Pedro II de Aragón

Datos biográficos

Rey de Aragón: 1196-1213
Conde de Barcelona, 1196-1213
Conde de Rosellón, 1196-1209
Sobrenombre: el Católico
Nacimiento: 1178
Fallecimiento: 13-IX-1213
Predecesor: Alfonso II
Sucesor: Jaime I

Biografía

Robusto y bien formado, audaz hasta la temeridad, sensual, galante, fastuoso, ligero y superficial, tal es el rey de Aragón que tuvo que afrontar una de las crisis más graves de la política exterior de la monarquía: el problema de la herejía albigense (cátaros) en el Languedoc.

Pedro II de Aragón el Católico en un acto feudal en febrero de 1198.Pedro II de Aragón el Católico en un acto feudal en febrero de 1198.

Hasta aquel momento, los reyes aragoneses habían practicado una doble política, la peninsular y la occitana, como si pretendieran crear un imperio que se extendiera a una y otra vertiente de los Pirineos. Lentamente, los condes de Barcelona, luego reyes de Aragón, habían levantado el edificio de este vasto propósito. Pedro II, en uno de sus arrebatos acostumbrados, jugó todas las ganancias logradas por sus mayores a una sola carta. Y al perderla, con la vida, en los campos de batalla de Muret, sacrificó en un gesto de inútil temeridad la labor de ocho generaciones.

Al morir su padre Alfonso II, el 25-IV-1196, Pedro II, que aún no contaba diecinueve años, fue puesto bajo la regencia de su madre doña de Sancha de Castilla, hija de Alfonso VII. El testamento prescribía que esta había de gobernar hasta que el heredero del reino y del condado de Barcelona cumpliera veinte años. Sin embargo, Pedro II tomó posesión del reino y del título real en las Cortes de Daroca en septiembre del mismo año.

Este impulso juvenil enturbió las relaciones entre la madre y el hijo, las cuales, pese a determinados arreglos ulteriores, siempre dejaron mucho que desear. La cuestión esencial de su gobierno la halló planteada desde los primeros años de su reinado, en particular desde que Inocencio III, elevado al papado en 1198, había proclamado su enérgica voluntad de acabar con la herejía albigense.

En 1197 Pedro II había decretado severas penas contra este error, pero en 1200 entregaba la mano de su hemana Leonor a Ramón VII de Tolosa, uno de los príncipes afectados por las amenazas del papa. Esta paradoja se repetirá en el transcurso del reinado de Pedro II: de un lado, su sentimiento católico inalterable; de otro, el deseo de mantener la hegemonía política de su casa en el Languedoc.

En estos dos sentidos dio los pasos siguientes de su política. En 1204 casó con María, hija de Guillermo VIII de Montpellier y de Eudoxia Comneno, quien le llevó en dote la herencia de este floreciente señorío. En el mismo año emprendió un viaje a Roma para ser coronado por Inocencio III. Esta ceremonia, que tuvo lugar el 11 de noviembre, implicaba el reconocimiento del vasallaje de la Corona de Aragón respecto al Papado.

Aunque los motivos que impulsaron a Pedro II a efectuar este acto han sido muy discutidos, hoy se afirma la opinión de que el monarca aragonés intentó consolidar su situación ante los posibles y terribles derroteros que tomara la cuestión religiosa en el Languedoc. No en vano por aquellos mismos días Felipe Augusto de Francia había recibido una incitación de Inocencio III para que acabase con la herejía albigense (cátaros) y se apropiara de las posesiones de los nobles heterodoxos.

De regreso a la Península Hispánica, Pedro II, sumamente pródigo, tuvo necesidad de imponer nuevos tributos a sus pueblos, al objeto de sufragar sus caprichos y sus compromisos, entre ellos el del censo fijado en la infeudación de Roma. Contra el llamado monedaje se levantaron muchas protestas, e incluso se federaron los nobles y las ciudades de Aragón en el primer rudimento de la futura Unión aragonesa.

A pesar de esta intranquilidad interna, Pedro II no vaciló en prestar ayuda a Alfonso VIII de Castilla en sus empresas contra León y Astorga (1196), Navarra y los almohades. De este modo participó personalmente en la gran batalla de las Navas de Tolosa (16-VI-1212), la cual significó la derrota definitiva del Islam en España. Por su parte, don Pedro inició la reconquista de Valencia con la toma de Ademuz y Castielfabib (1210).

Después de su victorioso batallar contra el Islam, Pedro II se decidió a empuñar las armas para salvar a su cuñado el conde de Tolosa, quien se hallaba amenazado gravemente por las huestes antialbigenses de los cruzados de Simón de Montfort. Este había invadido el Mediodía de Francia en 1209, más para satisfacer sus ambiciones políticas que para restaurar la religión católica en aquellos territorios.

Esto explica que los cruzados —gente del país de Oil— cometieran todo tipo de tropelías, en una represión deshonrosa, como se puso de relieve en el asalto y saqueo de Carcasona y Beziers (1209). Pedro II intentó por dos veces, en 1209 y 1211, llegar a una solución de compromiso.

Incluso recibió el homenaje feudal de Simón de Montfort y concertó con él el matrimonio de sus respectivos hijos, Jaime y Amicia (1211). Pero ante la prosecución de las hostilidades contra el conde de Tolosa, el rey de Aragón se decidió a proteger no la causa de los herejes, sino sus intereses políticos y los de sus vasallos languedocianos contra la usurpación de los caballeros franceses.

En 1213 se trasladó a Tolosa, y allí libro contra los cruzados la sangrienta y decisiva batalla de Muret el 13-IX-1213. La temeridad y arrogancia de Pedro II provocaron no solo la derrota de su hueste y su muerte, sino también la pérdida de las aspiraciones ultrapirenaicas de la Corona de Aragón, y significó el triunfo francés en Occitania. Lo perdió por su locura y este lacónico comentario de su propio hijo don Jaime expresa cabalmente el error estratégico y político del extravagante rey de Aragón.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 130-131.