Guerras contra Francia XVI

Las cuatro guerras que enfrentaron a Carlos V y Francisco I tenían su origen en la posesión de los ducados de Borgoña y Milán, el dominio de Italia, y, dada la elección de Carlos al trono imperial —en contra de las pretensiones de Francisco—, el cerco que los territorios de los Habsburgo ejercían sobre Francia.

Primera guerra, 1521-1526.

La primera guerra entrambos tuvo lugar entre 1521 y 1526. Aprovechando las dificultades internas de Castilla, por el movimiento comunero, Francisco I orden invadir Navarra —recientemente incorporada a España y disputada por ambas monarquías—, ocupando las tropas francesas Pamplona; pero, tras ser vencidos en las Navas de Esquiroz, se vieron obligados a repasar los Pirineos.

En Italia, principal escenario de la guerra, los franceses son expulsados de Milán por Próspero Colonna. Los Sforza, como feudatarios imperiales, se instalaron en Milán. Con Adriano de Utrecht como papa y la alianza de Carlos con Enrique VIII (Windsor, 1522) —invasión de Picardía por Tomás Howard, duque de Norfolk—, la situación de Francisco I es desesperada. Reacciona y hace retroceder a los ingleses hasta Calais y ordena a Bonnivet la reconquista del Milanesado. Aquél es rechazado y los imperiales penetran por la Provenza hasta Marsella, para posteriormente retirarse. En 1524, Francisco I, a la cabeza de su ejército, ocupa el Milanesado. Antonio de Leiva se refugia en Pavía, donde acuden los imperiales y derrotan a los franceses. Prisionero Francisco I y conducido a Madrid, firmo el tratado de este nombre (1526). A cambio de su libertad, renunciaba a Italia, Borgoña y el Artois.

Segunda guerra 1526-1529.

La segunda guerra acaeció entre 1526 y 1529. En lugar de cumplir el tratado de Madrid, Francisco I organiza la Liga de Cognac —con el papa Clemente VII, Venecia y Florencia— contra el emperador. Este en represalia ataca el eslabón más débil, y tropas del condestable de Borbón —que se había pasado al bando imperial— saquean Roma Saco de Roma, 1527). Los de la Liga, con un ejército de cincuenta mil hombres al mando de Lautrec y una poderosa escuadra a las órdenes de Andrea Doria, pusieron sitio a Nápoles. Pero la defección de Doria y la muerte de Lautrec a causa de la peste salvaron la ciudad. Los sitiados tomaron la ofensiva y derrotaron a los franceses en Aversa. por la Paz de Cambrai o de las Damas (1529) se puso fin a esta guerra, renovándose en lo esencial el tratado de Madrid.

Tercera guerra 1536-1538.

La muerte del duque Francisco de Sforza (1535) y las pretensiones simultáneas del emperador y Francisco I al ducado de Milán fueron las causas de la tercera guerra (1536-1539) con Francia. En febrero de 1536 invade el Piamonte y Saboya. Por su parte, el emperador tomó el mando de su ejército, compuesto por cincuenta mil infantes y diez mil caballos, e invadió Provenza y sitió Marsella, pero hubo de retirarse a Niza ante la falta de recursos. Por intervención del papa se ajustó entonces la tregua de Niza (1538).

Cuarta guerra 1541-1544.

Con el pretexto del asesinato de los embajadores franceses Fregoso y Rincón en Milán comenzó la cuarta guerra (1541-1544), aliándose el rey francés con el sultán turco Solimán el Magnífico. por su parte, Carlos V se alió con Enrique VIII, cruzando tropas inglesas el Canal. Francisco I invadió Artois, Flandes, Luxemburgo, y un ejército al frente del Delfín entró en el Rosellón, fracasando ante Perpiñán (1542). Mientras Solimán llegaba hasta Viena, Barbarroja, unido al duque de Enghien, tomaba Niza.

En Cerisola (1544) el duque de Enghien derrotaba al marqués del Vasto. Carlos V, una vez asegurada la neutralidad de la Liga Schmalkalden, invadió Francia, avanzando entre el Morsa y el Marne (1544), mientras Enrique VIII permanecía sitiado en Boulogne. La guerra concluyó con la firma de la Paz de Crespy (Crêpy), el 19-IX-1544.

Quinta guerra 1552-1555.

Una quinta guerra (1552-1555) tuvo lugar con Francia, esta vez contra Enrique II, sucesor de Francisco I, quien, aliado con los protestantes alemanes, invadió Lorena y se apoderó de los territorios episcopales de Toul, Metz y Verdún, que pertenecían al emperador. Volvió este a tomar el mando de un fuerte ejército de sesenta mil hombres y puso sitio a Metz, que hubo de levantar tres meses más tarde. La guerra prosiguió todavía por espacio de tres años, pero fatigado Carlos V de tanta lucha, ajustó con Francia la tregua de Vaucelles (1555); al año siguiente abdicó todos sus estados hispanos en su hijo Felipe II, y en su hermano Fernando el Imperio.

Sexta guerra 1557-1559.

Apenas había Felipe II ocupado el trono, tuvo que hacer frente a la alianza concertada por el papa Paulo IV con Enrique II de Francia, para expulsar de Italia a los españoles. Rota la tregua de Vaucelles, Enrique II envió un ejército a Italia al mando del Duque de Guisa. A su vez Felipe II dispuso una invasión de picardía con ayuda inglesa. Un fuerte ejército al mando de Manuel Filiberto de Saboya, en una admirable operación estratégica, se presentó ante San Quintín, defendida por escasa guarnición.

El condestable de Montmorency acudió en socorro de la plaza, ante la que se libró la batalla del mismo nombre, con rotundo triunfo español (10-VIII-1557), que dejaba libre la ruta hacia París. El Duque de Guisa, que regresó de Italia a toda prisa, consiguió reunir en breve plazo un ejército, con el que se apoderó de la plaza de Calais, en poder de los ingleses. Seguidamente se hizo dueño de Thionville, en la frontera de Luxemburgo y, dividiendo su ejército, ordenó a su lugarteniente Termes que se dirigiese a Dunkerque, mientras él hacía una demostración sobre Cambrai, ante lo cual Filiberto, que había licenciado parte de sus tropas, se retiró a Maubeuge.

El duque de Saboya envió al duque de Egmont a batir a Termes, que una vez en posesión de Dunkerque, continuó a Newport, encontrándose con los españoles en Gravelinas, lugar donde se trabó un combate indeciso (julio de 1558). Ello, unido a las dificultades financieras, condujo a la paz de Cateau-Cambrésis (3-V-1559). El conflicto Habsburgo-Valois se caracterizó por la táctica de tablas en lo militar, moviéndose las dos potencias, exhaustas y en bancarrota, en una tosca sucesión de ataques y contraataques.

BALDUQUE, Luis Miguel, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo V Diccionario temático, págs. 590-591.