudalidad, por lo que cada uno de estos nobles y otros en gran parte vinculados a ellos, entre fines del año 1259 e inicios del siguiente irán reclamando al Rey, individualmente, incumplimientos en los deberes del señor hacia sus vasallos, como sucede al retener los mencionados castillos urgelenses a pesar de que según los Usatges, solo podía hacerlo durante 10 días.

Las quejas en forma de desafío dexeiximent, esperan encontrar una satisfacción del Monarca, que al no producirse desemboca en la retirada de la fidelidad debida. Sin esta vinculación, los nobles pueden agredir a los súbditos en jurisdicción real y viceversa, mediante ataques intimidatorios que persiguen sobre todo destruir los bienes de los contrarios.

El mismo Monarca, al recabar el apoyo de los suyos y la contribución económica de sus villas y ciudades explica que se hallain guerra quam habemus cum comite Urgelli, Ramón de Cardona el aliis richis hominis Catalonie. En realidad los nobles implicados no persiguen eliminar la dependencia hacia el Monarca, sino forzar una negociación que sea favorable a unos intereses particulares cifrados en compensaciones económicas y en el aumento de sus respectivas capacidades exactivas y jurisdiccionales, lo que se contrapone a las pretensiones de preeminencia que persigue la monarquía.

Las negociaciones se inician con las conferencias de Cervera en febrero de 1260, que dan paso a una tregua. En mayo, el Rey y el conde de Urgel firman en Barcelona una paz que comporta aceptar el arbitraje del obispo de Barcelona y el jurista Oliver de Térmens, vía por donde también tendrían que encontrar solución las diferencias del rey con el vizconde de Cardona y con Guillermo de Cervelló. En el conflicto en torno a la validez de los matrimonios se aceptará lo que determine el tribunal delegado por el Papa en la persona del obispo de Huesca.

El Rey devuelve los castillos de Agramunt y Balaguer y reclama que Jaime de Cervera no impida el paso de los súbditos reales de Camarasa y Cubells a sus tradicionales pastos en el valle de Meiá porque ya no están en guerra, si bien la exigencia de garantías respecto al cumplimiento por parte del conde de lo que dictamine el tribunal eclesiástico le permite retener diversos castillos del condado, destacando los de Ponts, Agramunt y Balaguer.

El tribunal eclesiástico trata de deliberar en Lérida a lo largo de 1260, donde Álvaro y Cecilia se niegan a comparecer alegando falta de seguridad para ellos en la ciudad. Finalmente, el obispo de Huesca falla a favor del primer matrimonio, anulando en segundo. En febrero de 1263 el arbitraje de Barcelona impone el perdón real a los rebelados, abre vía a los acuerdos singularizados entre el Monarca y los nobles y recalca la obligación de cumplir la sentencia dictada por el obispo de Huesca, Arnau de Gurb, y al canonista Ramón de Peñafort para que apliquen la sentencia, manteniendo una interdicción papal sobre el condenado al impedirse su cumplimiento.

Desde Foix se ha apelado al Papa, que en mayo constituye un nuevo tribunal, constituido por los obispos de Oloron y Cominges. El conde Álvaro se niega a desplazarse a Carcasona, donde le convoca el nuevo tribunal eclesiástico, alegando una excesiva distancia. En realidad el conde se está enemistando con el conde de Foix porque no ha recibido la dote. En marzo, Ramón, Guillermo y Berenguer de Cardona y Guillermo de Anglesola pactan auxiliar al conde Álvaro en caso de estallar la guerra contra el conde Roger IV de Foix.

En agosto, este reconoce deber al urgelés 25.000 sueldos melgoreses por este concepto, pero no aporta esta cantidad y solo se compromete a abonarla en un año a partir de Navidad. En septiembre Álvaro cede a las presiones reales y acata el cumplimiento de la sentencia del obispo de Huesca y abandona a Cecilia de Foix para unirse a Constanza de Montcada. Pero en febrero de 1264 el tribunal constituido por los obispos de Oloron y Cominges anula la sentencia anterior y declara válido el matrimonio con Cecilia.

El conde Álvaro cumple la sentencia y abandona a Constanza por Cecilia. En julio del mismo año, en cambio, en Barcelona el obispo Arnau de Gurb confirma la primera sentencia y declara válido el matrimonio con Constanza y nulo el efectuado con Cecilia. El conde Álvaro se niega a cumplir ese veredicto. El influyente canonista Ramón de Peñafort aconseja al Papa que delegue definitivamente la causa en el cardenal Prenestino, tal como se hace en mayo de 1266.

Este, en abril de 1267, declara válido el primer matrimonio y nulo el segundo. La negativa del conde a aceptar esta sentencia propicia que el Rey invada el condado. Álvaro lo pierde todo y debe refugiarse en Foix (Francia), donde en 1265 el sobrino de Cecilia, Roger Bernat III, ha sucedido a su padre Roger IV.

Agotado y enfermo, muy probablemente tísico, el conde Álvaro muere prematuramente en 1268. Durante el periodo que había estado unido con Constanza engendró una hija, Elionor, mientras que con Cecilia obtuvo dos descendientes, Armengol y Álvaro. Divide la herencia entre estos, concediendo al primero el condado de Urgel y al segundo el vizcondado de Áger, que así se volvían a separar tras su unión indiscutida desde 1235. El hermano de Álvaro, Guerau, discute esta herencia, porque la nulidad del matrimonio con Cecilia implica que los hijos habidos de esta unión sean ilegítimos.

Las rentas de Álvaro en Castilla, importantes al recibir en herencia gran parte de los bienes de los Álvarez de Castro, se han ido consumiendo para sostener los conflictos eclesiásticos y políticos unidos a sus matrimonios, lo que le obliga a morir pobre, arruinado y endeudado. Este volumen de deudas será un argumento asumido por Jaime I al continuar interviniendo en el condado mediante la concordia con los albaceas testamentarios, Jaime de Cervera, Arnau de Fuvliá y los abades de Fontfreda y de Bellpuig de las Avellanas.

SABATÉ CURULL, Flocel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol III págs. 786-789.