5ª Guerra-Francia s.XVI

Índice

La Guerra 1557-1559
Paz de Cateau-Cambresis 1559

La Guerra

La guerra entre Felipe II y Enrique II fue motivada por la acometividad de Paulo IV, que, impulsado por sus familiares, los Carafa, se lanzó a la guerra contra España. Los Carafa, defraudados en la tregua de Vaucelles, procuraron inclinar la voluntad del rey de Francia hacia una intervención en apoyo del Pontífice. El cardenal Carlos, hermano de Paulo IV, partió a la corte francesa para negociar un tratado de alianza, aprovechando la rivalidad franco-española Pastor, Historia de los Papas, tr. esp. del padre Montserrat, Barcelona, 1927, XV, pág. 111 ss.

Enrique II estuvo indeciso algún tiempo y solo cuando el duque de Alba amenazó a Roma se decidió a romper la tregua de Vaucelles y apoyar al Papa (febrero de 1557). Un ejército al mando del duque de Guisa pasó a Italia y a comienzos de marzo se presentó en Roma, continuando después hacia Nápoles. Felipe II, entre tanto, preparó un invasión por Picardía, con la ayuda inglesa que logró obtener de su esposa, María Tudor.

Dispuso un fuerte ejército en el que formaron tropas españolas, flamencas, walonas, inglesas y mercenarios alemanes y húngaros, del que nombró jefe a Manuel Filiberto de Saboya. Este avanzó hacia Marienburgo para atraer la atención francesa hacia aquella plaza; pero rápidamente cambió de rumbo, y, a marchas forzadas, en una admirable operación estratégica, se presentó ante San Quintín, plaza que defendía el almirante Coligny con solo un millar de hombres. Para desbloquear la plaza acudió en seguida el condestable de Montmorency.

Ante la ciudad se dio entonces la batalla de su nombre (10 agosto de 1557), cuyo resultado fue un brillante triunfo español, que abría el camino de las tropas de Manuel Filiberto hacia París. Enrique II llamó precipitadamente al duque de Guisa de Italia para cubrir la capital francesa, que conoció momentos de pánico. El plan de Manuel Filiberto estaba cuidadosamente preparado: mientras el marcharía hacia París, desde Borgoña podía ocuparse Lyon, centro de las entidades bancarias del país y donde podía obtener el rey francés el necesario dinero para proseguir la lucha.

Carlos V, desde su retiro de Yuste, aprobó este plan. Pero las dificultades económicas eran grandes también en la corte española de Bruselas y Felipe II tenía miedo de la capacidad de defensa de la ciudad de París. La indecisión del rey fue suficiente para malograr los planes españoles, permitiendo al ejército francés reponerse. Enrique II , de acuerdo con el duque de Guisa, llegado de Italia, preparó un audaz golpe sobre Calais. Guisa, imitando la estrategia de Manuel Filiberto, mientras hacía una finta contra Flandes, se desvió de repente hacia Calais, plaza en la que los ingleses, considerándola inexpugnable, no se habían preocupado de introducir más tropas, y se apoderó de ella en enero de 1558.

Desde allí se dirigió Guisa hacia el Luxemburgo, tomando Thionville, y amenazando el camino de Bruselas. El conde de Egmont, le opuso su caballería en Gravelinas, lugar donde se trabó un combate indeciso, en el que colaboraron los cañones de la escuadra inglesa desde el canal (julio de 1558). A partir de este momento, equilibrado empuje de los dos beligerantes, y aquejados de dificultades financieras insuperables, la firma de la paz era inaplazable. Después de largas negociaciones, en abril de 1559 aceptaron la paz de Cateau-Cambrésis.

VÁZQUEZ DE PRADA, Valentín, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 277-278.

Paz de Cateau-Cambresis 1559

La paz de Cateau-Cambrésis cierra la larga lucha entre España y Francia, iniciada con Carlos V y Francisco I en 1521. Las paces o treguas intermedias (Madrid, Cambray, Niza, Crespy y Vaucelles), no fueron nunca definitivas, porque no respondían a un agotamiento total de los contendientes, sino a necesidades políticas momentáneas. Pero, rota la paz de Vaucelles por la voluntad de Paulo IV, la lucha se renueva con mayor gravedad.

El fracaso del duque de Guisa en Italia, hizo a Enrique II desistir, al menos por el momento, de sus designios sobre este país. Por otra parte, la necesidad de la paz era inaplazable. Los dos beligerantes estaban física y económicamente agotados. Felipe II tenía ganas de volver, después de cuatro años de ausencia, a España, donde su padre acababa de morir (21 septiembre 1558). La casi simultánea muerte de su esposa, María Tudor (17 de noviembre) le quitó todo interés por la recuperación de Calais, la plaza francesa que los ingleses habían tenido tanto tiempo.

Sentía que los Países Bajos estaban cansados de contribuir a una guerra en la que no se ventilaba para ellos ningún interés y que una agitación religiosa se avecinaba allí. Por su parte, Enrique II quería ver al condestable Montmorency, preso en los Países Bajos, de cuyo consejo no podía prescindir, y que había emprendido equívocas negociaciones de paz, desde su prisión de Gante. Existía, sin embargo, un partido belicista en la corte francesa, representado por la reina Catalina de Médicis y los duques de Guisa. Pero Enrique se inclinaba más hacia el condestable. Tenía, por otra parte, prisa en concluir la paz para exterminar al protestantismo, que crecía cada día más pujante.

En mayo de 1558 comenzaron las negociaciones en Marcoing, cerca de Lille, entre el cardenal Granvela y los Guisa, pero todavía sin consideración oficial. En octubre se reanudaron en la abadía de Cercamps, ya de manera formalizada, y concluyeron en el castillo de Cateau-Cambrésis, donde se firmó la paz (2 y 3 de abril de 1559). El 2 de abril se firmó el tratado anglo-francés. El punto más debatido fue la cuestión de Calais. Al fin se acordó que Francia retendría la plaza de Calais durante ocho años, acabados los cuales debería devolverla o pagar a Inglaterra 500.000 escudos de oro.

La paz hispano-francesa se firmó el 3 de abril. Según algunos autores Ruble, Le traité de Cateau Cambrésis, Paris, 1889, Romier, Les origines politiques des guerres de reli gion, Paris, 1916, 2 vols,, vol II la paz de Cateau Cambrésis fue, ante todo, una reconciliación para hacer frente a la herejía, lo que le dio una semejanza de Santa Alianza aunque parece un poco exagerado afirmar esto, ante la consideración de agotamiento económico de los beligerantes.

La paz estaba basada en una restitución recíproca de las plazas conquistadas: Enrique recuperaba las plazas del Sommer, abandonaba Córcega a los genoveses, protegidos de Felipe II, y renunciaba definitivamente a sus apetencias sobre Milán. La cuestión nudal fue Saboya, ocupada por Francisco I en 1536 y disputada desde entonces, El sacrificado resultó Manuel Filiberto, pues si se le devolvían Saboya y Piamonte, Francia se quedaba en prenda con una línea de fortalezas allende los Alpes (Turín, Chieri, Pignerolly, Chivasso y Villanova d'Asti). Como garantía de la paz, Isabel de Valois, hija de Enrique II, casaba con Felipe II, y Manuel Filiberto, duque de Saboya, con Margarita, hermana del rey francés.

La paz de Cateau Cambrésis señala el fallo completo de la política francesa en Italia y el comienzo de una época de predominio español en Europa, la época de la Contrarreforma. Esta paz fue acogida con desagrado en Francia.

VÁZQUEZ DE PRADA, Valentín, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, pág. 796.