Alfonso X el Sabio

Dinastía: Borgoña

Predecesor Castilla: Fernando III

Predecesor Imperio: Guillermo

Sucesor Castilla: Sancho IV

Sucesor Imperio: Rodolfo I

Biografía

Alfonso XRetrato imaginario de Alfonso X de Castilla, por Joaquín Domínguez Bécquer.

ALFONSO X, rey de Castilla y de León (1221-1284; 1252-1284). [Toledo-Sevilla] El Sabio. Primogénito de los diez hijos que dio a Fernando III su matrimonio con Beatriz de Suabia; tenía treinta y un años cuando sucedió a su padre, a la muerte de este. Como infante había participado en las empresas andaluzas y suya personal fue la incorporación del reino de Murcia a la corona castellana. En 1249 había casado con Violante (llamada también Yolanda), hija del rey de Aragón, Jaime I.

Aunque desde joven manifiesta aficiones literarias y científicas, el reinado de Alfonso comienza con empresas guerreras: disputa a Alfonso III unas plazas del Algarve, que después le entregará como dote de su hija natural Beatriz, al casar esta con el rey portugués. En 1254 pretende la Gascuña, que había sido dote de la reina Leonor de Inglaterra, a Enrique III, y donde representa sus derechos con las armas Gastón de Bearne. La cuestión se arregla mediante negociaciones, cediendo Alfonso sus derechos a su hermanastra Leonor que celebra, en noviembre del mismo año, sus bodas en Burgos con Eduardo, heredero del trono inglés.

Las pretensiones al trono navarro, o cuando menos a que este reino se reconociese su vasallo, producen desavenencias de Alfonso con su suegro el rey de Aragón Jaime I, que apoya a los navarros. Consecuencia de ellas es el apoyo que encuentran en su reino el infante don Enrique de Castilla El Senador y varios señores castellanos rebelados contra el monarca en 1255. A fines de este año está el rey en Orduña recibiendo el acatamiento de los vizcaínos sublevados por la viuda de don Diego López de Haro. A su paso por Vitoria recibe el homenaje que le presta el rey de Navarra, Teobaldo II, y su madre, la regente del reino. Las paces de Soria (marzo 1256) solucionan las cuestiones pendientes con Aragón y traen la paz entre yerno y suegro.

Aspirante a la Corona Imperial

Este mismo año y por los mismos días ocurre el primer acto de la larga aventura que representará las aspiraciones de Alfonso X a la corona imperial de Alemania. Como representante de los derechos de la Casa de Suabia, que le ha transmitido su madre Beatriz, una embajada de Pisa le ofrece la investidura de Rey de Romanos. Competidores suyos son Otón de Brandenburgo y Ricardo de Cornualles; actúa de muñidor de su elección Arnaldo de Isenburg, arzobispo de Tréveris. Acudiendo él solo a Fráncfort el 1 de abril de 1257, eligió por Rey de Romanos a Alfonso en nombre de Sajonia, Brandenburgo y Bohemia.

El 18 de agosto asistía el monarca castellano, en Burgos, a la solemne lectura del decreto electoral que le hacía una embajada alemana. El 21, ante estos mismos embajadores, daba Alfonso su aceptación solemne y desde entonces el pleito imperial se convertirá para él en una preocupación constante. Las Cortes conceden a disgusto las ayudas de dinero necesarias, pues el fecho del Imperio no goza de la simpatía popular. Los nobles toman de ello pretexto para su actitud levantisca y, por otra parte, las embajadas de Alfonso y el alegato jurídico cuidadosamente elaborado con la colaboración de Rodolfo de Pongibonsi, no consiguen atraer a su partido a la curia romana, cuya actitud oscila con los distintos Papas de una neutralidad no benévola a una hostilidad más o menos manifiesta.

En 1271 la situación parece ofrecer un cariz más favorable, pues una liga de ciudades italianas apoya a Alfonso, quien no llega a enviar a Italia los dos mil hombres de armas que les promete. Una denegación categórica por parte del nuevo papa Gregorio X, elegido en septiembre de 1271, del fundamento jurídico de las aspiraciones del castellano, en vez de amilanar al indeciso Alfonso parece estimularle a una actuación decidida. Reúne Cortes en Ávila (1273) y se dispone a entrevistarse con el Pontífice.

El 1 de octubre Rodolfo de Habsburgo elegido emperador; pero Alfonso sigue firme en sus pretensiones y, por primera vez, envía 900 caballeros en apoyo de la Liga. Con ello disminuye la arrogancia del Papa, que ahora pide a Alfonso desista de su pretensión. Terco en su empeño, Alfonso sale de Castilla, llegando en mayo a Beaucaire, lugar señalado para la entrevista por Gregorio X, que asistía entonces al Concilio de Lyon. Allí permaneció hasta julio y el resultado de las negociaciones fue la promesa verbal por parte de Alfonso de renunciar a sus pretensiones a cambio de las décimas que necesitaba como ayuda pecuniaria para la lucha contra los moros. De Castilla le llegaban noticias de desastres, entre ellos la muerte de su primogénito, que había de abrir para él un período de amarguras que solo terminaría con su muerte. En octubre obtuvo el Papa el definitivo desistimiento de Alfonso, que sin duda se sentía viejo y fracasado.

El reinado

Alfonso X comienza su reinado intentando proseguir la política reconquistadora de su padre y llevar a término sus proyectos africanos, llegando a enviar al África una expedición mandada por Pedro Martínez de San ta Fe y Juan García de Villamayor, adelantado mayor de la mar. El 10 de septiembre de 1260 entraron por sorpresa en la ciudad marroquí de Salé, haciendo en ella gran botín, pero teniendo que retirarse rápidamente por haber acudido en ayuda de la plaza el emir de Marruecos, Abu Yusuf, y sin que el episodio tuviera otras consecuencias inmediatas. Prosigue después la acción militar en Andalucía tomando Niebla, que tenía cercada el 12 de febrero de 1262 y a la que concede fuero el 28 de febrero siguiente. Más oscura aparece la cuestión de la conquista de Cádiz, confundida en los manuscritos de la Crónica de Alfonso X con la de Salé. Ultimamente Antonio Ballesteros, autor de una monografía de este reinado, se inclinaba a creer que debió caer en 1262, posiblemente el 14 de octubre, por un ataque terrestre en combinación con la flotaH. de E., III, primera parte, segunda edición, 1948, página 40.

En 1264 ocurre un levantamiento general de los musulmanes españoles a instigación del rey de Granada, vasallo infiel del rey de Castilla, y con el apoyo del soberano almohade de Túnez. La conspiración era muy extensa y estuvo a punto de apoderarse de las personas de los reyes, que a última hora recibieron un aviso y pudieron salvarse y escapar de Sevilla. Entre otras plazas de las que se apoderaron los moros estaban las de Jerez, Arcos, Véjer y Medina Sidonia. Esta última había sido recobrada ya el 22 de septiembre. La campaña la dirigió primero personalmente el rey y después el infante don Manuel. Tuvo participación importante en ella la Orden de Calatrava. El reino de Murcia lo recobró Jaime I, entregándoselo después generosamente a su yerno.

En 1265 proseguía la guerra con el granadino, quien parece pedía la paz en el año siguiente. Sin embargo, Granada sigue siendo fuente de preocupaciones para Alfonso X. A ella se acoge, con otros nobles sublevados, el infante don Felipe de Castilla —hermano del rey— en 1272, y desde allí hace la guerra al rey de Castilla, que le combate con ayuda aragonesa. En el año siguiente muere Muhammad I y, privados de su apoyo, los nobles rebeldes vuelven a la obediencia del rey. El 13 de marzo desembarca en Tarifa Abu Yúsuf (Abenjucef) de Marruecos con sus benimerines. El 7 de septiembre muere, delante de Écija, don Nuño de Lara, que había salido a su encuentro. También muere, en octubre, el infante don Sancho, arzobispo de Toledo, al intentar oponerse a la invasión del obispado de Jaén.

Don Fernando y los infantes de la Cerda

Don Fernando de la Cerda, que había quedado como regente del reino durante la ausencia de Alfonso en Francia, al dirigirse a Andalucía para ponerse al frente del ejército, enferma y muere en Villarreal (hoy Ciudad Real), en agosto de 1275. Con ello se complica aún más la situación interna del reino, al aspirar a la sucesión a la vez los hijos del difunto y su hermano el infante don Sancho.

Prosigue, sin embargo, la guerra con Granada, complicada con la cuestión sucesoria, ocurriendo el desgraciado episodio de Moclín, en el que muere el maestre de Santiago y el infructuoso sitio de Algeciras (1279?), durante el cual el rey condena a muerte al recaudador de las rentas reales, el judío don Zag de la Malena, por haber entregado el producto de su recaudación al infante don Sancho.

La postura rebelde en que este se había colocado era consecuencia de que a la muerte de don Fernando, el primogénito, y de acuerdo con la doctrina legal romanizante establecida en las Partidas, se había reconocido a los hijos de este, los infantes de la Cerda, el derecho de representación, en perjuicio del que creía ostentar don Sancho con carácter preferente, de acuerdo con el derecho tradicional del reino, el cual es reconocido en unas Cortes de Segovia que debieron reunirse en 1278. Los infantes de la Cerda tienen un apoyo firme en su tío carnal el rey de Francia Felipe III.

En la corte juegan intereses encontrados. La reina doña Violante lleva a su nuera y a los hijos de esta a Aragón, donde espera que los proteja su hermano Pedro III. El viaje lo realizó sin conocimiento ni consentimiento del rey, quien hace matar por entonces a su hermano, el infante don Fadrique, y al yerno de este, don Simón Ruiz, señor de los Cameros, complicados a lo que parece en este asunto y culpables de otros manejos desleales mal conocidos.

Alfonso, que teme la violencia de su hijo, aparece como apoyando sus pretensiones, provocando así una peligrosa tensión que amenaza desembocar en guerra con Francia. Esta se conjura en la entrevista que tienen los dos monarcas el 30 de diciembre de 1280, proyectándose allí la creación de un reino vasallo de Castilla para Alfonso de la Cerda, el mayor de los infantes; pero el proyecto encuentra la oposición cerrada de don Sancho, que desde entonces se distancia cada vez más de su padre, hasta declararse en franca rebeldía en el año de 1282, en el que una junta de altos eclesiásticos y magnates, reunida en Valladolid en el mes de abril, pronuncia la deposición de Alfonso X.

Este se alía con Abu Yusuf de Marruecos, quien con sus benimerines llega hasta Toledo. En Sevilla, la ciudad que le será siempre fiel, pronuncia la sentencia en que deshereda a don Sancho (8 de noviembre de 1282) y declara sus herederos a sus nietos los infantes de la Cerda y en su defecto al rey de Francia Felipe III. Estas disposiciones son ratificadas con algunas modificaciones de poca monta en su testamento de 22 de enero de 1284, origen de guerras y conflictos. Este mismo año, el 4 de abril, moría Alfonso en Sevilla, después de haber maldecido a su hijo rebelde en el lecho de la muerte.

Aportaciones culturales

Si en el aspecto político el reinado de Alfonso X puede considerarse como una sucesión de fracasos, tanto en la política interior como en la internacional, sus grandes realizaciones en el campo de la cultura le merecieron con justicia el apelativo de Sabio. Feliz cultivador desde sus años mozos de infante de la lírica gallega en poesías de inspiración profana y amorosa, compuso en ellas las devotas Cantigas e Loores de Santa María, de las que conservamos preciosos códices espléndidamente miniados salidos de la cámara regia. Rodeado de un grupo numeroso de gentes cristianas. musulmanas y judías, desarrolló una actividad prodigiosa tanto en el campo del Derecho (Fuero Real, Leyes del Estilo, Partidas) como de la Historia (Crónica General, Grande e General Estoria), la Astronomía (Tablas alfonsíes, Libros del Saber de Astronomía), sin contar otras obras como el Lapidario, el Libro de los Juegos y las curiosísimas versiones a varios idiomas del libro musulmán de la Ascensión de Mahoma, inéditas hasta hace muy poco tiempo.

Siendo infante tuvo Alfonso X de doña Mayor Guillén de Guzmán y antes de su matrimonio con doña Violante, a Beatriz, que después fue reina de Portugal por su matrimonio con don Alfonso III. Se ha supuesto que fueron también hijos bastardos suyos Alfonso Fernández, hijo de María Daulada, que fue después señor de Molina, y un Don Alffonso fijo del Rey, que Ballesteros cree hijo de una dama palentina. De su matrimonio con Violante de Aragón nacieron: Berenguela, Beatriz, Fernando de la Cerda, Sancho (IV), Pedro, Juan, Jaime, Violante, Isabel y Leonor.

VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 131-134.