Lucha por la hegemonía continental

El Reich organiza Europa sobre una base autoritaria y continental

Se pretende la unidad de la Europa continental de acuerdo con el principio racista

El otoño de 1941 señala el apogeo de la hegemonía alemana en Europa, Alemania —que estaba convencida de que Rusia no tardaría en agotarse—, dueña del Occidente, de la Europa Central y de los Balcanes, y con todos los territorios del occidente de Rusia, desde el Báltico al mar Negro, se dispuso a organizar el orden nuevo.

Los teorizantes del nazismo muy especialmente Rosenberg proclamaron la victoria de Alemania sobre los países de la Europa continental como la prueba más rotunda de la superioridad del nacionalsocialismo sobre la civilización liberal. El individuo sería puesto ahora más que nunca al servicio de la raza. Si la libertad individual dio origen a los principios de la soberanía nacional de los pueblos y de la independencia de las naciones, el racismo triunfante, simbolizado por el III Reich, establecería un sistema mediante el cual los estados no tienen existencia más que como partes de un conjunto político y económico constituido por el Reich, el cual no les reconoce derechos sino en la medida en que fuesen útiles a la comunidad germánica. El Partido Nacionalsocialista se vanagloriaba de haber sacado a Alemania de la anarquía democrática por el principio autoritario, y el Reich desempeñaría en adelante con respecto a Europa el papel que el partido había llevado a cabo en Alemania.

El imperio alemán, dueño del continente hasta las fronteras de la URSS, se disponía a emprender esta nueva teoría de hegemonía racista.

Al sustituir la idea cristiana por la de raza como principio dominante, el III Reich pretendía imponer nuevamente en Europa la autoridad única que en los primeros siglos de la Edad Media correspondió al Sacro Imperio, realizando de este modo la misión europea encomendada a Alemania por la Naturaleza y por Dios. La restauración del Sacro Imperio Germánico por el III Reich se convirtió en la tesis oficial del nacionalsocialismo. Su teorizante fue Karl Richard Ganzer, quien después de haber deformado y ridiculizado la Historia para demostrar el carácter racista del Sacro Imperio formuló un plan de organización de Europa que Hitler adoptó punto por punto. El estudio del estatuto del Imperio —decía— nos muestra que este procura para su núcleo central el máximo de cohesión racista, mientras que deja cierta autonomía a los territorios que dependen de él. Al lado de naciones casi totalmente independientes, otras, dependientes de su sistema militar, se encuentran en vías de anexión e incorporación racista; otras, constituyen estados-tapón, necesarios para el equilibrio de fuerzas; otras, autónomas, pero encargadas de una labor determinada, reconocen como vínculo de vasallaje el derecho de ser dirigidos por, el Reich, y por último, algunas otras, completamente independientes, se hallan asociadas al imperio porque la política de este se extiende a su territorio, ligándolas de este modo a su suerte.

Esta Europa que Alemania se disponía a reconstruir tendría, además de su organización imperial, un sistema económico. En 1942, Wilhelm Schüssler escribía:

Así como Prusia, después de 1866, fue agrupando a su alrededor a toda Alemania por medio de su política económica, lo mismo la Gran Alemania unirá ahora a Europa. Después de haber unificado al continente por la fuerza de las armas, una vez terminada la guerra Alemania levantará su economía, pero sin retornar a los principios liberales; ya no se tratará de libertad de cambios ni de pagos. Lo que ocasionó la decadencia de Alemania fue el descubrimiento de América; por lo tanto, hay que volver a la tradición continental anterior a 1492. Europa deberá formar una unidad económica autárquica y cerrada. La Química habrá de producir todas las materias fundamentales, liberando así al continente de toda dependencia con respecto al resto del mundo. Las directrices de la producción en toda Europa se harán bajo la autoridad de Alemania, que intervendrá en todas las naciones la dirección técnica y científica de las empresas. En esas naciones se establecerá un sistema de compensación recíproca regulado por el clearing de Berlín. La mano de obra sobrante en todos los países europeos será puesta a disposición de Alemania. En toda Europa las condiciones de trabajo serán unificadas. El derecho del individuo al trabajo dentro del marco de una disciplina impuesta por Berlín en beneficio de la comunidad reemplazará a la libertad de empleo.

En esta Europa, exclusivamente continental y terrestre, se cortará todo contacto con los países de ultramar. Todo el sistema de ferrocarriles y canales convergerá en Berlín. La espina dorsal del Reich será la transversal Vístula-Oder Elba-Weser-Rin. Fuera del Reich, las dos vías fundamentales serán el Rin y el Danubio, este último unido al Oder, al Vístula, a los ríos rusos y al Po. De este modo, todos los ríos europeos, unidos por un sistema de canales, formarán una sola red de comunicaciones con los mares europeos, esto es, el mar del Norte, el Báltico, el Adriático y el Negro.

Hamburgo será la puerta del Reich en dirección al mar del Norte, Koenigsberg hacia el Báltico y Viena hacia el Sudoeste europeo, Breslau será el centro industrial del Este, Munich se inclinará hacia Italia y Colonia desempeñará el papel de capital del Oeste.

El comercio estará regulado por un sistema de ferias organizadas en estas grandes ciudades, con la gran feria de Leipzig como feria central del Reich.

La constitución del Gran Reich

Este inmenso plan, que ya entrevieron en 1893 los escritores pangermanistas, en pocos meses acababa de ponerse en vías de realización merced a las victorias militares del Reich. Dueño de Europa, el Reich fijaría sus fronteras basándose en la Historia y en la Geopolítica. El espacio alemán estaría constituido por la gran llanura que se extiende por el Este hasta las cuencas del Vístula y el Warthe, estrechándose hacia el Oeste en las tierras bajas de Holanda, de la baja Bélgica y del Flandes francés, cuyos límites se hallan determinados por las regiones del Escalda y el Mosa, así como por la cuenca superior del Saona. A esta vasta llanura había que añadir los países de la Mitteleuropa que históricamente correspondían al Reich alemán y que, con las Ardenas y Borgoña, se extienden hacia el Mont Blanc y el San Bernardo. Dentro de estas nuevas fronteras, el Reich aspiraba elevar su población a 250 millones de habitantes.

Organización del Occidente

Basándose en estos datos geográficos, completados con consideraciones históricas y lingüísticas, el Reich dividiría el Occidente conquistado en tres zonas: Luxemburgo, Lorena y Alsacia, que consideradas como parte de la comunidad alemana serían pura y simplemente incorporadas al Reich. Noruega, Dinamarca y Holanda, sin ser directamente integradas a Alemania, pasarían a ocupar un lugar dentro de la comunidad germanica la cual gozaría de un trato de preferencia entre las naciones europeas. Y por último, Francia, a la que se arrebatarían Flandes, Lorena, Alsacia y la Alta Saboya, relegada a su condición de pueblo no germánico, sería admitida únicamente en la comunidad europea. En cuanto a Bélgica, formada a la vez de elementos germánicos y latinos, su estatuto no estaba determinado todavía.

Anexión de Luxemburgo, Alsacia y Lorena

El gran ducado de Luxemburgo fue incorporado al distrito de Coblenza-Trèves, convertido en Gau Moselland, Alsacia a la provincia de Baden, y Lorena a la de Sarre-Palatinado, la cual, haciendo pareja con la de Austria-Ostmark, tomó el nombre de Westmark.

En estas diversas regiones anexionadas, el Código y la legislación alemanas fueron implantadas sin régimen transitorio. El Partido Nacionalsocialista se encargó de dirigir la obra de asimilación. Se prohibió a sus habitantes el uso de la lengua francesa y se inició un desfrancesamiento tan radical que incluso se aplicaba a los apellidos. La universidad de Estrasburgo se convirtió en un centro de cultura germánica, y de las bibliotecas públicas se retiraron los libros franceses. Los profesores y funcionarios públicos tuvieron que seguir cursos de preparación en Alemania y se concedió la ciudadanía alemana a todos los habitantes reconocidos como alemanes por los jefes de la administración civil. En cambio, el servicio de trabajo y el de las armas fueron impuestos a toda la población.

El doctor Ley hizo saber a los loreneses que aquellos que se negasen a reconocerse como alemanes desaparecerían. La germanización tenía que llevarse a cabo en un cien por ciento, pero no por asimilación de los no alemanes, sino por expulsión de toda la parte de la población que no fuese reconocida étnicamente como de raza germánica por una comisión de médicos expresamente nombrada para estas funciones.

En diciembre de 1940 empezó la expulsión en masa de loreneses hacia Francia. Más tarde, y ante las protestas del gobierno francés, se empezó a deportarlos al Este y reemplazarlos por colonos alemanes.

Transformación del régimen agrario en el Oeste

Al mismo tiempo que se germanizaban radicalmente las regiones anexionadas, la frontera del Reich por el Oeste era organizada para convertirla en una muralla estanco germánica, constituida según los principios preconizados por los pangermanistas y consistente en establecer en los límites de Germania campesinos soldados.

En las tierras de las regiones fronterizas que el traslado o la expulsión de los habitantes no germánicos habían dejado vacantes, se establecería una red de ciudades rurales de 5.000 almas, rodeadas de pueblos de 1.000 habitantes, todos ellos campesinos y obreros-campesinos o mineros-campesinos, todos alemanes y con tres hectáreas de terreno para cada uno.

Detrás de la zona fronteriza, en el Sarre y el Palatinado, se implantaría un régimen de explotaciones grandes y medianas, de doce a veinticinco hectáreas, constituidas en forma de mayorazgos.

Al otro lado de la frontera occidental alemana se estableció una zona interdicta que comprendía cinco direcciones económicas, dos radicadas en Laon, una en Charleville, una en Nancy y otra en Dijon. La sociedad Ostland, constituida para la colonización del este de Europa, quedó encargada de establecer en esta zona, lo mismo que en el Este, grandes explotaciones que garantizasen la utilización racional de la mano de obra. En el departamento de Sedán, dependiente de la dirección de Charleville, fueron instaladas 135 explotaciones de este tipo bajo la dirección de jefes alemanes y cuya mano de obra quedó constituída por prisioneros franceses, norteafricanos y polacos. En realidad, lo que se quería era establecer frente a la frontera alemana —germanizada— en masa, una zona desnacionalizada y dividida en grandes dominios sometidos a mandos alemanes.

Dinamarca, Noruega y Holanda, integrados en la comunidad germánica

Por el Norte, una zona germánica comprendería Dinamarca, Noruega y Holanda. Dinamarca no había opuesto resistencia a la invasión alemana. Ya en julio de 1940, Scavenius, ministro de Asuntos Exteriores danés, dio a conocer la voluntad de Dinamarca de colaborar en la constitución de la Europa continental dirigida por Berlín. El Partido Comunista fue prohibido, Copenhague rompió sus relaciones con Moscú y después con Washington, en noviembre de 1941 se adhirió al Pacto Antikomintern y finalmente consintió en adaptar la agricultura y la industria danesas a las nuevas condiciones impuestas por el Reich a la economía de Europa. De este modo, Dinamarca, convertida en país vasallo, pudo continuar con su rey y su gobierno nacional.

Noruega y Holanda, que fueron conquistadas por las armas, se encontraban en condiciones muy distintas. Ambas fueron transformadas en Comisariados a Reich, con el comisario Terboven en Noruega y Seyss-Inquart en Holanda. El Derecho nacional continuaba en vigor, pero el comisario del Reich podía legislar por medio de ordenanzas. Las instituciones parlamentarias fueron derogadas y reemplazadas por un sistema nacionalsocialista.

En Noruega, el Nasjonal Samling, constituído por Quisling tomando por modelo el partido de Hitler, fue el único reconocido. Todos los demás fueron disueltos en septiembre de 1940 y Quisling anunció al pueblo noruego que se situaba en la nueva Europa al lado de Alemania. Fue organizado un regimiento de SS compuesto por voluntarios noruegos e integrado en las SS alemanas.

En marzo de 1941, Quisling dio a conocer el programa del partido: reparto más equitativo de los bienes, desarrollo de la agricultura y retorno a la tierra y al artesanado. En enero de 1942, el Reich concedió a Noruega un régimen autónomo y Quisling pasó a ser presidente del Consejo noruego, formado exclusivamente por ministros nacionalsocialistas y dotado de poderes legislativos y ejecutivos.

Este gobierno dictatorial recibió el encargo de restablecer la corriente de cambios tal como existía en Noruega en época de la Hansa, antes de 1942, es decir, de conseguir que la nación abandonase su orientación hacia el mar del Norte para dirigirla exclusivamente hacia los puertos alemanes del Báltico. Además, se ordenaba que la energía eléctrica producida por Noruega debía ser dirigida a Alemania.

En Holanda, la administración central fue sometida a la autoridad de cuatro comisarios generales. Las instituciones provinciales y comunales fueron adaptadas al principio autoritario y las asambleas elegidas reemplazadas por jefes. El régimen nacionalsocialista tenía que extirpar de Holanda sus tradiciones burguesas, basadas en la economía internacional, y reemplazarlas por una conciencia germánica. Con esta finalidad se creó en octubre de 1941 un Frente Campesino presidido por un jefe campesino, y en mayo de 1942 un Frente de Trabajo, para cuya jefatura fue nombrado el antiguo presidente de la Confederación de Sindicatos Neerlandeses; además, se fundaron diversas organizaciones juveniles y se hizo una selección de jefes con arreglo a los métodos de Hitler. Algunos SS neerlandeses que estaban encuadrados en el Ejército alemán fueron encargados de difundir en la población el ideal germánico. Una vez establecidas estas jerarquías, en diciembre de 1942, Mussert, jefe del partido nazi holandés fue nombrado Führer del pueblo neerlandés después de haber prestado juramento a Hitler.

La economía neerlandesa se reorganizó, como la de Noruega para ser integrada en la economía alemana. Entre diciembre de 1940 y abril de 1941 se llevó a efecto el acuerdo entre el Deutsche Bank y el Nederlandsche Bank; los derechos de aduana entre ambos países quedaron suprimidos, se volvió a la libertad de pagos y fueron implantados en Holanda los precios, salarios y condiciones de trabajo del Reich.

Integradas de este modo en la comunidad germánica, aunque sin ser anexionadas al Reich, Noruega y Holanda, pueblos libres nacionalsocialistas germánicos, serían llamados a tomar parte en la colonización y explotación del Este europeo que iba a organizar el Reich.

Bélgica continúa administrada militarmente

Bélgica fue el único de los países ocupados por las fuerzas alemanas que permaneció sometido a una administración militar. La presencia de Leopoldo III, que se negó a reinar mientras durase la ocupación extranjera, fortalecía aún más la posición de Bélgica frente al Reich. En todos los demás países, ante el avance y ocupación por los alemanes, los soberanos se refugiaron en el extranjero y ello favorecía los planes de Hitler, pues al encontrarse con pueblos sin gobierno facilitaba la entrega de poderes a gobiernos nacionales apoyados por partidos creados a imitación del nazi. Sólo Dinamarca, que por carecer de ejército había renunciado a defenderse, conservó su rey y su gobierno, aunque de todos modos también se vio obligada a aceptar la tutela alemana. En Bélgica, la presencia del rey impedía que la autoridad fuera puesta en manos de un gobierno de hechura nazi, que el rey jamás hubiese reconocido.

Al no ser posible integrar a Bélgica en la comunidad germánica, ya que no podía formarse un gobierno sometido a la égida de Berlín, la administración alemana intentaría, por una parte, utilizar el potencial económico del país encauzando su producción hacia Alemania, y por otra, disgregarlo a base de reanudar la política que el gobierno alemán siguió en 1914-1918 y cuyo objetivo consistía en escindir el país en dos unidades: flamenca y valona. Para difundir en la nación las ideas nacionalsocialistas y con el fin de separar a flamencos y valones se emplearon el Vlaams Nationaal Verbond en Flandes y el rexismo en Valonia. Se crearon SS flamencas y valonas a imitación de las SS de Hitler.

El gobierno militar impuso reformas en la enseñanza e intentó que las universidades fuesen regidas por comisiones alemanas. Pero no obstante todas las tentativas, el rey se negó a recibir a los jefes de las SS y la universidad de Bruselas prefirió cerrar sus puertas a aceptar la autoridad de un comisario alemán.

La imposibilidad en que se encontró el Reich de dar a Bélgica un estatuto racista le impidió crear el estado flamenco germánico que ya intentó implantar en 1914-1918 añadiéndole el Flandes francés.

Organización del este de Europa

Los territorios conquistados en el Este fueron organizados según los mismos principios. Los países considerados propiamente germánicos, como Austria, País de los Sudetes, Dantzig y el pasillo polaco, fueron anexionados al Reich.

En el otro lado de la frontera alemana, Bohemia y Moravia fueron constituidos en protectorado y Polonia en gobierno general.

El protectorado de Bohemia-Moravia

El protectorado de Bohemia-Moravia constituyó un país de imperio que no disponía de ningún derecho soberano, o sea que no poseía ejército —estaba ocupado por las tropas alemanas— ni podía adoptar libremente una legislación nacional. Sometido a la autoridad de un protector, que legislaba por ordenanzas según las directivas del Führer, el protectorado formaba un estado autoritario con autonomía administrativa bajo un gobierno nacional, compuesto por un presidente y nueve ministros, cuyo poder se extendía a todos los dominios de la administración en que el Reich no ejercía una actividad directa. Las necesidades militares, políticas y económicas de Alemania constituían el marco en que debía desenvolverse el protectorado.

En realidad, el sistema era bastante similar al que el Reich introdujo en Noruega y en Holanda. Sin embargo, difería de manera radical en el terreno de la política racista. Los países germánicos del Oeste admitidos en la comunidad germánica eran objeto de una germanización sistemática y sus habitantes gozaban, por su calidad de germanos, de un estatuto preferente. Bohemia-Moravia. por el contrario, no pertenecía a la comunidad germánica.

El Reich, en virtud de sus principios racistas había renunciado a la antigua política de germanización de los checos ya que estos no son biológicamente germanos. En vez de germanizar a los checos estableció entre estos y los alemanes que vivían en el protectorado una separación infranqueable y se obstaculizó la enseñanza del alemán entre los checos para que así formaran en la frontera del Reich un islote étnico sometido a la autoridad de la raza superior de los alemanes, considerados como los dueños del país El objetivo de la política del Reich fue el mismo en Bohemia-Moravia que en Lorena; el país debía convertirse en territorio alemán, no por absorción de los checos, sino expulsándolos de las regiones que ocupaban, de las que debían ser eliminados paulatinamente —para ser deportados hacia el Este— y sus tierras ocupadas por colonos alemanes.

Traslado de la población en las regiones polacas anexionadas al Reich

Los polacos se encontraban, ante la raza germánica, en posición semejante a la de los checos. En realidad, si el problema se presentaba de distinta manera era sencillamente porque había 19 millones de polacos, mientras los checos no pasaban de 6 millones Era imposible vaciar Polonia de sus habitantes. En consecuencia, se la dividiría en dos zonas una, al Oeste, que sería incorporada a Alemania y se convertiría en un territorio íntegramente germánico; la otra, al Este, étnicamente polaca, formaría un país del Imperio.

Por un decreto aparecido en 8 de octubre de 1939, Posnania y Wartheland fueron anexionados al Reich. Ahora bien, aunque la población de Posnania era en gran parte alemana, en el Wartheland era casi exclusivamente polaca. Bismarck ya concibió el proyecto, en 1886, de ir estableciendo colonos alemanes en aquella región mediante la compra de tierras de las que se expulsaría a los polacos, proyecto que puso en ejecución en el año 1890 el canciller conde de Caprivi. Por tanto, Hitler no tenía más que continuar y sistematizar la política iniciada por Bismarck.

El plan de transformación del Wartheland fue expuesto (1940) en estos términos por su gauleiter Arthur Greiser: El Wartheland debe convertirse en un Gau campesino de la Gran Alemania, como granero del trigo del Reich y muralla humana de la patria alemana hacia el Este. El Reich quería formar por el Este, lo mismo que había hecho por Occidente, una frontera germánica infranqueable. Con este objeto, todos los polacos del Wartheland debían ser expulsados y reemplazados por los alemanes procedentes de territorios donde estaban en minoría y que el Reich había cedido en 1940 a la URSS o a Italia, especialmente de Besarabia, Bucovina, los países bálticos y de la región del Alto Adigio.

Por lo demás, esta germanización radical de Posnania y del Wartheland no debía constituir más que la primera etapa del avance del germanismo hacia los territorios del Este.

Himmler fue nombrado comisario del Reich para el desplazamiento de poblaciones. Y al mismo tiempo que se expulsaba a los ciudadanos polacos de sus casas y a los campesinos de sus tierras, sin que se les permitiera llevar consigo más que algunos objetos indispensables, se hacía un llamamiento —con la colaboración de los gobiernos soviético e italiano, que les obligaban a emigrar— a los alemanes residentes en Besarabia, Bucovina, los países bálticos y el Alto Adigio. Dos centros de inmigración fueron instalados en Gotenhafen y en Posen; a los campesinos inmigrados se les distribuyeron las explotaciones agrícolas, la maquinaria y el ganado que se les había quitado a los campesinos polacos, y a los inmigrados urbanos las casas de las ciudades abandonadas por los polacos expulsados, procurando sustituir a un médico, un farmacéutico, o un artesano polacos por un médico, un farmacéutico o un artesano alemanes. De este modo, al mismo tiempo que se les entregaba la vivienda, se les daba toda la instalación que forzosamente había tenido que ser abandonada.

Antes de que Alemania entrara en guerra con los rusos, todos los alemanes residentes en Rusia —especialmente en la región del Volga— y en Rumania habían tenido que reintegrarse al Reich, donde se les dió alojamiento provisional en campos especiales. A fines de 1942, el 71 por ciento de los 750.000 repatriados estaban instalados definitivamente, las tres cuartas partes en el campo y el resto en las ciudades.

No obstante, estos centenares de miles de alemanes no llegaban, ni con mucho a cubrir las necesidades de la política de germanización del Este emprendida por el Reich.

De 1840 a 1925 se había operado un constante desplazamiento de la población del Este hacia las regiones del Oeste, más avanzadas; más de 200.000 habitantes salieron de la Prusia oriental, 750.000 de Pomerania y 866.000 de Silesia lo que significaba para las provincias orientales una pérdida de más de 2 millones de habitantes. Y el nazismo había intentado contener este éxodo estableciendo en Marienburgo el centro de las organizaciones juveniles nazis, así como la Escuela de Mandos.

La Alemania hitleriana se orientaba francamente hacia el Este pretendiendo resucitar la vieja tradición germánica de los caballeros de la Orden Teutónica. Se inició, por tanto, una intensa campaña de prensa y propaganda para que la ola de sangre germánica volviera a cubrir el espacio que ocupaba en tiempos de las grandes invasiones.

La separación de razas en el Gobierno General

Allende el Wartheland -vacío de polacos para ser convertido en tierra alemana- se extendían los vastos territorios polacos constituidos en gobierno general, puesto bajo la autoridad de Frank. La misión de Frank consistía en liquidar el antiguo estado polaco, incorporado en lo sucesivo en el espacio imperial, para constituir un país de transición entre el Reich y los inmensos territorios conquistados a la Unión Soviética.

En agosto de 1941, Galitzia, que había sido cedida a Rusia por los acuerdos de agosto de 1939 y reconquistada después por las armas, fue incorporada al gobierno general hasta la línea formada por el Bug y Sereth. Después de la incorporación de los 18 millones de habitantes de Galitzia, el gobierno general contaba con un 60 por ciento de polacos, un 25 de ucranianos y un 14 de judíos, Desde entonces, la política alemana consistiría en lograr que bajo la autoridad del Reich el territorio fuera exclusivamente eslavo mediante la exterminación sistemática de los núcleos de población judía.

En 1938 y 1939, el gobierno de Varsovia luchó denodadamente contra la Iglesia ortodoxa en las regiones ucranianas de Polonia con objeto de privar a la población de este apoyo.

Centenares de iglesias fueron cerradas; solamente en la voivodía de Lublín se clausuraron 331 de las 378 que allí había. Los alemanes seguirían una política análoga con los polacos católicos para destruir en ellos el sentimiento de su nacionalidad.

Contrariamente a Noruega, Holanda e incluso Bohemia-Moravia, el gobierno general no era un estado, pues no disponía de autonomía administrativa, ni de gobierno nacional. Sus habitantes no tenían, por lo tanto, nacionalidad propia. Estaba dividido en cinco distritos —Cracovia, Varsovia, Lublín, Radom y Galitzia— puestos bajo la autoridad de gobernadores alemanes que disponían de poderes absolutos y eran responsables ante el gobierno alemán; solo se dejó en manos de los polacos, aunque con intervención alemana, la administración de los concejos, las Cámaras de comercio y los servicios hidráulicos y forestales.

Se estableció una rigurosa segregación racial entre alemanes y polacos. Los alemanes fueron agrupados en la Deutsche Gemeinschaft, dirigida por el Partido Nacionalsocialista, y se les reconoció como ciudadanos del Reich. Es decir, que con el gobierno general Polonia se vio reducida exactamente a la condición de colonia, administrada y explotada solo en función de los intereses del Reich.

Considerados como de raza inferior, los polacos se vieron tratados en las condiciones que implicaba esta inferioridad. Se prohibió la enseñanza del alemán, solo subsistió la enseñanza primaria y fueron clausurados los colegios de segunda enseñanza, las universidades y los museos.

Por lo tanto, la población polaca, imposibilitada para conservar y renovar su clase intelectual, quedó a disposición de Alemania. Obligados a llevar un signo que los distinguiera, los polacos fueron enviados como obreros al Reich, sin tener derecho alguno a salario, ni a gratificaciones, ni aun a los beneficios que de las leyes sociales gozaban los alemanes. Entre 1939 y 1942, 736.000 polacos emprendieron el éxodo a Alemania, además de los centenares de miles de prisioneros de guerra que ya estaban allí en trabajos forzados. En cuanto a los judíos, que también debían llevar una marca distintiva, fueron sometidos a trabajo obligatorio,dotados de administración y policía judías y concentrados en ghettos que estaban rodeados —principalmente en Varsovia—, de muros infranqueables. En el ghetto de Varsovia llegaron a juntarse más de 500.000 judíos.

En octubre del año 1942, Frank, en un discurso que pronunció en Varsovia, dio a conocer el papel que desempeñaría en adelante el gobierno general. Aquella explotación colonial de más de 25 millones de habitantes, administrados por 42.000 alemanes, constituía el primer paso hacia la colonización por Alemania de la parte oriental del continente europeo. Hitler presentaba esta conquista como un hecho histórico, comparable al descubrimiento de América.

La colonización de las tierras del Este

La ofensiva contra Rusia formaba parte del plan de organización de Europa por el Reich. Un mes después de haberse iniciado el avance fulminante del ejército alemán en Rusia, el dispositivo de organización de los territorios del Este, preparado con gran anticipación, estaba en el lugar prefijado.

En el mes de julio se creó el Comisariado de Ostland, en el que se englobaba a los países bálticos —Letonia, Lituania y Estonia— y poco después a la Rusia Blanca. En noviembre de 1941, Ucrania también era erigida en Comisariado del Reich y se creaba en Berlín el Ministerio de Territorios ocupados del Este, que fue confiado a Rosenberg.

La doctrina oficial nazi dividía la URSS en tres pueblos: los rusos, 100 millones, los ucranianos, 36 millones, y los rusos blancos, 6 millones. En cuanto a las partes occidental y septentrional de Rusia, se consideraba que tenían impresas las huellas germánicas dejadas por los godos, vándalos y normandos, así como por los caballeros de la Orden Teutónica, sobre cuyas huellas seguiría el Reich su cruzada de germanización.

El mismo Adolfo Hitler ya había escrito en su Mein Kampf: El que busque tierras en Europa solo puede encontrarlas a expensas de Rusia; el nuevo Reich debe seguir la ruta de los caballeros teutónicos, para que la espada alemana garantice al arado sus surcos y a la nación su pan de cada día

De este modo, el objetivo de la gran cruzada racista emprendida por Alemania consistía esencialmente en la conquista del Este. Para la doctrina nazi, la guerra no era más que una renovación de la gran ola de germanismo que se desbordaba hacia el Este, barriendo a los pueblos eslavos o sojuzgándolos.

La primera etapa de este plan había sido la conquista de Checoslovaquia, la segunda la de Polonia. El ataque a Rusia debía constituir la etapa definitiva.

El Comisariado de Ostland, con sus 16 millones de habitantes, fue dividido en las cuatro circunscripciones de Estonia, Letonia, Lituania y Rusia Blanca, cada una de ellas gobernada por un comisario general alemán. A las tres circunscripciones formadas por los estados bálticos, cuya población era favorable a Alemania, se les concedió la autonomía administrativa. Por otra parte, la administración local estaba a cargo de las asambleas de distrito y la población conservó su legislación de justicia, junto a la cual los alemanes formaron unos tribunales especiales que se regían por las leyes alemanas y que tenían jurisdicción para intervenir en todos los asuntos de importancia.

En cambio, la Rusia Blanca, privada de todos sus derechos, quedó sometida a la autoridad absoluta del comisario alemán y fue desmembrada con el fin de deshacer su unidad. Los distritos de Brest-Litovsk y Pinsk fueron incorporados a Ucrania, y los de Suwalki, Grodno y Bialistok a la provincia de Prusia Oriental.

El Reich intenta fomentar el separatismo ucraniano

Para desmembrar a la URSS, Berlín intentó explorar en Ucrania —como hacía en Bélgica con los flamencos— el movimiento separatista, aunque sin conceder ninguna autonomía a los ucranianos. Y al mismo tiempo que explotaba el nacionalismo ucraniano en contra de la comunidad rusa, deshacía la unidad de Ucrania: la Transnistria y la región de Odesa —2 millones de habitantes— fueron anexionadas a Rumanía, mientras que ante el mundo se daba a la colonización de Ucrania el carácter de una empresa europea a la que iban a ser invitados todos los estados sometidos a la autoridad del Reich.

El Reich corta el acceso de Rusia al mar Báltico y le quita las bocas del Danubio

Para aislar definitivamente a Rusia, la política hitleriana se esforzaría por separarla todo lo posible de los mares interiores de Europa. Por el norte, proyectaba dar a Finlandia unas fronteras que comprendiesen los istmos que separan el mar Blanco del lago Ladoga y del Báltico, privando de este modo a Rusia de todo enlace entre ambos mares y de la comunicación con el Báltico. Y por la parte sur, entregó Odesa y las bocas del Danubio a Rumania.

La política hitleriana pretende orientar a Europa hacia el Este

La unidad de Alemania se realizó con la guerra franco prusiana de 1870. Berlín quería ahora edificar la unidad de Europa con la guerra de Rusia, inundando todas las tierras eslavas con una ola de colonización germánica integrada por alemanes, holandeses, flamencos, daneses y noruegos.

El magno proyecto del nacionalsocialismo consistía en desviar a Europa del océano Atlántico para orientarla hacia el Este. El Occidente, cimentado en función de la atracción marítima, Alemania pretendía reconstruirlo sobre cimientos estrictamente continentales. Napoleón llegó a la idea del bloque continental por la necesidad de combatir a Inglaterra; Hitler pretendía hacer de Europa un continente autárquico, no por necesidad, sino por razón de la ideología racista.

Las relaciones de Europa con América y con el mundo colonial serían suprimidas. El océano había de ser, no el mar interior en torno al cual se desarrolló la civilización atlántica, sino la frontera de la civilización europea moldeada de nuevo sobre una base estrictamente continental. Aquí se nos muestra, con evidencia, el contraste existente entre la civilización occidental, liberal, marítima y atlántica, y la civilización alemana tal como la considera el racismo pangermanista, esto es, autoritaria, continental, apegada a la tierra y orientada hacia los territorios del Este.

El plan consistía en trasladar el centro de gravedad de Europa del Oeste al Este, del océano a la gran llanura continental.

Para su realización, el Reich planeaba encauzar la actividad de las firmas coloniales holandesas, belgas y danesas hacia los territorios rusos ocupados y desviar del mar el tráfico de los puertos de Hamburgo, Bremen y Rotterdam, dirigiendolo hacia el continente. Con estos fines se fundó en La Haya la Compañía Neerlandesa del Este, y en Bélgica el Sindicato Belga Europeo de expansión agrícola, comercial e industrial. Y como la terminación de la actividad marítima había de restringir forzosamente el potencial económico de los países occidentales incapacitándolos para mantener a su densa población, el Reich decidió trasladar parte de esta hacia la Europa Oriental. En 1941 empezó a instalar campesinos holandeses en el Vístula, se creó una compañía neerlandesa para el envío de jefes de explotación a la Europa Central y se enviaron varias expediciones de artesanos holandeses al Wartheland.

Entre 1942 y 1943, las compañías de navegación holandesas se vieron obligadas a asegurar la comunicación entre los mares interiores el del Norte y el Báltico y los territorios de colonización del Este por las rutas fluviales del continente. Se fundó una compañía neerlandesa para enviar a Ucrania trabajadores especializados y la consigna que recibió el Partido Nacionalsocialista holandés fue la de rumbo al Este.

Todos los estados marítimos, muy poblados y demasiado activos para integrarse de buenas a primeras en este nuevo plan, tenían que ser vaciados, como lo había sido Holanda, de una gran parte de su población para desplazarla a la Europa Oriental.

Esta colonización europea del Este se haría bajo la dirección del Reich, en el triple aspecto de economía estatizada, economía autónoma apoyada por el Estado y la economía privada.

La ruptura de Europa con el mar y su orientación hacia el Este señalan el principio de una nueva era histórica que borrando la fecha fatal de 1492 —descubrimiento de América— devolvería al Reich la supremacía que la atracción del mar sobre los países occidentales hizo perder a Alemania.

La política germánica en la cuenca del Danubio

La anexión de Austria señaló el primer paso del imperialismo alemán hacia la cuenca del Danubio. Berlín y Viena representaban los dos polos del espíritu alemán, prusoluterano el uno, católicorromano el otro. Y Hitler quería unir ambas tendencias bajo el mando prusiano, Berlín dirigiría la expansión hacia el Este, Viena hacia el Sudeste. Hitler consideraba que Alemania no tenía intereses territoriales en los Balcanes. La política del Reich solo se limitaría, en ellos, a encauzar la economía con arreglo a los intereses de Alemania y proporcionar a los alemanes allí residentes una situación privilegiada.

Muy otro era el caso de los pueblos de la Europa subgermánica —magiares, valacos y eslavos— situados entre el Erzgebirge, los Cárpatos y el Adriático y alimentados con los frutos de la cultura alemana. En estos países, el Reich debía desempeñar el papel de gran protector y disponer de un poder arbitral semejante al que poseía en la Edad Media el emperador del Sacro Imperio.

Conforme a estos proyectos, a los países danubianos se les impuso unos estatutos de protectorado; Eslovaquia se hallaba bajo un estatuto de amistad protegida que concedía al Reich el derecho de ocupar militarmente el país, imponía al gobierno eslovaco la obligación de desenvolver su política exterior a las directrices de Berlín y sometía la población a un régimen igual al de Alemania.

Croacia estaba protegida por dos potencias Italia y el Reich. Pero dominaba este último El país tenía un führer, Ante Pavelitch, y el movimiento ustachi adoptó el carácter de un partido hitleriano.

Rumania fue sometida por los decretos de septiembre de 1940 a la autoridad de un führer, el general Antonescu, y se convirtió en un estado nacional legionario en el que, bajo un régimen pseudo hitleriano, la Legión era el único partido político autorizado.

Bulgaria no se hallaba tan directamente sometida a la autoridad del Reich. Gracias a la energía del rey Boris conservó sus estatutos nacionales limitándose a evolucionar en el sentido de un afianzamiento de la autoridad del presidente del Consejo. En cuanto a Hungría, pese a las presiones que ejerció en todo momento el gobierno del Reich, pudo conservar su independencia en política interior.

Todos los países danubianos tuvieron que hacer patente su dependencia a la política internacional del Reich adhiriéndose al Pacto Antikomintern. Además Eslovaquia y Rumania adoptaron rigurosas medidas contra los judíos.

La economía balcánica se organiza de acuerdo con la alemana

Los Balcanes tuvieron que aceptar también la tutela económica del Reich, que organizó la economía de estos países de acuerdo con sus propios intereses. El capital alemán se apoderó de la economía rumana. En 1941, 60 de los 90 millones de leis invertidos en nuevas sociedades correspondían a participarciones alemanas y en 1942 se concertó un acuerdo entre el Reich y Rumania para la explotación de la Transnistria. En resumen, Rumania no pudo ya entablar relaciones comerciales con los países extranjeros más que por intermedio del clearing central de Berlín.

En Bulgaria se crearon comisiones industriales germano búlgaras para la colaboración entre ambos países. Alemania absorbió el 90 por ciento de las explotaciones —casi exclusivamente agrícolas— de Bulgaria y se reservó un casi monopolio sobre las importaciones de productos manufacturados.

A partir de 1940, Hungría se encontró en una situación económica análoga. El desarrollo agrícola e industrial se fijó con arreglo a un plan germano húngaro.

En todos los países balcánicos se estableció una intervención de precios sobre modelo alemán, y de acuerdo con las tarifas alemanas. Las comisiones de seguros alemanas reemplazaron a las compañías inglesas, y Berlín se convirtió en el centro regulador del clearing balcánico. En realidad, de todo el clearing europeo.

En los países del Danubio los alemanes forman una comunidad privilegiada

En los países danubianos, los alemanes conservaron, como en Polonia, su nacionalidad alemana y se les autorizó para que, al lado del partido único, formaran un partido dirigido por un Volksgruppenführer, que tenía todos los derechos de un jefe de estado y estaba encargado de representar al grupo alemán ante el gobierno nacional. Además, en Eslovaquia y Rumania los alemanes disponían de colegios propios de todos los grados.

Esta constitución de las minorías alemanas en comunidades nacionales asimiladas a personas de derecho público, no era otra cosa que la aplicación de la nueva teoría de las nacionalidades formulada por el profesor Freytag-Loringhoven, que concedía al estado alemán el derecho —proclamado por el Führer en febrero de 1938— de proteger a los alemanes en tierra extranjera.

Además, los acuerdos de Munich de 1938 reconocieron ya dicho derecho; en su virtud, el Reich se había anexionado a los alemanes de los Sudetes, había trasladado a Alemania a los alemanes de Besarabia, Bucovina, los estados bálticos y el Alto Adigio y ahora le permitiría instaurar en los países balcánicos comunidades étnicas alemanas. Como es de suponer, este derecho solo era concedido a las comunidades alemanas, porque constituían una raza superior y en consecuencia privilegiada con respecto a los demás pueblos europeos.

En el orden nuevo, Italia desempeña un papel secundario

A fines del año 1941, Europa tenía ya la configuración política que el Eje había decidido darle. Salta a la vista que en el reparto de Europa entre Alemania e Italia esta última ocupaba un lugar secundario y que, por consiguiente, estaba destinada a aceptar, aunque bajo el aspecto de cooperación, la hegemonía del III Reich.

En realidad, el reparto se efectuó según este principio: para Alemania el continente, para Italia el Mediterráneo. Pero como toda la nueva organización de Europa era continental, los países mediterráneos no pasaban de ocupar en el orden nuevo un puesto accesorio.

Italia no ocupaba en Francia más que una pequeña zona de costa alrededor de Mentón, y en el Adriático recibía la costa dálmata. Croacia, de la que era rey el Duque de Spoleto, y Albania, en la que reinaba el rey de Italia, constituían reinos vasallos. Montenegro y Grecia formaban parte de la zona de influencia italiana, pero sus estatutos no estaban aún definitivamente establecidos.

En cambio, Italia había perdido Somalia, Eritrea y Etiopía, mas no ocultaba sus ambiciones con respecto a África. Como es natural, la victoria tendría que devolverle sus colonias perdidas y además se apropiaría de Túnez y su protectorado sustituiría al de Inglaterra en Egipto.

El Reich tiende a apoderarse de la región oriental del Mar Negro

Por lo demás, todavía no estaba decidida la suerte de África, ni del Cercano y Medio Oriente, aunque todo parece indicar que Alemania tenía la intención de apoderarse de la región oriental del mar Negro y del Cáucaso, para de este modo tener una frontera con Asia.

Los últimos estados independientes

Sólo seguían siendo independientes algunos estados situados en las orillas del continente. España, más o menos afectada por el orden nuevo, conservó siempre una estricta neutralidad entre los beligerantes; Suecia, que seguía una neutralidad benévola con respecto a Berlín; Finlandia, comprometida al lado de Alemania en la guerra con Rusia, y Turquía, que se había inclinado hacia el bloque alemán. Sólo Portugal, defendido por la neutralidad española, conservaba una independencia orientada hacia el mar, esto es, hacia Inglaterra. Sin olvidar a Suiza, neutral y dispuesta siempre a defender su independencia.

El problema francés

Quedaba todavía un serio problema: el de Francia. El Reich no lo habia solucionado, pues la paz con Francia no estaba establecida y Berlín procuraba dar a entender que todo dependería de la actitud que adoptase el país. Sin embargo, estaba descontado que Alemania no permitiría que recuperase en Europa su puesto de gran potencia independiente.

Si en el momento del armisticio Alsacia y Lorena fueron incorporadas al Reich y, en el Norte, los departamentos del Norte y del Paso de Calais, en vertiente natural hacia Inglaterra, quedaron separadas de Francia y colocadas bajo el gobierno militar establecido en Bruselas, ¿cuáles habían de ser las fronteras de Francia en caso de victoria alemana? Parece que este punto no estaba todavía en claro. La corriente pangermanista, fundándose a la vez en los derechos históricos que el Reich pretendía haber heredado del Sacro Imperio y en la doctrina geopolítica, reclamaba las fronteras del Ródano y del Mosela, e incluso las hacía llegar hasta el Mosa.

En cuanto a la economía francesa, el Reich tenía el proyecto de reducirla en grandes proporciones, al mismo tiempo que integrarla en la economía alemana. El saqueo sistemático realizado por medio de las compras al por mayor valiéndose de billetes franceses que el Reich se hacía entregar a título de contribución de guerra, tenía la doble ventaja de abastecer a Alemania y de despojar a Francia de sus reservas, agotándola de manera que el día de la victoria se viese obligada a aceptar la tutela económica y financiera del Reich.

El armisticio dividió a Francia en dos zonas, una ocupada por el ejército alemán y otra libre, cuyo gobierno, con residencia en Vichy, disponía teóricamente de completa libertad legislativa.

Después del armisticio, Francia implantó también un régimen autoritario. El mariscal Pétain fue investido de una autoridad tan absoluta por el Parlamento francés elegido antes de la guerra, que incluso tenía poderes para dar a Francia una nueva Constitución si lo creía conveniente.

La revolución nacional en Francia

Así, pues, Francia, por decisión regular de sus poderes constituyentes, vino a sumarse a los países autoritarios. Y el mariscal iba a emplear los poderes absolutos que detentaba para llevar a cabo en Francia una revolución nacional que, aparte de la entrevista de Montoire (24 de octubre de 1940), iba camino de convertirse en una colaboración leal con Alemania.

La revolución nacional fue esencialmente antidemocrática y antiindividualista. Se hacía responsable de la derrota al régimen parlamentario y, al mismo tiempo, el nuevo régimen consideraba tal derrota como afortunada, puesto que iba a permitir a Francia remediar sus defectos.

Se emprendió en toda la zona libre una campaña contra el Humanismo francés y se invitó a profesores alemanes a que expusieran en las universidades francesas, ante el personal docente reunido, que Francia debía renunciar a cuanto el pensamiento francés había elaborado desde Descartes, para seguir la escuela de Hegel, y a propagar que el individuo debía estar subordinado a los intereses de la colectividad, del grupo. La divisa individualista elegida por la Revolución francesa, Libertad, Igualdad, Fraternidad, fue sustituida por la de Trabajo, Familia, Patria, y con objeto de eliminar de Francia su individualismo se la gobernaría sin consultar a la población. El nuevo régimen habría de ser establecido autoritariamente. El Parlamento fue reemplazado por una Asamblea de notables designada por el mariscal y cuyas funciones eran meramente consultivas. Los ayuntamientos dejaron de ser nombrados por elección salvo en los municipios de menos de 2.000 habitantes, siendo sustituidos por individuos nombrados por Pétain

Lo mismo que en Alemania e Italia, el Estado se apoyó en un partido único, la Legión de Combatientes, que en junio de 1941 fue reemplazada por la Legión de Combatientes y de Voluntarios de la Revolución Nacional, encargada de defender al régimen y de proporcionarle militantes activos. Como en todos los regímenes totalitarios, la juventud fue organizada militarmente y se la envió a centros de formación juvenil donde regía la disciplina de cuartel.

Sin adoptar la doctrina racista de Alemania, el gobierno de Vichy —al mismo tiempo que proclamaba su desaprobación ante la deportación en masa de los judíos franceses— adoptó una actitud antisemita e internó a los judíos en campos de concentración.

De todos modos, la revolución nacional no fue una imitación servil del nazismo, como tampoco instauró, como él, la religión del Estado; por el contrario, devolvió a la Iglesia el lugar oficial que antes ocupara y su misión de educadora y los colegios libres fueron subvencionados.

El mariscal Pétain se orientó más hacia el corporativismo que hacia el sistema del Führer. Una Carta Agraria impuso a los campesinos el corporativismo obligatorio, y una Carta de Trabajo lo hacía extensivo también a la industria, aunque la aplicación de esta hubo de aplazarse indefinidamente ante la resistencia que opusieron las masas obreras. Entretanto, se hizo todo lo posible por resucitar el artesanado.

Por lo demás, la revolución nacional tuvo un carácter profundamente original. En lugar de intentar —como el nazismo o el fascismo— fortalecer al Estado dando vigor a la unidad nacional, intentó reanimar las antiguas tradiciones y muy especialmente los particularismos locales, dando vida a las antiguas provincias por encima de los departamentos con el carácter de comunidades tradicionales.

Lo que caracterizó sobremanera al nacionalismo de Vichy es que en lugar de buscar su inspiración en el genio propio de Francia, en vez de desarrollar el dinamismo y el entusiasmo nacionales, invitó a la población francesa a aceptar la derrota como una penitencia saludable y a considerar el ejemplo de los países totalitarios como una lección y un modelo. Fue una revolución de renunciamiento y de abdicación.

Su política había de consistir forzosamente en desviar a Francia de las potencias marítimas para orientarla hacia el continente, y por ende hacia Alemania. La revolución nacional implicaba como corolario indispensable el reconocimiento, no sólo de la hegemonía alemana, sino de la superioridad de la civilización germana. La Francia de Vichy adoptaba espontáneamente el papel y la mentalidad del vasallo.

PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Ed. Éxito, 1961, t. 8 págs. 306-330