Liga Católica Francesa

Datos históricos

Fecha: 1576
Conflicto: Católicos-Hugonotes

La Liga

La Liga Santa o Liga Católica francesa fue una unión constituida por católicos ardientes, a quienes no agradaron las concesiones hechas a los hugonotes. en la paz de Monsieur (mayo-1576), concesiones que implicaban libertad absoluta de culto, salvo en París, ocho plazas de seguridad y la rehabilitación del almirante y sus cómplices en el favor real. Ocurre este hecho durante la segunda guerra de religión, en el reinado de Enrique III. La formación de la Liga no supone un hecho histórico nuevo. Anteriormente habían surgido asociaciones católicas o ligas particulares o regionales, para defenderse de los hugonotes. Pero en 1976, un suceso de mayor nota fue el germen de la Liga: la asociación de católicos de Picardía para impedir al príncipe de Condé la toma de posesión de su gobierno en aquella provincia. Los Guisas se pusieron enseguida a la cabeza del movimiento, que se extendió rápidamente por todo el país.

La Liga estaba integrada por elementos de la nobleza y de las clases populares. Hauser La prépondérance espagnole, en Peuples et Civilisations, IX, pág. 123 califica a la Liga de democrática. Sin embargo, fue la clase media —magistrados y funcionarios— la verdadera directora del movimiento. La Liga no se dirigió directamente contra el poder real, sino que declaró que respetaría la autoridad del rey siempre que no se opusiera a los intereses de la Iglesia católica. Pero al lado de estos intereses religiosos, primordiales ciertamente, existió en la Liga un designio reivindicatorio de la nobleza respecto a sus viejos privilegios feudales, y, en los Guisas, la posibilidad de llegar algún día al trono de Francia, reverdeciendo antiguos títulos carolingios.

La historia de la Liga llena los sucesos de Francia en los últimos años del siglo XVI. Enrique III intentó, sin éxito, dirigirla, intento que condujo a las nuevas guerra de religión de 1576-1577 y de 1579-1580, es decir, la sexta y la séptima, cuyo resultado fue recortar los privilegios concedidos a los hugonotes. en la paz de Monsieur. La muerte de Enrique de Anjou hizo trasladar la calidad de heredero de la corona a Enrique de Bearne, Esta circunstancia indujo a la Liga a buscar decididamente el apoyo de Felipe II. En Joinville, el embajador español Mendoza firmó con el duque de Guisa (diciembre, 1584-enero, 1585) varios tratados, por los cuales Felipe II se comprometía a suministrar los subsidios necesarios para exterminar la herejía tanto en Francia como en los Países Bajos, reservándose la corona de una Francia católica al cardenal de Borbón, tío de Enrique de Bearne, que cedería al rey de España el Cambrésis y Navarra.

Enrique III, desconfiando de los designios del duque de Guisa le hizo asesinar (4 diciembre, 1588), asesinato que trajo como consecuencia poner a la Liga en lucha abierta contra la monarquía. En París se organizó una especie de gobierno revolucionario, dirigido por un Consejo general Los Diez y Seis, a cuya cabeza estaba el duque de Mayenne, hermano de Enrique de Guisa. Se cometieron algunos excesos Jornada de las Barricadas, 1588, y el duque de Mayenne, conforme a los pactos con Felipe II, aceptó que las tropas de Alejandro Farnesio entrarán en Francia.

Enrique, antes de morir de la puñalada recibida, designó como sucesor a Enrique de Bearne. La Liga proclamó por rey al cardenal de Borbón, con el título de Carlos X. Mientras Enrique prosigue la guerra, con poco éxito, dirigiendo principalmente sus miras sobre París, falleció el anciano Carlos X. El papa, Sixto V, se dio cuenta de la necesidad de dotar a Francia de un rey francés, pero católico. Por ello prestaba oídos a los cardenales partidarios de Enrique de Bearne, esperando una conversión del presunto rey. Debían de ser conocidas ya las dubitaciones de este, porque la Sorbona decretó a Enrique incapaz de reinar, aun cuando llegara a obtener la absolución pontificia.

Sixto V murió pronto. La Liga triunfaba en todas partes. El gobernador de Bretaña, duque de Mercoeur, ofreció el puerto de Blavet a las tropas españolas mandadas por don Juan de Águila, que desembarcaron en auxilio de la Liga; otro ejército español operaba en el Languedoc. Isabel de Inglaterra, por su parte, envió tropas a los hugonotes. de Rouen. La monarquía gala se desintegraba. El duque de Nemours trató de hacer del Lyonesado un señorío propio. Carlos Manuel de Saboya, el hijo de Manuel Filiberto, se hizo nombrar gobernador de Aix, apoderándose de parte de Provenza. Y, por si fuera poco, Gregorio XIV ordenó retractarse a los cardenales partidarios de Enrique y fulminó la excomunión contra los franceses que le siguieran. Enrique seguía dudando.

El pueblo de París, exaltado por los predicadores, reconocía como protector del reino a Felipe II y abrió las puertas de la ciudad a tropas españolas. Sin embargo, entre los cabecillas de la Liga había disensiones. Algunos, como Villeroy y Jeannin, sintiéndose antes que nada franceses, querían llegar a un acuerdo con el navarro. Felipe II mantenía proyectos de sucesión al trono francés, en favor de su hija Isabel Clara, nacida de Isabel de Valois, pero chocaba con la grave contrariedad de la Ley Sálica.

Esta cuestión enfrentó a la democracia parisién, a la Sorbona y al nuncio con la burguesía, de la que salían los juristas, defensores de las leyes fundamentales del reino. El comité de los Diez y Seis, ampliamente democrático, comenzó a detener y ejecutar a los tachados de sospechosos y a controlar las decisiones de Mayenne. Este se vio obligado a dar una especie de golpe de Estado, deteniendo a varios demagogos; pero no pudo evitar la convocación de los Estados Generales, prometida hacía ya cuatro años. Estos se reunieron en el Louvre, en enero de 1593. No fueron total representación del país, pues muchas provincias rehusaron asistir. La mayoría de la asamblea se inclinó por un rey católico, reconocido por el Papa y por Felipe II , pero se evidenció que en ella no había homogeneidad.

El duque de Feria, enviado español, propuso la candidatura de Isabel Clara, prometiendo, si era aceptada, 40.000 mercenarios a la Liga y dinero para llevar a cabo la guerra. Pero la actuación del duque de Feria fue poco prudente y habilidosa, malquistando a la opinión pública con Felipe II . Como desconocía el francés, tuvo que dirigirse en latín a la asamblea; no supo tampoco halagar los sentimientos nacionales de los diputados, antes al contrario, insistió demasiado en los beneficios que Felipe II concedía a Francia. Al ser interrogado sobre el marido de la infanta, respondió que casaría con el archiduque Ernesto, un hijo del emperador, y algún día emperador también. La asamblea, precisamente, había solicitado un príncipe francés.

Cuando Felipe II quiso rectificar, proponiendo casarla con el heredero de la familia Guisa, ya era tarde. Seguidores de Mayenne, navarrista, habían mantenido conversaciones sobre una probable conversión de Enrique. El Parlamento de París salió en defensa de la Ley Sálica, suspendiendo por ilegal la reunión de los Estados Generales junio, 1593). En junio, Enrique abjuraba en Saint Denis: en febrero del año siguiente era consagrado en la catedral de Chartres, y en marzo, el gobernador de París, mariscal de Brissac le habría las puertas de la capital, donde entró, retiradas las tropas españolas de Feria, en medio del entusiasmo popular.

VÁZQUEZ DE PRADA, Valentín, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 740-741.