Alfonso V de Aragón

Datos biográficos

Rey de Aragón: 1416-1458
Rey de Nápoles: 1442-1458
Rey de Cerdeña y Sicilia: 1416-1458
Sobrenombre: el Magnánimo
Nacimiento: 1394
Fallecimiento: 27-VI-1458
Predecesor: Fernando I
Sucesor: Juan II
Padre: Fernando I
Madre: Leonor de Alburquerque
Consorte: María de Castilla

Biografía

La expansión política de la Corona de Aragón en el Mediterráneo había sido encauzada por la orientación integradora de Pedro IV el Ceremonioso. Pero el verdadero imperialismo aragonés en la cuenca occidental de dicho mar nace con el segundo monarca de la casa de Trastámara, Alfonso V el Magnánimo.

Alfonso V el Magnanimo por Joan de JoanesAlfonso V por Joan de Joanes

Fue poco simpático a los aragoneses y catalanes que consideraban como extranjeros a la nueva dinastía y por haberse negado a acceder a las pretensiones de las cortes de Zaragoza, que querían arreglar los servicios de su casa a gusto de los nobles. Sumamente aficionado a las artes y a la cultura, él mismo no poco cultivado en ciencias y letras, soñador y romántico, ambicioso de las grandes empresas, no puede decirse que Alfonso V haya sido el jefe ideal de un Estado.

Abandonó en exceso lo positivo por lo quimérico, y en las guerras de Italia y en sus aventuras napolitanas descuidó los asuntos privativos de sus posesiones peninsulares —confiados a su esposa doña María—, de modo que la tormenta política que descargó en Cataluña a poco de ocurrir su muerte tiene sus precedentes en la vacilante actitud e incluso en la despreocupación con que el Magnánimo enfocó dichos problemas.

En su mismo reinado, la sublevación de los forenses de Mallorca solo se explica por el absentismo y la falta de conocimiento de la situación real por parte de Alfonso V. El primogénito de Fernando I de Antequera y de doña Leonor de Alburquerque, nacido probablemente en Medina del Campo (1394), ocupó el trono de Aragón el 2-IV-1416.

Partidario de la forma autoritaria en el gobierno de sus Estados, entró en conflicto con las representaciones parlamentarias de Aragón y Cataluña, particularmente disgustadas por el dominio de castellanos en el consejo y la casa real.

Estas discrepancias espolearon al monarca para lanzarse a sus proyectos guerreros, el primero de los cuales fue la pacificación de Cerdeña y la conquista de Córcega. El 10-V-1420, Alfonso V partió con una flota hacia Cerdeña, a la que pacificó con rapidez. En cambio, fracasó en la tentativa de conquistar Córcega, después de un inútil asedio de Bonifacio (octubre-diciembre de 1420).

En este momento, Juana II de Nápoles, por indicación de su privado Caracciolo, requirió sus servicios en la lucha que tenía planteada con Luis III de Anjou, con la promesa del ducado de Calabria y la sucesión al trono napolitano. Alfonso V aceptó estas condiciones. Desde Sicilia preparó una expedición militar, con la que hizo levantar a los angevinos (asociados a los Anjou) del condottiero Sforza el sitio que tenía puesto a Nápoles (8-VII-1421).

Jurado heredero de Nápoles, muy pronto Juana II, mujer veleidosa, sintió excesivo el peso de la influencia aragonesa y se alió con los anjevinos. Sforza logró recuperar Nápoles (30-V-1423). Pero Alfonso V, que conservó en su poder los castillos de Ovo y Nuovo, se hizo de nuevo señor de la ciudad después de un formidable combate (10-VI). Sin embargo, su situación era bastante crítica. Comprendiendo que no era posible mantener una larga guerra de conquista, se embarcó para la Corona de Aragón, dejando en Nápoles como lugarteniente a su hermano don Pedro.

En su viaje de regreso, sorprendió y saqueó la ciudad de Marsella (19-XI-1423). Ya en sus estados patrimoniales, Alfonso V se dedicó a los asuntos castellanos, interviniendo en la lucha planteada por sus hermanos, los infantes de Aragón contra el condestable Álvaro de Luna. En 1429, estalló la guerra entre ambos reinos, pero no se llegaron a cruzar las armas gracias a la actitud moderadora de María de Castilla.

Sin embargo, la situación continuó muy tensa, hasta que, requerido por los partidarios napolitanos, Alfonso V decidió pasar de nuevo a Nápoles (26-V-1432). Después de un amago de ataque contra la isla de Gelves (septiembre de 1432), la flota real pasó a Sicilia para disponerse a la empresa napolitana.

Juana II prohijó de nuevo a Alfonso V el 4-IV-1433. Pero para evitar que Nápoles pasara a poder del rey de Aragón, se formó una poderosa liga encabezada por el papa Eugenio IV y el emperador Segismundo e integrada por varios estados italianos.

Alfonso renunció eventualmente a la empresa pero permaneció en Sicilia en actitud expectante hasta que, a la muerte de Juana II (2-II-1435), decidió pasar al ataque. A principios de mayo puso sitio a la plaza de Gaeta, acogiendo en su campamento a los ancianos, mujeres y niños, expulsados de la plaza, porque según dijo —más quería no tomar la plaza que faltar a los deberes de la humanidad—. Ante la ciudad, la flota catalana, en la que iba el propio monarca, fue derrotada por la genovesa de socorro el 5 de agosto de1435.

A consecuencia del desastre de Ponza, Alfonso V cayó prisionero, pasando a poder de Felipe María Visconti, duque de Milán, quien le trató tan caballerosamente que firmó con él un tratado de paz y alianza y le devolvió la libertad. Esta imprevista reversión política, facilitó la prosecución de la conquista del reino de Nápoles por el aragonés. Gaeta y Terracina cayeron en 1346, y a estas conquistas se añadió muy pronto la de todo el reino.

Solo resistía la capital, a la que Alfonso V puso sitio el 24-IX-1438. A pesar de los esfuerzos de Renato de Anjou, el rival del Magnánimo, y de la tenacísima defensa de la ciudad, auxiliada por la flota genovesa, la decisión del conflicto era inevitable. En un segundo asedio a Nápoles, establecido el 17-XI-1441, los catalano-aragoneses tomaron al asalto la capital el 2-VI-1442. El 26-II-1443, Alfonso V entraba triunfante en ella.

Desde este momento, el rey de Aragón se identifica de tal modo con la política y la vida italiana, que, en realidad, pertenece más a la historia de Italia que a la de España. En Nápoles se rodeó de una corte fastuosa y erudita, en que brillaron humanistas de la significación de Lorenzo Valla. Esta corte tuvo singular importancia para la letras de la península Hispánica, pues tanto los catalanes como los castellanos tuvieron ocasión de ponerse en íntimo contacto con el Renacimiento italiano.

Desde Nápoles, Alfonso V, intervino en la sucesión del ducado de Milán, planteada por la muerte de Felipe María Visconti (1447), renunciando a la herencia de este duque y favoreciendo la ascensión al trono de Francisco Sforza (1450).

Otro centro de preocupaciones lo creó el ataque y toma de Constantinopla por los turcos. Alfonso V auxilió a los bizantinos hasta la caída de la ciudad (1453), y luego se puso de acuerdo con el príncipe de Albania Jorge Castrioto para emprender una cruzada contra los turcos. Sus proyectos no tuvieron éxito a causa de la evidente displicencia del papa Calixto III.

La muerte sorprendió al Alfonso V el Magnánimo en Nápoles el 27-VI-1458.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 200.