Juan I de Castilla

Rey de Castilla: 1379-1390

Nacimiento: 1358

Fallecimiento: 1390

Antecesor: Enrique II

Sucesor: Enrique III

Sepulcro de Juan I. Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo.Sepulcro de Juan I. Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo.

Quemó en la llama de la generosidad y en la del amor hacia sus súbditos, y este matiz peculiar e inédito en la historia de los Trastámara, junto a la tenacidad administrativa de su padre Enrique II, formaron luego las preseas con que se ornaron los mejores de la dinastía, tanto en Castilla como en Aragón. Aquellos rasgos explican la fecundidad del gobierno interior de Juan I, caracterizado por una íntima fusión entre el rey y el país, y, asimismo, la tenacidad del afecto popular que rodeó al monarca y que le permitió superar las más adversas y dolorosas peripecias de su reinado. Puede decirse que Juan I consolidó la obra de su padre e hincó fuertemente la dinastía Trastámara en Castilla más con el corazón que con la espada. Le fue esquiva la fortuna de las armas, y aprehendió la vida con la bondad de su espíritu.

La muerte de Enrique II en Santo Domingo de la Calzada el 29 de mayo de 1379 dio la corona de Castilla a su primogénito Juan, habido de doña Juana Manuel, nacido en Épila (Aragón) el 24 de agosto de 1358, ya la sazón de unos veinte años de edad. El nuevo monarca, cuya adscripción al mecanismo de las cortes castellanas se puso muy pronto de relieve, siguió en su política exterior los precedentes establecidos por su padre, e incluso estrechó la alianza con Francia. A tal fin en el problema del Cisma de Occidente, ante el cual su padre había practicado una política de neutralidad, se declaró Juan I partidario de la causa del antipapa de Aviñón, Clemente VII, al que reconoció en 1381. Al mismo tiempo, continuó prestando auxilio a Carlos V en la guerra de los Cien Años, de modo que en 1380 una escuadra castellana realizó la proeza de remontar el Támesis hasta las inmediaciones de Londres. Sin embargo, esta política anti inglesa resultó en definitiva perjudicial para la causa de Juan I, pues buena parte de los conflictos con Portugal durante esta época fueron suscitados o avivados por la corte de Inglaterra.

Fernando I de Portugal, que ya en tiempos de Enrique II había reclamado la corona de Castilla, renovó sus pretensiones al subir al trono Juan I. Contenido por las treguas de 1380, buscó luego la alianza con Inglaterra, y, habiéndola obtenido, se lanzó a la lucha, a la que Juan I hizo frente desde 1381 con singular acierto. En 1382 la flota real castellana atacó Lisboa, y el 9 de agosto del mismo año don Fernando se inclinó a firmar paces con Castilla. Después de un nuevo convenio en marzo de 1383, Juan I casó con doña Beatriz, hija y heredera del monarca de Portugal, con determinadas estipulaciones para evitar que este reino fuera anexionado al castellano.

La muerte de don Fernando, el 22 de octubre de 1383, indujo a Juan I a proclamarse rey de Portugal. Pero los portugueses no se mostraron partidarios del rey castellano, sino que aclamaron a Juan de Avis, hijo bastardo de Pedro I. El de Avís organizó la resistencia nacional contra Juan I de Castilla, a quien la reina gobernadora, doña Leonor, entregó el gobierno el 12 de enero de 1384 en Santarém. Aquel mismo año los castellanos sufrían dos graves descalabros; una derrota campal en Atoleiros y el levantamiento del sitio de Lisboa a causa de la peste que diezmó las filas de las huestes de Juan I. Este no cejó en sus propósitos, a pesar de que la voluntad de Portugal se afirmó con la coronación del bastardo de Avís el 6 de abril de 1385. Con un lucido ejército penetró en tierras portuguesas por la frontera extremeña, pero sufrió un irreparable desastre en Aljubarrota el 15 de agosto de 1385.

Inglaterra aprovechó la oportunidad para desembarcar en las costas gallegas al duque de Lancaster, Juan de Gante, otro de los que reclamaban los derechos al trono de Castilla, esta vez para su esposa doña Constanza, hija de Pedro I el Cruel. Juan de Gante se apoderó de Santiago y concertó una alianza con el de Avis (1380). Al año siguiente intentó pasar a la Meseta; rechazado en Benavente, cobró Valderas, Villalpando y otros lugares. Pero su tentativa era muy arriesgada, por lo que no hallando ambiente para su causa, concertó con Juan I el tratado de Troncoso (1387), por el que se ponía fin a la cuestión dinástica, con el enlace del heredero de Castilla con la infanta, Catalina, hija del duque de Lancaster y depositaria de los derechos de Pedro I el Cruel. Poco después se firmaba una tregua de seis años con Portugal Las cortes castellanas ratificaron estas decisiones. Al finalizar las de Guadalajara, Juan I halló la muerte en Alcalá de Henares, consecuencia de una caída de caballo, el 9 de octubre de 1390.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, págs. 151-152.