En la batalla de Pavía, los ejércitos de Carlos V vencieron a los de Francisco I de Francia.

En la batalla de Pavía, los ejércitos de Carlos V vencieron a los de Francisco I de Francia.


Guerras entre Carlos V y Francisco I

Estas famosas guerras fueron cuatro, aunque Carlos V hubo de sostener otra con el sucesor de Francisco I, Enrique II. Cinco causas principales determinaron la hostilidad entre Carlos y Francisco: a) La rivalidad, que hereda Carlos V, entre los duques de Borgoña y los reyes de Francia. b) La elección de Carlos al imperio de Alemania. c) La rivalidad francoaragonesa, es decir, la lucha por la hegemonía en Italia. d) La disputa por la posesión de Navarra Merriman, Carlos V, el emperador..., Buenos Aires, 1940, págs. 162 163.. e) El cerco asfixiante que ponían a Francia los territorios de los Habsburgo en Europa y sus alianzas.

Primera guerra (1521-1526) Las hostilidades comenzaron con una invasión del Luxemburgo (1521), realizada por Robert de la Marck; los imperiales respondieron conquistando Tournay. Francisco I, aprovechando las dificultades internas de Castilla por el movimiento de las Comunidades, ordenó al mariscal Lesparre la invasión de Navarra (1521). Lesparre, después de apoderarse de Pamplona y llegar hasta Logroño, fue derrotado en Noain. Carlos V logró atraerse al cardenal Wolsey y con él a Enrique VIII de Inglaterra, firmándose la alianza en Windsor. En Italia logró también Carlos la unión con León X (1521). Los franceses, que poseían el Milanesado desde la batalla de Marignan (1515), fueron expulsados de él por un ejército que mandaba Próspero Colonna. Un intento francés de recuperar el Milanesado. efectuado por Lautrec, fue deshecho en Bicocca. Los Sforza se instalaron en Milán y los Adorno en Génova. Venecia y el nuevo pontífice Adriano VI se unieron al emperador. El condestable de Borbón, enemistado con Francisco I, se pasó al bando imperial.

El duque de Norfolk invadió Picardía a la cabeza de un ejército inglés. Francia supo reaccionar: los ingleses fueron rechazados hasta Calais y Francisco ordenó a Bonnivet la reconquista del Milanesado. Pero este fracasó; el ejército imperial había sido reforzado con levas de Clemente VII (elegido Papa en diciembre de 1523) y puesto bajo el mando de Lannoy y Borbón, que le rechazaron. Bayardo murió al proteger la retirada (1524). Las tropas imperiales avanzaron por la Provenza, sitiaron infructuosamente a Marsella y hubieron de retirarse (septiembre 1524). El rey de Francia no renunciaba al Milanesado: en octubre de 1524 se puso a la cabeza del ejército francés y atravesó los Alpes; ocupó con facilidad Milán, y los imperiales se refugiaron en Lodi. Antonio de Leyva se encerró en Pavía y Francisco I sitió la plaza; el ejército imperial de Lodi recibió refuerzos, avanzó hacia Pavía y aplastó al francés ante los muros de la ciudad (25 de febrero 1525). Francisco I fue hecho prisionero y conducido a Madrid. El tratado de Madrid (1526) dio fin a la primera guerra

Segunda guerra (1526-1529) Francisco no pensó cumplir el tratado de Madrid; temeroso de la preponderancia imperial, Clemente VII y los Estados italianos se unieron a Francia por la Liga de Cognac (marzo 1526). Carlos V contestó atacando al Papa, y las tropas indisciplinadas de Borbón cometieron lamentables excesos en el Saco Roma (1527). Inglaterra se alió a Francia. y Francisco I envió a Italia un fuerte ejército. La campaña de Lautrec llevó a los franceses al sitio de Nápoles (1528); pero la defección de Andrea Doria salvó a la ciudad; el ejército francés fue derrotado en Aversa, y una nueva expedición fue contenida en Landriano (Milanesado, 1529). La guerra terminó por la paz de Cambray o de las Damas (1529).

Tercera guerra (1535-1538) La paz de Cambray se mantuvo durante seis años, y la guerra que recomenzó al cabo, tuvo un carácter diferente a las anteriores. La reconquista del Milanesado seguía siendo la idea fija de Francisco I; la muerte del duque Francisco Sforza (noviembre 1535) suponía la reanudación de las hostilidades al recaer el ducado de Milán en la órbita del imperio. En febrero de 1536 el rey de Francia invadió el Piamonte y Saboya. Carlos V pensó atacar a Francia por cinco lados: él mismo, con Antonio de Leyva, al frente de un gran ejército invadió de nuevo la Provenza y llegó hasta Aix, pero hubo de retirarse. Los otros asaltos desde Flandes fracasaron igualmente. La guerra acabó por la tregua de Niza (1538).

Cuarta guerra (1541-1544)El problema de Milán seguía sin solucionarse, y, al conceder el emperador la investidura del ducado a su hijo Felipe II (1540), la guerra se hizo inevitable. El pretexto fue el asesinato de los enviados franceses Fregoso y Rincón, cuando iban camino de Constantinopla, ordenado en el Milanesado por el marqués del Vasto. Enrique VIII de Inglaterra se unió a Carlos V y cruzó el canal. Francisco I organizó varios ejércitos: el duque de Vendôme invadió Artois y Flandes (julio 1542); hacia Cleves avanzó Martín van Rossem, mientras el duque de Orleáns penetraba en Luxemburgo. El ataque de otro ejército francés, que, con el Delfín al frente, entró en el Rosellón, fracasó ante Perpiñán (1542).

El rey cristianísimo se había aliado con los turcos: Solimán el Magnífico llegó hasta Viena, y, en el Mediterráneo, Barbarroja, unido al duque de Enghien, se apoderó de Niza, invernando ambas flotas unidas en Tolón. El emperador logró subsidios, juntó tropas e inició la ofensiva contra el duque Guillermo de Cleves, aliado de Francia; al frente de su ejército conquistó Düren y Juliers, el duque imploró perdón y renunció a Güeldres y Zutphen. En el Sur, el duque Enghien derrotó al marqués del Vasto en Cerisoles (abril 1544), pero esta victoria no tuvo resultados tangibles. Asegurada la neutralidad de la Liga de Esmalcalda en la Dieta de Espira (1544), Carlos invadió Francia: tomó Saint-Dizier y avanzó entre el Marne y el Mosa. El ejército francés se retiraba sin presentar batalla. Pasó el emperador por Epernay y, sin atacar al ejército del Delfin, continuó sobre Château-Thierry y Soissons (septiembre 1544). Enrique VIII no imitó sus movimientos, y permaneció sitiado en Boulogne. Cuando todas las ventajas eran de Carlos V, se firmó la paz en Crespy (Crêpy) en 1544.

CANO SINOBAS, José Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 276-277.

Guerra entre Felipe II y Enrique II

La guerra entre Felipe II y Enrique II fue motivada por la acometividad de Paulo IV, que, impulsado por sus familiares, los Carafa, se lanzó a la guerra contra España. Los Carafa, defraudados en la tregua de Vaucelles, procuraron inclinar la voluntad del rey de Francia hacia una intervención en apoyo del Pontífice. El cardenal Carlos, hermano de Paulo IV, partió a la corte francesa para negociar un tratado de alianza, aprovechando la rivalidad franco-española Pastor, Historia de los Papas, tr. esp. del padre Montserrat, Barcelona, 1927, XV, pág. 111 ss.. Enrique II estuvo indeciso algún tiempo y solo cuando el duque de Alba amenazó a Roma se decidió a romper la tregua de Vaucelles y apoyar al Papa (febrero de 1557). Un ejército al mando del duque de Guisa pasó a Italia y a comienzos de marzo se presentó en Roma, continuando después hacia Nápoles.

Felipe II, entre tanto, preparó un invasión por Picardía, con la ayuda inglesa que logró obtener de su esposa, María Tudor. Dispuso un fuerte ejército en el que formaron tropas españolas, flamencas, walonas, inglesas y mercenarios alemanes y húngaros, del que nombró jefe a Manuel Filiberto de Saboya. Este avanzó hacia Mariemburgo para atraer la atención francesa hacia aquella plaza; pero rápidamente cambió de rumbo, y, a marchas forzadas, en una admirable operación estratégica, se presentó ante San Quintín, plaza que defendía el almirante Coligny con solo un millar de hombres. Para desbloquear la plaza acudió en seguida el condestable de Montmorency. Ante la ciudad se dio entonces la batalla de su nombre (10 agosto de 1557), cuyo resultado fue un brillante triunfo español, que abría el camino de las tropas de Manuel Filiberto hacia París.

Enrique II llamó precipitadamente al duque de Guisa de Italia para cubrir la capital francesa, que conoció momentos de pánico. El plan de Manuel Filiberto estaba cuidadosamente preparado: mientras él marcharía hacia París, desde Borgoña podía ocuparse Lyon, centro de las entidades bancarias del país y donde podía obtener el rey francés el necesario dinero para proseguir la lucha. Carlos V, desde su retiro de Yuste, aprobó este plan. Pero las dificultades económicas eran grandes también en la corte española de Bruselas y Felipe II tenía miedo de la capacidad de defensa de la ciudad de París. La indecisión del rey fue suficiente para malograr los planes españoles, permitiendo al ejército francés reponerse.

Enrique II, de acuerdo con el duque de Guisa, llegado de Italia, preparó un audaz golpe sobre Calais, Guisa, imitando la estrategia de Manuel Filiberto, mientras hacía una finta contra Flandes, se desvió de repente hacia Calais, plaza en la que los ingleses, considerándola inexpugnable, no se habían preocupado de introducir más tropas, y se apoderó de ella en enero de 1558. Desde allí se dirigió Guisa hacia el Luxemburgo, tomando Thionville, y amenazando el camino de Bruselas. El conde de Egmont, le opuso su caballería en Gravelinas, lugar donde se trabó un combate indeciso, en el que colaboraron los cañones de la escuadra inglesa desde el canal (julio de 1558). A partir de este momento, equilibrado el empuje de los dos beligerantes, y aquejados de dificultades financieras insuperables, la firma de la paz era inaplazable. Después de largas negociaciones, en abril de 1559 aceptaron la paz de Cateau-Cambrésis.

VÁZQUEZ DE PRADA, Valentín, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 277-278.