Juan II de Aragón, ii DE nAVARRA

Datos biográficos

Rey de Aragón: 1458-1479
Rey de Navarra: 1441-1479
Sobrenombre: el Grande
Nacimiento: 1398
Fallecimiento: 19-I-1479
Predecesor en Aragón: Alfonso V
Predecesor en Navarra: Blanca I
Sucesor en Aragón: Fernando II
Sucesor en Navarra: Leonor I
Padre: Fernando I
Madre: Leonor de Alburquerque
Consorte: Blanca I
Consorte: Juana Enríquez

Índice

Introducción
Enfrentamiento con Carlos de Viana
La revuelta catalana

Introducción

Rey de Mallorca, Valencia y Cerdeña y Córcega, Rey de Sicilia. Señor de Castrojeriz. Hijo de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque. Siendo su padre regente de Castilla le dio el ducado de Peñafiel, trasladándose a Aragón en 1412, después de haber sido designado Fernando, por los compromisarios de Caspe, para la corona de este reino. En 1415 fue nombrado lugarteniente general de Sicilia, cargo que desempeñó con acierto. Al heredar el reino, su hermano Alfonso [V] lo llamó a la Península, donde casó el 18 de junio de 1420 con Blanca I de Navarra, hija y heredera de Carlos III el Noble y viuda de Martín el Joven de Sicilia.

Juan II de Aragón por Manuel Aguirre y MonsalbeRetrato del Rey Juan II de Aragón, 1854

El infante don Juan intervino activamente en la política de Castilla por su deseo de adueñarse de la voluntad de Juan II, en lucha con su hermano Enrique, que perseguía el mismo fin. Hecho este prisionero en 1421, el infante don Juan se repartió con don Álvaro de Luna los bienes de su hermano. Sin embargo, algún tiempo más tarde, influido por Alfonso V de Aragón, pasó a formar parte del partido enemigo del condestable (1425).

Al morir Carlos III el Noble de Navarra, el 24 de diciembre de 1425, Juan fue proclamado rey en Tarazona; no obstante, siguió interviniendo en las luchas de Castilla, y a principios de 1429, de acuerdo con sus hermanos Alfonso V y don Enrique, invadió este reino con tropas aragonesas y navarras y urdió la sublevación de Extremadura. No tuvo éxito la empresa, firmándose treguas generales en 1430.

Ayudó a Alfonso V en la conquista de Nápoles, tomando parte en la expedición a Gelves y en el sitio de Gaeta, siendo hecho prisionero en Ponza (5 de agosto de 1435) y conducido a Milán, donde poco después, el duque Felipe María Visconti le dio la libertad. A fines de 1435 desembarcó en Barcelona, encargándose de la lugartenencia general de Aragón, Valencia y Mallorca, quedando la del principado de Cataluña en manos de la reina María.

Nuevamente intentó Juan derribar la privanza de don Álvaro de Luna, apoderándose, en 1441, de Juan II de Castilla y gobernando algún tiempo en este reino, hasta que la defección del príncipe de Asturias y la derrota de Olmedo, en 1445, acabaron con la supremacía de los infantes de Aragón en Castilla.

Enfrentamiento con Carlos de Viana

Reclamaron también su actividad los asuntos de Navarra, donde, después de la muerte de la reina Blanca, ejercía la lugartenencia del reino su primogénito el príncipe Carlos de Viana. Con motivo de la invasión castellana, Carlos, sin consultar a su padre, concertó una tregua con el príncipe de Asturias, Enrique de Castilla, hecho que disgustó al rey, el cual nombró para que ejerciese la corregencia al lado del príncipe, a su segunda esposa Juana Enríquez, hija del almirante de Castilla, con la que había casado en Torrelobatón el 1 de septiembre de 1444.

Al morir Blanca de Navarra, en 1441, declaró en su testamento heredero del reino de Navarra a su hijo el príncipe don Carlos, si bien le rogaba que no tomase el título de rey sin el consentimiento de su padre (Desdevises du Dezert, Don Carlos d'Aragon, prince de Viana, París, 1889, pág. 128).

Juan II abusó de esta cláusula, ya que nunca se lo otorgó. Con este motivo, siguieron una serie de conflictos entre padre e hijo, que dieron lugar a la guerra civil entre agramonteses y beaumonteses, partidarios los primeros y enemigos los segundos de don Juan. Después de la derrota de Aybar (1452) cayó Carlos en poder de su padre, quedando en libertad, en 1453, por intervención de las Cortes aragonesas y de la ciudad de Pamplona. Nuevamente derrotado el príncipe, huyó a Francia, refugiándose en la corte de Alfonso V en Nápoles. Juan, en las Cortes de Estella de 1455, desheredó a sus hijos Carlos y Blanca. La muerte de Alfonso el Magnánimo dio la sucesión en los Estados de la corona de Aragón a su hermano don Juan, el 27 de junio de 1458.

El nuevo rey Juan II, rey de Aragón y de Navarra fue reconocido y jurado por los aragoneses el 25 de julio, jurando a su vez los fueros en mano del justicia mayor. El 22 de noviembre entró en Barcelona, prestando el 29 los juramentos acostumbrados. El 10 de enero de 1459 continuó su viaje a Valencia con el mismo objeto. El conflicto entre el rey y el príncipe de Viana seguía en pie.

Después de la muerte de Alfonso V, Carlos pasó a Sicilia, donde se atrajo buen número de partidarios. Inquieto ante su popularidad, Juan II lo llamó a Cataluña, en cuyas costas desembarcó el 11 de agosto de 1459, entrando en Barcelona en de 1460. El 30 de enero había llegado a un acuerdo con su padre, por el que recobró las rentas del principado de Viana y sus demás posesiones, concediendo el rey un perdón general, aunque prohibía a don Carlos residir en Sicilia y Navarra. Barcelona recibió con entusiasmo al príncipe, hecho que molestó a Juan II, el cual salió seguidamente acompañado por la reina para la capital del principado, Don Carlos los esperaba en Igualada. E abduy abrassaren e besaren-se concordes ab gran amor e dilecció, postposada tota differencia, dice el Dietari del Antic Consell Barceloni (t. II, págs. 334 y 335).

Sin embargo, el rey deseaba legar sus estados a Fernando [II], hijo de su segundo matrimonio, movido por la reina Juana Enríquez, que ejercía gran influencia en el ánimo del rey. Por esta razón, no fue jurado el príncipe de Viana como heredero en las Cortes de 1460. Poco después, en las de Lérida, el rey ordenó el encarcelamiento del príncipe, de Juan de Beaumont, prior de Navarra y de Gómez de Frías. Juan II comunicó la detención al general de Cataluña, alegando que la había ordenado per algunes coses que nos son dites, se tractaven e devien fer, per mija de l'Il-lustre Princep nostre fill, en deservey nostre (Desdevises du Dezert, ob. cit., página 308).

La revuelta catalana

La Diputación de Cataluña protestó enérgicamente ante el monarca de la detención del príncipe, y fracasadas sus gestiones en favor de la libertad, Cataluña se alzó en armas (2 de febrero de 1461), y Juan II amenazado por las fuerzas del principado que avanzaban hacia la frontera aragonesa, por el ejército castellano y por los beaumonteses de Navarra, cedió por fin, y el príncipe Carlos fue llevado personalmente por la reina a Barcelona (marzo de 1461).

Pero esto no representaba más que una tregua en la lucha, a pesar de ser ratificada en el convenio de Villafranca el 21 de junio de 1461. EI 24 tuvo lugar la proclamación del príncipe de Viana como primogénito de la corona de Aragón, siendo nombrado lugarteniente general del reino, por las Cortes catalanas, el 30 de julio.

Declinaba la popularidad del príncipe en Cataluña, por algunas diferencias surgidas con la Diputación del General, cuando, el 23 de septiembre de 1461, tras rápida dolencia, moría en el palacio mayor de Barcelona. El Dietario de la Generalidad de Cataluña declara que el príncipe murió de pleuresía. La voz popular acusaba a su madrastra de haberlo envenenado. Desdevises du Dezert dice que no hay prueba documental en que pueda apoyarse esta afirmación. Fue enterrado el 5 de octubre.

Todo un ciclo poético se forma alrededor de la figura de Carlos de Viana, a quien se atribuye la gracia de obrar milagros. La muerte del príncipe no significó el final de la lucha. Juan intentó recobrar la autoridad en Cataluña, pero el rey y Juana Enríquez fueron declarados enemigos del principado. Para poder atender a la lucha, el rey de Aragón firmó la paz con Enrique IV de Castilla, y para ganarse a Luis XI de Francia, que codiciaba Navarra y Cataluña, concertó el matrimonio de Gastón de Foix, vizconde de Castellbó, con madama Magdalena, hermana del monarca francés.

En la entrevista celebrada por ambos en Salvatierra de Bearne, se acordó que el rey de Francia ayudaría al de Aragón con setecientas lanzas, para cuyo pago obligaba las rentas de los condados del Rosellón y Cerdaña. Esto implicaba la cesión momentánea de estos dominios a Francia.

En las Cortes de Calatayud fue jurado como heredero el príncipe don Fernando, y la reina se presentó con él en Barcelona, logrando que también allí fuese reconocido como sucesor.

Desde principios de 1462, los payeses de remensa tomaron una actitud belicosa en defensa de la abolición de los malos usos. En la apreciación de este problema surgieron diferencias entre la Diputación del General de Cataluña y la reina Juana, que se encontraba en Barcelona, haciéndose cada vez más tirantes sus relaciones. En realidad, los remensas servían de pretexto a la rivalidad existente entre la Generalidad y la realeza.

El alzamiento contra Juan II no se hizo esperar. El mando de las fuerzas sublevadas se confió a Hugo Roger, conde de Pallars, que se apoderó de Hostalrich, y después de derrotar a Francisco Verntallat, caudillo de los remensas, que se habían inclinado al bando real, sitió en Gerona a Juana Enríquez. El rey acudió en socorro de la reina y tomó Balaguer, mientras las fuerzas de Cataluña se apoderaban de Tárrega. Tropas francesas, al mando del conde de Foix, obligaron al de Pallars a levantar el cerco de Gerona.

Los rebeldes ofrecen el trono a Enrique IV de Castilla, que el 11 de agosto de 1462 fue proclamado conde de Barcelona. Este envió un pequeño ejército, al mando de Juan de Beaumont y de Juan de Torres. El rey de Aragón sitió Barcelona, que resistió el asedio (8 de septiembre-3 de octubre), tomando Villafranca y Tarragona. Luis XI de Francia, aprovechando la revuelta, se apoderó de los condados de Rosellón y Cerdaña. El soberano de Castilla abandonó poco después a los catalanes que reconocieron como señor a Pedro, condestable de Portugal, hijo del infante don Pedro y de Isabel, hija mayor del conde de Urgel.

El condestable entró en Barcelona el 21 de enero de 1461, jurando el 25 los privilegios, usos y costumbres de Cataluña. Su condición de nieto del conde de Urgel, le dio gran popularidad, pero la ayuda que llevó a Cataluña no fue muy considerable. El nuevo soberano tenía más voluntad que poder, más nobleza que fuerza, dice Rovira y Virgili (Historia Nacional de Catalunya, Barcelona, 1931, t. VI, pág. 554).

Por su parte, Juan II nombra lugarteniente general al príncipe Fernando (1464), incorpora a sus filas a Juan de Beaumont, antiguo partidario del príncipe de Viana, pacta con los beaumonteses y firma treguas con Génova, valiéndose de su amistad con Francisco Sforza, duque de Milán. Lérida capitula ante los ejércitos de Juan II el 8 de julio de 1464; pocos días después, sitian estos Cervera.

El duque de Borgoña, casado con la infanta Isabel, tía de Pedro de Portugal, envió algunas compañías borgoñonas para reforzar el ejército de Cataluña, El 28 de febrero de 1465 tuvo lugar una gran batalla ante Calaf, en la que intervino el príncipe Fernando, que todavía no había cumplido trece años. En ella fueron derrotadas las tropas del condestable, que se retiró a Manresa. El ejército de Juan II llevó las operaciones a la parte baja de Cataluña contra Amposta y Tortosa. Pedro tomaba mientras tanto, en el Norte, La Bisbal, Camprodon y San Juan de las Abadesas.

Cervera se rindió el 14 de agosto de 1465, pasando las fuerzas del rey de Aragón a sitiar el castillo de Amposta y Tortosa. El primero se rindió el 21 de junio de 1466, cayendo Tortosa el 6 de julio. Pedro de Portugal murió en Granollers, el 42 de junio de este año. La muerte fue causada por tuberculosis pulmonar. Mori d'etiquessa, dice el Dietario de la Generalidad ( asiento del 29 de junio de 1466). Algunos historiadores han acogido la versión de que murió envenenado: Tívose por muy cierto que le fueron dadas yerbas, dice Zurita (Anales de la corona de Aragón, Zaragoza, 1610, t. IV, folio 157).

En su testamento nombró heredero al príncipe don Juan, hijo del rey de Portugal. Cataluña ofrece entonces el trono a Renato de Anjou, conde de Provenza, hermano de Luis de Anjou, que había pretendido la corona de Aragón a la muerte de Martín el Humano. Esta designación tenía la ventaja de poder cambiar en alianza la hostilidad de Luis XI de Francia, sobrino de Renato. Efectivamente, poco tiempo después, el rey de Francia le ayudaba en su empresa, tomando la lucha un aspecto más favorable para los catalanes.

Juan II, por su parte, consiguió la alianza de su sobrino el rey de Nápoles, del duque de Milán, del rey de Inglaterra, Eduardo IV, de Carlos el Temerario, y de los duques de Borgoña y Bretaña. La causa de Cataluña había mejorado al pasar de las manos de Pedro de Portugal a las de Renato de Anjou,, ya que suponía, además, la unión con Provenza; pero la súbita muerte de Juan de Lorena, primogénito y lugarteniente de Renato, marcó en la lucha el punto del declive precipitado (Soldevila, Historia de Catalunya, Barcelona, 1935, t. II, pág. 119).

Juan II se apodera entonces de Gerona, largo tiempo sitiada y, seguidamente, de Granollers, Rosas y Peralada, siendo vencidas las tropas catalanas por don Alonso de Aragón junto al río Besós (1471). Sometido el Ampurdán, puso sitio a Barcelona, socorrida por tropas francesas. Cerrado el puerto por la escuadra de Vilamari, Juan II aceptó las condiciones puestas por la ciudad para su capitulación.

El 17 de octubre de 1472 entró el rey en Barcelona después de doce años de ausencia, y el 22, una comisión de consejeros y prohombres le prestaron homenaje de fidelidad. En estos últimos años de lucha el rey había tenido que atender a la sublevación de Leonardo de Aragón en Cerdeña, y a las pretensiones del conde de Foix, que quería alzarse con el reino de Navarra en vida de su suegro, sitiando la plaza de Tudela.

El 13 de febrero de 1468 murió la reina Juana, eficaz colaboradora del rey. Pocos días después, el 7 de marzo, Juan II confirmaba en las Cortes de Zaragoza el contrato de matrimonio entre su hijo primogénito Fernando, que el 21 de septiembre de 1464 había sido jurado en Zaragoza como rey de Sicilia, e Isabel de Castilla, que después de la muerte del príncipe Alfonso fue reconocida como sucesora del trono, el 19 de diciembre de 1468. El matrimonio tuvo lugar en Valladolid el 19 de octubre del año siguiente. El vasto plan de política peninsular de Juan II había sido realizado.

Operado felizmente de cataratas, el monarca aragonés acusa una gran actividad. Interviene para sofocar los disturbios que ocasionaban en el reino de Aragón las luchas entre Lunas y Urreas; negocia el matrimonio de su hija Juana con Fadrique de Sicilia; envía una flota contra Leonardo de Aragón, que se había rebelado en Cerdeña, y trata de recuperar los condados de Rosellón y Cerdaña en poder de Luis XI de Francia.

Aprovechando la circunstancia de que el monarca francés se hallaba amenazado por el de Inglaterra y el duque de Borgoña, Juan entra en Perpiñán, donde es recibido con júbilo; Luis XI envió contra esta ciudad un ejército al mando del duque de Saboya. El rey de Aragón dirigió personalmente la defensa, acudiendo en su auxilio el arzobispo de Zaragoza con sus huestes y el rey de Sicilia, Fernando, con fuerzas aragonesas, catalanas, valencianas y navarras, logrando entrar en la plaza, disfrazado de franciscano, el condestable Pierres de Peralta.

Los franceses se vieron obligados a levantar el cerco, ajustándose una concordia con el rey de Francia por mediación de don Pedro de Rocaberti, según la cual, el rey de Aragón conservaría el señorío de sus condados, obligándose a pagar al francés 300.000 coronas por el sueldo de la gente de armas facilitada por Luis XI en la guerra de Cataluña (octubre de 1473).

Juan II envió sus embajadores a Francia para la ratificación de la concordia. Sin embargo, rompiendo los pactos, el monarca francés invadió los condados que durante veinte años quedaron bajo el dominio de Francia. El rey de Aragón siguió luchando contra los franceses en el Ampurdán; firmó treguas con Génova y entró en la paz ajustada entre Castilla y Francia, aun cuando en ella no fue incluida la cuestión de los condados de Rosellón y Cerdaña, que quedó pendiente (1478).

Juan II murió el 19 de enero de 1479. Sus restos fueron llevados procesionalmente al monasterio de Poblet. Las circunstancias de su enfermedad y muerte han sido descritas por su archivero y cronista Pedro Miguel Carbonell en un manuscrito publicado en la Colección de Documentos inéditos del Archivo de la Corona de Aragón. Juan II ha sido objeto de severos juicios por parte de algunos historiadores catalanes, pero si como hombre es poco elogiable, como político y diplomático, dice Rovira y Virgili, es preciso reconocer que poseía destacadas cualidades que algunos panegiristas han exagerado, hasta el punto de llamarlo el Grande y el Hércules de Aragón (Historia Nacional de Catalunya, Barcelona, 1931, t. VI, pág. 638).

Calmette lo presenta como el más hábil y avisado diplomático de su tiempo, dotado de un profundo sentido de la realidad, exclusivamente guiado por el interés político e igualmente capaz por servir este interés, de un acto de clemencia que de crueldad («Louis XI, Joan II et la révolution catalane», Toulouse, 1903, Bulletin Hisp., t. V, página 192). Giménez Soler dice que fue hombre de extraordinaria energía, que mereció en su patria mucho más de lo que esta hizo por él (La Edad Media en la Corona de Aragón, Barcelona, 1944, pág. 187).

Nunca fueron cordiales sus relaciones con Cataluña. El Dietario de la Generalidad lo llama Joan Sens Fe. Dotado de extraordinaria fuerza de voluntad, tuvo largueza de miras y preparó tenazmente la unidad de los reinos peninsulares. Sus principales consejeros fueron fray Luis Despuig, maestre de Montesa; Pierres de Peralta, condestable de Navarra, Galcerán Oliver y Rodrigo de Rebolledo.

De su matrimonio con Blanca de Navarra nacieron: Carlos, príncipe de Viana; Blanca, esposa de Enrique IV de Castilla, y Leonor, que casó con Gastón, conde de Foix. De su segunda esposa, Juana Enríquez, tuvo a Fernando, que le sucedió en sus Estados, y por su matrimonio con Isabel de Castilla llevó a cabo la unidad nacional; a las infantas Leonor y María, que murieron niñas, y a Juana, que casó con Fernando I de Sicilia.

De sus amores con Leonor de Escobar nació Alfonso de Aragón, conde de Ribagorza; de una dama castellana apellidada Avellaneda, Juan, arzobispo de Zaragoza, y de una señora navarra de la familia de los Ansas, Fernando y María, que murieron niños, y Leonor de Aragón, que casó con Luis de Beaumont, Conde de Lerin y condestable de Navarra. Marineo Siculo habla de otro hijo natural llamado Alfonso, que murió niño (Bofarull, Los condes de Barcelona, vindicados, Barcelona, 1836, t. II, página 330). [A. J.)

JAVIERRE, Áurea, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 568-572.