VIFREDO. Wifredo, Guifredo el Velloso. Conde de Urgel, Cerdaña, Barcelona, Gerona y Osona. Septimania (Francia), c. 840 – Valldora (Lérida), 897. Noble, conde de Barcelona.

Nace hacia el año 840 en el seno de un linaje destacado de Septimania, con propiedades en la zona pirenaica, sobre todo en torno a Carcassona y en el Conflent, y partícipe de la política imperial y las tensiones en el reino aquitano. Su padre, Seniofredo, tras ser designado conde de Urgel y Cerdaña, se convierte en el personaje más poderoso de Septimania y la frontera al añadir, a partir de 844, la delegación sobre los condados de Barcelona, Gerona, Osona y Narbona, con Carcassona, Magalona, Bésiers i Nimes hasta morir en el año 848. Vifredo, con su base patrimonial, participa de este contexto y recibe de Carlos II el Calvo hacia 870 los condados de Urgel y Cerdaña. La detención de cargos públicos se conjuga con la pugna del linaje por la preeminencia regional y por ello la designación condal es coetánea a otros beneficios para el linaje, como la concesión real de inmunidades a Oliba II de Carcasona y el afianzamiento tanto de éste como de Suñer I de Ampurias.

Muy significativamente, en el año 873 Vifredo participa junto a su hermano Mirón y a sus primos los condes Oliba y Acfredo de Carcasona-Rasés en la consagración de la iglesia de Formiguera, en el condado de Rasés, que han dotado con bienes propios poseídos conjuntamente a fin de procurar el bien espiritual de “parentum nostrorum”. De modo parecido, Vifredo participa en 885 en una donación conjunta a favor del monasterio de Cuixà para el bien familiar junto a su madre Ermesenda, su hermana Quixilo y sus hermanos Mirón y Radulfo, siendo también acompañado por estos dos en 888 al favorecer, del mismo modo, al cenobio de la Grassa, ofreciendo en ambos casos importantes bienes situados en Conflent.

Los criterios particulares y familiares se mezclan con el creciente grado de autonomía en la gestión condal a raíz de la crisis de la Monarquía. Por ello, el mismo Vifredo ha traspasado a su hermano Mirón el Conflent, extraído de Cerdaña, a la vez que participa en las intrigas urdidas en torno a Aquitania con la atención puesta en la primacía regional en el espacio septimano.

Claramente no sigue al poderoso Bernardo de Gotia, hombre fuerte en la región que detenta los condados de Rosellón, Barcelona, Gerona, Narbona, Adge, Besiers, Magalona, Nimes, Poitiers, Bourges y Autun.

Ambos toman posturas distintas en 877 ante la revuelta de diversos magnates contra Carlos el Calvo, secundada por Bernardo de Gotia y no por Vifredo. La muerte del rey ese mismo año y la falta de acuerdo entre Bernardo y el sucesor, Luis II el Tartamudo, remarca la posición de Vifredo, que junto con su hermano Mirón de Conflent y el vizconde de Narbona se enfrenta abiertamente a Bernardo de Gotia y a Bosón de Provenza, con episodios de fuerte agresividad en Rosellón y Septimania en 878. La presencia del papa Juan VIII en Arlés, junto a Bosón de Provenza, se traduce en una bula contra los excesos de Mirón y el vizconde narbonés al haber agredido a clérigos y templos.

No obstante, en el concilio de Troyes el rey impone la caída de Bernardo de Gotia y la compensación de Vifredo, que recibe en 878 el condado de Barcelona, mientras que su hermano Mirón suma el de Rosellón.

El contexto de afianzamiento personal y familiar aporta a Vifredo también el condado de Gerona, superando algunas reticencias y concretando la singularización del extremo noroccidental de esta entidad como condado de Besalú regido por su hermano Radulfo.

Estas designaciones, que Vifredo suma a las anteriores titulaciones condales, coinciden con una nueva etapa. La progresiva desintegración carolingia, la fragmentación territorial y el alejamiento del poder real culminan con la muerte de Carlos el Calvo, en 877.

A partir de ahora, la capacidad de intervención real en los condados meridionales es mínima —las designaciones condales que en el año 878 han beneficiado a Vifredo son las últimas de procedencia real— y los condes dejan de participar en las conspiraciones del espacio aquitano. Apartados de las intrigas septentrionales, los condes asumen, en cambio, una introspección de gobierno efectivo sobre las propias demarcaciones, que gestionan con gran autonomía.

Coherentemente, en esta segunda fase Vifredo participa y contribuye al desarrollo de sus condados. Se beneficia de una dinámica socioeconómica favorable, con aumento del espacio agrario e incremento demográfico inmigratorio, lo que facilita la cohesión territorial interna. El afianzamiento de los territorios define con precisión la delimitación condal especialmente ante la frontera, lo que permite: articular el territorio de Osona, superando las heridas socioeconómicas derivadas en gran parte de la revuelta de Aissó de 826-827 y del asalto musulmán de 841, para singularizarlo como condado, desde 881, incluyendo el espacio septentrional en torno al valle de Ripoll, que hasta entonces se definía en el “transmontano” del condado de Cerdaña; densificar y vehicular el espacio berguedano como continuación del condado de Cerdaña aprovechando la misma dinámica; extender el condado de Urgel aguas abajo del Segre, incorporando los valles de Nempàs (Cabó) y Lavansa, lo que facilita, a través de Tuixén y Josa, enlazar con el extenso valle de Lord e integrarlo en el mismo condado (878), tras haberse mantenido en el territorio fronterizo humanamente activo y cohesionado pero ajeno a la estructuración política y eclesiástica. El conde aprovecha el crecimiento social y económico para incrementar su presencia jurisdiccional y una capacidad exactiva cada vez más atenta a la producción agropecuaria mediante el establecimiento de castillos responsables de un término específico (castillos termenados), cuya tenencia y funciones se delega a vicarios.

La consolidación de éstos, mediante la retención del cargo y la percepción de parte de las rentas inherentes, apunta hacia la progresiva consolidación, en torno al conde, de una nobleza basada en los linajes vicariales y vizcondales. Éstos continúan siendo de designación del conde, quien establece un vizconde en cada demarcación, a las que se une Osona desde 878.

La Iglesia participa del mismo desarrollo territorial.

En las dos últimas décadas del siglo IX se consagran numerosas parroquias, algunas dotadas por el mismo conde, como San Pedro de Ripoll (890), lo que afianza a la Iglesia diocesana en la obtención de rentas y en el acceso a las conciencias. El conde contribuye a ello no sólo construyendo iglesias, como las de Casserres y de Avià, que serán consagradas bajo su sucesor, sino acordando actuaciones con los prelados: en el valle de Lord, tras haber negociado con la población que ya ocupaba el valle, pacta con el obispo Galderico de Urgel el despliegue de parroquias (872- 878) y un particular régimen que, bajo garantía condal, permite a los habitantes participar en la elección y destitución de los rectores de las parroquias; y en Osona promueve la recuperación de la sede episcopal a partir de 880, asentando obispo propio en 886 —formalmente solicitado al arzobispo de Narbona por los fieles, el clero y el conde— en el nuevo emplazamiento de Vic, donde la catedral se consagra en 890. Al mismo tiempo, en las zonas de montaña poco favorecidas está surgiendo una pléyade de pequeños cenobios, que van acogiéndose a la regla benedictina, algunos de ellos como centros e iglesias particulares de sus fundadores. También nacen monasterios que gozarán de un importante desarrollo posterior, como Sant Cugat del Vallès. El mismo conde Vifredo funda y dota, en emplazamientos óptimos, los cenobios de Santa Maria de Ripoll en 879 (consagrada en 888) y de San Juan de Ripoll (de las Abadesas) en 885 (consagrada en 887), con los que favorece a sus hijos, al situar a Radulfo en el primero y a Emma en el segundo.

Los centros monacales y episcopales son los principales beneficiados por los preceptos reales, que suelen conceder importantes inmunidades como las otorgadas, en las demarcaciones de Vifredo, a las sedes episcopales de Barcelona (878), Gerona (878, 881, 886, 891) y Vic (889) y a los cenobios de Amer (890), Bañolas (878), Fontclara (889) y Santa Cecilia d’Elins (881). El respeto a estas concesiones y la datación de los documentos según los monarcas es la única presencia real, aún matizada cuando en 888, ante el acceso al trono de un personaje ajeno al linaje carolingio, Odón, algunos documentos especifican “Christo regnante, rege expectante”, lo que no impide que se respeten igualmente los privilegios emanados por este soberano. No consta que Vifredo se apresurara a saludar al rey Carlomán al llegar éste, en 881, a Narbona, y en 888 se muestra distante ante el ascenso de Odón, si bien al año siguiente el entorno condal ya data los documentos según el nuevo reinado. En realidad, a lo largo de todo el período, el conde ha ido ejerciendo actuaciones que afectan plenamente a la jurisdicción y la fiscalidad públicas, como al conceder al monasterio de Ripoll la recepción del “servitium regale” procedente de los habitantes de Estiula y Ordina, al permitir al mismo cenobio “per preceptum regis” el aprovechamiento del curso del Segre en Set (Cerdaña) o al eximir impuestos especialmente en zonas fronterizas, como Cardona, donde sus habitantes no tendrán que aportar ni censos ni la cuarta parte del teloneo. Posteriormente, en el 913, también se recordará que sus concesiones a San Juan de las Abadesas las efectuó “per vocem regis”. Conforme a sus atribuciones condales, imparte justicia en mallo público acompañado de un elevado número de jueces y de buenos hombres, incluyendo entre éstos a algunos clérigos.

La proximidad de la Iglesia al poder condal se refleja, en todos los condados, en los lazos económicos, de linaje y también políticos, que motivan las pretensiones de los condes de Pallars y de Ampurias para obtener obispados propios. Por ello, las disputas por las mitras de Urgel (887) y de Gerona (889) catalizan: las tensiones en torno a la preeminencia de Vifredo, que se reflejaría en una prelación eclesiástica del urgelés; la disputa por este protagonismo regional entre Vifredo y Suñer de Ampurias, y el corolario de la titularidad del condado de Gerona, abiertamente discutida por Delà desde 888. Los servicios del arzobispo de Narbona facilitan la conclusión en 891, expulsando a los pretendientes de los obispados no reconocidos por el metropolitano y asegurando el condado de Gerona para Vifredo. En 896, la muerte de Mirón facilita la división de sus dominios entre Vifredo, que recupera Conflent, y Suñer de Ampurias, que accede a Rosellón.

La vinculación de los obispados con Narbona se remarca en 896, gracias a la bula de Esteban VI que garantiza la intervención del arzobispo ante la provisión de vacantes.

Vifredo pacta en 890 con el obispo de Vic una reducción de las inmunidades concedidas a éste por el rey y en el condado gerundense Vifredo expresa su aceptación de los bienes ofrecidos en 889 al monasterio de Fontclara por el mismo soberano: “Wifredus comes ipsos fiscos consentit”. En realidad, se está avanzando hacia la confusión del dominio público y el condal bajo el gobierno del conde. A la vez, éste incrementa el propio patrimonio con la incorporación de castillos, como el de Montgrony, adquirido en 885, y de unidades agropecuarias, como en la villa de Llo en Cerdaña, el villar de Sendar en el valle de Ripoll o el villar de Espinosa, en el valle de Brocá, comprado en 889 a cinco matrimonios y a tres solteros que serían sus habitantes. En algunos lugares obtiene fragmentos importantes de la villa, como en Estamariu tras adquirir los bienes que poseía de Eldesindo, y en ocasiones, gracias a sucesivas compras, reúne una destacada propiedad, como las tierras y viñas sumadas en la urgelesa San Miguel de Banat. La dinámica de “aprisión” de tierras baldías cultivadas durante treinta años hasta dar derecho de propiedad, practicada por magnates y por el resto de la población, beneficia también al conde, por su misma participación con sus agentes o por revertir en él dominios como las tierras de las que se apropia mediante “aprisión” el liberto Sarraceno en Borredà, quien a su vez había llegado a propiedad del conde procedente de su tía Ailona. En el seno familiar, una parte destacada de los bienes de su hermano Sunifredo revierten en Vifredo al morir en 890. De uno y otro modo acumula un importante patrimonio que revertirá en sus descendientes.

Los condados bajo Vifredo el Velloso se han cohesionado internamente gracias a que experimentan una fuerte cohesión territorial, con el despliegue condal de las unidades castrales sobre un espacio donde se ha incrementado la ocupación y la producción agrícola, contando con una enriquecida jerarquía eclesiástica —episcopal y abacial— y unos emergentes magnates, tanto grandes propietarios como servidores vicariales y vizcondales del conde. Este afianzamiento interno acentúa la visión de las tierras situadas al oeste de la frontera condal, más allá de los ríos Llobregat y Cardener, como una franja territorial desorganizada entre los dominios condales y los espacios andalusíes de coetáneo desarrollo, a lo largo de las actuales comarcas de Penedés, Anoia, oeste de Solsonés y Cuenca de Tremp. Ante este territorio, la musulmana Lérida avanza en la ocupación y articulación de los ejes fluviales y del llano de Mascançà, sobre todo desde que en 882 se erige en distrito propio bajo los Banu Qasi, asegurando la capital con su consolidación urbana y fortificación en 884, pensada sobre todo contra las pugnas con los Tugibíes y con los at-Tawil de Huesca.

No obstante, ya en el año 882 el emir al-Múndir parte de Lérida para remontar el Segre e infligir un ataque a la Cerdaña. Al año siguiente, Vifredo pretende cercenar el emergente peligro leridano, pero fracasa antes de llegar a la ciudad. En 891 se sufre otra incursión musulmana. En 896 Muhammad b. Lubb afianza su dominio leridano tanto contra los at-Tawil de Huesca como contra el conde Vifredo. En 897 éste caerá herido de muerte en Valldora, en el interior del valle de Lord, a manos del mismo señor de Lérida, según la reconstrucción de Ibn Hayyan. Fue sepultado en el monasterio de Ripoll que él mismo había fundado.

La muerte de Vifredo es seguida por la división de sus dominios entre sus hijos sin esperar ningún refrendo superior, evidenciando así el trato privado de los dominios recibidos con carácter público: Vifredo Borrell obtiene Barcelona, Gerona y Osona; Miró, Besalú y Cerdaña; Sunifredo, Urgel, y Suñer es asociado en los dominios de Guifré Borrell, mientras que Radulfo, ofrecido en su momento por el conde a Ripoll, será posteriormente obispo de Urgel y las hijas Emma y Quixol perseverarán en la vida religiosa, restando aún Riquilda, Ermesenda y Guinedilda.

El recuerdo de la labor de Vifredo se mantiene en las generaciones inmediatas. Sus hijos esperan beneficiarle espiritualmente en sus donaciones a centros religiosos, como especifica Suñer en 933 y 944 y Sunifredo en 939, y sus disposiciones son recordadas por su nieto Borrell de Barcelona y de Urgel al aceptar, a mediados del siglo X, el ordenamiento de las parroquias del valle de Lord, los diezmos dominicales concedidos a la sede urgelense o al mencionar la procedencia de los bienes que cede al monasterio de Ripoll.

Si el mismo Borrell le menciona en 949 como constructor de San Juan de las Abadesas, otro nieto, Miró de Gerona, en 977 le dedica una extensa y ampulosa alabanza por sus virtudes humanas y espirituales, por haber expulsado a los musulmanes, por colonizar las tierras desiertas, por edificar iglesias y por proteger a los religiosos con fundaciones como Santa María de Ripoll. En 988 el vizconde de Osona le atribuye la fundación del monasterio de Serrateix y en 1019 su biznieto Vifredo II de Cerdaña, al volver a dotar la iglesia de Formiguera, de entre todos los participantes del acto de 873 sólo menciona “comite Wifredo et fratre eius”. La memoria de las actuaciones de Vifredo avala reivindicaciones en el siglo XI, como las que respecto de Montserrat formula el abad Oliva, quien en sus obras literarias le dedica un elogioso epitafio.

En el siglo XII la Gesta comitum Barcinonensium designa a Vifredo como el Velloso, le hace titular de un territorio ganado por las armas “a Narbona usque in Hispaniam” y lo muestra fiel al soberano a pesar de que ha de liberar él mismo Barcelona de los musulmanes para instaurar un señorío hereditario. A partir de aquí se recrean las versiones legendarias que inciden en su alta alcurnia, que enlazaría con la monarquía carolingia, su singular personalidad y heroicidad y su función como libertador del país frente a los musulmanes y creador del linaje de los condes independientes de Barcelona. Las evocaciones míticas en el siglo XV lo enlazan con Tubal y en el XVI lo entremezclan con leyendas libertadoras de males simbolizados con los dragones. En 1551 Beuter le atribuye el escudo de Cataluña, que serían cuatro barras rojas de sangre brotada de sus heridas e impregnadas con los dedos de la mano derecha del Emperador.

SABATÉ CURULL, Flocel, «Wifredo», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, https://dbe.rah.es/biografias / 6006/vifredo)