Aznar Galindo I

También Aznar Galíndez I, conde de Aragón 809-839; de Urgel, Cerdaña y Conflent 820-838. Padre del conde Galindo Aznar I, Céntulo Aznárez y Matrona, casada con García I el Malo. Conquistó Jaca (Huesca) al valí musulmán Amrus b. Yusuf, en donde estableció la capitalidad del condado que empezó a denominarse Aragón, nombre tomado de los dos ríos homónimos que lo atraviesan.

Tras ser expulsado del condado aragonés por su yerno, García I el Malo, partidario de oponerse a la expansión de Carlomagno, acudió a la corte franca en busca de ayuda. Recibió los condados de Urgel y Cerdaña en 820 y 838, respectivamente, para que organizara la repoblación y es probable que en compensación dirigiera la expedición franca contra los pamploneses formada por tropas gasconas.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo III pág. 1159.

García I el Malo

También García I Galíndez el Malo. Conde de Aragón, 839-844. Conde de Jaca, Aragón y de Saldaña a finales del s. VIII y principios del IX. Hijo de Galindo Belascotenes y de Fakilo, y padre de Galindo Garcés, Íñigo Garcés y de Velasco Garcés, jefe de los sirtaniyyin. Según las Genealogías de Roda, era padre de Quisilo, esposa de Sancho Jiménez (hijo de Jimeno Garcés y de Sancha, hija de Aznar Sánchez).

De este dato se desprende la suposición de un primer matrimonio con la madre de Quisilo, de cuya unión nacieron también Galindo Garcés e Íñigo Garcés, quienes le sucedieron en el gobierno del condado. Poco antes de 809, año en el que Amrus ocupó el territorio al N. de Huesca, murió su primera esposa.

Fue en ese momento cuando solicitó la ayuda del conde Aznar Galindo I y cuando probablemente contrajo segundas nupcias con Matrona, hija de aquél. Las Genealogías de Roda relatan que, tras haber sido burlado, mató a su cuñado, Céntulo Aznárez en la villa de Las Bellostas (Huesca), repudió a su mujer y contrajo terceras nupcias con una hija de Íñigo Arista o Íñigo Íñiguez.

Partidario de oponerse a la expedición franca de Carlomagno, con el auxilio de su suegro (Íñigo Arista) expulsó a Aznar Galindo I del condado de Aragón y se hizo cargo del mismo. Segúnel Chronicon Moissiacense en 816 los vascones eligieron como príncipe a Garsimiro, que ha sido identificado con Garsiam Muci o, lo que es lo mismo, con García el Malo, quien murió dos años más tarde de ser nombrado caudillo. En 818 fue substituido en los gobiernos de Jaca, Aragón y Saldaña por su hijo Galindo Garcés (818-833).

VARIOS AUTORES. Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 4418.

Galindo Aznar I

Conde de Aragón, 844-867. Conde de Cerdaña y Urgel. Conde de Conflent, Pallars y Ribagorza. A pesar de la incertidumbre sobre los primeros tiempos de los condados de Aragón, a Galindo I Aznar (o Aznárez), se el considera como el segundo de los titulares del mismo, después de unos comienzos bajo la tutela de los carolingios que habían colocado al frente a sus propios dirigentes (el llamado conde Aureolo u Oriol, antes de alentar el traspaso del control del primitivo territorio condal a manos de familias autóctonas, como la del iniciador de la dinastía propiamente dicha, Aznar Galindo I.

Sin embargo, no hubo, al parecer, continuidad entre los dos primeros condes oriundos de la tierra, pues, durante más de diez años, Aznar Galindo y sus familiares fueron expulsados violentamente de sus iniciales dominios en Aragón y Sobrarbe por el llamado García I el Malo, yerno del primero.

Galindo I Aznar (o Aznárez), conde de Aragón (844-864), hijo y sucesor de Aznar Galindo I coincidiendo probablemente con la muerte de García el Malo, recuperó para su linaje el condado de Aragón, la soberanía sobre la herencia territorial paterna y reforzó, finalmente, el dominio condal aragonés, separado de Sobrarbe.

Esta recuperación se consiguió con la ayuda de los francos, ayuda que suponía algunas servidumbres carolingias, que menguaron tras la disolución imperial franca (reparto entre los tres hijos de Ludovico Pío, Carlos el Calvo, Lotario y Luis el Germánico, en Verdún 843). Ludovico Pío, el hijo de Carlomagno, adjudicó a Galindo I Aznar los condados de Cerdeña y Urgel, para que, al igual que su padre, organizara la repoblación.

No obstante, el desconocimiento sobre la ejecutoria del conde ha permitido atribuirle algunos logros y decisiones que los cronistas desvirtuaron y los dieron como propios de su tiempo, aunque resulten anacrónicos y fuera de lugar: como el caso del fuero de Jaca y sus consecuencias posteriores o el de la creación del cargo de merino o juez; instituciones que corresponden a un tiempo muy posterior (s. XI).

Pero sí que se pueden considerar como más creíbles la elevación o recuperación de algunas fortalezas de manos musulmanas, en una aparente frontera con la Marca Superior del emirato andalusí, con capital en Saraqusta (Zaragoza); así como una especial inclinación hacia los monasterios pirenaicos, siguiendo la tradición franco-carolingia.

Lo que explica el esplendor del monasterio de San Pedro de Sirena, en el valle de Echo, cuya villa de igual nombre fue dada por este conde al recinto sagrado, a pie de la calzada romana del puerto del Palo que se dirigía a la Galia, y que causó la admiración del obispo mozárabe de Córdoba, San Eulogio, cuando, a mediados del s. IX, tras regresar de su viaje por diversos cenobios de la zona, agradecía en una carta dirigida al obispo de Pamplona, la atención recibida por los monjes, que disponían de una biblioteca bien nutrida y discutían sobre los conocimientos que llegaban hasta ellos desde el otro lado de la cordillera, tan distintos, como romano latinos que eran, de los suyos, todavía inmersos en la cultura hispanomozárabe.

También los cronistas, recogiendo una tradición legendaria, hablan de la muerte de Galindo I Aznar (o Aznárez) en combate contra el rey moro de Zaragoza y la Genealogía de los Condes de Aragón, del Códice de Roda, ignora el nombre de su cónyuge; iniciándose el acercamiento a la familia reinante en Pamplona que se confirmo en el s. IX.

Las fuentes documentales identifican, además, a este conde con quien gobernó Urgel, Cerdaña, Pallars y Ribagorza, antes de hacerlo en el territorio de Aragón, vertebrado en torno al valle del Ebro, a partir del año 833; en un panorama confuso en cuanto a fechas, nombres, hechos y circunstancias.

SARASA SÁNCHEZ, Esteban, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VI, págs. 391-392.

Aznar Galindo II

Tercer conde privativo de Aragón (867-893) y nieto del creador de la dinastía condal aragonesa, Aznar Galíndo I (809-816): Tras un breve periodo de inestabilidad, identificado con la toma del poder por parte de García I el Malo, y en el marco de una lucha interna por el poder dentro de la primera familia condal aragonesa, el segundo conde, Galindo Aznar I, consiguió recuperar y gobernar las tierras patrimoniales, gracias al ascendiente de la familia y el apoyo y protección de los reyes pamploneses.

En este contexto aparece por primera vez Aznar II Galindo o Galíndez, casado con Oneca, hija del rey de Pamplona, García I Íñiguez. Esta unión matrimonial estaba pensada con la finalidad de asegurar la tutela de los reyes pamploneses.

Esta unión matrimonial marca el inicio de la dependencia del territorio aragonés respecto de Pamplona, aunque se trate de una vinculación muy especial, ya que nunca supuso la pérdida de autonomía ni de personalidad de Aragón, y sus condes conservaron la sucesión hereditaria de la dignidad condal y contaron con la libertad sufuciente como para llevar a cabo una política independiente tanto en el interior como hacia el exterior.

Ante la ausencia de noticias de tipo documental, las Genealogías de Roda, llamadas también Genealogías de Meyá, refrendan esta política independiente del conde de Aragón, que intentó buscar el equilibrio en esta vinculación inicial con Pamplona a través de los matrimonios de sus hijos, que le permitían vincular Aragón con el norte y el sur, al casar a su hija Sancha con el valí de Huesca, Muhammad al Tawil (matrimonio del que nacieron Abd al Malik, Amrús, Fortunio, Musa y Belasquita), mientras a su hijo y heredero, Galindo Aznar II, lo desposó con Acibella, hija del conde García Sánchez de Gascuña.

BERTRÁN ROIGÉ, Primo, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2011, Vol. XXI, pág. 140.

Galindo Aznar II

Galindo II Aznar (o Aznárez), conde de Aragón (893-922), hijo y sucesor de Aznar Galindo II, y de Onneca, hija del Arista de Pamplona García I Íñiguez, lo que situaba al condado aragonés bajo influencia navarra, si bien consideraba su personalidad independiente, con derecho a la sucesión dentro de la familia Aznar.

Casó primeramente con Acibella, hija del conde García Sánchez de Gascuña, de la que tuvo tres hijos: Toda, que casó con Bernardo Unifredo de Ribagorza; Redento, que fue obispo, y Mirón.

Sus segundas nupcias fueron con Sancha, hija de García Jiménez de Navarra y Onneca Rebelle de Sanguesa, de la que tuvo a Belasquita y Andregoto. Esta última casaría con García II Sánchez, hijo primogénito de Sancho I Garcés de Pamplona y sucesor en el gobierno de esa incipiente monarquía.Este enlace significó la unión de la dinastía condal aragonesa con la real de Navarra.

Se considera que hacia el año 893 comenzó a regir el condado heredado de su padre, protegido de las embestidas del valí de Huesca, Muhammad al Tawil, a la sazón su cuñado (casado con su hermana Sancha). Asimismo, y antes de 920, logró llevar a su mayor extensión la geografía condal incorporando la mitad oriental del valle de Aragón, el valle de Atarés, el campo de Jaca y el valle de Aucumer.

Aunque es difícil precisar en que momento coyuntural y bajo que circunstancias concretas Aragón pasó a conformarse como apéndice pamplonés, cabe asegura que fue bajo el gobierno de Galindo II Aznar (o Aznárez). La Crónica albeldense señala que Sancho I Garcés se adueñó de dicho territorio de modo que para antes de 925 se había integrado cum castris omne territorium Aragonense.

De manera que tendría sentido la presencia documental del rey de Pamplona, que tras la conquista de Nájera, confirma los términos del monasterio de Fuenfría (921) y un año después aparece con Galindo y el obispo Ferriolo en un documento de donación a San Pedro de Siresa. Posteriormente Sancho sería interpelado para resolver las contiendas entre Galindo II Aznar (o Aznárez) y los monjes del monasterio de Cillas.

El matrimonio del heredero pamplonés García Sánchez con Andregoto Galíndez, depositaria de los derechos condales, ratificó el ensamblamiento de Aragón a los dominios del soberano de Pamplona.

Galindo II Aznar (o Aznárez) fue mantenido en el ejercicio de sus funciones condales hasta su muerte, no obstante se debió aplicar a su herencia la fórmula de ruptura de la estricta sucesión familiar mediante la encomendación de la aristocracia local a un nuevo señor o caudillo, Sancho I Garcés de Navarra. Ello explica que el condado, a diferencia de Nájera, conservara dentro de la monarquía pamplonesa, su imagen tradicional de entidad política, la correspondiente al grupo nobiliario de los barones aragoneses.

PAVÓN BENITO, Julia, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VI, págs. 392-393.

Andregoto Galíndez

Andregoto Galíndez, condesa de Aragón durante el periodo 922-943. Reina de Pamplona por su matrimonio hacia 934 con García II Sánchez, que fue Rey de Pamplona en el periodo 925-970 y conde de Aragón efectivo hasta 970, por matrimonio con Andregoto, con el nombre de García II Sánchez.

Hija y heredera del conde aragonés Galindo Aznar II y de su segunda esposa Sancha, hija a su vez de García Jiménez y Onneca Rebelle de Sangüesa y, por tanto hermanastra paterna de Sancho I Garcés de Navarra, era a la vez por vía materna prima carnal de su citado marido.

Aunque en circunstancias concretas desconocidas, con ella el condado de Aragón quedó integrado en la Monarquía pamplonesa que se extendió así a través de los valles del curso superior de los ríos Aragón y Gállego hasta los confines de Sobrarbe.

No hay constancia de que el condado hubiese sido reclamado, por ejemplo, por su hermanastra mayor Toda, nacida del primer matrimonio del referido Galindo Aznar II en su primer matrimonio con Acibella de Gascuña, y esposa más adelante del conde Bernardo de Ribagorza.

Sus nupcias con el joven monarca pamplonés debieron celebrarse hacia 935 ó poco antes, justo una coyuntura política de negociaciones y paces con Abderramán III mantenidas por la reina Toda, viuda de Sancho I Garcés, que en una entrevista celebrada en Calahorra (verano de 934) logró el reconocimiento formal por parte del califa cordobés de García II Sánchez como señor de Pamplona y sus tierras riojanas de Nájera.

Sin embargo, el monarca pamplonés iba a volver a orientar muy pronto su política hacia el reino de León y a este efecto, para reforzar los estrechos lazos familiares ya existentes entre las dos dinastías regias hispano-cristianas, tomó hacia 941 como nueva esposa a Teresa, hija del rey Ramiro II de León, tras haber repudiado a Andregoto, alegando al parecer la nulidad canónica de su matrimonio con ella por impedimento del parentesco ya reseñado y nada frecuente en el círculo fuertemente endogámico de los príncipes coetáneos.

La ruptura no iba a impedir, sin embargo, que el hijo nacido de las disueltas nupcias, el futuro Sancho II Garcés Abarca, heredara en su momento el reino paterno en el año 970 y contara además con la fidelísima asistencia de su hermanastro Ramiro Garcés el de Viguera, fruto del segundo matrimonio de García II Sánchez con la citada Teresa Ramírez.

Aunque repudiada, Andregoto conservó el título de Reina y como tal encabezó, por ejemplo, junto con Sancho II Garcés Abarca y su mujer Urraca Fernandez (29-VI-971) la donación de la villa de Javier de Martes, villa oscense próxima a Berdún, a favor del monasterio de San Pedro de Sirena Instalada en la localidad de Lumbier, donde reinaba (regina Endergoto in Lumberri, se consigna expresamente en un documento) y favorecida con una digna dotación de bienes raíces, intervino como mediadora en un conflicto de intereses a favor de la cercana iglesia de Santa María y San Saturnino de Lasabe.

Convivió, quizá, algún tiempo con ella su hermana Belasquita, casada con un miembro de la aristocracia local, Enneco López de Estigi y Celigueta, esta última villa a escasa distancia también de Lumbier.

Cabe finalmente suponer que en este retiro y con la memoria excepcional de bastantes ancianas hizo poner por escrito los antecedentes de su estirpe aragonesa hasta la generación de su tatarabuelo Aznar Galindo I, el primer conde conocido de Aragón, coetáneo de los soberanos francos Carlomagno y su hijo Ludovico Pío, a quienes cabe atribuir la institución de aquel condado pirenaico.

MARTÍN DUQUE, Ángel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. IV, págs. 248-249.

Sancho II Garcés I Abarca

Conde de Aragón, como Sancho I Garcés, 970-994. Sancho II Garcés Abarca, conde efectivo de Aragón en el periodo 943-970, conde pleno de Aragón desde 970 hasta 994 y rey de Pamplona entre los años 970 y 994.

Hijo primogénito y sucesor de García II Sánchez de Pamplona (925-970) y de Andregoto Galíndez, hija del conde Galindo Aznar II de Aragón (893-929. Al disolverse el matrimonio de sus padres, Sancho rigió bajo la tutoría de su padre y de Fortuna Jiménez, el condado de Aragón.

Parece también que colaboró con su hermanastro, Ramiro Garcés (hijo mayor de García II Sánchez y su segunda esposa Teresa), en la defensa de las fronteras del reino ante los musulmanes del valle medio del Ebro.

En 962, su padre concertó su matrimonio con una hija del conde Fernán González de Castilla (932-970), Urraca, por entonces casada con Ordoño IV el Malo de León, como una de las condiciones que el conde castellano hubo de aceptar para que el rey navarro lo liberara —lo mantenía preso desde que lo capturó en Cirueña (La Rioja) un año antes, como resultado de su colaboración con las tropas cordobesas que auparon al solio leonés al destronado Sancho I el Craso.—

Accedió al gobierno del reino a la muerte de su padre, quien había dispuesto que, si bien la corona debía pasar a su primogénito Sancho, el territorio de Viguera (valles medio y bajo de los ríos Leza e Iregua, en la Rioja) debían instituirse como reino feudatario del de Pamplona en la persona de su hermanastro Ramiro Garcés. Sus primeras acciones diplomáticas se encaminaron a mantener la paz ante el poderoso califa al Hakam II (961-976).

Para ello, mandó dos embajadas a Córdoba en el verano de 971, la primera al frente del abad Bassal y del juez de Nájera, Velasco, y la segunda con su primo hermano Jimeno Garcés, y otras dos en el otoño de 973. Esas buenas relaciones se truncaron en 975, cuando decidió participar en una coalición junto a leoneses y castellanos, que dirigida por Ramiro III de León y su tía Elvira, —a la sazón, prima de Sancho—, fracasó en el sitio de Gormaz (Soria, 2-V-975) ante el gobernador de Medinaceli, Galib; los navarros además fueron derrotados por Abderramán III, caid de Zaragoza en Estercuel (Ribaforada, Navarra).

No obstante, en 978, una nueva expedición conjunta de castellanos y navarros logró tomar Gormaz y Atienza (Guadalajara). Muerto al al Hakam II y coronado como califa el débil Hisam II, surgió el enfrentamiento entre el veterano general Galib y su yerno, el por entonces ascendente Almanzor, por su poder interno en el califato.

Mientras Ramiro III otorgaba su apoyo tácito a Almanzor, navarros y castellanos prestaron sus tropas a Galib; ambas fuerzas se enfrentaron definitivamente en las llanuras de Atienza (10-VII-978), donde murió el viejo general —Galib peleó con valor pero murió de una caída de caballo y su cabeza y la mano con su anillo fueron presentados a Almanzor, que desde aquel día (8-VII-981) tuvo en sus manos todos los poderes del estado.—

En las escaramuzas posteriores, Ramiro Garcés de Viguera encontró la muerte en Torrevicente (Retortillo de San Vicente, Soria). Los episodios bélicos contra los musulmanes culminaron en Rueda, Valladolid, en 983, cuando una nueva coalición de Ramiro III, que no contaba sino veinte años, García I Fernández de Castilla y Sancho II Garcés, fue de nuevo derrotada por Almanzor.

Las tropas de este habían arrasado la comarca de Zamora, destruyendo por centenares monasterios, aldeas y alquerías. Los aliados presentaron batalla en Rueda. Las tropas califales, mandadas por el omeya Abdállah, arrasaron y los cristianos fueron completamente desechos y sus tropas pasadas a cuchillo. Simancas cayó en poder de los musulmanes y su población cristiana fue exterminada.

Quizá convencido de la imposibilidad de hacerle frente, Sancho decidió pactar con el hayib, a quien ofreció como esposa a una de sus hijas, que se convirtió al Islam y tomó el nombre de Abda; de ese enlace nacería Abderramán Sanchuelo, al que Hisam II nombró su heredero.

Lo cierto es que, durante el resto de su reinado, Almanzor respetó el suelo navarro, mientras sus ejército saqueaban los reinos cristianos de la Península, desde Santiago de Compotela a Barcelona; en 993, Sancho II Garcés viajó todavía a Córdoba a presentar sus respetos al califa y a su yerno, y al año siguiente envió una embajada al frente de su hijo Gonzalo.

En el ámbito interno, favoreció la investigación historiográfica y compilatoria de los scriptoria monacales riojanos de San Martín de Albelda y San Millán de la Cogolla (fundación suya), donde, bajo su reinado, se compiló el Liber Iudiciorum y se realizaron numerosos cánones conciliares. también fundó el cenobio de San Andrés de Cirueña (La Rioja) y benefició con donaciones a los de San Salvador de Leyre (Navarra) y San Juan de la Peña (Huesca) donde fue enterrado.

También asistió a la solemne fundación (978) del infantado de Covarrubias (Burgos) por el conde García I Fernández de Castilla y su esposa Ava. De su matrimonio con Urraca de Castilla (932-970), Sancho tuvo a su primogénito y sucesor, García III Sánchez de Pamplona y Aragón (994-1000); a Ramiro, muerto en 992, y a Gonzalo, que al parecer, pudo haber regido el condado de Aragón en vida de su padre.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIX, págs. 9465-9466.

Pedro I

Rey de Aragón, 1094-1104. Rey de Pamplona, 1094-1104. Caracterizado por su valor y extraordinaria visión política, es quien conquista las dos primeras grandes ciudades (Huesca y Barbastro) incorporadas a la cristiandad aragonesa, y quien extiende, aunque efímeramente, su poder por tierras mediterráneas.

Hijo de Sancho IV Ramírez y de una hija del conde de Urgel, Armengol el Peregrino. En junio de 1085 recibió de su padre los condados de Sobrarbe y Ribagorza, elevados a la categoría de reinos. En julio de 1086 atacó con su padre la ciudad de Zaragoza; y entre julio y septiembre del mismo año combatía con los musulmanes de las tierras de Tortosa. Interrumpió sus luchas para acudir a la batalla de Sagrajas (octubre de 1086), donde luchó al frente de las vanguardias cristianas.

En 1087 Pedro, en unión de su padre, ataca el valle del Cinca y su posición más importante: Monzón, que tomaron el día 24-VI-1089, después de rendir Estada (1097). Hacia 1090-1091 emprendió un viaje a Roma para someter a tratamiento médico una enfermedad que sufría, llegando hasta Palermo, donde lo visitaron médicos árabes.

A su regresó pensó conquistar Lérida; en enero de 1092 ya había ocupado Zaidín, sobre el Cinca, en el camino de Fraga; en junio de 1093, Almenar, a pocos kilómetros de Lérida. La proyectada ocupación de Lérida fracasó merced a una reacción musulmana.

El día 4-VI-1094 murió el rey Sancho Ramírez en el cerco de Huesca, y Pedro I fue elegido rey de Aragón y Pamplona, abandonando seguidamente la lucha por la posesión de aquella ciudad, hasta el mes de mayo de 1095, en que construyó el Pueyo de Sancho. Apoyado en esta posición y en el próximo monasterio de Montearagón, entre los meses de mayo y junio de 1096 dispuso el cerco de Huesca.

El día 19 de noviembre se dio la batalla de Alcoraz, teniendo que entregarse la ciudad seguidamente (27-XI-1096), a pesar de la ayuda enviada por los castellanos a los cercados. Después de la conquista de Huesca, Pedro I acudió a Valencia para ayudar al Cid Campeador contra los almorávides (1097), y, seguidamente, a la defensa de Toledo, que iba a ser atacada por los musulmanes.

En 1099 decidió conquistar Barbastro: el abril de tal año construyó el Pueyo de Barbastro para crear la ciudad, y el castillo de Traba, cerca de Zaidín, para cortar las comunicaciones entre Fraga y los cercados.

Consiguió del papa Urbano II el permiso de traslación de la sede de Roda a Barbastro, cuya conquista se considerba inminente. Después de un cerco de varios meses, que culminó en la batalla de Bolea, Pedro I entró e Barbastro (X-1100), ocupando posteriormente varias poblaciones del curso bajo del Cinca: Velilla del Cinca, Alcolea de Cinca, Ontiñena, Sariñena y Pomar de Cinca, que se perdieron después de la muerte de Pedro I.

Sus relaciones con los conde de Barcelona no fueron amistosas: constantemente disputaron Barcelona y Aragón la posesión de Calasanz, sobre el río Sosa, pasando continuamente de manos aragonesas a las barcelonesas y viceversa.

En febrero de 1101 Pedro I dirigió una cruzada contra Zaragoza, con la ayuda de gentes francas, que volvieron prontamente a sus tierras de procedencia. El monarca aragonés durante los meses de junio y julio, permaneció en los alrededores de Zaragoza, devastando las cosechas.

Meses más tarde conquistó Bolea (X-1101), Almuniente (V-1102) y Piracés (V-1103); repobló Caparroso y Santaclara (XI-1102); y sitió Tamarite de Litera (VI-1104).

En septiembre de 1104 murió en una hueste dirigida al valle de Arán, siendo inhumado su cadáver en el monasterio San Juan de la Peña.

Continuó la expansión aragonesa en tierras levantinas, figurando durante su reinado como tenencias aragonesas: Castellón de la Plana, Culla, Montornés, Oropesa (1098), que se perdieron cuando doña Jimena, la viuda del Cid, y Alfonso VI abandonaron la ciudad de Valencia.

Pedro I contrajo matrimonio con doña Inés de Aquitania en enero de 1086. Tuvo de ella al infante don Pedro, que hacia 1098 casó con doña María, hija del Cid, y a doña Isabel: ambos infante murieron antes que el padre. En agosto de 1097 Pedro I contrajo segundas nupcias con doña Berta, cuya filiación se desconoce.

URBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 200-201.

Alfonso I el Batallador

Retrato imaginario del rey Alfonso I de AragónRetrato imaginario del rey Alfonso I de Aragón, que fue hijo del rey Sancho Ramírez y de la reina Felicia de Roucy.

Rey de Aragón, 1104-1134. Rey de Pamplona, 1104-1134. Fue un monarca de extraordinario temple, bravo en la guerra y profundamente religioso. Quizá le faltó un poco de habilidad política y fue en exceso terco y celoso de sus prerrogativas. Pero si fracasó en el propósito de dar unidad a los dos reinos más poderosos de la Península —lo que sin duda era prematuro—, en cambio sus hechos militares tuvieron tan afortunadas consecuencias que lo elevan al primerísimo lugar en la Reconquista hispánica.

Alfonso I, denominado el Batallador, consolidó, en efecto, la posición hegemónica de la Cristiandad peninsular sobre el Islam, lograda en parte por la conquista de Toledo por Alfonso VI de Castilla, con la toma de Zaragoza y las llaves estratégicas del valle del Ebro. En este sentido, llevó a cabo la política expansiva iniciada por su padre Sancho IV Ramírez. Alfonso I fue, en todo caso, el fundador del Estado aragonés medieval.

Reunía en su persona la sangre atrevida de la dinastía navarra y el valor de la nobleza del Norte de Francia. Era, en efecto, el segundo hijo de Sancho Ramírez y de Felicia, hija de Hilduíno, conde de Roucy, en la Champaña. Su nombre no figura en los anales del reinado de su hermano mayor, Pedro I de Aragón, pero es posible que participara activamente en la conquista de Huesca (1096) y en la toma de Barbastro (1101).

Muerto su hermano el 28-IX-1104, sin dejar sucesión, ya que antes le había precedido en el sepulcro su hijo del mismo nombre, Alfonso I heredó las coronas de Aragón y Navarra. Por aquella época era un hombre en la plenitud de la edad, en cuyo valor podían tener depositadas todas sus esperanzas sus súbditos y vasallos.

Pero la obra de la Reconquista quedó interrumpida durante unos cinco años por la intervención de Alfonso I en los asuntos de Castilla. Habiéndose casado en octubre de 1109 con Urraca, hija de Alfonso VI de Castilla y viuda de Raimundo de Borgoña, se mezcló en las luchas políticas castellanas, con el objeto de restablecer la autoridad real. Su empresa se convirtió en una verdadera aventura.

Alfonso I no solo tuvo que luchar contra su esposa —a la que acusó de liviana—;, sino contra su hijastro —el futuro Alfonso VII— y los nobles castellanos y gallegos que le tildaban de extranjero, le acusaban de tirano y reprochaban la aspereza de su carácter. El rey aragonés, que repudió a su esposa en Soria, llevó sus armas contra Castilla y Galicia, obteniendo grandes éxitos, como las victorias de Campdespino y Viadangos (1111).

Pero imposible imponerse contra la animadversión de la reina, el heredero de la corona, los nobles y los obispos. En 1113 renunció a sus pretensiones y se apartó del avispero castellano. Su misión se orientaba ahora de modo claro hacia el Sur, donde ondeaban las banderas del Profeta. En lo sucesivo, y hasta el mismo momento de su muerte, las campañas guerreras serían su principal actividad.

A partir de los primeros días de 1114 estableció sus reales en el Castellar con el decidido propósito de apoderarse de Zaragoza. A su requerimiento acudieron a auxiliarle lo mejor de la nobleza de Aragón y Navarra, e incluso de los señoríos ultrapirenaicos: los condes de Comminges, Bearn, Bigorra, Alperche, entre muchos otros varones y caballeros, todos ellos vasallos del rey aragonés.

Mientras se estrechaba el cerco de Zaragoza, los cristianos se apoderaron de Tudela (1114) y lanzaron terribles ataques contra Lérida y Fraga. Las tentativas almorávides para socorrer la ciudad se estrellaron una tras otra, por lo que Zaragoza tuvo que rendirse a Alfonso I el 18-XII-1118. Año y medio más tarde, el aragonés consolidaba este magno triunfo derrotando a los almorávides en Cutanda (1120).

Esta nueva victoria fue seguida por la conquista de numerosas plazas del Ebro, el Jalón y el Jiloca, entre otras Tarazona, Borja, Epila, Calatayud, Daroca y Monreal del Campo (1121-1122). La política musulmana del Batallador culminó en la expedición emprendida por tierras andaluzas entre 1125 y 1126, cuyos resultados tangibles fueron escasos (la liberación de catorce mil mozárabes); pero en cambio tuvieron una resonancia moral inmensa para el héroe de los campos de Játiva, Baza, Guadix, Granada, Cabra y Lucena.

Durante los últimos años de su reinado, Alfonso intervino en modo activo en la política pirenaica, pues de hecho era señor feudal de todos los territorios entre Gascuña y Tolosa. Supo defender su reino de las amenazas de Alfonso VII de Castilla, con cuyo soberano concertó la paz de Tamara en 1129. Asimismo se puso de acuerdo con Ramón Berenguer III de Barcelona sobre la zona litigiosa del Segre.

Cuando intentaba forzar la resistencia de Fraga, después de la conquista de Mequinenza, fue derrotado por un ejército musulmán el 17-VII-1134. Poco tenía que sobrevivir a este desastre, el único de su carrera, pues murió el 7 de septiembre del mismo año en el monasterio San Juan de la Peña, probablemente a causa de las heridas recibidas en aquel combate.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 119-120.

Ramiro II el Monje

Rey de Aragón, 1134-1137. Conde de Ribagorza. Obispo de Roda-Barbastro. Ramiro II el Monje fue el tercer hijo de Sancho IV Ramírez, sucedió a su hermano Alfonso I. Destinado a la vida religiosa, profesó en la abadía languedociana de Saint Ponç de Thomière hasta 1109 ó 1111, en que posiblemente fue nombrado abad de Sahagún y luego obispo de Pamplona (1115). Pasó después a San Pedro el Viejo de Huesca (1130), y en 1134 fue elegido obispo de Roda-Barbastro.

La Campana de HuescaEl cuadro recrea el momento final de la leyenda de la Campana de Huesca, cuando el rey Ramiro II de Aragón mostró a los nobles de su reino las cabezas cortadas, y dispuestas en forma de campana, de los principales nobles que habían desafiado su autoridad. José Casado del Alisal.

A la muerte de Alfonso I se coronó en Jaca, acción que le acarreó una triple oposición: tuvo que enfrentarse a García V Ramírez, nieto de Sancho IV Garcés, al que algunos nobles proclamaron rey en Navarra; a Alfonso VII de Castilla, que, alegando sus derechos como bisnieto de Sancho III Garcés el Mayor, se apoderó de Caesaraugustanum y se tituló rey en Zaragoza ante la mayoría de los monjes languedocianos, partidarios de que Ramiro II le prestara vasallaje; y, finalmente a la Santa Sede, que, de acuerdo con el testamento de Alfonso I, exigía que el reino fuese entregado a las órdenes militares.

Esta oposición y la de la mayoría de los nobles aragoneses obligaron a Ramiro II a buscar refugio en Ribagorza y en Cataluña, mientras, Alfonso VII de Castilla aliado a García V Ramírez de Pamplona, al que había infeudado Zaragoza, le declaraba la guerra. Según la tradición, Ramiro II, al recuperar sus estados, ejecutó a los principales nobles rebeldes y colgó sus cabezas de la campana de la catedral de Huesca, como advertencia al resto de la nobleza.

El matrimonio de Ramiro II con Inés de Poitiers (1136) y el nacimiento de la heredera Petronila decidieron al rey castellano a buscar la paz con el aragonés (al que restituyó Zaragoza) y concertar el matrimonio de su hijo Sancho con aquélla; esta cláusula no fue aceptada por la nobleza en Aragón, que negoció la boda de Petronila con Ramón Berenguer IV de Barcelona (1137), aconsejados por el senescal de Cataluña Guillém Ramón, tronco de la casa de Moncada.

Poco después, el monarca abdicó en su hija y entregó a su yerno el gobierno de sus estados, conservando él solamente los honores de realeza. De esta manera, al unirse en manos de un gran príncipe mediterráneo, tan rico y tan dinámico, con el reino aragonés, en que se contenían tan potentes energías, se formó una confederación, cuyo poderío creciente hacía imposible todo intento de superioridad castellana.

Su yerno, Ramón Berenguer IV de Barcelona fue quien solucionó el problema sucesorio con las órdenes militares. Ramiro II se retiró a San Pedro el Viejo y conservó hasta su muerte el título de rey.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo III pág. 1159.