Guerra Secesión Americana

La crisis financiera de 1857 planteó de modo apremiante la cuestión de los derechos proteccionistas. Los estados del Norte, cada vez más industrializados, y por lo tanto directamente afectados por la crisis, se mostraban, como nunca, partidarios del proteccionismo aduanero, a cuyo amparo esperaban levantar su desorganizada economía, mientras que los del Sur, deseosos de enjugar las pérdidas de 1857 con el incremento de las exportaciones de algodón, propugnaban el librecambio que reduciría el precio de coste de su producción y facilitaría su venta al extranjero.

Ante la cuestión aduanera, las hondas divergencias se acentuaron y los debates sobre la esclavitud cobraron nueva virulencia, sin que surgiese solución alguna viable. La tesis de la independencia de los estados frente al poder federal fue llevada adelante por el Sur como única manera de soslayar el conflicto, que se ventilaba con la reelección del presidente de la República en 1860. Durante la campaña electoral, Jefferson Davis expuso al Senado este programa de los demócratas: subordinación del gobierno federal a la soberanía de los estados prohibición por parte de los legisladores y del Congreso de suprimir la esclavitud. Esta actitud, que hacía del mantenimiento de la esclavitud un principio constitucional, provocó la escisión de los demócratas. La fracción escindida se contentaba con reclamar que cada estado zanjase libremente la cuestión, mientras el grueso del Partido Demócrata se convertía en el fiel portavoz de los estados del Sur, frente al Partido Republicano que agrupaba a los del Norte en torno a la candidatura de Lincoln, solicitando el mantenimiento de las tarifas proteccionistas y la prohibición de la esclavitud, salvo en los estados donde es tuviese ya implantada. Elegido presidente Lincoln, Carolina del Sur se negó a admitir el veredicto popular, convocando a sus electores para elegir una convención secesionista. Esta asamblea adoptó (1860) por unanimidad una Declaración de independencia Jefferson Davis, presidente de los estados confederados del Sur, abolió el acta de 1788 y declaró disuelta la unión de Carolina del Sur con los Estados Unidos. Uno tras otro, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Tejas adoptaron la misma actitud. Y en febrero de 1861, los siete estados secesionistas formaban la Confederación del Sur.

La guerra de Secesión

Al asumir sus funciones, en marzo de 1861, Lincoln se encontró ante el hecho consumado de la secesión. Consideraba que en una democracia la minoría debe inclinarse ante la mayoría y se negó a reconocer a los estados del Sur el derecho de deshacer unilateralmente la Unión. Los sudistas, decididos a separarse, rompieron las hostilidades apoderándose de un fuerte que dominaba el puerto de Charleston. Sin pérdida de tiempo, Lincoln llamó a filas a 75.000 voluntarios y la respuesta fue inmediata: Carolina del Norte, Virginia, Tennessee y Arkansas se unieron a la Confederación del Sur, mientras Delaware, Maryland, Kentucky y Missouri, estados del Sur, tomaban las armas y formaban con los unionistas.

Las fuerzas contendientes

Los estados unionistas contaban con 21 millones de habitantes y disponían de las grandes finanzas, de los recursos industriales y de la marina. Desde su comienzo, la lucha adquirió una amplitud que revelaba hasta qué punto, más que un conflicto político, era aquél un duelo entre dos sistemas sociales. El Sur, con 10 millones de habitantes de los que cuatro eran negros, estableció el reclutamiento forzoso, poniendo en pie de guerra a 850.000 hombres frente al Norte, que con el servicio obligatorio reclutó 2 millones. El Sur tenía en favor suyo la inmensidad de sus territorios, casi tan grandes como toda la Europa occidental.

En ambos bandos la guerra impuso medidas legislativas y financieras. En el Sur, unas y otras fueron dictadas por el bloqueo unionista de sus costas, que al impedir toda relación comercial con Europa cerraban la exportación al algodón, su mayor fuente de ingresos, y la importación a los víveres indispensables. El gobierno tomó, pues, en sus manos la dirección de toda la economía y organizó el abastecimiento del país, aunque siempre vio su poder limitado por la autonomía local de los estados. Privado de la exportación del algodón, tuvo que recurrir a la inflación. En 1863, la moneda del Sur solo representaba el 44 por ciento de su valor nominal, cifra que descendería a 1,6 al final de la contienda.

El Norte disponía de muchos más recursos. Dueño del mar, pudo seguir en sus actividades industriales y mercantiles, a la vez que con los suministros de guerra y las tarifas proteccionistas enriquecía su industria. La vida financiera del país continuó, pues, normalmente. De todas formas, tampoco el Norte se libró de la inflación. Se emitieron 1.200 millones de dólares en bonos y obligaciones, así como 400 millones en billetes de banco. Estas emisiones obligaron a una reforma en la organización financiera y bancaria, y la moneda perdió el 65 por ciento de su valor, pero el Estado estuvo siempre en condiciones de financiar la guerra, amén de subvencionar en plena lucha la construcción de un ferrocarril transcontinental y la mecanización de la agricultura del Oeste, grandemente impulsada, además, por 800.000 emigrantes europeos y por las nuevas leyes que otorgaban a cada colono establecido un lote de 65 hectáreas de tierra, echándose así los cimientos para la creación de una clase de propietarios rurales capacitados, gracias a su utillaje mecánico, para el cultivo intensivo de exportación.

Los dos primeros años de guerra fueron favorables al Sur, pero en 1863 el Norte tomó la iniciativa. Su primer acto fue la proclamación (enero de 1863), por el presidente Lincoln, de una ley que liberaba a los esclavos de todos los estados ocupados por los unionistas. Después, con la caída del valle del Mississipi, que cortaba el abastecimiento de sus ejércitos, la suerte de la Confederación sudista estaba echada. Finalmente, los unionistas se apoderaron de la capital del Sur, Richmond, obligando a los sudistas a capitular (abril de 1865). Algunos días después, Lincoln, reelegido presidente en 1864, caía asesinado.

Esta victoria de los nordistas puede considerarse como el acontecimiento histórico más importante desde la caída del Imperio francés. Con ella se implantaba en todos los estados de la Unión una misma unidad civilizadora, que no se basaba en consideraciones políticas, sino en sociales y que iba a ser definitiva. De este modo, una de las naciones de mayor extensión territorial del mundo se adhería a la concepción social que tras larga evolución histórica se había forjado en el occidente de Europa. Los Estados Unidos, con sus 7.836 millones de kilómetros cuadrados, poblados por más de 30 millones de habitantes y sus inmensos recursos abiertos al Atlántico y al Pacífico, estaban llamados a ser en corto plazo el más poderoso representante de esa civilización fundada sobre la libertad individual, surgida en el Viejo Continente.

Se comprenderá, pues, que mucho más que la unidad italiana o alemana, entonces sobre el tapete, fuese la unidad de los Estados Unidos el acontecimiento mundial de más decisivas consecuencias para el futuro destino del universo. La victoria de los nordistas hizo del Atlántico Norte un mar interior que solo bañaba las costas de países regidos por las mismas instituciones económicas, sociales y políticas, La evolución histórica que impulsaba a los pueblos marítimos atlánticos hacia una misma meta civilizadora acababa de entrar en una capa decisiva. La guerra de Secesión americana había lijado el destino de los pueblos occidentales.

PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Ed. Éxito, 1961, t. 6 págs. 94-99