La Guerra de 1939-1945

Índice

Lucha por la hegemonía continental
Fin del III Reich

Lucha por la hegemonía continental

Alemania somete Europa continental
Hitler emprende guerra contra URSS
El Reich organiza Europa
EEUU e Inglaterra. Carta del Atlántico
El Japón ataca los EEUU

Alemania somete al continente

Conquista de Polonia
La Wehrmacht cruzando la frontera polaca el 1 de septiembre de 1939.La Wehrmacht cruzando la frontera polaca el 1 de septiembre de 1939.

Cuando las tropas alemanas franqueaban la frontera de Polonia —1 de septiembre de 1939—, el ejército polaco se hallaba en plena movilización, y de las sesenta divisiones previstas para poner en pie de guerra solamente treinta estaban dispuestas para entrar en combate. Polonia tenía puestas todas sus esperanzas en el potencial de sus fuerzas, pero su armamento, aunque moderno y obtenido de un empréstito de 2.000 millones de francos concedido por Francia, no podía rivalizar en cantidad ni calidad con el material que oponían los alemanes.

Dejando solo una línea de cobertura para protegerse de un posible ataque por el Oeste, Alemania lanzó sobre Polonia las tres cuartas partes de sus fuerzas militares, apoyadas por una poderosa aviación. Y Polonia, atacada a la vez por sus fronteras del norte y del sur, hubo de doblegarse ante la doble tenaza de la potente máquina de guerra alemana.

El día 6 de septiembre el ejército alemán ocupaba Cracovia, y el día 9 se hallaba a las puertas de Varsovia.

Polonia estaba aliada con la URSS por el tratado de no agresión de 1932, que fue prorrogado en 1934, renovado en noviembre de 1938 y completado por los acuerdos de diciembre del mismo año y de enero de 1939. Por este pacto, Rusia se comprometía, en caso de agresión, a permitir que el material de guerra destinado a Polonia atravesase el territorio soviético. El 8 de septiembre, el gobierno polaco solicitó el cumplimiento de estos compromisos y Molotov respondió que la intervención de Francia e Inglaterra en el conflicto volvía a poner sobre el tapete el acuerdo ruso polaco, a la vez que el tránsito de material bélico con destino a Polonia sería contrario al pacto germano ruso.

En vez de la neutralidad amistosa que se comprometió a reconocer a Polonia, el gobierno soviético declaró el 17 de septiembre que, habiendo dejado de existir de hecho el estado polaco, el tratado soviético polaco perdía también su razón de ser, añadiendo, además, que ante la invasión de Polonia por Alemania, la URSS no podía permanecer indiferente a la suerte de sus hermanos de raza, los ucranianos y los rusos blancos. Y el mismo día, cinco ejércitos soviéticos invadían Polonia y atacaban por la espalda a las fuerzas polacas. Fueron ocupadas Vilna, Grodno y Lvov.

Varsovia resistió heroicamente hasta el 28 de septiembre. Su caída significó la agonía del estado polaco.

Ei Reich y la URSS se reparten Polonia

Una vez más, Polonia sucumbía destrozada por sus dos poderosas vecinas. El 18 de septiembre, una nota alemana hacía saber que las operaciones de los ejércitos alemanes y soviéticos, conforme a las cláusulas del acuerdo germano ruso del 23 de agosto, tenía por objeto la restauración del orden en Polonia. Un acuerdo que se firmó en Moscú el 22 de septiembre fijaba la línea de demarcación de las dos zonas de ocupación en el curso de los ríos Narev, Bug, Vístula y San. Rusia recobraba sus fronteras de 1914, excepto en lo referente a Varsovia, que estaba comprendida en la zona alemana. No obstante, algunos días después, y como resultado de un viaje de Von Ribbentrop a Moscú, Alemania consiguió que la línea de demarcación fuese trasladada más al Este, aproximadamente a la Línea Curzon.

El 12 de octubre, el Reich declaró la anexión de Posnania y de la región de Suwalki. El resto de la zona polaca atribuída a Alemania fue erigido en gobierno general, en el que inmediatamente se inició una política terrorista de germanización. Los más preclaros representantes de la sociedad polaca —especialmente los profesores de universidad— fueron internados en campos de concentración.

La URSS, por su parte, y en la zona que ocupaba, hizo proceder —con arreglo a la ley electoral soviética— a la elección de asambleas nacionales, una por Rusia Blanca, radicada en Bialistok, y otra por Ucrania Occidental, con residencia en Lvov. Los candidatos propuestos en candidatura única por las autoridades soviéticas obtuvieron el 91 por ciento de los votos. El 28 de octubre, las asambleas de estas dos regiones reclamaron por unanimidad su incorporación a la URSS, petición que fue ratificada el 11 de noviembre por el Consejo Supremo de los Soviets, poniéndose inmediatamente en vigor las leyes soviéticas. En la misma fecha, y mediante un tratado con Lituania, los rusos devolvían a este país su antigua capital de Vilna, de la cual se habían apoderado los polacos en 1920 mediante un golpe de fuerza.

Inmediatamente, los territorios anexionados fueron sometidos a una política destinada a absorber la minoría polaca. Varios miles de oficiales polacos hechos prisioneros por los rusos fueron enviados a Katyn, donde fueron asesinados y enterrados en varias fosas comunes.

El 6 de noviembre, y con objeto de coordinar su política con respecto a la población polaca, los gobiernos de Berlín y de Moscú firmaron un tratado relativo a las minorías de sus respectivas zonas.

Los gobiernos alemán y soviético ofrecen la paz a occidente
Firma del pacto. Mólotov está a punto de firmar. Tras él se encuentran Ribbentrop (con los ojos cerrados) y Stalin a su izquierda.Firma del pacto. Mólotov está a punto de firmar. Tras él se encuentran Ribbentrop (con los ojos cerrados) y Stalin a su izquierda.

Mientras Alemania y la URSS se repartían el territorio polaco —como antaño hicieran Federico II y Catalina IIVon Ribbentrop y Molotov publicaban en Moscú (29 de septiembre) una declaración conjunta por la cual comunicaban que habiendo sido solucionada la cuestión polaca sus gobiernos invitaban a los beligerantes a hacer la paz. La declaración añadía que si Inglaterra y Francia se negaban a firmar la paz que se les proponía, serían consideradas como responsables de la guerra. El gobierno italiano, requerido para suscribir esta declaración, se negó a hacerlo.

El mismo día fue firmado un nuevo acuerdo económico entre la URSS y el Reich. Sin embargo, Moscú hizo llegar a Londres la seguridad de mantenerse neutral, mientras que Hitler, el 6 de octubre, daba a conocer en un altisonante discurso las condiciones de paz de Alemania. Además del reconocimiento de sus conquistas en Europa, reclamaba la restitución de sus antiguas colonias.

Ante tales declaraciones, el rey de los belgas y la reina de Holanda hicieron una oferta de mediación que fue rechazada por Hitler. Y la opinión alemana pareció recibir con asombro la negativa de Londres y de París a aceptar el ofrecimiento de paz de Alemania.

Desde aquel momento resultaba evidente que el mundo iba a verse conmovido por una guerra larga y terrible. La conjuración antinazi que en vísperas de Munich intentara fomentar la idea de un golpe de estado contra Hitler organizó un atentado contra él (8 de noviembre) cuando comunicaba al pueblo alemán desde una cervecería de Munich, que el III Reich lo tenía todo dispuesto para sostener una guerra de cinco años.

La URSS ocupa los países bálticos y ataca a Finlandia

La URSS, al mismo tiempo que se apoderaba de los territorios ucranianos y rusos blancos de Polonia, intentaba en vano solucionar a su favor la cuestión de los Estrechos, proponiendo a Turquía que estos fueran cerrados a todos los buques de guerra, excepción hecha de los de los estados ribereños del mar Negro, lo que equivalía a cerrarlos a todas las potencias, excepto Rusia.

Por otra parte, Moscú preparaba la reintegración de los países bálticos. En el acuerdo germano ruso de 22 de septiembre, Berlín le había concedido manos libres a este respecto.

El día 26, el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia era llamado a Moscú y conminado a firmar (28 de septiembre) un tratado de no agresión con la URSS por el que esta obtenía el derecho a establecer bases militares en el país. El 5 y el 11 de octubre fueron firmados acuerdos análogos con Letonia y Lituania, e inmediatamente las tropas rusas, en número superior a las fuerzas nacionales, ocupaban los tres estados bálticos, que de hecho perdían su independencia.

En marzo de 1940 y a requerimiento de Moscú, Hitler llamó a Alemania a los grupos alemanes que radicaban en aquellos estados bálticos, que allí constituían la aristocracia rural y la clase dirigente que tan preponderante papel desempeñaron en Rusia durante los siglos XVIII y XIX.

Al mismo tiempo que eran ocupados los tres estados bálticos, Finlandia fue invitada (5 de octubre) a enviar una delegación a Moscú para suscribir una rectificación de fronteras que garantizase la seguridad de Leningrado, así como la cesión de ciertas islas y del puerto de Hangoe, a cambio de algunos territorios en el norte.

Sin tener en cuenta el mensaje de Roosevelt, en el que este pedía se respetase la independencia finlandesa, Moscú, ante la actitud reservada de Helsinki, invocó el 30 de noviembre una supuesta agresión e invadió el territorio de Finlandia, al mismo tiempo que constituía, en un pueblo próximo a la frontera, un gobierno finés formado por Kusinen, miembro del Komintern, con el cual el Kremlin firmó acto seguido un tratado que satisfacía todas sus reivindicaciones. Fue en vano que los Estados Unidos y Suecia ofreciesen su mediación.

El gobierno legal de Helsinki apeló a la SDN, la cual condenó la acción emprendida por la URSS, votó su exclusión y pidió a todos los estados miembros que prestasen ayuda a Finlandia (5 de diciembre). Los finlandeses resistieron heroicamente en la Línea Mannerheim, en el istmo de Carelia, y su lucha contra el coloso ruso les valió en todos los países occidentales una corriente de admiración.

La guerra de bloqueo fracasa a causa de la URSS

Las declaraciones de guerra de Inglaterra y Francia a Alemania (3 de septiembre) fueron seguidas inmediatamente por las de Australia, Nueva Zelanda, Unión Sudafricana y el Canadá, así como por la ruptura de relaciones diplomáticas entre El Cairo y Berlín.

El 19 de octubre se firmó en Ankara un acuerdo anglo franco turco de asistencia mutua, por el cual Inglaterra y Francia garantizaban la independencia de Turquía lo mismo que habían garantizado la de Polonia, Rumania y Grecia.

Mientras las tropas francesas se concentraban en la frontera, a lo largo del Rin y ante la Línea Sigfrido, que los alemanes acababan de construir, un ejército británico compuesto tan solo de seis divisiones desembarcaba en Francia.

Al mismo tiempo que ambos países aliados adaptaban sus instituciones a las necesidades de la guerra, el Parlamento inglés concedía al gobierno Chamberlain el derecho a dictar órdenes en consejo y el francés aprobaba la concesión de plenos poderes al gobierno Daladier (noviembre). Así fortalecidos, los dos gobiernos aliados implantaron una dirección económica y financiera única para ambos países y en diciembre se distribuyeron los gastos de guerra a razón de dos terceras partes para Inglaterra y una tercera para Francia, comprometiéndose además a no concertar la paz por separado.

En Inglaterra, la conflagración sorprendió al país. Entraban en ella casi sin ejército, y para ponerlo en condiciones de lucha no se habían dado aún los primeros pasos. En los seis primeros meses, Inglaterra solo lograría movilizar y equipar a 400.000 hombres.

Fiel a sus tradiciones, Gran Bretaña se consideraba suficientemente defendida por su flota —pese a la inferioridad de su aviación frente a la del Reich— y contaba que con el bloqueo, organizado en noviembre por una orden en consejo, sería suficiente para dominar a Alemania.

Mientras los aliados organizaban el bloqueo, Alemania emprendía la guerra submarina. El 14 de octubre, un submarino hundía en la bahía de Scapa Flow al navío Royal Oak, uno de los mayores acorazados ingleses, éxito que fue compensado el 13 de diciembre por la pérdida del acorazado de bolsillo alemán Graf von Spee que hacía la guerra de corso en aguas del Atlántico Sur.

En Francia, el estado de la opinión era descorazonador. El país, desorientado por los acuerdos de Munich y por el pacto Bonnet-Ribbentrop, aceptó la guerra sin entusiasmo. Algunos sectores derechistas, influidos aún por la atmósfera creada por la propaganda muniquesa, eran partidarios de la carta alemana aun cuando debiera jugarse en contra de la carta inglesa.

Y por curiosa paradoja, este modo de ver coincidía con el de la extrema izquierda comunista, que consideraba y defendía los acuerdos germano soviéticos como un factor de paz.

Una vez más, la política de alianza por el Este resultaba fatal para Francia. Después de renovada la alianza franco rusa, firmada esta vez por el gobierno comunista en vez de serlo por el zar, y de haberse comprometido París en una política interior de Frente Popular con la colaboración del Partido Comunista, el gobierno francés se veía obligado a cambiar el rumbo de su política, a disolver el partido y a detener a la mayor parte de los diputados comunistas, cuya influencia sobre las masas obreras se había extendido considerablemente.

El cambio de alianzas efectuado por la URSS resultaba tanto más grave cuanto que toda la estrategia francesa estaba concebida sobre las garantías dadas por París a los países del Este y Sudoeste. Y la URSS, después de aplastar a Polonia junto con Alemania, hacía imposible cualquier intervención francesa en el Este.

Estas consideraciones, que se imponían con toda evidencia después del aplastamiento fulminante de Polonia, convencieron a gran parte de la opinión francesa de que su país sólo podía hacer una guerra defensiva apoyada en la Línea Maginot. Ahora bien, después de los acuerdos soviéticos que garantizaban el aprovisionamiento de Alemania, el país también se daba cuenta de que era inútil pensar en una victoria mediante el bloqueo. Alemania venía preparando desde hacía mucho tiempo su economía de guerra. En el mes de septiembre había implantado el racionamiento de víveres, las fábricas producían en cantidad las materias sintéticas necesarias y la URSS proporcionaba abundancia de materias primas a su industria. La entente germano soviética estaba produciendo sus frutos.

El ataque a Finlandia hace que Londres y París piensen en actuar contra Rusia

La ofensiva que la URSS desencadenó contra Finlandia vino a plantear la cuestión de la actitud que Londres y París debían adoptar con respecto a Moscú. El gobierno británico se negaba a romper las relaciones con Rusia, pero cuando llegó a la SDN el llamamiento finlandés, Francia e Inglaterra no tuvieron más remedio que votar la exclusión de la URSS. A partir del 11 de diciembre, los dos gobiernos aliados —que se vieron con insuficiencia de medios para intentar ninguna acción contra Alemania cuando la invasión de Polonia—, impulsados por el movimiento general de opinión en favor de Finlandia, decidieron, aunque sin declarar la guerra a la URSS, enviar un cuerpo expedicionario de 100.000 hombres a Finlandia. Con ello se exponían a que se volcase del lado de Alemania todo el potencial militar soviético, que ambos países menospreciaban absurdamente.

Pero Noruega y Suecia se negaron a permitir el paso de las tropas aliadas, que de este modo evitaron a las dos potencias occidentales el espantoso error que hubiera constituido una guerra contra Rusia.

Los métodos del ejército alemán no modifican el dispositivo de defensa anglo francés

El mando militar no se imaginaba, ni remotamente, la eficacia de los nuevos métodos del ejército alemán, ni el fuerte potencial de guerra de la URSS. Tanto es así, que el Estado Mayor anglo francés mandado por el general Gamelin, imbuido de las ideas militares de la anterior guerra, no juzgó necesario modificar su dispositivo de defensa, ni aun después de los espectaculares éxitos obtenidos en Polonia por las divisiones acorazadas alemanas.

Francia disponía de tantos tanques como el Reich, pero el mando alemán, adoptando las ideas expuestas por el general De Gaulle, agrupó sus tanques en divisiones y las preparó de modo que pudieran irrumpir en masa en el frente enemigo para romperlo y adentrarse a fondo en las líneas de retaguardia.

En cambio, el mando francés los había distribuido en pequeños grupos para que desempeñasen la misión de apoyar a las fuerzas de infantería. Por extraño que esto parezca, nada se hizo después de las victorias alemanas en Polonia para poner al ejército aliado en condiciones de resistir el asalto de las divisiones acorazadas alemanas, ni para formar con los carros diseminados por los depósitos de infantería divisiones blindadas capaces de desempeñar este papel.

Una guerra extraña

En cuanto a las fuerzas soviéticas, el mando las menospreciaba hasta el extremo de que algunos generales sugirieron la idea de declarar la guerra a Rusia y enviar a la lucha el pequeño ejército anglo francés de Siria y el Cercano Oriente en el que Francia tenía 75.000 hombres para apoderarse de los petróleos del Cáucaso y de las bocas del Danubio.

Hay que reconocer que el Alto Mando no se adhirió a estos proyectos, pero en cambio estudió dos operaciones de gran envergadura, una de ellas consistente en ocupar los países escandinavos para impedir la importación por Alemania de mineral de hierro sueco y la otra —si Bélgica lo consentía— en atravesar su territorio para atacar el Ruhr, centro vital de la industria bélica alemana.

Ahora bien, a parte de que Bélgica estaba decidida a mantener su neutralidad, el ejército francés no parecía hallarse en condiciones de emprender esta ofensiva. Permaneció, pues, inactivo en un frente casi inmóvil y ante una débil línea de tropas alemanas que no hubieran podido resistir una ofensiva seria. La ociosidad de las tropas corroía la moral del ejército, el material escaseaba y las fábricas de guerra —en las que el sabotaje estaba organizado por los comunistas— daban un rendimiento muy escaso, especialmente las fábricas de aviación. Por otra parte, se discutían los méritos del general Gamelin y las investigaciones parlamentarias pusieron de manifiesto la insuficiencia de la aviación y las lagunas que presentaba la defensa, sobre todo en las Ardenas. En marzo de 1940 se inició en la Cámara un agitado debate que terminó con la solicitud de un voto de confianza que dio 239 votos a favor, uno en contra y 300 abstenciones. Daladier dimitió y fue reemplazado por Paul Reynaud, que al presentarse ante la Cámara no obtuvo más que un solo voto de mayoría efectiva (268 votos a favor, 165 en contra y 111 abstenciones.

La URSS firma la paz con Finlandia

En aquellos días daba fin la guerra de Finlandia. El día 12 de marzo, Helsinki, sucumbiendo ante la superioridad numérica, aceptó firmar la paz impuesta por Rusia, paz que era en realidad moderada en comparación con la de Polonia y los países bálticos. En ella se estipulaba que Finlandia cedía a la URSS el istmo de Carelia y Viborg, como asimismo le concedía el derecho de ocupar en arriendo la isla de Hangoe durante un período de treinta años.

De todos los estados que se separaron de Rusia después de 1918, Finlandia era la única que aún conservaba su independencia, lo que indudablemente se debió a las simpatías que su heroísmo despertaron en el mundo entero, como también a que Alemania no deseaba que la Unión Soviética aumentase sus posiciones en aguas del Báltico.

Desastrosa intervención aliada en Noruega

Con objeto de vencer la corriente de depresión moral que se manifestaba en la Cámara y en la nación —depresión que la radio de Stuttgart explotaba con éxito—, Reynaud quiso emprender una política más dinámica e incitó al gobierno inglés a intervenir en Noruega para impedir que Alemania se abasteciera de mineral de hierro sueco, pero los alemanes tomaron la delantera a los anglosajones, y el 9 de abril ocupaban la capital noruega.

El 14 del mismo mes, fuerzas británicas, a las que se unieron el 19 tropas francesas, desembarcaron en Narvik. El resultado fue desastroso. El 25 de abril los alemanes habían obtenido ventajas decisivas y el día 27 el Consejo supremo interaliado decidió reembarcar a sus tropas, operación dificilísima que no quedó terminada hasta el 10 de junio.

El fracaso de Noruega —desastre militar y moral— entregó el país a la ocupación alemana. Y el 24 de abril quedaba convertido en un comisariado del Imperio y Quisling implantaba un gobierno nacionalsocialista.

El prestigio del Alto Mando aliado, y por consiguiente la de sus gobiernos, quedó en entredicho, y ante la falta de confianza de sus parlamentos, Reynaud dimitió el 9 de mayo y Chamberlain el 10.

El mismo día comenzó la ofensiva alemana en el Oeste. Reynaud retiró su dimisión y Churchill reemplazó a Chamberlain al frente del gobierno inglés. Empezaban los días trágicos.

Ocupación de Holanda, Bélgica, Gran Ducado de Luxemburgo y Francia

El 10 de mayo de 1940, un ejército alemán integrado por 190 divisiones, apoyadas por otras 110 de reserva, inició la ofensiva contra el frente oeste aliado, defendido por 91 divisiones francesas, 12 de belgas, 10 de británicas, una de polaca y un pequeño contingente holandés. El plan alemán se había fijado definitivamente en febrero. Lo mismo que en 1914, consistía en rebasar por el Norte los ejércitos aliados para llegar a los puertos de la Mancha y a París. Sólo a última hora, por indicación de Hitler, se introdujo en el plan inicial un nuevo elemento: atacar por Arlon en dirección a Sedán con divisiones blindadas y motorizadas.

Alegando que Francia e Inglaterra se disponían a atacar Alemania atravesando Holanda y Bélgica, Hitler lanzó sus tropas en un vasto movimiento envolvente a través de los territorios de estos dos países, ataque que ya estaba previsto. En respuesta, las mejores divisiones motorizadas de los ejércitos francés e inglés penetraron rápidamente en Bélgica con objeto de envolver al ejército alemán por el norte e invadir por su retaguardia la cuenca del Ruhr.

Pero el avance alemán fue arrollador. Contingentes de paracaidistas se apoderaron de varios puentes sobre el Mosa y del poderoso fuerte de Eben Emäel, en Bélgica. Rotterdam, casi arrasado por un bombardeo aéreo, y La Haya fueron ocupados el 15 de mayo. La resistencia holandesa resultaba imposible. La reina Guillermina se refugió en Inglaterra, el ejército capituló y las divisiones motorizadas aliadas se retiraron precipitadamente hacia el Sur.

Mientras Holanda caía en poder de las tropas alemanas, una potente formación blindada, irrumpiendo a través de Luxemburgo, cuya defensa se había reservado el ejército francés, llegaba al Mosa y lo atravesaba por varios puntos entre Namur y Sedán.

Ahora bien, pese a las advertencias que el rey Leopoldo había hecho a Gamelin, comunicándole que sus informes le permitían creer que la ofensiva alemana se produciría por el sector Givet-Longwy, dicho sector se consideraba poco amenazado y no estaba defendido más que por tropas de reserva.

A partir del día 15, la brecha de Sedán fue adquiriendo proporciones de verdadero desastre. La ruptura del frente francés llevó consigo la retirada de las tropas belgas de la línea Amberes-Lovaina hasta el Lys y la del cuerpo expedicionario británico a un frente Douai-Perona.

El 16 de mayo, Paul Reynaud hizo que regresara de Siria el general Weygand para reemplazar al general Gamelin. Desde el 16 al 21 de mayo, el ejército francés estuvo prácticamente sin mando. Felizmente para los aliados, un contraataque llevado a cabo el 21 por una división británica flanqueada por tanques, al sur de Arrás, contra la división blindada de Rommel, hizo creer a Hitler que se trataba de una fuerte contraofensiva aliada y ello contuvo la avalancha de los blindados alemanes hacia Dunkerque, cuando en realidad no tenían enfrente más que unos débiles contingentes ingleses.

Weygand supo aprovechar estos días de incertidumbre alemana para emprender una doble contraofensiva, desde Abbeville por el norte y desde Ypres por el sur. Pero el plan fracasó, pese al éxito inicial conseguido por una división blindada francesa organizada rápidamente por el general De Gaulle y puesta bajo sus órdenes, porque el general Gort, que mandaba el ejército británico, dándose cuenta de que en el continente se había perdido la partida se negó a arriesgar sus tropas en la operación. El 25 de mayo la situación era tan grave que en el Comité de guerra francés, reunido bajo la presidencia de Albert Lebrún, presidente de la República, se habló de abandonar París e incluso de firmar un armisticio por separado con Alemania.

Aquel mismo día, Pierlot, primer ministro belga, se ponía en contacto con el rey Leopoldo III en su cuartel general invitándole a que abandonara las tropas y acompañara a su gobierno al extranjero. Mas como la salvación del ejército inglés, que se encontraba en plena retirada hacia Dunkerque, dependía de la resistencia belga, el rey se negó a separarse de sus tropas, que desde el 25 al 28 de mayo hicieron en el Lys una resistencia desesperada. El 26 el ejercito británico recibió la orden de reembarcar y el 27 por la noche el frente belga, roto por varios puntos, no podía ya ofrecer ninguna resistencia. El día 28, el rey no tuvo más remedio que rendirse.

Su capitulación era un hecho estrictamente militar y no implicaba ninguna cláusula política. La resistencia belga había permitido al ejército inglés replegarse hasta Dunkerque. Después de la guerra se pudo apreciar que a ella se debió la salvación del cuerpo expedicionario británico, lo que a su vez contribuyó a la heroica resistencia que había de oponer Inglaterra. Ahora bien, en aquellos momentos la situación era trágica. Reynaud acusó al rey de los belgas de haber capitulado en el campo de batalla sin advertir previamente a sus aliados. Y el primer ministro belga, Pierlot, presionado por Reynaud, también declaró que el rey había abierto las negociaciones y tratado con el enemigo.

Por el contrario, el 29 de mayo el rey hizo saber a su gobierno que no pactaría con el enemigo. El 30 se negó a recibir a Hitler y el 2 de junio comunicaba al gobierno belga que ponía en sus manos los poderes constitucionales.

En tanto que la derrota de los ejércitos aliados sumía de este modo a Bélgica en una trágica crisis que había de prolongarse hasta mucho después de terminada la guerra, los ingleses, bajo los ataques en masa de la aviación, reembarcaban en Dunkerque 235.000 hombres y los franceses embarcaban 115.000. Pero todo el material se había perdido y los ejércitos del Norte estaban destruidos.

Batalla de Francia y entrada de Italia en la guerra

En Francia, y para hacer frente a los acontecimientos que se avecinaban, Paul Reynaud llamó el 18 de mayo al mariscal Pétain para formar parte de su gobierno y el 15 de junio confiaba al general Charles de Gaulle —teorizador del empleo de grandes unidades blindadas— la Subsecretaría de Guerra.

Estos cambios ministeriales eran inútiles para salvar a Francia, que después del reembarque sólo disponía de 60 divisiones para hacer frente a las 250 alemanas, apoyadas por 11 divisiones acorazadas.

El 5 de junio, los blindados alemanes emprendieron otra ofensiva entre el Somme y el Aisne y el día 10 el gobierno francés abandonó París, que fue ocupado el 14, y se trasladó a Tours. Paul Reynaud telegrafió al presidente Roosevelt que Francia continuaría la lucha en el norte de África, y en caso necesario desde las posesiones francesas de América.

El mismo día —10 de junio—, Italia declaraba la guerra a Francia e Inglaterra. El 12, el general Weygand, apoyado por el mariscal Pétain, hizo saber al Comité interaliado establecido en Tours que no quedaba más solución que solicitar el armisticio. Reynaud se unió a ellos el dia 13 y telegrafió al presidente Roosevelt recabándole a que concediese a Francia el apoyo moral y material de los Estados Unidos.

Churchill no se oponía a que Francia depusiese las armas, pero a condición de que su flota no cayese en manos de los alemanes. El dia 14, el gobierno abandonó Tours y se establecía en Burdeos, en tanto que los blindados alemanes avanzaban hacia el Loira y hacia Suiza por retaguardia de la Línea Maginot. El 15, Reynaud propuso a Weygand que diese la orden de alto el fuego, pero Weygand se negó a intentar una capitulación que dejara subsistir el estado de guerra sin llevar consigo ninguna cláusula política.

Ante el impetuoso avance alemán, cuatro millones de refugiados belgas y franceses afluían por las carreteras y caminos que atravesaban el Sena para dirigirse hacia el sur de Francia.

Roosevelt, al mismo tiempo que prometía el envío de material a Francia, se escudaba tras el Congreso, único organismo que podía adoptar compromisos militares en los Estados Unidos.

Francia sucumbia. El 16 de junio, Churchill propuso como solución extrema que los dos países aliados constituyeran una Unión con un solo Ministerio de la Guerra, un solo Parlamento y un mando único. Pétain se opuso a ello, pero su causa estaba perdida. Exigió el armisticio inmediato en vez del alto el fuego que preconizaba Reynaud y el gobierno lo aprobó por 14 votos contra 10. El dia 16 de junio, Reynaud dimitió. Adoptando una postura totalmente opuesta a la que acababa de adoptar el rey Leopoldo III, Francia se declaraba vencida.

El día 17 de junio, el mariscal Pétain, después de constituir un nuevo gabinete, pidió a Alemania sus condiciones de armisticio por mediación de España, y a Italia a través del Vaticano. El 18, el Parlamento decidió no entregar la escuadra al enemigo.

El mismo día, el general De Gaulle lanzaba desde Londres, donde se hallaba en misión, un llamamiento a los franceses invitándoles a no abandonar la lucha, mientras que Hitler y Mussolini se reunían en Munich para fijar las condiciones del armisticio solicitadas por Pétain.

Francia firma el armisticio

El 22 de junio, al tiempo que las tropas alemanas entraban en Lyon y las italianas eran contenidas en los Alpes, los plenipotenciarios franceses, presididos por el general Huntziger, firmaban en Compiegne, en el mismo vagón de ferrocarril en que se había impuesto el armisticio a Alemania en el año 1918, las condiciones del armisticio del III Reich. Y el día 24 se firmaba en Roma el armisticio con Italia. Francia había perdido 100.000 soldados y 80.00 personas civiles. Todas las tropas, incluso las capturadas después del armisticio, fueron consideradas como prisioneros de guerra y conducidas a Alemania.

El armisticio dividió a Francia en dos zonas: una ocupada, que quedaba bajo la autoridad militar alemana, y la otra libre, que continuaba bajo el gobierno francés. La línea de demarcación iba desde Ginebra hasta la frontera española, pasando por Dôle, Moulins, Bourges, Mont de Marsan y Orthez. Francia se comprometía a desmovilizar sus fuerzas no capturadas, entregar el material de guerra y hacerse cargo de los gastos de ocupación. La flota francesa, desarmada bajo la vigilancia alemana, no podría ser utilizada por Alemania, que también se comprometia a no ocupar las colonias.

Italia ocupó la zona conquistada por su ejercito, o sea Menton y algunos pueblos de los Alpes. Los puertos franceses de Tolón y Ajaccio, y los de Bizerta y Mers-el-Kebir (Orán) en el norte de África, serían desmilitarizados. Además, se concedía a Italia el derecho de disponer del puerto de Djibouti, en la Somalia francesa, y del ferrocarril de Djibouti a Addis Abeba.

Ataque inglés a las escuadras francesas fondeadas en Mers-el-Kebir y Dakar

El 16 de junio, el gobierno inglés hizo saber a Paul Reynaud que aceptaba la eventualidad de un armisticio franco alemán a condición de que la flota francesa hiciese rumbo, previamente, a puertos británicos o americanos. Por su parte, el gobierno de Washington comunicó el 18 de junio al gobierno francés que si quería conservar la amistad de los Estados Unidos era condición indispensable que no dejara caer su flota en manos del enemigo. El gobierno lo prometió.

Las condiciones del armisticio se limitaron a estipular el desarme de la flota francesa en los puertos donde fuese confinada y que tal operación debería ser presenciada por representantes navales de Alemania o Italia. El 23 de junio, el rey de Inglaterra escribió a Pétain recordándole su promesa y el mariscal respondió volviendo a afirmar que la flota francesa no sería utilizada en la lucha contra la Gran Bretaña.

Considerada como insuficiente esta cláusula naval del armisticio, provocó en Inglaterra un vivo malestar, del que Churchill se hizo eco ante la Cámara. La Gran Bretaña, amenazada de invasión, estaba sola para hacer frente al Reich. Y considerando que el dominio del mar era su última probabilidad de salvación, el gobierno resolvió impedir a toda costa que las unidades francesas se incorporaran a sus bases metropolitanas. El 3 de julio, una escuadra inglesa se presentó ante Mers-el-Kebir, donde se encontraba anclada una parte importante de la flota francesa, y conminó al vicealmirante Gersoul que la mandaba a que se uniese a la flota británica para dirigirse a un puerto inglés, a las Antillas francesas o a los Estados Unidos, o bien echase sus barcos a pique. El ultimátum fue rechazado por orden del gobierno francés. Entonces, la escuadra británica rompió el fuego contra las unidades francesas, hundiendo al acorazado Bretagne y averiando gravemente al Dunkerque y al Provence. Perecieron en esta acción 1.200 marinos franceses.

El mismo día, todos los barcos franceses que se encontraban en puertos británicos fueron capturados y la escuadra francesa anclada en el puerto de Alejandría, confinada.

En respuesta, el gobierno francés rompió las relaciones diplomáticas con la Gran Bretaña (4 de julio).

El día 5, el acorazado Strasbourg, y una flota de veinticinco unidades ligeras consiguió forzar el bloqueo inglés de Mers-el-Kebir y llegar al puerto de Tolón. Después, el día 8, los portaaviones británicos averiaron el acorazado Richelieu, anclado en Dakar.

La ruptura entre Inglaterra y Francia en el momento en que se implantaba en Vichy un régimen autoritario, forzosamente había de facilitar la orientación de Francia hacia la colaboración con el Reich.

Establecimiento del régimen autoritario en Francia

Por encontrarse Burdeos en la zona ocupada por el ejército alemán, el gobierno francés hubo de trasladarse a Vichy, donde fueron convocados la Cámara y el Senado con el fin de modificar la Constitución de 1875. Esta modificación consistió en redactarla de nuevo sobre bases diametralmente opuestas a los principios parlamentarios que la inspiraron. Se dió de lado a la democracia parlamentaria para abrir paso a un régimen autoritario, social y nacional. Esta reforma, que convertía a Francia en un estado totalitario, fue aprobada por 385 votos contra 6, habiéndose abstenido de tomar parte en los debates catorce diputados. De 304 senadores, 230 estuvieron presentes en la votación, con un resultado de 229 votos y uno en contra.

El día 10 de julio, la Asamblea Nacional —Cámara y Senado reunidos— concedió por 569 votos contra 80 y 18 abstenciones —había 183 ausentes— plenos poderes al mariscal Pétain para promulgar una nueva Constitución que garantizara los derechos del trabajo, la familia y la patria.

Así fue legalmente implantada en Francia la dictadura por una gran mayoría de mandatarios legales de la nación —569 de 850—.

La Constitución que promulgó el mariscal Pétain otorgaba al jefe del Estado, que era al mismo tiempo jefe del gobierno, los poderes de soberano absoluto. Además, este disponía del derecho de designar un sucesor, derecho que utilizó para hacer de Pierre Laval —que había trabajado mucho para conseguir que diputados y senadores aceptasen el nuevo régimen— su presunto heredero en la jefatura del nuevo régimen político francés.

La primera tarea del nuevo régimen fue la de desmovilizar lo que quedase del ejército —1.800.000 soldados fueron enviados a Alemania como prisioneros y 149.000 a Italia— y facilitó el retorno a sus hogares de 4 millones de refugiados.

Los 30.000 hombres del ejército que pasaron la frontera suiza no habían de regresar hasta el año 1941.

Al mismo tiempo, el gobierno ordenaba que fuesen confinados varios ex ministros, entre ellos Blum, Daladier, Reynaud, Mandel y el general Gamelin. El 2 de agosto, un consejo de guerra condenó a muerte al general De Gaulle por traición, atentado contra la seguridad del estado y deserción en tiempo de guerra. La Administración fue depurada, según los principios hitlerianos, por eliminación de judíos y francmasones y la CGT disuelta, así como las organizaciones patronales. Los partidos políticos decidieron espontáneamente su disolución. Todas las asociaciones de antiguos combatientes fueron suprimidas y reemplazadas por una Legión de Combatientes encargada de servir de apoyo al gobierno en la zona libre.

Aplicando los principios racistas implantados también en Polonia y Ucrania, el Reich hizo lo posible por desmembrar a Francia, anexionándose Alsacia y Lorena y separando de ella aquellos departamentos cuya población era considerada de origen germánico —el del Norte y el Paso de Calais— para incorporarlos al gobierno general de Bruselas. Además, se emprendió una política de flamenquización en el Flandes francés.

Fue organizada una economía de ocupación mediante la cual, aparentando proporcionar al pueblo elementos para su resurgimiento, sistemáticamente se iba desposeyendo a Francia de todas sus riquezas. Las autoridades de ocupación, con habilidad maquiavélica, en lugar de dedicarse a realizar incautaciones compraron a la población todos los bienes de que disponía. Los pagaba a buen precio, en billetes franceses cuya cotización forzosa se fijó en 20 francos por marco, y se procuraba los fondos necesarios para ello recurriendo a la estampación de billetes. El sistema equivalía a comprar por cuenta del gobierno francés, sin que aquello le costase al Reich absolutamente nada.

Las compras realizadas por los ocupantes dieron por resultado una cierta recuperación en los negocios, que levantó en la población una corriente de euforia. Nadie se daba cuenta de que aquellas compras las pagaba la misma Francia, ni de que con ello se iba preparando la espantosa crisis financiera que la inflación desenfrenada produciría al término de la guerra.

De este modo, y con la ilusión de realizar negocios fructíferos, la nación francesa iba vaciándose de sus sustanciosos bienes.

Aparte de este verdadero saqueo organizado tras la pantalla de los billetes de inflación, para cubrir los gastos de ocupación el Reich impuso a Francia un tributo de 400 millones de francos diarios, más el alojamiento y acantonamiento de las tropas. Todos los títulos extranjeros hubieron de ser entregados y la industria francesa fue sometida a una intervención alemana. A la renta nacional francesa, que era de unos 300.000 millones, el tributo exigido por la ocupación pasaba de los 145.000 millones al año.

De de los 25.000 millones de dólares a que se calcula ascendió el saqueo organizado por el Reich en los países ocupados, es indudable que Francia aportó la parte más cuantiosa.

La mayor parte de la población francesa no se daba cuenta de que la colaboración económica, tal como la consideraba Alemania, la iba despojando de sus riquezas. Pero el gobierno de Vichy sí que lo sabía.

Frente a la Francia de Vichy se alza una Francia Libre

Mientras que el gobierno de Vichy, constituido legalmente por el Parlamento de la República, se adentraba por caminos de resignación y colaboración, el general De Gaulle adoptaba una actitud diametralmente opuesta. —Esta guerra proclamaba en el llamamiento que lanzó desde Londres— no es una contienda franco alemana que puede decidirse por una batalla. Esta es una guerra mundial. Nadie puede prever si los pueblos que hoy son neutrales seguirán siéndolo mañana, ni si los aliados de Alemania lo serán siempre: Mi objetivo, mi único objetivo, es hacer de manera que pese al abandono de un momento las fuerzas francesas no dejen de combatir, para que puedan estar presentes en la victoria.

El 28 de junio de 1940, Londres reconoció al general De Gaulle como jefe de todos los franceses libres, y el 7 de agosto Churchill y De Gaulle firmaron un acuerdo sobre la utilización de las fuerzas francesas que estaban reorganizándose. El 22 de julio, las Nuevas Hébridas, que constituían un condominio franco inglés, y más tarde la Costa de Marfil, Camerún, Chad, los establecimientos de la India, Nueva Caledonia y Gabón se adherían a la Francia Libre, que el 27 de octubre implantó un Consejo de Defensa del Imperio. Después, Siria (julio de 1941) y Madagascar (noviembre de 1942), también pasaron a la Francia Libre.

Francia se debatía entre dos políticas opuestas. El gobierno de Vichy, llevado por la tendencia continental, aceptaba el hecho de la victoria alemana e intentaría salvar a Francia integrándola en el nuevo orden; por su parte, De Gaulle se incorporaba al lado de Inglaterra para tomar parte en la desesperada lucha que iba a entablarse entre el mar y el continente, entre el individualismo liberal y el totalitarismo autoritario.

El rey impide que el gobierno belga trate con el Reich

El día 18 de junio, cuando se produjo la capitulación francesa, el gobierno belga, uniendo su suerte a la de Francia, decidió renunciar a la lucha y presentar su dimisión al rey Leopoldo III, para permitir que este entablase negociaciones de paz con Alemania. Pero a la carta que en este sentido le dirigió el 26 de junio el primer ministro Pierlot, el rey respondió que se negaba a realizar ningún acto y a recibir a ningún político. Ante esta rotunda negativa del rey a modificar su postura de resistencia pasiva, el gobierno emprendió la tarea de repatriar a los belgas, tanto militares como civiles, que se encontraban aún en Francia, y tras haber comunicado a los parlamentarios belgas reunidos en Limoges el 8 de julio, que los belgas deberían decidirse a aceptar la paz que les fuera impuesta por Alemania, el día 20 de agosto Pierlot comunicó al soberano que el gobierno había cesado en sus funciones.

La derrota de Francia y la constitución del gobierno del mariscal Pétain en Vichy sembraron el desconcierto en la opinión belga. El presidente del Partido Socialista, Henri de Man, se adhirió al orden nuevo. Y algunos ex ministros que pertenecían a los partidos liberal y católico pedían insistentemente al rey que formase un gobierno sometido a la ocupación. Uno de estos ex ministros llegó a intentar se confiriese al rey-mediante plebiscito- un poder legislativo ilimitado. El rey continuó inquebrantablemente en su negativa y así había de continuar durante toda la guerra, prisionero en su palacio y negándose tanto a parlamentar con Alemania como a gobernar.>

Ante esta actitud del soberano, los ministros que antes le invitaron a negociar con Alemania recapacitaron y el 22 de octubre cuatro ministros belgas reunidos en Londres tomaron de nuevo las riendas del gobierno, Belgica volvía a entrar en escena.

La actitud del rey de los belgas representaba el primer fracaso experimentado por el Reich desde el principio de la guerra. De todos los países ocupados en Occidente, Bélgica era el único que se negaba a aceptar el orden nuevo y que permanecía sin gobierno.

Y mientras el rey Leopoldo continuase en el país resultaría imposible imponer a Bélgica un gobierno fantoche, que no siendo reconocido por él no hubiera tenido ninguna autoridad.

Alemania fracasa en su plan de invasión de Inglaterra

Una vez vencida Francia, no le quedaba a Alemania más que un adversario por derrotar: Inglaterra. El 19 de julio, Hitler le ofreció la paz, que hubiera significado la consagración del dominio alemán en el continente; pero Londres no la tomó en consideración. Desde entonces, Alemania se dedicó a preparar un asalto a Inglaterra, a la que pensaba sorprender en plena reorganización. El ejército inglés había perdido en el continente casi todo el material de guerra y los alemanes estaban seguros de que no podría resistir una invasión alemana. Mas para invadir Inglaterra era preciso vencer a su flota y a su aviación. Hitler contaba con los Stukas para destruir o inmovilizar a la flota inglesa; el problema era conquistar el dominio del aire. La invasión de Inglaterra fue preparada en Flandes, concentrando las divisiones de asalto en la costa del canal de la Mancha y del mar del Norte y en el Escalda millares de barcos, entre los que se contaban infinidad de barcazas construidas especialmente para el transporte de tropas de desembarco.

La aviación alemana era tres veces más numerosa que el ejército británico del Aire. El 8 de agosto, Goering comenzó la ofensiva aérea, que tropezó con una heroica defensa secundada por el radar, invento que permitía a los servicios de defensa detectar a distancia la importancia y el rumbo de las escuadras aéreas alemanas que se dirigían hacia Inglaterra. La aviación alemana experimentó pérdidas enormes sin conseguir dejar a las fuerzas inglesas fuera de combate. Entonces, mientras en Inglaterra se decretaba el estado de sitio, Alemania lanzó una segunda ofensiva aérea cuyo principal objetivo era la destrucción de los aeródromos y del potencial industrial británico. Pero esta segunda fase de la batalla no obtuvo tampoco el éxito que ya se daba por descontado. El 6 de septiembre, la ofensiva aérea alemana se concentró sobre Londres, que durante un mes fue atacado todos los días. Las incursiones alemanas causaron 14.000 muertos y 20.000 heridos, pero ni la familia real, ni el gobierno, abandonaron la capital. Además, los cazas británicos hicieron pagar tan caro a la aviación alemana los destrozos que ocasionaban en Londres que el 7 de octubre Goering se vio obligado a poner fin al ataque. La aviación inglesa había perdido 700 aparatos y la alemana 2.000. Ante la aplastante victoria conseguida por los aviadores ingleses, Alemania renunció a su proyectada invasión de Inglaterra.

Londres siguió siendo bombardeada con frecuencia. En octubre cayeron sobre la capital 10.000 bombas, y en noviembre 7.500. En diciembre y a principios de 1941 todavía hubo algunos grandes raids, por efecto de los cuales quedó Coventry casi totalmente destruida. Pero Alemania había perdido la partida, y lo mismo que le ocurriera a Napoleón tras el desastre de Bolonia, Hitler se veía obligado a emprender una lucha a muerte contra Inglaterra, lucha para la que intentaría movilizar todas las fuerzas de Europa. Igual que entonces, iba a iniciarse la lucha entre la tierra y el mar. Y una vez más, el mar saldría victorioso.

Solidaridad marítima de los Estados Unidos con Inglaterra

Al mismo tiempo que lanzaba su ofensiva aérea contra las fuerzas inglesas, Alemania organizaba la guerra submarina. Su flota de sumergibles, mucho más poderosa que en 1914, disponía de bases que se extendían desde el cabo Norte hasta el golfo de Vizcaya y podía aprovechar el apoyo de las fuerzas aéreas estacionadas en las costas. En cambio, Inglaterra estaba mucho menos armada para la resistencia que en 1918, pues no disponía más que de 107 torpederos, en lugar de los 407 que tenía entonces. Ahora bien, la insuficiencia de sus depósitos de guerra daba a la defensa contra la guerra submarina una importancia igual a la de la defensa aérea.

El gobierno de Londres no vaciló. El 4 de septiembre de 1940, en el momento en que iba a entablarse la batalla de Londres, Inglaterra cedió a Estados Unidos, para conseguir la cesión de 50 contratorpederos, el derecho a establecer durante 99 años bases navales en las Bermudas, Terranova, Pequeñas Antillas, Jamaica, Santa Lucía, isla de la Trinidad y Guayana inglesa. De este modo, los Estados Unidos ponían a Inglaterra fuera de las aguas americanas del Atlántico, con lo cual lograban el dominio total del mar de las Antillas, pero en cambio se reanudaba la solidaridad naval existente entre las dos potencias anglosajonas después de 1918.

El duelo entablado por el continente bajo la todopoderosa autoridad de Hitler contra el mar, del que Inglaterra se declaraba adalid, arrastraría a los Estados Unidos a entrar en la contienda al lado de la Gran Bretaña.

Los Estados Unidos van comprometiéndose en la guerra

A raíz de la ofensiva alemana de mayo de 1940, Roosevelt pidió a la Cámara de Representantes 1.182 millones de dólares para créditos suplementarios destinados a la defensa nacional. Después de Dunkerque, Washington cedió a Londres, con ciertos reparos y por mediación de una sociedad particular, 500.000 fusiles, 900 cañones del 75 y 80.000 ametralladoras procedentes de la primera guerra. Ahora bien, cuando empezó la ofensiva aérea sobre Inglaterra se aprobó en Washington una ley implantando el servicio militar obligatorio y la incorporación de 16 millones de hombres (17 de agosto). Además, se inició la construcción de 8 acorazados, 2 portaaviones, 12 cruceros y 80 destructores.

Y mientras la guerra submarina servía para un mayor acercamiento entre los Estados Unidos e Inglaterra, Alemania, cayendo de nuevo en el error psicológico que cometiera ya en 1916, emprendía en los países sudamericanos una activa propaganda nazi que incluso llegó a provocar en el Uruguay un levantamiento de carácter hitlerista.

Los Estados Unidos respondieron a esta agitación con una ley autorizando la venta de material de guerra a los estados de la América latina.

Por otra parte, a medida que el imperialismo alemán se iba imponiendo en el continente europeo, América se daba cuenta del peligro que esto significaba para ella. Después de la capitulación de Francia, el 21 de julio de 1940 los ministros de Asuntos Exteriores de todas las repúblicas americanas se reunieron en La Habana y acordaron que ningún estado americano reconocería la transferencia de soberanía en el hemisferio occidental de un estado no americano a otro, y que si dicha transferencia tuviera lugar, los Estados Unidos, apoyados por todas las naciones americanas, ocuparían inmediatamente los territorios cedidos. Esto equivalía a impedir que el gobierno de Vichy entregase a Alemania las bases de la Guayana y de las Pequeñas Antillas.

La URSS se anexiona los países bálticos, Besarabia y la Bucovina septentrional

Mientras los Estados Unidos se preparaban para una posible defensa, Hitler imponía a la Europa Oriental su autoridad omnipotente. La ocupación alemana iba haciendo afluir al Reich una cantidad incalculable de riquezas. Y la opinión alemana iba aceptando confiadamente la idea de una larga lucha con Inglaterra. En 1918, Alemania fue vencida por el bloqueo. Esta vez, fuera cual fuese la duración de la guerra —que además se consideraba desviada del continente— el pueblo alemán no carecería de nada gracias a la alianza rusa.

Entretanto, y al lado de Alemania que se disponía a imponer a Europa el orden nuevo, Rusia ensanchaba sus fronteras sin disparar un tiro. El 15 de junio de 1940, Moscú, pretextando un incidente con las fuerzas de ocupación, envió tropas para ocupar Vilna y el 17 se constituía en Riga un gobierno lituano pro soviético que proclamaba la disolución de la Dieta. Al mismo tiempo, los soviets exigían de Estonia y de Letonia (16 de junio) la formación de gobiernos prosoviéticos en Riga y Tallin. El 17, las tropas rusas invadían Letonia y el 1 de julio se declaraba disuelta la entente entre los países bálticos. El 14 de julio, las elecciones celebradas en cada uno de estos tres estados dieron más del 90 por ciento de los votos a la candidatura única presentada por la Unión de Trabajadores. Las tres asambleas así elegidas decidieron la transformación de los países bálticos en repúblicas soviéticas, las cuales solicitaron inmediatamente su incorporación a la Unión Soviética.

Al mismo tiempo que se anexionaba los países bálticos, Rusia se volvía hacia Rumania, la cual se hallaba aislada tanto militar como diplomáticamente. El 14 de diciembre de 1939, Inglaterra había comunicado al gobierno rumano que su ayuda en caso de agresión por parte de la URSS estaba subordinada a la intervención de Turquía. Por lo tanto, Moscú no tenía que temer ninguna resistencia cuando el 26 de junio envió a Bucarest un ultimátum exigiendo la cesión de Besarabia y el norte de Bucovina. El gobierno rumano no podía hacer otra cosa que someterse. El 2 de julio, las tropas rusas ocuparon los territorios cedidos, que pasaron a constituir la República soviética federada de Moldavia.

Rumania, desmembrada en provecho de Hungría y Bulgaria

Inmediatamente, Hungría y Bulgaria reivindicaron a su vez otros territorios rumanos. El 29 de agosto, Von Ribbentrop y Ciano, reunidos en Viena para arbitrar el litigio, pronunciaron su fallo, según el cual Hungría recuperaba la mayor parte de Transilvania, que tuvo que ceder después de la primera Guerra mundial, mientras que Alemania e Italia garantizaban la integridad de las nuevas fronteras rumanas. Era una repetición de la política puesta en práctica poco tiempo antes en Checoslovaquia. Lo que quedaba de Rumania quedaba bajo la soberanía alemana.

El 6 de septiembre, el rey Carol abdicó en favor de su hijo Miguel, y por orden expresa del Reich el general Antonescu implantó en Bucarest un gobierno autoritario. Al día siguiente, y por mandato de Berlín, que acababa de garantizar sus fronteras, Rumania cedía a Bulgaria el sur de Dobrudja. Por último, el 7 de octubre, so pretexto de proteger los petróleos e instruir el ejército, las tropas alemanas ocuparon Rumania.

En diciembre, toda la economía rumana pasaba bajo la tutela alemana y una nueva Comisión del Danubio entregaba al Reich el dominio de dicho río.

Berlín, Roma y Tokio firman un pacto

El pacto germano ruso concertado entre Hitler y Stalin en agosto de 1939 provocó una rectificación en la política exterior japonesa. Considerando que este entendimiento germano ruso era incompatible con el Pacto Antikomintern, al que Tokio se adhirió haciendo de él la base de su política, el gabinete Hiranuma dimitió. Y el general Abe, que formó un nuevo gobierno, adoptó un programa político que volviendo a una neutralidad de hecho entre los beligerantes y aprovechando la imposibilidad en que se encontraban de intervenir en el Extremo Oriente, había de concentrarse exclusivamente en la liquidación del incidente chino.

Pero el incidente chino estaba resultando difícil de resolver a causa de la lucha de guerrillas, que causaba grandes pérdidas al ejército japonés. Por otra parte, la política de imperialismo que Tokio pretendía seguir, amparado por su actitud de neutralidad, hallaba la oposición de los Estados Unidos y la URSS.

Los éxitos de 1940 inducen al Japón a reanudar la colaboración con Alemania

Estas consideraciones y, más todavía, los éxitos logrados por la ofensiva alemana en los Países Bajos, Bélgica y Francia, hicieron que Tokio renunciase a sus veleidades de política independiente. El partido militar alzó de nuevo su voz reclamando compensaciones para el Japón y el gabinete Abe tuvo que dimitir, siendo reemplazado en junio de 1940 por un gabinete que formó el almirante Yonai.

La derrota de Francia dejaba a Indochina indefensa. Inmediatamente, Tokio decidió aprovecharse de ello, y el 20 de junio reclamó y obtuvo del gobierno francés el derecho de establecer bases en Tonkin. El 10 de julio, convencido de que el gobierno de Vichy tendría que someterse a sus exigencias, Tokio solicitó el derecho de trasladar tropas a China a través de Tonkin. Pero el gobierno de Vichy se negó a ello. Ante este fracaso, el gabinete Yonai se retiró y fue reemplazado por el príncipe Konoye, que decidió hacer el juego a los alemanes. En el nuevo gabinete, Matsuoka desempeñó la cartera de Asuntos Exteriores.

El príncipe Konoye, dejando a un lado las instituciones japonesas directamente inspiradas en las de la Europa Occidental, siguió el ejemplo de Alemania e Italia y emprendió la senda del autoritarismo. Todos los partidos fueron disueltos y se constituyó un partido nacional único, cuyo programa implicaba la realización de los grandes proyectos imperialistas del Japón, objetivos que debían culminar en la sumisión y explotación económica de China y de toda la región de los mares del Sur, incluyendo las Indias neerlandesas e Indochina.

Mientras implantaba en el interior un régimen autoritario, el gabinete Konoye entablaba conversaciones con Londres para conseguir que se cerrase el camino de Birmania en dirección a China, por el cual se llevaba a cabo el abastecimiento de armas y material de guerra al ejército de Chiang Kai Chek. E Inglaterra, que se hallaba librando la batalla aérea de Londres, accedió en cerrar dicha ruta durante tres meses. Entonces, volviéndose hacia Francia, Tokio presentó el día 2 de agosto un ultimátum a Vichy exigiéndole la libre disposición de los aeródromos de Indochina y el derecho de tránsito para sus tropas a través del país. Toda resistencia hubiera sido inútil y el 30 de agosto el gobierno del mariscal Pétain firmó un acuerdo sometiéndose a tales exigencias.

El 13 de septiembre, las tropas japonesas ocuparon Langson y el puerto de Haiphong. El 15, otro ultimátum apoyado en una demostración naval exigió de Vichy la cesión de bases navales en Haiphong, Camranh y Kuang-Cheu, al mismo tiempo que la revisión del régimen aduanero de Indochina con objeto de establecer una cooperación económica con el Japón.

El dia 22 de septiembre se firmaba otro acuerdo franco japonés por el que el gobierno de Vichy accedía a todas las exigencias de Tokio.

Tokio firma un pacto con Berlín y Roma

Entonces se dio cuenta Berlín del interés que tenía para el Reich el aproximarse al imperialismo japonés, que forzosamente había de volverse contra las potencias coloniales, esto es marítimas. Por su parte, Tokio estaba decidido a aprovecharse de las victorias de Berlín para arrancar a Francia y a los Países Bajos las colonias de Indochina e Indonesia, por lo menos.

Así, pues, el 27 de septiembre de 1940, Matsuoka, ministro de Asuntos Exteriores del Japón, firmó en Berlín el Pacto Tripartito, por el que Alemania, Italia y el Japón se reconocían mutuamente el derecho a extender su espacio vital en Europa y Asia con arreglo a sus necesidades.

Francia inicia una política de colaboración con Alemania

El Pacto Tripartito debía consagrar la instauración del orden nuevo en el mundo bajo la égida de las potencias signatarias. La Francia de Vichy, que acababa de romper sus relaciones con el gobierno de Londres, creyó llegado el momento de echar los dados.

Y el 24 de octubre de 1940, el mariscal Pétain se reunió con Hitler en Montoire para tomar en consideración —por influjo de Laval— la posibilidad de una colaboración activa, incluso en el aspecto militar.

El sudeste de europa vasallo de Alemania

Pocos días después, Hungría, Rumania y Eslovaquia, en acto de vasallaje, se adhirieron al Pacto Tripartito. El rey Boris intentó sustraer a Bulgaria de esta imposición, pero Hitler le convocó en Berchtesgaden (17 de noviembre) y le pidió la adhesión a cambio de la anexión de Macedonia y de una salida al mar. Pero el zar búlgaro no dió respuesta a tales proposiciones y ante esta actitud las tropas alemanas ocuparon Bulgaria el 2 de marzo de 1941.

Italia emprende la ofensiva en Egipto y Grecia, y fracasa

El Pacto Tripartito reservaba el mar Mediterráneo a Italia como zona de expansión. Cuando tuvo efecto la firma, las fuerzas italianas de Libia acababan de emprender la ofensiva contra Egipto y arrebatado a los ingleses Sidi-Barrani (18 de septiembre).

El 28 de octubre, pretextando ciertas atrocidades cometidas por los griegos en Albania, Roma mandó un ultimátum a Atenas exigiendo la ocupación por sus tropas de varios puntos estratégicos en territorio griego, necesarios para la guerra contra Inglaterra.

Ante la negativa de Atenas, 200.000 italianos concentrados en Albania cruzaron la frontera griega. Yugoslavia, a pesar del pacto que la ligaba a Grecia, se declaró neutral, e Inglaterra, fiel a sus compromisos, acudió en socorro de Grecia desembarcando tropas en Creta el 4 de noviembre. El 11, la aviación inglesa destruyó la escuadra italiana fondeada en el puerto de Tarento. Al mismo tiempo, una contraofensiva griega rechazo a las tropas italianas al otro lado de la frontera e incluso invadió el territorio albanés.

El ejército inglés rechaza de Egipto a los italianos

En el norte de África, una contraofensiva rechazaba de Egipto a los italianos y las tropas inglesas se internaban en la colonia italiana de Libia, apoderándose de Bardia y luego de Benghasi (7 de febrero de 1941). Cuando se dio fin a estas operaciones se habían capturado unos 135.000 prisioneros.

Intervención alemana en los Balcanes

Los fracasos que Italia estaba sufriendo en Grecia y en África no podían dejar indiferente a Alemania. El 2 de marzo de 1941, Hitler, después de obligar a Bulgaria a adherirse al Pacto Tripartito, mandó tropas para que ocuparan el país con objeto de impedir un desembarco inglés en Grecia.

Yugoslavia, impresionada por la presencia de los alemanes en Bulgaria, se adhirió también al Pacto Tripartito el 25 de marzo, pero el 27 un golpe de estado que se produjo en Belgrado obligaba al príncipe Pablo a abandonar la regencia y elevaba al trono al rey Pedro, de diecisiete años de edad. El general Simovitch formó un gobierno de unión nacional y firmó el 5 de abril un pacto de no agresión con la Unión Soviética.

Inmediatamente, Alemania acusó a Yugoslavia de haber violado el Pacto Tripartito y el 6 de junio las tropas alemanas pasaron las fronteras de Grecia y Yugoslavia. Como represalia por las supuestas atrocidades cometidas por los yugoslavos a los alemanes, Belgrado fue atacado por los Stukas, que causaron más de 12.000 víctimas. El 10 de agosto, los alemanes habían entrado en Zagreb y en Salónica; el 13, ocuparon Belgrado y establecieron contacto con el ejército italiano que operaba en Albania. Pero hubo de detenerse ante la resistencia de los ingleses en Tobruk, donde la batalla había de prolongarse todo el verano.

Inglaterra libera a Etiopía

Mientras se libraba en Europa la batalla de los Balcanes, Inglaterra realizaba un vigoroso esfuerzo en África y en Asia Menor. A principios de 1941, las tropas inglesas conquistaron la Somalia italiana y penetraron en Eritrea y en Etiopía por el Sur, mientras un cuerpo colonial belga organizado en el Congo atacaba a Etiopía por el este. El 5 de mayo los ingleses entraron en Addis Abeba y repusieron al Negus en su trono. Con las últimas fuerzas italianas que se rindieron a los belgas en Amba-Alagi se entregó el Duque de Aosta, virrey de Etiopía.

El Irak se subleva contra Inglaterra

La situación en el Asia Anterior adquiría entonces caracteres alarmantes. El Irak, aliado de Inglaterra, había roto sus relaciones con Alemania en 1939, pero ahora, después del derrumbamiento de los ejércitos aliados en Occidente, el regente Abdul Illah se negaba a adoptar la misma decisión con respecto a Italia.

Los fracasos sufridos en Cirenaica, la invasión de Grecia y Yugoslavia y el avance de los ejércitos alemanes en el Cáucaso, comprometían la situación de Inglaterra en el Oriente Medio. Y Churchill, temeroso de perder el Irak, de donde el ejército británico se suministraba de la mayor parte del carburante para la escuadra y la aviación, dio las órdenes para que una brigada india ocupase rápidamente Basora.

Esto, que era una violación del tratado de protectorado firmado en 1921, produjo inmediatamente en el ejército una violenta agitación nacionalista. Aprovechándola, Rachid Alí se hizo con el poder mediante un golpe de estado disolvió el Parlamento y, animado por el Gran Mufti de Jerusalén, que entonces se hallaba refugiado en Bagdad, sostenido por Egipto y el Irán, proclamó la independencia del Irak el día 24 de abril de 1941, mientras el rey Ibn Saud concentraba sus tropas en la frontera de Koweit.

Sin embargo, Jordania, cuyo ejército se encontraba a las órdenes del inglés Glubb Bajá, mantenía su fidelidad. Y con su ayuda, las fuerzas de que Inglaterra disponía sobre el terreno avanzaron hacia Bagdad, que se rindió el 31 de junio, volviendo así a Inglaterra el dominio del territorio y de sus petróleos.

Vichy cede los aeródromos de Siria a Alemania

Después del fracaso experimentado por Alemania en sus tanteos para invadir Inglaterra, el general Pétain quiso hacer marcha atrás en la colaboración con Alemania y en diciembre de 1940 destituyó a Laval, reemplazándoło por Flandin en Asuntos Exteriores. Por el otro lado, el general De Gaulle, actuando como jefe de la Francia Libre y después de instaurar el Consejo de Defensa del Imperio, había puesto en pie de guerra un ejército francés dispuesto a reanudar la lucha contra el Eje. Estas actividades inquietaban al mariscal Pétain.

Ante estos acontecimientos, en las esferas dirigentes de Vichy se manifestó una fuerte corriente en el sentido de tomar parte en la guerra al lado de Alemania. El almirante Darlan, anglófobo furibundo, parecía ser su impulsor. En febrero, el mariscal destituyó a Flandin, nombrando a Darlan y designándolo como sucesor del jefe del Estado.

Darlan se acercó inmediatamente a Alemania y preparó la cesión de las bases de Bizerta y Dakar a los alemanes; sólo le impidió llevarlo a cabo el temor de que dichos puertos cayesen en poder de la Francia Libre y la presión ejercida por el almirante Leahy, embajador de los Estados Unidos en Vichy.

Cuando el Irak se levantó contra Inglaterra, Darlan creyó llegado el momento de ponerse al lado de Alemania. Hitler estaba deseando disponer de los aeródromos de Siria para apoyar a Rachid Alí contra Inglaterra. Darlan, convocado en Berchtesgaden, no puso dificultad alguna a la cesión, pero la rapidez de la ofensiva inglesa impidió la réplica alemana.

Entretanto, Darlan redactaba en Berchtesgaden el texto de un tratado que pensaba someter al mariscal y en cuyos términos Hitler, en compensación por haberle permitido el uso de las bases de aviación en Siria, prometía a Francia las armas necesarias para la reorganización de un ejército, que se dedicaría especialmente a reconquistar las colonias africanas dominadas por De Gaulle, para después tomar parte en la guerra al lado de Alemania.

En esta inteligencia, se dio a las tropas francesas estacionadas en Siria la orden de resistir por las armas a las fuerzas de la Francia Libre que avanzaban para ocupar los aeródromos, en los cuales ya habían aterrizado algunos aviones alemanes. El 8 de junio se entabló una lucha entre las tropas gaullistas y las de Vichy. Para conseguir el apoyo de la población, el general Catroux, comandante en jefe de las fuerzas de la Francia Libre, lanzó una proclama concediendo la independencia al Líbano y a Siria y dando por terminado el mandato francés. El 24 de junio, De Gaulle le nombró delegado de la Francia Libre en Oriente Medio para negociar alianzas y proteger los intereses franceses.

El 21 de junio, los ingleses entraron en Damasco y el 14 de julio capitularon las tropas de Vichy. En los términos del armisticio que se firmó, Inglaterra se comprometía a dejar Siria bajo la autoridad de la Francia Libre y a no intentar sustituir la influencia francesa por la suya. Sin embargo, y de acuerdo con las promesas hechas por el general Catroux, se renunció oficialmente al mandato francés. Fue constituido un gobierno sirio bajo la presidencia del jeque Tageddine el Hassani, mientras el general inglés Spear se instalaba en Damasco para vigilar la gestión de los agentes del general De Gaulle.

Ingleses y rusos ocupan el Irán

El Irán se había pronunciado por Rachid Alí, e Inglaterra, instalada de nuevo en Bagdad, se volvió hacia el Irán una vez resuelto el problema sirio. El 25 de agosto, las fuerzas británicas, conjuntamente con tropas enviadas por Moscú —en guerra ya con Alemania desde junio de 1941—, penetraban en Persia. Ocuparon Teherán, obligaron a Rheza Sha Pahlevi a abdicar, lo desterraron a la isla Mauricio y el 28 de diciembre un tratado anglo ruso iraniano concedía a ambas potencias el derecho a ocupar el país hasta el fin de las hostilidades.

En cuanto a Ibn Saud, los ingleses le intimaron a retirar sus tropas de la frontera de Koweit, orden que se apresuró a cumplir.

Todo el Oriente Medio volvía, pues, a estar bajo el dominio inglés. Mientras tanto, la intervención en Vichy del general Weygand impedía que Pétain firmase el tratado preparado y rubricado por Darlan.

PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Ed. Éxito, 1961, t. 8 págs. 261-298