Jaime II de Aragón

Datos biográficos

Rey de Aragón: 1291-1327
Rey de Mallorca y Cerdeña: 1295-1311
Conde de Barcelona y de Urgel
Sobrenombre: el Justo
Nacimiento: 1267
Fallecimiento: 3-XI-1327
Predecesor: Alfonso III
Sucesor: Alfonso IV

Biografía

Rey de Valencia, Rey de Sicilia: 1285-1295. La crítica histórica moderna revaloriza de forma considerable la personalidad y la actuación de este monarca, en quien halla a uno de los políticos más sagaces de la casa de Aragón. Efectivamente, Jaime II, como su padre, Pedro III el Grande, jamás se dejó dominar por los acontecimientos, antes bien los dirigió con mano firme y segura previsión de los intereses de sus Estados. Por otra parte, su política no fue tan exclusiva como la de Pedro III, puesto que, sin olvidar asuntos mediterráneos, intervino activa y eficazmente en los problemas dinásticos de la época. Puede decirse que fue el primer monarca aragonés que tuvo clara visión de la solidaridad peninsular. Los grandes resultados obtenidos en su acertada gestión gubernamental merecieron ser coronados —aunque no interviniera en ella de modo directo— con la famosísima epopeya de la expedición de los almogávares a Oriente, expresión del imperialismo catalano-aragonés en el Mediterráneo y valoración precursora de las gestas que más tarde habían de cumplir los hispanos en América.

Conseil présidé par jacques II d'aragon.Jaime II de Aragón

Nieto de Jaime I el Conquistador, nació en 1264, hijo segundo de Pedro III y de Constanza de Sicilia, transcurrió su juventud en el principado de Cataluña, hasta que a los dieciocho años de edad pasó con su madre a la isla mencionada para tomar posesión de su gobierno. Mientras su padre luchaba en la Corona de Aragón contra los nobles aragoneses y los cruzados extranjeros, Jaime se iniciaba en las arduas tareas de dirigir un país recién conquistado y amenazado por los anatemas pontificios y las incursiones de los franco-napolitanos.

Su personalidad comenzó a destacar con trazos firmes y autoritarios, muy distintos a los débiles de su hermano mayor Alfonso, quien fue llamado a suceder a Pedro III en la Corona de Aragón a raíz de la muerte de este, acaecida el 11-XI-1285. En esta misma fecha Jaime heredó la isla de Sicilia, de la que se coronó rey en febrero de 1286, después de la renuncia al trono hecha de modo forzado por Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou.

El Papado y Francia vieron con malos ojos la perpetuación de la dinastía aragonesa en Sicilia. No pudiendo vencer la resistencia del rey Jaime, secundado admirablemente por el almirante Roger de Lauria y los almogávares, Francia y la Santa Sede maniobraron para arrancar de la promesa de no auxiliar a su hermano. Después de varias negociaciones diplomáticas se llegó a la firma del tratado de Tarascón (19-II-1291), no tan humillante como se ha escrito, pues contenía los gérmenes de la solución futura del conflicto. Sin embargo, las cláusulas del mencionado convenio no llegaron a cumplirse, pues el 18-VI-1291 moría Alfonso III y poco después el rey de Sicilia tomaba posesión de la corona de sus mayores.

Indudablemente, Jaime no era partidario de la funesta política de particiones tradicional en su familia. Al salir de Sicilia no había renunciado al título de rey, sino que había dejado allí como lugarteniente a su hermano Fadrique. Pero las circunstancias interiores y exteriores imponían un acuerdo con los Anjou y con el Papado, que pusiera fin a la guerra iniciada en 1283. Era preciso llegar a ese acuerdo; pero, al mismo tiempo, no mermar la obra de Pedro III.

Fruto de su habilidad política fue el tratado de Agnani (20-VI-1295), concertado con el papa Bonifacio VIII y Carlos de Salerno, por el cual se establecía una paz duradera entre sus Estados, Francia y el Papado. Jaime II renunciaba a Sicilia, pero obtenía la investidura de Córcega y Cerdeña, que le fue impuesta públicamente en Roma el 4-IV-1297. En Agnani se había comprometido a luchar contra su hermano.

Pero de los documentos conocidos se desprende que, a pesar de las dos expediciones de 1298 y 1299, no puso ningún interés en desposeer a Fadrique del trono siciliano. Fracasada la intervención militar —batalla de Ponza—, el papa y los Anjou reconocieron la realeza de Federico o Fadrique de Aragón por la paz de Caltabellota de 1302. En definitiva, Jaime II había dejado establecida una rama de la casa de Barcelona en Sicilia y había adquirido una nueva isla, la de Cerdeña, cuya posesión hizo efectiva entre 1323 y 1325, en dura lucha contra los señores locales, protegidos por Pisa y Génova.

La brillante política mediterránea de Jaime II, completada desde 1291 por el tratado firmado en Monteagudo con Sancho IV de Castilla, por el que la Corona de Aragón se reservaba en su zona de influencia del Norte de África los territorios situados al Este del Muluya, esto es, Argel y Túnez, halló una no menos excelente ratificación en su política peninsular. Puede decirse que en este campo de acción donde más destaca su firme personalidad. Jaime II, en efecto, intentó dos empresas políticas de gran envergadura: la rectificación de las fronteras orientales y meridionales de sus Estados y la unión de los reinos peninsulares contra el Islam.

Su actuación puede resumirse en las tres siguientes etapas. En la primera, colaboró con Sancho IV de Castilla en la conquista de Tarifa (1292). En la segunda, intervino en las luchas de minoridad de la Fernando IV, en apoyo de Alfonso, el mayor de los infantes de la Cerda, con el proyecto de obtener Murcia para él y Cuenca para su hermano don Pedro. Iniciada la guerra en 1296, Jaime II se apoderó de las principales ciudades murcianas, alcanzando Lorca en 1300. Cuatro años más tarde, el rey de Portugal pronunciaba un fallo arbitral cediendo al rey aragonés Alicante, Elche, Cartagena, Orihuela, Guardamar y otras localidades menos importantes. En fin, después de este breve paréntesis de animosidad, la tercera etapa se caracteriza por la reanudación de la política de colaboración antiislámica.

A consecuencia del acuerdo de Alcalá de Henares (1308), las huestes de Castilla y Aragón y la flota catalana, junto con los benimerines, se lanzaron a una gran ofensiva contra Granada. Sin embargo, la empresa fracasó: Jaime delante de Almería y Fernando IV ante Algeciras, pese a la conquista de Gibraltar. La guerra fronteriza prosiguió hasta firmarse la paz con Granada (1323). De haberse llevado a cabo con completo acuerdo, esta empresa habría podido acabar con los musulmanes españoles dos siglos antes de los Reyes Católicos. En su política interior el gobierno de Jaime II no fue menos fecundo, y no sin motivo a recibido el sobrenombre del Justo.

En 1319 proclamó solemnemente la indivisibilidad de sus reinos, medida que ponía fin a toda veleidad de partición, de los reyes de Mallorca obtuvo reconocimiento de vasallaje. Su autoridad fue reconocida y aceptada por todos sus súbditos, y en Aragón se opuso a los ricoshombres de la Unión con el apoyo de la cortes y del Justicia (1301), que entre otros acuerdos de importancia, votaron la supresión del tormento.

Procedió con suma prudencia a la disolución de la orden de los templarios, de la que derivó la de Montesa (1317), destinada también a combatir a los musulmanes. En Cataluña vinculó las ciudades de Ampurias y Urgel a la casa real, rescató el valle de Arán, mantuvo el orden y fomentó la prosperidad comercial. En fin, personaje de cultura bastante extensa, prosista poco vulgar y orador notable, estuvo en relación con los escritores de su época y fundó la Universidad de Lérida (1300). Murió en Barcelona el 3-XI-1327, legando a sus sucesores una obra difícilmente superable por su bella y equilibrada armonía.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 140-141.