Los Agraviados o Malcontents

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La Revuelta 1827

La Revuelta

Movimiento rebelde promovido en Cataluña por los partidarios del absolutismo apostólico en defensa de un régimen de esta naturaleza. Estaban apoyados clandestinamente por la facción política de este nombre, y el de agraviados o perseguidos les venía de los nobles españoles que en la guerra de sucesión entre las armas del archiduque Carlos y las de Felipe V tomaron partido por la Casa de Austria y no fueron reconocidos por el rey como Grandes de España, aunque tampoco sufrieron menoscabo en sus títulos ni en sus bienes. Se consideraron entonces como más agraviados los catalanes por haber sido sustituido su virrey, príncipe Jorge de Darmstadt, por el conde de Palma, y los aragoneses, que hubieron de padecer las medidas que tomó contra ellos el cardenal Portocarrero.

Esta revuelta de agraviados de 1827 fue, en realidad, una continuación o derivación de la llamada Regencia de Urgell, constituida para proclamar el más extremo absolutismo en la Iglesia y el Estado. Los dichos insurrectos formaron una Junta en Cervera presidida por Josefina Comenford, y se nombró jefe de los voluntarios que pudieran reunirse a José Montaner. Simultáneamente y de acuerdo con la Junta de Cervera se preparó otra conjuración en Manresa, dirigida por Agustín Saperes, conocido con el apodo de el Caracol, y de la que formaron parte buen número de religiosos.

Después de publicar Saperes una alocución (31-VIII-1827) se lanzó a la lucha, logrando conmover a casi toda Cataluña. El Gobierno de Fernando VII destinó al general conde de España a combatir a los insurrectos. El rey tomó el camino del Principado y dirigió desde Tarragona una alocución a los revoltosos, deponiendo algunos las armas y acogiéndose a la clemencia del soberano, mientras otros batidos, acosados y muertos por el conde de España. En Manresa este general reconvino en términos duros a los religiosos del convento de Santo Domingo, y en Vich recordó al prelado que el obispo Acuña, en el siglo XVI, fue ahorcado en Simancas. Sofocada la insurrección, el conde de España castigó a los más importantes caudillos con la horca.

Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey y pretendiente a la corona, que conoció los planes de los insurrectos, no los condenó ni rechazó, y sobre el ministro Calomarde, que acompañó al rey al Principado, recayeron vehementes sospechas de complicidad. El arzobispo Creus, de Tarragona denunció a su Majestad toda la conspiración, y le entregó los papeles que comprometían a Carlos, no pudo ya quedar duda al rey de la culpabilidad de su hermano. Entre los que lograron huir al extranjero se hallaban José Bussons Jep dels Estanys, vencido en Berga por las tropas del conde de España. Bussons, que contaba con el favor de personas importantes, se animó a regresar a Cataluña, saliendo de Perpiñán con cinco ayudantes; pero presos todos por las tropas del conde de Mirasol, fueron arcabuceados (13-11-1828) en las alturas de la villa de Olot.

DE LA VILLA, Justa, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 60.