Derrumbamiento del Imperio alemán

Roosevelt pretende reconstruir el mundo basándose en el liberalismo

Mientras se acercaba inevitablemente la derrota de Alemania. Roosevelt soñaba, como antaño lo hiciera Wilson, en la reconstrucción del mundo basándose en el liberalismo. Generoso y humano, tan comunicativo como reservado era Wilson, Roosevelt era también —como Wilson- autoritario. Ambos apoyaban su autoritarismo sobre la certidumbre en que se hallaban de tener razón. Wilson basaba dicha certidumbre en una cultura profunda, aunque limitada a la historia de los Estados Unidos; Roosevelt creía en su intuición y en el valor de las relaciones personales. Estaba persuadido de que la buena voluntad, la generosidad, el amor al prójimo y la confianza recíproca lo pueden todo.

Lo mismo que Wilson, Roosevelt veía al mundo a través de los Estados Unidos. Para él, todos los hombres pensaban como los norteamericanos, y puesto que el liberalismo había proporcionado a los Estados Unidos su inmensa prosperidad, ¿por qué no dársela al mundo entero? Además, acaso no debían todos los hombres amar la libertad?

Sin conceder la menor importancia al estado de evolución histórica de los pueblos, Roosevelt consideraba que el porvenir nada tiene que ver con el pasado. Su política parecía estar dominada por la idea de que para conseguir del mundo su adhesión al liberalismo solo bastaba con proclamar sus principios. Cuando acudió a la conferencia de Anfa, en Marruecos, se sintió tan conmovido ante la miseria del pueblo marroquí que con su generosidad característica se hizo el propósito de lograr que desapareciera del mundo la miseria, tal vez sin darse cuenta de que los indios de la América del Sur tenían una vida tan miserable como la del pueblo marroquí.

Sin pararse a reflexionar que la miseria ha sido el estado normal de la inmensa mayoría de los hombres hasta que, en el siglo XVI, el capitalismo les enseñó en Occidente a crear riquezas, culpaba al colonialismo de los occidentales el que la vida de los pueblos de color estuviera en un nivel de vida tan bajo. Por consiguiente, para que imperase la prosperidad sería preciso primeramente suprimir en todo el mundo el sistema colonial, proclamar la libertad de comercio y de todas las vías navegables del mundo, y volver a implantar en todas partes la competencia y la libre información.

Para liberar al mundo, abrir todas las puertas al liberalismo y mejorar por este mágico programa el nivel de los pueblos económicamente retrasados —esto es, la gran mayoría de la humanidad— Roosevelt pretendía que la guerra señalase el término de los imperios coloniales. No bastaba convencer a Alemania y al Japón, sino que había que liberar a la India y a Birmania del yugo de los ingleses, a la Indochina del de los franceses y a la India neerlandesa de la tutela de Holanda. Y para devolver a la economía el carácter liberal era preciso que desaparecieran las tarifas proteccionistas de la Commonwealth británica. Probablemente, no se dio cuenta de que una de las causas que llevaron a establecer el régimen de preferencia en la Commonwealth había sido el proteccionismo de los Estados Unidos, que después de la guerra de 1914 contribuyó a impedir que la economía del mundo recuperase un equilibrio natural.

Pero ¿cuál iba a ser la situación económica de estos pueblos tan repentinamente enfrentados con el liberalismo integral? No parece que Roosevelt se hubiese formulado esta pregunta.

Ante todo, era preciso terminar con el colonialismo.

Y Roosevelt en persona se encargó de dar el primer hachazo al sistema colonial. Invitó a la reina Guillermina de Holanda a visitarle en la Casa Blanca y le arrancó la promesa de que, una vez concluida la guerra, concedería un estatuto de dominio a Java y a Borneo.

Disolución del Komintern

Sin embargo, era imposible no darse cuenta de que el nivel de vida de los pueblos —que Roosevelt quería mejorar por el liberalismo— dependía más de la economía mundial que de la propia que pudieran crear, que solo lograría mantenerlos en su milenaria miseria. Ahora bien, después de la guerra, la economía mundial quedaría determinada por el estatuto de Alemania y sobre todo por el de Rusia. Ningún liberalismo podría imponerse a la economía mundial si la URSS conservaba un régimen económico autárquico de estatismo autoritario.

Rusia, que comprendía con suma perspicacia que le era indispensable inspirar confianza a las potencias occidentales, procedió en mayo de 1943 a la disolución del Comité central ejecutivo de la III Internacional (Komintern). Parece ser que Roosevelt atribuyó gran importancia a la desaparición oficial del Komintern, como también que la reconciliación del gobierno soviético con la Iglesia rusa le impresionó en igual sentido favorable. En septiembre de 1943, Stalin y Molotov se entrevistaron con los principales metropolitanos de Rusia y les autorizaron a convocar un Santo Sínodo. Reunido en Moscú en noviembre, este sínodo eligió al metropolitano Sergio como patriarca de todas las Rusias.

Al mismo tiempo, se nombró un consejo soviético para los asuntos de la Iglesia ortodoxa y también se autorizó a que un Consejo musulmán estableciera su sede en Tachkent.

En mayo de 1944 y basándose en la reconciliación oficial entre el Estado soviético y la Iglesia, la URSS se interesó de nuevo por los Santos Lugares. El efecto que esto produjo en todo el Cercano Oriente fue enorme.

A la muerte del metropolitano Sergio, el Santo Sínodo pudo reemplazarlo libremente por Alexis, metropolitano de Leningrado. Poco después, a petición de los norteamericanos, se suprimió la revista oficial Los sin Dios.

La opinión americana, Roosevelt en particular, concedieron una importancia enorme a esta vuelta de Rusia a la tolerancia religiosa, que consideraron como una primera etapa en la evolución hacia el liberalismo.

Roosevelt logra que Churchill acepte el desembarco en el Oeste

El plan mundial de Roosevelt no podía realizarse sin la cooperación de Rusia. Por lo tanto, lo esencial para él era mantenerse en buenas relaciones con Moscú. Y puesto que la URSS se oponía a que los aliados desembarcasen en los Balcanes y pedía se crease un frente en la costa del Atlántico, el único plan posible de ofensiva contra Alemania debería basarse en un desembarco por el Oeste, del que Churchill no era partidario. En la conferencia de Quebec, donde en septiembre de 1943 se reunieron los dos estadistas, Churchill, incapaz de oponerse por más tiempo a la voluntad de Roosevelt —de quien al fin y al cabo dependía la acción de los Estados Unidos en la guerra— renunció a sus proyectos de desembarco en los Balcanes y dio su conformidad al plan elaborado por Marshall de desembarcar en la costa francesa.

En octubre, Cordell Hull y Eden emprendieron viaje a Moscú para entrevistarse con Molotov y ponerle al corriente del plan de operaciones. En el curso de esta conferencia, los Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y China -que se arrogó la categoría de nuevo grande — también se pusieron de acuerdo sobre la necesidad de crear un organismo mundial. Este fue el origen de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Una vez satisfechas sus exigencias, Stalin declaró que estaba dispuesto a conferenciar con Roosevelt y Churchill y se convino que la entrevista tendría efecto en Teherán.

Al dirigirse allí (noviembre de 1943), Roosevelt y Churchill se detuvieron en El Cairo para celebrar una entrevista con Chang Kai Chek y su esposa y estudiar con ellos los problemas del Extremo Oriente. De tales conversaciones, lo más saliente fue la propuesta que hizo Roosevelt de confiar a China el mandato de administrar Indochina cuando dejara de pertenecer a Francia; pero Chang Kai Chek declinó el ofrecimiento, negándose a extender la autoridad de China a pueblos que no fuesen chinos.

La conferencia de Teherán

La entrevista de Roosevelt y Stalin en Teherán (diciembre de 1943), donde se veían por primera vez, es un hecho histórico de la mayor importancia. Desde los primeros momentos, Roosevelt se dirigió a Stalin con la más absoluta confianza, y quedó tan impresionado de la cordialidad del ruso que desde entonces le llamó siempre uncle Joe.

En el curso de esta conferencia se discutió y quedó fijado el plan de las operaciones futuras. Winston Churchill intento de nuevo que prevaleciera su idea de establecer un frente dirigido hacia los Balcanes, pero ante la exigencia de Stalin, apoyado por Roosevelt, de que este frente se abriera en el Oeste por medio de un desembarco, el premier británico tuvo que ceder.

En principio se fijó como fecha el mes de mayo, y Stalin prometió que haría coincidir el desembarco con una gran ofensiva soviética. También se trató de una posible ofensiva en la costa francesa del Mediterráneo por tropas transportadas de Italia. Churchill, insistiendo en su idea, prefería sustituirla por otra operación que desde Italia se dirigiese por Trieste hacia Viena.

Los tres grandes discuten la suerte de Alemania

En Teherán se trató asimismo del estatuto de Europa en la postguerra. Roosevelt tenía preparado un plan de desmembramiento de Alemania en cinco estados autónomos: Prusia, Hannover, Sajonia, Alemania renana y Alemania del Sur. Hamburgo con el canal de Kiel, el Ruhr y el Sarre quedarían bajo la tutela de las Naciones Unidas.

A este plan, que Stalin aceptó en principio, Churchill oponía otro. Considerando que el peligro alemán estaba representado por Prusia, proponía dejarla aislada y unir los demás estados alemanes a Austria formando una federación danubiana.

Roosevelt y Stalin adujeron que entre los distintos alemanes no existía diferencia alguna y se opusieron al proyecto de Churchill, que pretendía tratar a Prusia con dureza y con más consideración a Alemania del Sur.

Es indudable que la idea Churchill estaba más en consonancia con la evolución histórica de Alemania, pero pecaba contra la Historia al considerar a la región renana como inherente a Prusia, cuando en realidad no se incorporó a ella hasta 1815. También es cierta la diferencia de civilización alegada por Churchill para justificar su plan, pero tal diferencia divide a Alemania en este y oeste, no en norte y sur como él pretendía. Prusia forma, efectivamente, la parte militar y señorial de Alemania, pero la civilización arcaica que representa no se extiende al oeste del Elba.

En realidad, parece como si Churchill hubiese querido organizar enfrente de Rusia una Europa fuertemente cimentada, mientras Stalin y Roosevelt pretendían balcanizar a Alemania como antaño el Tratado de Versalles hizo con Austria-Hungría. Con esta solución se favorecía al imperialismo ruso; en cambio, una federación danubiana hubiera constituido un obstáculo para su expansión. Por lo tanto, Stalin se opuso a ella.

Por último, Churchill abordó la cuestión de Polonia, proponiendo se le asignaran como fronteras la Línea Curzon al este y el Oder al oeste. Stalin, que había reconocido como gobierno de Polonia al Comité pro-liberación nacional constituido en la URSS en agosto de 1943, dio su asentimiento en principio, a condición de que la ciudad de Koenigsberg fuera entregada a Rusia para proporcionarle un puerto en el mar libre.

El 2 de diciembre, una declaración conjunta de los tres Grandes dio a conocer al mundo su unánime acuerdo en lo referente a la coordinación de las operaciones destinadas a conseguir la destrucción de los ejércitos alemanes, y su común propósito de organizar la paz con arreglo a los deseos de la aplastante mayoría de los pueblos de la Tierra, con la participación de todas las naciones, grandes y pequeñas.

Después de esta declaración, Roosevelt, a quien Stalin dirigió un brindis que terminó con las palabras Que Dios le ayude en su labor, abandonó Teherán convencido de haber logrado una colaboración definitiva entre los Estados Unidos y la URSs. Y se vio confirmado en esta opinión por el tratado de amistad que Moscú concertó en diciembre con el gobierno checoslovaco formado en los Estados Unidos bajo la presidencia de Benes.

Eisenhower es nombrado comandante en jefe de las tropas aliadas

A su regreso de Teherán, Roosevelt y Churchill se detuvieron de nuevo en El Cairo para entrevistarse con Ismet Inonu. Churchill, tenaz en su idea de que sería un trágico error el desembarco en Francia y dejar el este y el sudeste de Europa en manos de la URSS, volvió a insistir en su proyecto de ofensiva en los Balcanes y, para darle un principio de ejecución, intentó arrastrar a Turquía a la guerra. Pero tampoco esta vez consiguió nada, ya que Roosevelt continuaba inquebrantable.

En esta segunda conferencia de El Cairo, el general Eisenhower fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas aliadas.

Plan de desmantelamiento industrial de Alemania

De regreso a Washington y a instancias del secretario de Defensa, Stimson, Roosevelt nombró un comité para definir la posición norteamericana en relación con los problemas alemanes. Además de Stimson, formaban este comité Cordell Hull, secretario de Estado, Morgenthau, secretario del Tesoro, y Harry Hopkins.

Roosevelt no consultaba para nada a sus ministros. En los Estados Unidos donde el cargo de primer ministro no existe, y los ministros, nombrados por el presidente, sólo son responsables ante él, los poderes del jefe del Estado, que además desempeña las funciones de primer ministro, son considerables. Lo mismo que Wilson, Roosevelt había llegado a ejercer el gobierno personal y sobre él solo tenía una influencia extraordinaria Harry Hopkins, secretario de Comercio y administrador del Préstamo y Arriendo, a quien Roosevelt consideraba como su sucesor en la presidencia. Pero Harry Hopkins, enfermo de cáncer, tuvo que renunciar a sus cargos políticos y sólo conservó el de consejero del presidente, residiendo a partir de entonces en la Casa Blanca.

Morgenthau presentó al comité encargado de los problemas alemanes un plan —al que se oponía Stimson -, por el que se convertía a Alemania en un país exclusivamente agrícola. Según este proyecto, la industria alemana habría de ser totalmente desmantelada y su maquinaria entregada a la URSS y a los países aliados a título de reparaciones por daños de guerra. Roosevelt, que deseaba acabar con el colonialismo y por lo tanto dejar sin colonias a Inglaterra, pretendía en compensación ayudar a la industria inglesa. Y el desmantelamiento industrial de Alemania le pareció el mejor medio de proporcionar a la industria británica —y también a la norteamericana— los nuevos mercados que pudieran necesitar. Y dio su aprobación a los planes de Morgenthau.

Churchill intenta reducir los bombardeos aéreos en los países aliados

Como se ha visto, Churchill tuvo que aceptar el plan de desembarco en Francia.. Sin embargo, deseaba evitar a Francia pérdidas inútiles. Para él, la solidaridad franco británica continuaba siendo una realidad esencial y no quería que Francia quedase muy perjudicada para que pudiese ocupar su puesto de gran potencia en seguida que terminara la guerra.

Ahora bien, las incursiones aéreas se llevaban a cabo sin distinción alguna, lo mismo se tratase de países aliados ocupados por los alemanes que sobre Alemania. En Bélgica, y sobre todo en Francia, los puertos, los centros industriales y las vías férreas eran intensamente bombardeados, e incluso el centro de las grandes aglomeraciones urbanas, lo que ocasionaba más víctimas cada día. Churchill hubiera querido evitar, dentro de lo posible, los bombardeos aéreos en las regiones ocupadas, pero sus esfuerzos fueron inútiles. El interés militar estaba por encima de todo, cualesquiera que fueran sus consecuencias.

Desembarco aliado en Normandía y ofensiva rusa hasta las fronteras del Reich

La enorme importancia que los Estados Unidos concedían al esfuerzo de guerra, empezaban por aplicársela a sí mismos. Los gastos crecían en proporciones cada vez mayores, la circulación monetaria, que en 1939 era de 4.900 millones de dólares, ascendió a 13.700 en 1943. El Estado exigía de cada individuo un esfuerzo idéntico al que realizaba la nación. Desde diciembre de 1942, la semana inglesa y la jornada de ocho horas quedaron suspendidas en todos los establecimientos que dependían del Departamento de Guerra.

Lo mismo que en la primera guerra mundial, los obreros —que a pesar de todo resultaban unos privilegiados en comparación con los soldados que combatían en el frente— se negaron al esfuerzo suplementario que se les exigía y en el mes de junio de 1943 se produjeron grandes huelgas, en las que tomaron parte más de 500.000 obreros, y se repitieron en noviembre. Pero el gobierno no cedió y continuó con su política de producción masiva. En el año 1943 se construyeron 2.380 navíos de guerra, 13.000 de desembarco y 86.000 aviones. En 1944, la producción llegó a la cifra de 160.000 aviones, 130.000 tanques), 225.000 cañones, 4 millones de toneladas en buques de guerra y 30 millones de barcos mercantes. Los Estados Unidos eran los proveedores de sus aliados rusos e ingleses, a los que entregaron, en 1944, 23.000 aviones y 23.000 carros de combate.

En junio de 1944, los gastos de guerra, cuyo 14 por ciento estaba destinado al Préstamo y Arriendo en favor de los aliados, llegaron a alcanzar la suma de 260.000 millones de dólares.

La política de guerra con respecto a los neutrales

Los Estados Unidos, al mismo tiempo que dedicaban todas sus energías a la guerra, no cedían en su empeño de imponer a los países neutrales una política anti alemana. En vista de que Turquía no atendía la petición de los aliados de que entrase en guerra con el Reich, o por lo menos de que les dejase disponer de las bases aéreas, los aliados dejaron de enviarle toda clase de material. Y cuando en diciembre de 1944 estalló en Bolivia un golpe de estado nacionalista de tendencias germanófilas, fueron suspendidos inmediatamente los envíos a dicho país a título de préstamo y arriendo. Fue durante este tiempo cuando Washington decidió hacer una lista negra con las casas de comercio que mantenían relaciones con Alemania, con objeto de boicotearlas una vez restablecida la paz.

En enero de 1944, Washington pidió al gobierno de la Argentina que rompiera sus relaciones con las potencias del Eje, y cuando lo hubo conseguido exigió que todos los residentes alemanes fuesen confinados y se suspendiese toda relación con Alemania.

En el mismo mes, y ante la amenaza de que cesarían los envíos de carburante a España, el gobierno de Madrid se comprometió a observar la más estricta neutralidad con respecto a Alemania. En junio, presionados por Washington, Portugal dejó de exportar al Reich volframio y Suiza rodamientos a bolas y cañones antitanques. Y en octubre, en vista de que eran más apremiantes las recomendaciones americanas, Suiza, Suecia y Turquía suspendieron todas sus exportaciones al Reich.

La Francia Libre Se transforma en gobierno provisional

Tras la tentativa realizada en noviembre de 1943 por el general Pétain de renunciar a sus funciones, Laval, asistido por Darnand, que tenía a su cargo la dirección de la policía, tomó en sus manos el gobierno de Francia. Por entonces las organizaciones de resistencia habían tomado mayor amplitud y los alemanes efectuaban continuamente operaciones de represalia quemando pueblos y fusilando rehenes. Además, aprovechándose de esta situación, en toda Francia surgieron bandas de ladrones que se surtían de armas y municiones merced a los envíos que lanzados por paracaídas enviaban los aliados a los maquis.

Entre colaboracionistas y resistentes se entabló una lucha que a veces fue implacable. Desde Argel, el Comité Francés de Liberación Nacional incitaba a los resistentes a la acción, publicando en julio de 1943 una orden que declaraba legítimos todos los actos realizados con posterioridad al 16 de junio de 1940 con el fin de servir a la causa de la liberación de Francia, aun cuando dichos actos hubieran constituído infracciones con respecto a la legislación aplicada en la época. Esto era dar legalidad a la guerra civil.

Mientras que Vichy iba perdiendo terreno ante la opinión y sólo se mantenía merced a la policía, que colaboraba con la Gestapo, el CFLN fue admitido por los aliados como representante de Francia. Y el 1 de noviembre de 1943, en la conferencia de Moscú, al formar un consejo consultivo de los problemas italianos, fue nombrado un delegado francés.

El CFLN se iba organizando. Nombró una Asamblea nacional consultiva; se separó el mando militar, confiado al general Giraud, del poder político, que fue conferido al general De Gaulle y las grandes potencias acreditaron embajadores cerca del CFLN, que en África actuaba ya como gobierno. Se estabilizó la moneda a 200 francos por libra, se decretó la movilización general, se derogaron las medidas adoptadas por la administración de Vichy, se depuraron las administraciones, se detuvo a algunos ex ministros y altos funcionarios de Vichy, se confió al general Koenig el mando de las fuerzas francesas del Interior (FFI), se envió un ejército, formado principalmente por africanos, a combatir en Italia bajo las órdenes del general Juin, y se hizo ocupar la isla de Córcega.

El 3 de junio, en previsión del desembarco aliado en el Oeste europeo, el Comité Francés de Liberación Nacional tomó el nombre de Gobierno provisional de la República francesa.

Desembarco en Normandía y en la costa mediterránea

El 6 de junio de 1944, los ejércitos norteamericano e inglés desembarcaron en Normandía. Este ataque, preparado en sus menores detalles por un Estado Mayor conjunto, fue precedido a partir del mes de enero por el bombardeo sistemático de aeródromos y fábricas de aviación del Reich, de las comunicaciones más alejadas y, por último, de las vías de comunicación de Francia y Bélgica. Los días 2 y 3 de junio fueron lanzadas unas 5.000 toneladas de bombas sobre las defensas costeras de la Mancha y del Paso de Calais. Y al alba del día 6, después de un nuevo y formidable ataque de la aviación, 4.000 embarcaciones, con dos puertos prefabricados que fueron instalados en Arromanches y en Vierville-sur-Mer, dejaron en la costa varias decenas de millares de hombres.

La muralla del Atlántico no resistió. Rommel intentó oponerse al avance aliado con quince divisiones, pero el 11 de junio la batalla de las playas estaba ganada y el 19 todo el Cotentin había sido ocupado. Cada día desembarcaban 35.000 hombres. El 27 tomaron Cherburgo.

En Normandía, los alemanes opusieron una vigorosa resistencia, pero la destrucción de los medios de comunicación y la actividad del maquis en los países ocupados agravaban su situación. El 30 de julio, el general Bradley pudo lanzar los blindados del general Patton por el pasillo de Avranches y el 7 de agosto estaba liberada toda Bretaña.

El 15 de agosto, el ejército americano del general Patch y el ejército francés del general De Lattre de Tassigny desembarcaron en la costa del Mediterráneo, cerca de San Rafael, y el día 31 llegaban a Valence.

Atentado contra Hitler

El desembarco de los aliados daba a la situación de Alemania un carácter desesperado. A pesar de todo, Hitler seguía manifestando su voluntad de resistir a ultranza y anunciaba el empleo inminente de nuevas y tan espantosas armas que pondrían rápidamente fin a la guerra en provecho del Reich. No se trataba de las V-I ni las V-2 —bombas propulsadas por un chorro de gas— que Alemania venía usando desde junio como represalia por los bombardeos aéreos y que no podían ejercer acción alguna sobre las operaciones militares, sino de la fabricación de una bomba atómica —aplicación de los descubrimientos nucleares realizados durante el último cuarto de s. —, en la que trabajaban incansablemente los químicos, tanto en Alemania como en Inglaterra y los Estados Unidos. Si le fallaba este último recurso, Hitler tenía intención de retirarse al reducto que se había preparado en torno a Berchtesgaden, arrastrando al Reich en su caída.

Los bombardeos aéreos efectuados sobre Alemania para desmoralizar a la población adquirían proporciones catastróficas. Las grandes ciudades eran atacadas cada día por potentes oleadas de aviones que volcaban sobre ellas toneladas de explosivos. La población civil contaba ya sus víctimas por cientos de millares y toda Alemania parecía hundirse en un espantoso cataclismo del que solo emergerían ruinas.

Algunas personalidades, entre las que se contaban relevantes generales y estadistas —Schacht, el gobernador de Bélgica Von Falkenhausen, los generales Rommel, Von Beck, Von Stulpnagel y el embajador Von Hassel, dirigidas por el almirante Canaris y el conde Helmuth von Moltke —, organizaron clandestinamente una oposición que desde fines de 1942 estudiaba la posibilidad de un golpe de estado. Pero la Gestapo tuvo confidencias del complot y en enero de 1944 fue detenido el conde Von Moltke.

No obstante, los conjurados decidieron pasar a la acción con el firme propósito de derrocar a Hitler y proclamar jefe del Estado al general Von Witzleben. El coronel Von Stauftenberg tomó la responsabilidad del atentado y el 20 de julio colocó una cartera de mano conteniendo una bomba en el barracón en que Hitler iba a presidir un consejo militar, en su Cuartel General. La bomba mató a varios generales, pero Hitler resultó solamente herido.

La represión que siguió al atentado fue terrible. Los conjurados fueron condenados a la horca y algunos de ellos colgados por la mandíbula en ganchos de carnicero. Familias enteras fueron exterminadas y Von Beck y Rommel se suicidaron. El Alto Mando del ejército fue relevado por completo y la propaganda presentó el que Hitler resultase indemne como una prueba de que la Providencia protegía al salvador de Alemania.

Pero la guerra ya había herido de muerte al nacionalsocialismo. En 1943, en los campos de prisioneros alemanes en la URSS se había formado, bajo la égida soviética, el Comité Alemania Libre para reclamar la instauración de una democracia fuerte en una Alemania todavía poderosa, y más tarde se organizó la Unión de Oficiales Alemanes, entre los que se encontraba el general Von Paulus, el vencido de Stalingrado. La URSS autorizó a este para hablar a los alemanes por medio de la radio e invitarles a que se sublevaran contra Hitler. En Suiza también se habían formado las agrupaciones socialdemócrata y demócrata cristiana alemanas, pero la influencia de estos últimos resultó casi nula.

Liberación de París y restauración de la legalidad republicana en Francia

Mientras la opinión alemana se escindía, el avance aliado en el norte de Francia iba acentuándose. El 17 de agosto las tropas llegaron a Orleans, noticia que determinó en París una insurrección organizada por la resistencia y apoyada por las fuerzas de policía. En las calles de la capital se libraron sangrientos combates. El 24, los carros de asalto de la división Leclerc, que habían tomado parte en el desembarco del III Ejército americano, entraron en París y al día siguiente el general Von Choltitz firmó la rendición de la ciudad. La capital estaba casi intacta, ya que el general Choltitz se había negado a cumplir las destrucciones que se le ordenaron. Hasta los puentes se habían salvado. El mismo día, De Gaulle entraba en el Ayuntamiento y el 26 desfilaba como triunfador por la avenida de los Campos Elíseos.

A partir de aquel momento, el avance aliado fue fulminante. El 5 de septiembre las tropas norteamericanas entraron en Bruselas. Gracias a las fuerzas de resistencia del Movimiento Nacional Monárquico, el puerto de Amberes cayó intacto en manos de los aliados. El día 13, los dos ejércitos atacantes, desembocando por el sur y el oeste, establecieron contacto en Borgoña y los americanos entraron en Alemania por la región de Trèves.

Sin embargo, los alemanes poseían aún los puertos de Dunkerque, Lorient, Saint-Nazaire y La Rochela, así como las bocas del Escalda, lo que impedía a los aliados utilizar el puerto de Amberes.

A fines de septiembre, casi todos los territorios de Francia y Bélgica estaban liberados. Al ejército alemán la retirada le costó 600.000 prisioneros.

La trágica insurrección de Varsovia

Inmediatamente después del desembarco de los aliados por el Oeste, los rusos iniciaron una vigorosa ofensiva (9 de junio) que los hizo dueños de Finlandia, mientras una gigantesca batalla entablada en el frente de Vitebsk Mohilev los llevaba hasta más allá de la frontera rusa de 1938, ante Lublin (27 de julio).

En el mes de agosto, las fuerzas rusas llegaron al Vístula. Y previendo su liberación inminente la población de Varsovia se levantó; pero caso extraño, la ofensiva soviética se detuvo y el ejército ruso dejó que las fuerzas alemanas aplastasen a los patriotas polacos sin prestarles la menor ayuda. Este fue el primer drama de la inmensa incomprensión que, en lo sucesivo, no cesaría de acentuarse de manera trágica entre la URSS y las potencias occidentales.

Los resistentes polacos a las órdenes del general Bor reconocían al gobierno exiliado establecido en Londres como la autoridad legal de la Polonia independiente. Pero Moscú, donde perduraba la consigna de 1938 comunismo o fascismo, los consideraba como fascistas y no reconocía otro gobierno legal de Polonia que el Comité de Liberación Nacional que, formado con intervención rusa, se había erigido en la URSs. Anteriormente ya habían surgido dificultades con las tropas del general Anders, que los aliados tuvieron que retirar de Rusia para hacerlas combatir a su lado, primero en Irán, luego en Italia y más tarde en el sur de Francia.

Churchill ya presentía este problema, pero Roosevelt se negó siempre a tomarlo en consideración. Y el drama de Varsovia lo puso de manifiesto. El ejército soviético no solo dejó que las tropas y la aviación alemanas destruyeran Varsovia y su población sublevada, sino que impidió a la RAF inglesa que ayudara a los resistentes con armas y alimentos negándole la autorización para aterrizar en los aeródromos situados tras el frente soviético.

Durante dos meses, los patriotas polacos resistieron heroicamente. El 2 de octubre, cuando capitularon, la ciudad de Varsovia estaba destruida, la mayor parte de los que se levantaron en armas habían muerto en los combates y los que subsistían fueron enviados por los alemanes a los campos de exterminio. El primer acto de la eliminación sistemática de los polacos, a quienes Moscú veía como adversarios de la sovietización de Polonia, fue la matanza de 12.000 oficiales en Katyn, realizada en 1940; el segundo, tolerar el exterminio de Varsovia, considerada como la ciudad más occidentalizada de Polonia.

Finlandia solicita el armisticio y rompe con Alemania

La potente ofensiva que para liberar Leningrado del cerco alemán había emprendido la URSS contra Finlandia, obligó al gobierno de Helsinki a pedir el armisticio. Los soviets exigieron la ruptura de Finlandia con Alemania, que se efectuó el 2 de septiembre, y el 19 se firmó el armisticio. Este devolvía a la URSS Las fronteras de 1940, anexionándose además, por el norte, el puerto de Petsamo; por otra parte, imponía a Finlandia una indemnización de guerra de 300 millones de dólares a título de reparaciones. Las fuerzas alemanas aún intentaron resistir en el país, pero fueron definitivamente sometidas el mes siguiente.

Rumanía y Bulgaria piden el armisticio

En el Sudeste, Rumanía y Bulgaria tampoco podían hacer otra cosa que renunciar a la lucha. Rumanía había conseguido de Alemania, por su participación en la guerra, la región de Odesa. El 12 de agosto, a raíz de la entrada de los rusos en Jassy, el rey Miguel solicitó el armisticio, que fue firmado el 12 de septiembre en Moscú, no sólo con la URSS, sino también con los Estados Unidos y la Gran Bretaña. Este armisticio devolvía a Rusia la Transnistria (Moldavia rusa), Besarabia y Bucovina e imponía a Rumanía una indemnización de guerra de 300 millones de dólares, que habría de pagar en especie. En compensación, Rumanía recuperaba la parte de Transilvania que tuvo que restituir a Hungría. Seguidamente, Bucarest declaró la guerra a Alemania y las tropas soviéticas ocuparon el país.

Bulgaria ya había exigido el 25 de agosto la retirada de las tropas alemanas de su territorio, pero ello no impidió que la URSS le declarase la guerra el 5 de septiembre. El día 6 pidió Sofía el armisticio, que fue firmado provisionalmente el 11 de septiembre y definitivamente el 11 de octubre. Dicho armisticio especificaba que Bulgaria ponía sus tropas a disposición de los aliados y su economía bajo la intervención de Moscú, cuyas tropas ocuparon el país. Como Bulgaria no había combatido contra la URSS, el armisticio le permitió conservar la Dobrudja meridional, territorio que consiguieron durante la guerra.

Liberación de Yugoslavia

Durante la ocupación alemana, Yugoslavia estuvo escindida. Con Ante Pavelitch se creó un estado croata independiente, Eslovenia fue absorbida por el Reich, Dalmacia ocupada por Italia, el sudeste de Servia y la Macedonia Oriental anexionados por los búlgaros y otros distritos pasaron a los húngaros; sólo el Banato y la propia Servia conservaron su carácter autónomo bajo el gobierno testaferro del general Neditch.

Pero entonces empezó una lucha civil espantosa que tomó caracteres de guerra de religión. Los ustachis croatas, que eran católicos, ayudados por los musulmanes de Bosnia, se dedicaron a asesinar servios ortodoxos. En estas luchas murieron 810.000 servios. Algunos pueblos escaparon de la matanza abjurando la ortodoxia para abrazar el catolicismo, pero los servios replicaron asesinando a su vez a católicos y a musulmanes.

En medio de esta lucha fratricida, el rey Pedro nombró al general Draza Mihailovitch jefe militar del gobierno en exilio. Este militar, fiel al principio de la Yugoslavia unida, organizó un ejército de guerrilleros, luchó contra los croatas separatistas y llegó hasta a pedir a los aliados que bombardeasen Zagreb porque estaba haciendo traición.

En oposición a estas fuerzas monárquicas, los comunistas formaron otro ejército de partisanos que combatían por la unidad servia al mando del croata Tito, quien armó algunos batallones húngaros, checos y alemanes —estos últimos pertenecientes a la minoría alemana en Yugoslavia—. Su programa implicaba el mantenimiento de la propiedad privada y la instauración del régimen democrático. Como en todas partes, se trataba de instaurar la política provisional de la URSS durante la guerra.

Mihailovitch no vaciló en apoyarse en los italianos para hacer frente a Tito, mientras este, elevado al grado de mariscal, organizaba un verdadero ejército (noviembre de 1943) y en los territorios que de él dependían confiaba la administración a comités populares que en lugar de ser nombrados por elección, como lo eran antes, se designaban de una candidatura única. En septiembre de 1944, cuando el ejército soviético estableció contacto en Negotin con el ejército de Tito, Yugoslavia estaba en plena lucha. El mariscal, pues, tenía ganada la partida.

El 12 de diciembre de 1944 Moscú reconoció a Tito como representante del Gobierno legal de Yugoslavia. Los Estados Unidos e Inglaterra consideraban al rey Pedro II como la única autoridad legítima sobre los yugoslavos, pero Tito, con el apoyo implícito de la Unión Soviética, prohibió a Pedro II la vuelta al país antes del fin de las hostilidades. Y para evitar una ruptura con Moscú, Londres sacrificó a Mihailovitch y reconoció a Tito como comandante de las fuerzas aliadas yugoslavas.

De este modo, y pese al acuerdo de Moscú, Yugoslavia quedó, lo mismo que Rumanía y Bulgaria, bajo la exclusiva influencia de la URSs.

Churchill impide que los comunistas se apoderen de Grecia

Aunque Churchill había transigido en cuanto a Yugoslavia, estaba decidido a no dejar que la URSS se apoderara de Grecia, y desde fines del mes de agosto empezó a elaborar un plan consistente en ocupar el aeródromo de Atenas por paracaidistas enviados de Italia en cuanto las tropas alemanas evacuaran la capital. De este modo quedaría garantizada la restauración inmediata del gobierno heleno.

La retirada de los alemanes dio comienzo en octubre. Inmediatamente desembarcaron en el Peloponeso los comandos ingleses y el 14 de octubre las fuerzas británicas ocupaban Atenas, seguidas de cerca por el rey y el gobierno de Papandreu, en el que se encontraban representados todos los partidos. Pero también los comunistas tenían su plan para apoderarse de Grecia.

La desmovilización de los guerrilleros provocó, el 1 de diciembre, la dimisión de seis ministros del gobierno y la declaración de la huelga general. Este fue el principio de la guerra civil. Los comunistas intentaron enseguida apoderarse de Atenas, y probablemente lo hubieran conseguido si Churchill no hubiera tomado la responsabilidad de ordenar a las tropas británicas que intervinieran enérgicamente contra los sublevados y no hubiese luego mantenido su actitud a pesar de las protestas que ello suscitó en la Cámara de los Comunes y de la desaprobación de Roosevelt.

Sin embargo, y con el fin de suavizar la situación, Churchill aconsejó al rey que permitiese instaurar una regencia. Ante su negativa, no insistió. El 11 de diciembre el general Alexander llegó a Atenas con una división inglesa y la orden de mantener la autoridad del gobierno legal hasta la formación de un ejército. Sin embargo, los disturbios alcanzaban caracteres dramáticos. Alegando que los ingleses pretendían mantener al rey pese a la voluntad del pueblo, los comunistas se lanzaron a una violenta propaganda anti británica. Entonces, para salvar al régimen, Churchill se trasladó a Atenas en Navidad y consiguió que el rey Jorge II confiase provisionalmente la regencia al arzobispo Damasquinos. Y el 3 de enero constituyó un nuevo gobierno bajo la presidencia de un republicano, el general Plastiras.

Por entonces, las tropas inglesas ya habían dominado a los insurrectos de la capital y se firmó una tregua con el grupo comunista del ELAS (enero de 1945). Churchill había impedido que el comunismo se apoderase de Grecia.

Hungría bajo la influencia comunista

Mientras los Balcanes quedaban ocupados por los rusos y en Grecia estallaba la guerra civil, Horthy pedía (15 de octubre de 1944) el armisticio a los aliados. Pero Hitler hizo detener y deportar a Horthy y puso en Budapest un gobierno nacionalsocialista compuesto por Cruces Flechadas bajo la protección de Alemania. Poco después, tropas soviéticas invadían Hungría, formándose en Debreczen un gobierno húngaro adicto a Rusia.

Este gobierno fue el que firmó el armisticio con la URSS, los Estados Unidos e Inglaterra en enero de 1945. En las cláusulas se anulaban los arbitrajes germano italianos de noviembre de 1938 y agosto de 1940, se restituía Transilvania a Rumanía y la Rusia subcarpática a Checoslovaquia, se imponía a Hungría el pago de reparaciones a la URSS, a Checoslovaquia y a Yugoslavia, y se ponían ocho divisiones húngaras a disposición de los aliados para luchar contra Alemania. El armisticio especificaba, además, que Hungría sería ocupada por el ejército soviético. Resultaba evidente que la URSS estaba decidida a extender su dominio a toda la Europa oriental y central.

Capitulación de Alemania

Mientras los rusos ocupaban los Balcanes, por el Oeste la ofensiva aliada era detenida por un contraataque alemán en Lorena (septiembre de 1944). Una operación para envolver por el norte al ejército del Reich, lanzando tropas aerotransportadas en Arnhem (Holanda), al otro lado del Rin, fue un fracaso y las unidades de paracaidistas habían sido aniquiladas. Sin embargo, en octubre se ocupó Aquisgrán y en noviembre las bocas del Escalda. A partir de entonces, el puerto de Amberes podía ser utilizado por los aliados.

Repentinamente, el 17 de diciembre se desencadenó en las Ardenas belgas una vigorosa contraofensiva alemana, para la cual el Reich había reunido todos los carros blindados de que disponía. Su objetivo era esencialmente político. Hitler intentaba un supremo esfuerzo para intimidar a los aliados, induciéndoles así a firmar una paz separada que él esperaba les permitiría aliarse con Alemania en contra de la URSs. El objetivo militar de esta desesperada ofensiva consistía en llegar a Amberes.

Las tropas alemanas llegaron hasta el Mosa, pero fueron detenidas en Bastogne por la heroica resistencia norteamericana y por los 4.000 aviones que los aliados lanzaron al ataque. La ofensiva alemana, detenida en Bélgica, intentó correrse hacia Alsacia, pero allí fue vencida por el ejército francés.

Terribles ataques aéreos contra Alemania

Durante algunas semanas, las operaciones militares quedaron suspendidas. En cambio, los ataques aéreos sobre Alemania se hicieron cada día más implacables. En febrero, todas las refinerías de petróleo sintético, que eran indispensables para proseguir la guerra y producían 1.225.000 toneladas al mes, estaban destruidas. Además, todas las grandes ciudades alemanas eran atacadas por escuadras de centenares de bombarderos. La primera de estas grandes incursiones fue la del 30 de mayo de 1942 contra Colonia: 2.700 toneladas de bombas causaron la muerte a 20.000 personas. Desde entonces, los bombardeos se intensificaron, causando 30.000 muertos en Berlín (mayo de 1944), 45.000 en Hamburgo y 250.000 víctimas, entre ellas 100.000 muertos, en Dresde (febrero de 1945).

La respuesta aliada a los ataques aéreos, táctica iniciada por Alemania contra Rotterdam, Varsovia, Londres, Coventry y Liverpool, sobrepasaba a estos en tal amplitud que demostraban patentemente la gran superioridad de la potencia aliada sobre la del Reich.

Alemania se derrumbaba por todas partes, a la vez que la invadían olas de refugiados que huían despavoridos de la ofensiva rusa. Por primera vez se abatían inexorablemente sobre su población los horrores de la espantosa guerra que había desencadenado dos veces. La lucha era ya sin esperanza. Y a pesar de todo, Hitler anunció una resistencia a ultranza y formó tribunales especiales encargados de juzgar a los derrotistas.

En cambio, ante la ofensiva soviética que se reanudó el 15 de enero de 1945, su propaganda hizo con candidez un llamamiento a la opinión anglosajona exhortándola a la lucha común contra el comunismo.

Invasión de Alemania

La ofensiva rusa, desencadenada en pleno invierno, cayó sobre Alemania como un ciclón. Antes de terminar el mes de enero, los rusos tomaron Cracovia y Varsovia, atravesaron el Oder y ocuparon toda la cuenca hullera de Silesia. Budapest capituló el 13 de febrero después de un prolongado asedio. En los primeros días de abril, el ejército soviético estaba a las puertas de Viena.

Por su parte, las tropas aliadas se pusieron en movimiento por el Oeste, llegando al Rin el 4 de marzo. Colonia cayó el 6 y el 26 toda la orilla izquierda del Rin estaba ocupada. El 8 de marzo se estableció al sur de Bonn una cabeza de puente; a fines del mismo mes, las fuerzas franquearon el río. Desde entonces, la ofensiva se convirtió en avalancha.

En abril, los americanos que llegaban por el sur atravesaban Checoslovaquia y ocupaban Leipzig y Nuremberg, pero al llegar al Elba el ejército norteamericano se detuvo para esperar a los rusos.

Los ingleses, que operaban en el norte, tomaron Hamburgo, Bremen y Lübeck. Cuando Roosevelt falleció (12 de abril de 1945), Alemania se hallaba en vísperas de capitular.

El 26 de abril, los ejércitos occidentales establecieron contacto con los soviéticos en Torgau, a orillas del Elba. Alemania estaba partida en dos.

Ante semejante desastre, Hitler comprendió que Alemania nada podía hacer. El 15 de marzo ofreció la paz a los aliados mediante la evacuación recíproca de todos los territorios ocupados y el mantenimiento de los nazis en el poder, con el fin de impedir así que Alemania cayese en la anarquía y de mantener la Europa Occidental al abrigo del comunismo.

Estos ofrecimientos no distrajeron un instante la atención de los aliados, decididos a ocupar toda Alemania y aplastar al nazismo. Churchill insistió en vano cerca de Eisenhower para que los angloamericanos fuesen los primeros en llegar a Berlín, pero el 23 de abril las tropas soviéticas hacían su entrada en la ciudad y entablaban en las calles un violento combate.

Capitulación del ejército alemán de Italia y asesinato de Mussolini

Mientras tanto, los alemanes sufrían otro desastre en Italia. En todas las grandes ciudades la población se sublevaba sin esperar la llegada de los aliados y las formaciones de la resistencia las liberaban de los alemanes. El 28 de abril, cuando según parece Mussolini intentaba en un coche alcanzar la frontera suiza por las inmediaciones del lago de Como, fue reconocido por la multitud y linchado junto con su amiga Clara Petacci, que intentó heroicamente protegerle con su propio cuerpo.

Al día siguiente, el ejército alemán de Italia, formado por un millón de hombres, capitulaba ante las fuerzas aliadas.

Suicidio de Hitler

El día 30 de abril, encerrado en un refugio de la Cancillería con Eva Braun y algunos de sus leales, Hitler se suicidó, designado para sucederle al almirante Doenitz. Y el día 2 de mayo, que prácticamente ya estaba en poder de los rusos, Berlín capituló.

Austria se proclama independiente

El 4 de mayo, Austria se proclamó independiente con sus fronteras de 1937. El mismo día, las tropas alemanas de Holanda y Dinamarca deponían las armas y las fuerzas francesas del general Leclerc llegaban al reducto de Hitler en Berchtesgaden. Al mismo tiempo, la población de Praga se sublevaba contra las tropas de las SS que aún permanecían en la ciudad.

Toda la obra de conquista realizada por Hitler se venía abajo.

Capitulación del Reich

El 7 de mayo de 1945, el general Eisenhower recibió en su cuartel general de Reims la capitulación del III Reich, que fue firmada por los jefes de ejército. El 8 de mayo, asistido por el general americano Spaatz, el general soviético Zhukov la recibió en Berlín.

En aquellos días, Stalin envió al pueblo británico un mensaje en el que decía: Proclamo mi confianza en el feliz y fecundo desenvolvimiento, durante el periodo de postguerra, de las relaciones amistosas que nacieron y se desarrollaron en nuestros países durante el conflicto. Por su parte, Churchill, en un discurso difundido por la radio, lanzó esta profética advertencia: En el continente europeo necesitamos tener la seguridad de que los sencillos y honrados objetivos que nos impulsaron a la guerra no han de ser brutalmente descartados o despreciados en el transcurso de los meses que seguirán a nuestro triunfo, de que las palabras Libertad, Democracia y Liberación no han de ser deformadas y que conservarán el verdadero sentido que nosotros les damos. ¿De qué serviría castigar a los hitlerianos por sus crímenes si no se implantara el reinado de la ley y de la justicia, si otros gobiernos totalitarios o policíacos vinieran a ocupar el puesto de los invasores alemanes ?

PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Ed. Éxito, 1961, t. 8 págs. 383-403