Guerra de Sucesión de Polonia

Datos históricos

Fecha: 1733-1735
Bando 1: Augusto III
Bando 2: Estanislao I

El conflicto

El tratado de Sevilla (1729) y los de Viena (1731) no conservaron mucho tiempo el reconocimiento de la absoluta hegemonía inglesa ni la actitud secundaria de Francia. En 1733, sin que pudiera impedirlo Inglaterra, que se hallaba en un momento de deseo de paz, estalló una guerra europea, cuyos orígenes inmediatos, aunque eran varios, se hallan en el acuerdo austro-ruso de 1726 para imponer la hegemonía de ambas potencias en el Oriente de Europa, y en especial sobre Polonia y contra Turquía.

En Polonia reinaba Augusto II, elector (soberano) al mismo tiempo de Sajonia; Polonia se encontraba ya mediatizada por sus vecinos, y el partido nacional quería poner fin a tal situación, remachada al colocar los partidarios de Austria y Rusia al rey bajo un verdadero condominio de estas.

En Alemania Carlos VI logró un éxito, frente a las intrigas francesas, al conseguir la garantía de su Pragmática Sanción, que aseguraba la sucesión austriaca para su hija María Teresa y la corona imperial al príncipe que se casara con ella. Francia, continuando su política anti austriaca, firmó un tratado de subsidios con Augusto II, se alió con Carlos Alberto, elector de Baviera y candidato al Imperio, y apoyó la sucesión de Polonia en favor de Estanislao Leszczynski, candidato nacional y suegro de Luis XV, prometiendo en cambio a Augusto II una desmembración de Austria.

En frente Rusia y Austria decidieron eliminar a Estanislao y al hijo de Augusto y colocar en Polonia a un infante portugués; Augusto II quiso defenderse ofreciendo un primer reparto de Polonia, con la cesión de algunas regiones a sus vecinos, incluso a Prusia. Augusto murió en 1753 y le sucedió su hijo Augusto III, apoyado no obstante por Austria y Rusia, mientras que el partido nacional proclamaba a Leszczynski, pronto expulsado por los rusos.

Francia fue a la guerra, apoyada por Cerdeña, Baviera y Suecia y una promesa turca. Isabel Farnesio vio de nuevo una ocasión para satisfacer sus aspiraciones, pues aunque Carlos (III) ya era soberano de Parma y Placencia y tenía la expectativa de Toscana, deseaba ahora para él Nápoles y Sicilia. Inglaterra se mantuvo neutral, no viendo comprometidos inmediatamente sus intereses y dejó sola a Austria. Por el tratado de El Escorial de 7 de noviembre de 1733 —completado por otro secreto del 24— o Primer Pacto de Familia, se garantizaba la recuperación de Gibraltar, la concesión a Francia de los privilegios comerciales ingleses y los derechos de los Borbones españoles, no solo a Parma y Toscana, sino también a Nápoles y Sicilia.

La guerra se llevó flojamente y sin mucho interés por parte de los beligerantes, pues el ministro francés Fleury aspiraba en el fondo a una alianza con Austria. Polonia cayó en poder de los austro-rusos, Suecia se separó de Francia; esta se apoderó de Lorena (1733) y al año siguiente tomaron los franceses Philippsburg al príncipe Eugenio pereciendo el duque de Berwick.

Carlos (III) sí llevó con vigor la guerra por su parte. Dieciséis mil hombres al mando de Montemar pasaron a Italia y en Siena don Carlos, a pesar de su extremada juventud, asumió su mando (24-II-1734) e invadió Nápoles, apoyado por una escuadra; no faltaban partidarios de España allí y tenía pocas simpatías la soberanía alemana; prometió don Carlos abolir los nuevos impuestos y no introducir tribunales nuevos —la Inquisición—; los generales austríacos estaban indecisos y don Carlos pudo ocupar sin dificultades la capital (10-IV-1734), proclamándose rey, por previa decisión de su padre. La conquista fue concluida con la victoria de Bitonto (25-V-1734), ganada por Montemar.

La recuperación de Nápoles y Sicilia, por conveniencias internacionales, no se haría en provecho de la monarquía española, anulando el tratado de Utrecht, sino de la dinastía, permaneciendo separadas ambas coronas. Se completó esta recuperación con la de Sicilia, antes aún de que capitulasen las plazas de Gaeta, Pescara y Capua, desembarcando allí también Montemar, en Palermo, y rematando la conquista con la toma de Trápani el 21 de julio. En el norte de Italia perdieron los austríacos la batalla de Parma, con muerte de su general, Mercy, y Starhemberg no pudo restablecer la situación. Entabladas negociaciones, Montemar no pudo proseguir la campaña en el norte de Italia, donde se puso fin a la guerra por un armisticio el 10 de diciembre de 1735. La guerra general terminó por el tratado de Viena de 1738.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 703-704.