Guerra de los Siete Años

Datos históricos

Fecha: 1756-1763
Bando 1 Gran Bretaña y Prusia
Bando 2 Francia, Austria, Rusia, Suecia, España

Orígenes del conflicto

Conflicto que tuvo lugar, de 1756 a 1763, entre Gran Bretaña y Prusia contra Francia, Austria, Rusia, Suecia, España y los príncipes aliados. Las causas de esta guerra radicaron en la rivalidad económica y colonial suscitada entre Francia y gran Bretaña en América del Norte y en la India, y en la decisión de María Teresa de recuperar Silesia, a la sazón en poder de Federico II de Prusia.

La batalla de Kunersdorf según el pintor Alexander Kotzebue (1848).La batalla de Kunersdorf según el pintor Alexander Kotzebue (1848).

La Gran Bretaña de Jorge II, sin previa declaración de guerra, inició las hostilidades (1755) con la captura de más de trescientos navíos mercantes franceses, y por el acuerdo de Westminster (enero de 1756), obtuvo de Federico II la promesa de defender Hannover de un hipotético ataque francés. Amenazada por su aislamiento, Francia rehusó a su tradicional amistad con Prusia —con lo que se producía una inversión de alianzas respecto a la guerra de Sucesión de Austria (1740-1748)—, se apresuró a aceptar las proposiciones de Kaunitz y Luis XV se alió con María Teresa de Austria; ambos estados, en caso de conflicto se ayudarían mutuamente. La guerra se desarrolló en varios marcos: el naval, el colonial y el continental.

Después de la ocupación de Menorca por el cuerpo expedicionario del duque de Richelieu (mayo 1756), los británicos, gobernados por Pitt el Joven, bloquearon las costas francesas. Privados de socorros y hostigados por las tropas británicas, los colonos franceses sucumbieron fácilmente en América del Norte, los canadienses, a mando de Montcalm, evacuaron el valle de Saint-Laurent y, después de la conquista de Quebec por las fuerzas de Wolfe (ocurrida como consecuencia de la batalla de Abraham en septiembre 1759), Montreal fue ocupada por los británicos (IX-1760).

En la India, Lally-Tollendal, posteriormente al fracaso de Madras, capituló en Pondichery (enero de 1761), momento en que para atenuar estas derrotas marítimas y coloniales y obtener el apoyo de la flota española —restaurada por la acción de Ensenada—, Choiseul firmo el tercer pacto de Familia (agosto de 1761), que ponía fin al neutralismo español y determinó el inicio de un constante estado de guerra entre Gran Bretaña y España (enero de 1762). La superioridad naval británica se reveló con la conquista de Florida y a Habana (agosto de 1762) y Manila (octubre). Sólo la ocupación de la colonia portuguesa de Sacramento constituyó un éxito español (Octubre 1762).

Federico II de Prusia desencadenó una ofensiva e invadió Sajonia (agosto de 1756). Los príncipes alemanes (enero 1757), Rusia (febrero 1757) y Suecia (marzo 1757) se unieron a la alianza franco-austriaca, reafirmada por el segundo tratado de Versalles (mayo 1757).

En un principio, austriacos y franceses obtuvieron varios éxitos; unos expulsando a los prusianos de Bohemia (junio 1757) y otros obligando a una armada británico-hannoveriana a rendirse en Kooster Zeven (septiembre de 1757), pero pronto Federico II batió sucesivamente a franceses y alemanes en Rossbach (noviembre de 1757) y a los austriacos en Leuthen (diciembre de 1757), aunque a partir de 1758 sufrió el ataque de los rusos, quienes le derrotaron en Kunersdorf (agosto de 1759 y octubre de 1760) y ocuparon Berlín.

Sólo el advenimiento de Pedro III (enero 1762), admirador de Prusia, salvó a Federico II del desastre total; ambos firmaron la paz por separado (tratado de San Petersburgo de 5 mayo 1762). Exhaustos, franceses y austríacos depusieron las armas.

La guerra terminó con los tratados de París (10 de febrero 1763) y de Hubertusburg (15-II-1763); fue, en cierto sentido, la primera guerra mundial, ya que se combatió en cuatro continentes. A raíz de ella, Prusia se confirmó como una gran potencia —ratificando la posición obtenida en el tratado de Utrecht— y Gran Bretaña pudo firmar una paz en condiciones sumamente ventajosas, a partir de 1763 comenzó su hegemonía en la política mundial, a pesar de que su opinión publica reprochara a Pitt el Joven el haber preferido Canadá a la riqueza de las Antillas.

La gran vencida fue Francia; el tratado de París liquidó su primer imperio colonial. Por otra parte, España tuvo que hacer onerosas concesiones comerciales a Gran Bretaña, amén de cederle la Florida, San Agustín y la bahía de Pensacola. En Cambio, el dualismo de Austria y Prusia en Alemania solidificó el marco normal de un equilibrio europeo.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 22 págs. 10421-10423.