Sancho IV de Castilla

Datos biográficos

Rey de Castilla: 1284-1295
Sobrenombre: el Bravo
Nacimiento: 1258
Fallecimiento: 1295
Predecesor: Alfonso X
Sucesor: Fernando IV

Biografía

Sancho IV en una miniatura medieval (s. XIII)Sancho IV en una miniatura medieval (s. XIII).

Segundogénito y sucesor de Alfonso X el Sabio y Violante de Aragón, y hermano de los infantes Fernando y Juan. En 1275 murió su hermano mayor, Fernando de la Cerda, con lo que se abrió una de las crisis sucesorias más profundas que afectaron al reino de Castilla en toda la Edad Media. En efecto, Alfonso X proclamó heredero a su segundogénito, Sancho, frente a los legítimos derechos que ostentaban los hijos de Fernando de la Cerda y de la princesa Blanca de Francia —hija de Felipe III de Francia (1270-1285)—, Alfonso y Fernando, los infantes de la Cerda, tal y como recogían las nuevas leyes del reino que él mismo había compilado en su Código de las Siete Partidas.

No obstante, el viejo monarca se vio presionado a elegir a Sancho por los robustos apoyos con que contaba: la familia de los Haro, encabezada por Diego López de Haro, que a su vez era necesaria ante las aspiraciones del reino castellano de anexionarse Navarra —su solar radicaba en Vizcaya, señorío, a la sazón, de Lope Díaz de Haro—; la necesidad de elegir a un jefe militar contrastado ante la inminente amenaza de los benimerines marroquíes, recién desembarcados en la Península; y la política del propio Sancho, que había conseguido la adscripción de las principales ciudades del reino, una vez que hubo permitido la creación de las hermandades de los burgos, así como la de las órdenes militares y la de buena parte de los prelados y magnates leoneses.

Por su parte, los infantes de la Cerda contaban con el apoyo de la otra gran familia nobiliaria castellana, los Lara, personalizados en el señor de Albarracín, Juan Núñez de Lara, y del infante Juan, a quien su padre había concedido el gobierno de Andalucía, siempre inquieto y proclive a la sedición. Todo ello hizo que no fructificara el intento de acuerdo de gobierno que entre ambas partes intentó Alfonso X años después.

Otro motivo de intenso malestar fue su matrimonio, tras rechazar el enlace que su padre negoció con Guillerma de Moncada, hija del vizconde Gastón de Béarn, con su prima María de Molina (1281), heredera del señorío homónimo, lo que provocó el profundo rechazo de su padre y, especialmente, del papa Martín IV (1281-1285), que siempre se opuso a dar la necesaria dispensa papal para su enlace a causa del alto grado de consanguinidad entre ambos.

Así, a la muerte de su padre (4-IV-1284) y tras proclamarse rey en Toledo, Sancho IV tenía ante sí un panorama político ciertamente difícil. A la oposición de los Lara y de los infantes de la Cerda, refugiados en Aragón, se unía la de Francia, que deseaba, así mismo, anexionarse Navarra; la de los señores vizcaínos, que pretendían cobrarse con heredades y cargos sus servicios, y la independencia de las ciudades que amparaban las hermandades que él mismo había creado. De esta forma, la política de Sancho IV se encaminó a asegurar el trono a su primogénito, el futuro Fernando IV el Emplazado de Castilla y León (1285-1312), que había nacido en Sevilla en 1285.

Por una parte, hubo de mantener un equilibrio difícil con Francia a la que necesitaba imperiosamente para interceder por él ante el papa, y con Aragón, enemistada con Francia y con el pontificado desde la invasión aragonesa de Sicilia (1282), y donde se habían refugiado los legítimos herederos. Así, concluyó con Pedro III de Aragón (1276-1285) una alianza en la que se comprometía a ayudarlo militarmente ante un posible ataque francés, siempre que él no tuviera que acudir en auxilio de Andalucía amenazada por los benimerines, a cambio de que el monarca aragonés se comprometiera a mantener presos a los infantes de la Cerda y desalojara de su señorío a Juan Núñez de Lara, como así hizo Pedro III, que encerró en el castillo de Xátiva (Valencia) durante años a los primeros, y obligó al segundo al exilio en Francia.

El mismo de 1285, Felipe III de Francia invadía tierras catalanas, pero Sancho IV pudo evitar verse involucrado ante un nuevo desembarco en la Península de los benimerines. En efecto, el sultán Abu Yusuf Yaqub (Yusuf I, 1286-1307) tomó tierra en Tarifa (Cádiz) y se dirigió a Sevilla, a donde acudió también Sancho, quien finalmente concluyó un pacto (21-X-1285) de no agresión mutua y de respeto del comercio libre entre ambos lados del Estrecho, a cambio de una rica indemnización del benimerín.

Conflictos con Francia y Aragón

No obstante, ese mismo año se produjo un importante cambio en el escenario político internacional al cesar el apoyo de los reyes francés y aragonés, y del papa. En efecto, Felipe IV el Hermoso de Francia (I de Navarra) (1285-1314) decidió desentenderse de la política castellana; el nuevo papa, Honorio IV (1285-1287), pareció más flexible ante la situación matrimonial de Sancho IV, y en cambio, el nuevo monarca aragonés, Alfonso III el Liberal (1285-1291), decidió cambiar de política y apoyar abiertamente la candidatura de Alfonso de la Cerda al trono castellano, a quien proclamó rey legítimo en Jaca (Huesca, 1288).

En el ámbito interno, el reino atravesaba también momentos inestables. El ascenso de Diego López de Haro, que había desplazado de la privanza a García Gómez, culminó con el arriendo de las rentas del reino al prestamista judío Abraham Barchillón (VI-1287), vasallo del de Haro, con lo que la Hacienda real pasaba a manos del nuevo privado, aunque eso motivó también su fulminante caída.

Presionado por la nobleza, encabezada ahora por Álvar Núñez de Lara y por el infante Juan; por el pueblo, que veía con malos ojos el arriendo de las cuentas del reino a un judío, y por su propia esposa, María de Molina, partidaria de un acercamiento con Francia frente al filoaragonesismo de los de Haro, la relación entre ambos se fue deteriorando hasta que el propio monarca, en una entrevista celebrada en Alfaro (La Rioja) el 8-VI-1288, asesinó con su propia espada a su antiguo privado.

Así mismo, se apresuró a celebrar la alianza con Francia frente a Aragón que su esposa quería, lo que provocó la enemistad de Alfonso III y la citada proclamación de Alfonso de la Cerda en Jaca; el nombramiento para la privanza del antiguo exiliado, Juan Núñez de Lara, y el inicio de la guerra en la frontera castellano-aragonesa, en la que los infantes contaron con el apoyo de Lope Díaz de Haro.

A pesar de la derrota de Sancho IV en la batalla de Pajarón (Cuenca, 1290), lo cierto es que los frentes se mantuvieron estables hasta que, a la muerte de Alfonso III (1291), las hostilidades cesaron tras la firma de la concordia de Monteagudo (29-XI-1291) con su sucesor Jaime II (1291-1327), por la que se comprometía a ayudar al monarca aragonés en su lucha contra franceses y angevinos a cambio de la colaboración de este en la reconquista castellana de Andalucía; así mismo concertó el matrimonio de su hija primogénita, Isabel, con el rey aragonés.

Así, tropas aragonesas estuvieron presentes en la reconquista de Tarifa (13-X-1292) —en cuyos combates participó, del bando del benimerín, el infante Juan—, aunque en 1295 el rey aragonés firmaba con el papa el tratado de Agnani (1295), con lo que podía retomar la antigua política de Alfonso III. Ese mismo año, no obstante, aquejado de una severa enfermedad, Sancho IV moría en Toledo cuando preparaba la campaña de Algeciras.

En sus últimas disposiciones testamentarias nombró a su esposa como tutora del nuevo rey, que por entonces tenía solo once años de edad. De su matrimonio con María de Molina nació también Beatriz, esposa de Alfonso IV de Portugal (1325-1357).

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIX, págs. 9461-9462.
Hijos de Sancho IV y María de Molina