Pedro III de Aragón

Datos biográficos

Rey de Aragón: 1276-1285
Rey de Valencia y Sicilia
Conde de Barcelona
Sobrenombre: el Grande
Nacimiento: 1239
Fallecimiento: 11-XI-1285
Predecesor: Jaime I
Sucesor: Alfonso III

Biografía

En la historia de la Corona de Aragón la figura de Pedro III encarna la iniciación de la gran política mediterránea. Limitada la expansión catalano-aragonesa en tiempos de Jaime I por los tratados de Almizra y Corbeil, las cuales fijaron las fronteras del Estado, por el Oeste con Castilla y por el Norte con Francia, el único camino que quedaba libre para las energías de la Corona era el trazado por los surcos de las galeras catalanas en el azul del Mediterráneo.

Retrato Pedro el Grande.Retrato Pedro el Grande..

Aquí, precisamente, se había producido un vació geopolítico. La extinción de los Staufen de Nápoles y Sicilia, la crisis del Reich alemán y la debilidad material del Papado, permitieron a Pedro III la realización de los sueños más vastos, en concurrencia con otra gran figura de la época, Carlos de Anjou.

Pedro III, con Jaime II y Pedro IV, forma parte de la trilogía de grandes políticos de la casa de Barcelona en el reino de Aragón. Enérgico, hábil, inteligente y audaz, aventajó a su padre en las cualidades políticas y le igualó en las guerreras. No tuvo los defectos ni las vacilaciones del Conquistador. Siempre fue claro y resuelto en sus decisiones y gracias a estas dotes pudo superar felizmente los peligros internos y las amenazas externas, tan considerables. En efecto, el rey de Aragón fue el primer monarca de Occidente que hizo frente con fortuna a las dos máximas potencias de la época: el Papado y Francia.

Hijo primogénito de Jaime I y de su segunda esposa doña Violante de Hungría, nacido en 1239, la juventud de Pedro III transcurrió entre las luchas contra los musulmanes y las luchas provocadas por la sucesión a la corona de su padre. De su primera esposa, Leonor de Castilla, el Conquistador había tenido un hijo, Alfonso, que legitimó como heredero de Aragón en 1229. Esta designación fue ratificada en 1240 en las cortes aragonesas de Daroca, a la que acudieron representantes de Lérida.

Ambiciosa, enérgica e inteligente, Violante de Hungría se preocupó de dar a sus hijos una parte de la herencia de su padre, y así en 1248 obtuvo que Pedro III recibiera Cataluña y Valencia; Jaime, Baleares; y Fernando los condados del Rosellón y Conflent. Esta decisión provocó la hostilidad del primogénito Alfonso, que se resolvieron en las Cortes de Alcañiz (1250) al reconocerle como heredero de Aragón y Valencia. El infante Alfonso casó con Constanza de Bearn, pero murió poco tiempo después sin haber dejado sucesor. Además, el rey tuvo dos amantes, María e Inés Zapata.

El infante don Pedro, que ya había destacado por su valor en la sumisión de los moros del Sur de Valencia levantados en armas entre 1248 y 1258, reclamó a la muerte de su hermanastro Alfonso, la integridad de las posesiones continentales de su padre, en detrimento de los derechos otorgados a su hermano Jaime en 1248.

Estas pretensiones fueron reconocidas por el codicilo de 11-VIII-1262, firmado por Jaime I pocos después de la boda de su primogénito con Constanza, hija de Manfredo Staufen de Sicilia (13 de junio). Por este instrumento legal, el Conquistador cedía a Pedro Cataluña, Aragón y Valencia, y a Jaime II, las Baleares, Rosellón y Montpellier.

En el último decenio del reinado de Jaime I, la intervención del infante Pedro fue cada vez más activa. Celoso de las prerrogativas regias y poco tolerante con los bastardos de su padre, encendió viva guerra contra su hermanastro Fernán Sánchez de Castro, cabecilla de la revuelta feudal en Aragón y Cataluña. La persecución que desató contra él fue tan viva, que Jaime I dispuso su destitución como lugarteniente de Cataluña (1272), cargo que desempeñaba eventualmente.

La lucha entre los dos hermanos continuó hasta 1275; en este año, después de varios éxitos de Pedro, Fernán Sánchez, que huía del Castillo de Pomar, murió ahogado en aguas del río Cinca, por orden del heredero. Poco después, el 21-VII-1276, seis días antes de su muerte, Jaime I renunciaba en él al gobierno de sus Estados, con el compromiso de que respetaría los derechos de su hermano Jaime II como rey de Mallorca.

Coronado en Zaragoza el 17-XI-1276, Pedro demostró que era capaz de meter en cintura a los que se opusieran a su voluntad. Animoso y magnánimo, sediento de justicia, ese rey católico y emprendedor puso coto a la anarquía de los últimos años del reinado de su padre. En 1277, después de la toma de Montesa, se sometieron a su poder los moros sublevados en Valencia desde 1275; en 1280 puso fin con igual decisión a la revuelta de los barones de la Cataluña occidental; el 20-I-1279 obligó a su hermano Jaime I de Mallorca a que se declarara feudatario de los reyes de Aragón.

Simultáneamente, tejía una vasta red de apoyos internacionales. Tras las entrevistas de Ágreda y Campillo de 1281: el aragonés reconoció como heredero del trono castellano a Sancho IV, en perjuicio de los infantes de la Cerda, hijos de Fernando de la Cerda, el fallecido primogénito de Alfonso X el Sabio. Pedro el Grande recibió a cambio de su apoyo, varias villas fronterizas. En este mismo año casó a su hija mayor, Santa Isabel de Portugal, con el rey don Dionis, y en 1282 pactó el matrimonio de su heredero, Alfonso III, con Leonor de Inglaterra, hija de Eduardo I.

La envergadura de la política internacional de Pedro III se explica por la preparación de una empresa atrevidísima: la conquista de Sicilia. Sometidos los sicilianos a la opresión de Carlos de Anjou después de la ejecución de Conradino en 1268, buscaron el auxilio del rey de Aragón, casado con la hija de Manfredo Staufen. El propio papa Nicolás III alentó estas negociaciones. Pese a la elección de Martín IV en 1281 —declarado angevino—, Pedro III no desistió de sus propósitos.

Con el especioso pretexto de una expedición a Túnez —para proteger el comercio catalán y conseguir una base estratégica de primer orden—;, preparó un poderoso ejército y una no menos poderosa armada, que se hizo al mar el 7-VI-1282 en Portfangós. Ya en Alcoll (cerca de Constantina), en la costa africana tunecina, Pedro recibió la oferta de la corona siciliana, formulada por los nobles de esta isla, los cuales se habían sublevado contra el dominio francés en las Vísperas Sicilianas (30-III-1282).

El rey de Aragón aceptó sin vacilar, y el 31-VIII-1282 era coronado solemnemente en Palermo. Martín IV le excomulgó el 18 de noviembre siguiente. Pero haciendo caso omiso de esta grave amenaza, continuó dirigiendo la lucha, la cual acabó al año siguiente con la expulsión de los angevinos (asociados a los Anjou) de Sicilia, la conquista de las islas de Malta, Gozzo y Gelves, y la derrota de la flota de Anjou por la armada catalana al mando de Roger de Lauria.

Mientras proseguían los éxitos de sus huestes en el mar (victoria del golfo de Nápoles, 1284), Pedro III acudía en un rapto caballeresco a recoger el desafío que le había lanzado Carlos de Anjou para dirimir en Burdeos el 1-VI-1283. Pero la situación se agravaba por momento, ya que el Papado, absolviendo a sus súbditos del juramento de fidelidad, acababa de dar la investidura del reino de Aragón a Carlos de Valois, segundo hijo de Felipe III el Atrevido de Francia (3-V-1284).

En estas circunstancias, se produjo un movimiento de rebeldía en Aragón, cuyos estamentos no comprendían el alcance de la aventura siciliana de su rey. Después de varios forcejeos con miembros de la Unión aragonesa, constituida en 1283, Pedro III les otorgó el Privilegio general, confirmando sus antiguos fueros. Sin embargo, no logró atraérselos a su causa en la lucha que se avecinaba.

También tuvo que reducir por las armas a los señores de Albarracín. Confirmó los privilegios de los catalanes y les dio nuevas prerrogativas políticas —Volem e statiuim, Atorga encara, Recognoverum proceres—, base del constitucionalismo de la Cataluña medieval.

Cuando sobrevino el choque de la cruzada, dirigida por Felipe III de Francia, Jaime I de Mallorca hizo traición a su hermano. En 1285, los cruzados, aliados con el propio hermano de Pedro III, y contando con complicidades peligrosas entre el clero, llegaron hasta Gerona, que capituló tras duro sitio (7-IX-1285), pero la energía del monarca y de su heredero Alfonso, el apoyo de Cataluña y las victorias de los almirantes Marquet, Mallol y Lluria frente a Rosas y Palamós, lograron al cabo rechazar la agresión. Derrotada su flota en el mar, carentes de abastecimientos, se desarrolló en el ejército francés una terrible pestilencia.

Así, a pesar de haber conquistado Gerona (7 de septiembre), Felipe III de Francia ordenó la retirada, que se efectuó en circunstancias particularmente penosas, pues su ejército fue diezmado por los almogávares en el Coll de Panissars. Poco después, cuando preparaba una expedición de castigo contra Mallorca, Pedro III moría en Villafranca del Panadés el 11-XI-1285. Le habían precedido en la tumba Carlos de Anjou (7 de enero), Martín IV (28 de marzo) y Felipe III (5 de octubre), poderosos rivales a los que había sabido imponerse completa y victoriosamente.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 137-138.