Galindo Aznar I de Aragón

Datos biográficos

Conde de Aragón: 844-867
Fallecimiento: 867
Predecesor: García I el Malo
Sucesor: Aznar Galindo II

Biografía

Conde de Cerdaña y Urgel. Conde de Conflent, Pallars y Ribagorza. A pesar de la incertidumbre sobre los primeros tiempos de los condados de Aragón, a Galindo I Aznar (o Aznárez), se el considera como el segundo de los titulares del mismo, después de unos comienzos bajo la tutela de los carolingios que habían colocado al frente a sus propios dirigentes (el llamado conde Aureolo u Oriol, antes de alentar el traspaso del control del primitivo territorio condal a manos de familias autóctonas, como la del iniciador de la dinastía propiamente dicha, Aznar Galindo I.

Sin embargo, no hubo, al parecer, continuidad entre los dos primeros condes oriundos de la tierra, pues, durante más de diez años, Aznar Galindo y sus familiares fueron expulsados violentamente de sus iniciales dominios en Aragón y Sobrarbe por el llamado García I el Malo, yerno del primero. Galindo I Aznar (o Aznárez), conde de Aragón (844-864), hijo y sucesor de Aznar Galindo I coincidiendo probablemente con la muerte de García I el Malo, recuperó para su linaje el condado de Aragón, la soberanía sobre la herencia territorial paterna y reforzó, finalmente, el dominio condal aragonés, separado de Sobrarbe.

Esta recuperación se consiguió con la ayuda de los francos, ayuda que suponía algunas servidumbres carolingias, que menguaron tras la disolución imperial franca (reparto entre los tres hijos de Ludovico Pío, Carlos el Calvo, Lotario y Luis el Germánico, en Verdún 843). Ludovico Pío, el hijo de Carlomagno, adjudicó a Galindo I Aznar los condados de Cerdeña y Urgel, para que, al igual que su padre, organizara la repoblación.

No obstante, el desconocimiento sobre la ejecutoria del conde ha permitido atribuirle algunos logros y decisiones que los cronistas desvirtuaron y los dieron como propios de su tiempo, aunque resulten anacrónicos y fuera de lugar: como el caso del fuero de Jaca y sus consecuencias posteriores o el de la creación del cargo de merino o juez; instituciones que corresponden a un tiempo muy posterior (s. XI). Pero sí que se pueden considerar como más creíbles la elevación o recuperación de algunas fortalezas de manos musulmanas, en una aparente frontera con la Marca Superior del emirato andalusí, con capital en Saraqusta (Zaragoza); así como una especial inclinación hacia los monasterios pirenaicos, siguiendo la tradición franco-carolingia.

Lo que explica el esplendor del monasterio de San Pedro de Sirena, en el valle de Echo, cuya villa de igual nombre fue dada por este conde al recinto sagrado, a pie de la calzada romana del puerto del Palo que se dirigía a la Galia, y que causó la admiración del obispo mozárabe de Córdoba, San Eulogio, cuando, a mediados del s. IX, tras regresar de su viaje por diversos cenobios de la zona, agradecía en una carta dirigida al obispo de Pamplona, la atención recibida por los monjes, que disponían de una biblioteca bien nutrida y discutían sobre los conocimientos que llegaban hasta ellos desde el otro lado de la cordillera, tan distintos, como romano latinos que eran, de los suyos, todavía inmersos en la cultura hispanomozárabe.

También los cronistas, recogiendo una tradición legendaria, hablan de la muerte de Galindo I Aznar (o Aznárez) en combate contra el rey moro de Zaragoza y la Genealogía de los Condes de Aragón, del Códice de Roda, ignora el nombre de su cónyuge; iniciándose el acercamiento a la familia reinante en Pamplona que se confirmo en el s. IX. Las fuentes documentales identifican, además, a este conde con quien gobernó Urgel, Cerdaña, Pallars y Ribagorza, antes de hacerlo en el territorio de Aragón, vertebrado en torno al valle del Ebro, a partir del año 833; en un panorama confuso en cuanto a fechas, nombres, hechos y circunstancias.

SARASA SÁNCHEZ, Esteban, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VI, págs. 391-392.