Ramiro I de Asturias

Datos biográficos

Dinastía: Astur-Leonesa
Rey de Asturias: 842-850
Nacimiento: 789
Fallecimiento: 850
Predecesor: Alfonso II
Sucesor: Ordoño I

Biografía

Nació hacia 789 y murió en San Miguel de Lillo, Oviedo, Asturias, I-850. Hijo de Vermudo I el Diácono (788-791), sucesor de su primo segundo Alfonso II el Casto (783, 791-842) y padre del futuro Ordoño I (850-866). Accedió al solio regio según la tradición electiva que la monarquía astur recogió de la vieja fórmula goda.

A la muerte de Alfonso II, fue proclamado rey por un grupo influyente de nobles del Aula Regia —que seguramente ya habían preparado se elección con la aquiescencia del propio Alfonso II—, por delante de las aspiraciones de comes palatii Nepociano, cuñado de Alfonso II por su matrimonio con una hija de Fruela I (757-768) —descendiente del linaje de Pelayo (718-739), mientras que Ramiro representaba la continuación del linaje del duque Pedro de Cantabria.—

Su elección, así como su inmediato desconocimiento por Nepociano, que consiguió usurpar el cetro astur con el apoyo de una parte de los magnates cántabros y astures, sorprendió a Ramiro I en tierras de Castilla, adonde había viajado para contraer segundas nupcias con una dama castellana, seguramente la Paterna regina que reza en la inscripción de un ara votiva emplazada en el templo de Santa María del Naranco —palacio de recreo, sede del Aula Regia y uno de los mejores ejemplos del arte prerrománico asturiano, erigido a instancias del propio Ramiro I.—

Ramiro I decidió entonces dirigirse a Galicia; reunió un ejército a las puertas de Lugo y se adentró en tierras asturianas. Ambos contendientes, al parecer, se enfrentaron a orillas del río Narcea; sea esto cierto o no, sí que parece irrefutable que Nepociano sufrió muchas deserciones, entre ellas las de los condes Escipión y Sonna, que poco después prendieron al conde rebelde y lo llevaron a presencia de Ramiro I, quien lo hizo encerrar en un convento tras cegarle la vista.

Por lo que respecta a la política interior, el reinado de Ramiro I supuso un periodo de afianzamiento del poder real frente a la política disgregadora de la nobleza; tras poner fin a la rebelión de Nepociano, y la del comes palatii Piniolo, que fue ajusticiado junto a sus siete hijos. Como refiere el Códice Albeldense, que intitula a Ramiro I como verga iustitiae (vara de la justicia), se encargó, además, de atajar el pujante bandolerismo y las recurrentes prácticas de magia y brujería.

Por otra parte continuó la labor constructiva de su predecesor; a su impulso se deben tres de los ejemplos más notables del arte prerrománico asturiano: la citada Santa María del Naranco y las iglesias de San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena, lo que derivó en la acuñación de la expresión arte ramirense utilizado para referirse a las técnicas arquitectónicas y las peculiaridades constructivas propias de su reinado.

Si pudo concentrarse en toda esta actividad interior fue porque su reinado disfrutó de un periodo de relativa paz en sus relaciones con al Andalus, ya que el emir Abderramán II (822-852) anduvo ocupado en otros asuntos, también de carácter interno: la continua oposición al poder emiral de los levantiscos Banu Qasi, gobernadores de la Marca Superior, a menudo en connivencia con los vascones de Pamplona, y la peligrosa incursión de los normandos en el corazón del emirato, que, remontando el Guadalquivir, llegaron y saquearon Sevilla (844) después de que, meses antes, el propio Ramiro I los hubiera rechazado, primero cerca de Gijón (Asturias), y después en las cercanías del afro de la Torre de Hércules (La Coruña), donde consiguió quemarles más de sesenta naves, en lo que fue la primera aparición normanda en las costas peninsulares.

Así pues, las contiendas militares contra los musulmanes durante su reinado se reducen a dos, tras descartar la legendaria batalla de Clavijo. En 845, una expedición asturiana llegó, por vez primera desde la invasión musulmana de la Península, a la ciudad de León con intención de repoblarla; no obstante, en 846 un ejército musulmán al mando de Muhammad I, hijo Abderramán II, puso en fuga a los moradores cristianos, incendió la ciudad e intentó, sin conseguirlo, derruir las murallas romanas. Se tiene constancia, pero no datos ciertos sobre su resultado, de una aceifa dirigida dos veranos después por otro hijo de Abderramán II, al Mundir, a tierras de Álava.

A su muerte le sucedió su hijo Ordoño I, habido de su primer matrimonio, a quien había asociado al trono y designado gobernador de Galicia en 847; de este modo, a partir de Ordoño I, la línea sucesoria de los reyes asturleoneses residió de manera definitiva en la línea patrilineal hereditaria, superando así la vieja fórmula electiva de la monarquía visigoda. Según refiere el Albeldense, Ramiro I murió en san Miguel de Lillo y fue enterrado en el panteón real de la catedral de Oviedo el 1-II-850.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XVIII págs. 8608-8608.